Virgen María: Imágenes, Oración, Biografía, Historia, Apariciones

Según los evangelios, María es la madre de Jesús de Nazaret. Era hija de Joaquín de Nazaret y Ana de Belén.

Se hace mención de ella en los Evangelios, relacionándola con los primeros tiempos de la vida de Jesús y con el final de su existencia.

Su maternidad es descrita en estilo alegórico en los evangelios de Mateo y Lucas. En estos textos se hace referencia a una concepción milagrosa de Jesús, sin participación de varón. Sobre la base de estos relatos, la iglesia católica afirman su maternidad virginal. La doctrina romana del catolicismo defiende además su virginidad perpetua, por lo que es conocida como Virgen María.

En el cristianismo es una figura muy venerada desde los tiempos de los apóstoles. La devoción por la Virgen es conocida como culto mariano.

Las representaciones artísticas de María son numerosas. Entre los temas más frecuentados pueden destacarse la Anunciación, la Madre y el Niño y la Pasión.

Imágenes de la Virgen María

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Oraciónes a la Virgen María

AVE MARÍA


Dios te salve, María,

llena eres de gracia;

el Señor es contigo;

bendita Tú eres

entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto

de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén.

Oración a la virgen María

¡María! ¡María! ¡Dulcísima María, Madre querida y poderosa Auxiliadora mía! Aquí me tienes; tu voz maternal ha dado nuevos bríos a mi alma y anhelosa vengo a tu soberana presencia... Estréchame cariñosa entre tus brazos... deja que yo recline mi cansada frente sobre tu pecho y que deposite en él mis tristes gemidos y amargas cuitas, en íntima confidencia contigo, lejos del ruido y bullicio del mundo, de ese mundo que sólo deja desengaños y pesares.

Mírame compasiva... estoy triste, Madre, bien lo sabes, nada me alegra ni me distrae, me hallo enteramente turbada y llena de temor...Abrumada bajo el peso de la aflicción, sobrecogida de espanto, busco un hueco para ocultarme, como la tímida paloma perseguida por el cazador... y ese hueco, ese asilo bendito, ese lugar de refugio es, ¡oh Madre Augusta! tu corazón.

A ti me acerco llena de confianza... no me deseches ni me niegues tus piedades. Bien comprendo que no las merezco por mis muchas infidelidades; dignas de tus bondades son las almas santas e inocentes que saben imitarte y a las cuales yo tanto envidio sinceramente, mas Tú eres la esperanza y el consuelo, por eso vengo sin temor.

¡Madre mía! Permite que yo no toque, sino que abra de par en par la puerta de tu corazón tan bueno y entre de lleno en él pues vengo cansada y sé que Tú no sabes negarte al que afligido viene a postrar sea tus pies.

¡Virgen Madre! Tu trono se levanta precisamente donde hay dolores que calmar, miserias que remediar, lágrimas que enjugar y tristezas que consolar... por eso, levantándome del profundo caos de mis miserias en que me encuentro sumergida imitando al Pródigo del Evangelio, digo también: "Me levantaré e iré a mi dulce Madre y le diré: ¡Madre buena, aquí está tu hija que te busca! perdona si en algo te he sido infiel, soy tu pobre hija que llora, aquí me tienes aunque indigna a tus favores... te pertenezco y no me separaré de Ti, hasta no llevar en mi pecho el suave bálsamo del consuelo y del perdón.

Virgen María Auxiliadora

Que tu Bendición santísima permanezca en mi noche y día,

en la alegría y en la tristeza,

en el trabajo y en el descanso,

en la salud y en la enfermedad,

en la vida y en la muerte y durante la eternidad.


OH Bendición de María Auxiliadora,

dichoso quien te la pide, recibe y guarda,

y después de obtenerla aquí en la tierra

la lleve a su último suspiro como prenda de vida eterna.

Nuestro Auxilio esta en el nombre del Señor que hizo el cielo y la tierra.


Virgencita María Auxiliadora,

acompañame en mis viajes, en mis trabajos,

y protégeme de males y enfermedades.


María Auxiliadora,

Dame tu santísima Bendición, Tu y Tu Santo Hijo,

para mi y para cada uno de mis familiares,

en este día y todos los días de mi vida,


Amen.

BAJO TU AMPARO


Bajo tu amparo nos acogemos,

Santa Madre de Dios;

no deseches las oraciones

que te dirigimos

en nuestras necesidades,

antes bien líbranos de todo peligro,

¡oh Virgen gloriosa y bendita!

Amén.

MADRE DEL REDENTOR


Madre del Redentor, Virgen fecunda,

puerta del Cielo siempre abierta,

estrella del mar,

ven a librar al pueblo que tropieza

y se quiere levantar.

Ante la admiración de cielo y tierra,

engendraste a tu Santo Creador,

y permaneces siempre Virgen,

recibe el saludo del ángel Gabriel,

y ten piedad de nosotros pecadores.


ÁNGELUS


D- El Ángel del Señor anunció a María.

T- Y Ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Ave María

D- He aquí la sierva del Señor.

T- Hágase en mí según tu palabra.

Ave María

D- Y el Verbo se hizo carne

T- Y habitó entre nosotros.

Ave María

D- Ruega por nosotros Santa Madre de Dios

T- Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Se rezan tres Glorias

D- Oremos.

Derrama Señor tu gracia

sobre nuestros corazones

y concede a quienes hemos conocido

por el anuncio del Ángel

la Encarnación de tu Hijo,

que por su Pasión y su Cruz

alcancemos la gloria de la Resurrección.

Por el Señor Jesús, tu Hijo,

que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, y es Dios,

por los siglos de los siglos.

T- Amén.

Historia y Biografía de la Virgen María

La Bienaventurada Virgen María es la madre de Jesucristo, la madre de Dios.

En general, la teología y la historia de María la Madre de Dios siguen el orden cronológico de sus fuentes respectivas, esto es, el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, los primeros cristianos y los testigos judíos.

La Gran Promesa

Mas de cuarenta siglos habían pasado desde que Dios Nuestro Señor, a raíz de la caída original y en la misma hora que fulminaba su castigo sobre los culpables, dejó brillar, en medio de su enojo, un rayo de luz y de esperanza, precursor de su inmensa misericordia.

Al tocar el turno a la serpiente tentadora, es decir al diablo, le dijo Dios: "Enemistades pondré entre ti y la mujer, entre tu posteridad y la suya: Ella quebrantará tu cabeza y tú acecharás su talón". (Gen. 3, 15).

La Tradición cristiana ha visto siempre en esas palabras, la gran promesa del Redentor futuro y de su completa redención o victoria sobre el pecado y el demonio.

La Promesa divina se cumplió, hace ya casi dos mil años. Llegada, en efecto según el plan divino, la plenitud de los tiempos, como aurora apareció María Inmaculada y llena de gracia, de la cual nació a su tiempo el divino Sol de Justicia, Cristo Jesús, nuestro Redentor, el prometido Triunfador invicto del demonio, del pecado y de la muerte.

El Nacimiento

María Santísima, hija de San Joaquín y Santa Ana por especial favor de Dios, nació en Jerusalén, y cuando tuvo tres años fue llevada por sus padres al templo de esa ciudad para ser presentada al Señor y entregada a su servicio, viniendo a ser entre todas las doncellas el mayor ejemplo de santidad y modestia. La Iglesia celebra el 21 de Noviembre la Presentación de la Santísima Virgen en el Templo.

Allí la Niña María aprendió a hilar lana y lino, a labrar las vestiduras sacerdotales y demás objetos para el culto santo; leía con suma atención las divinas escrituras y con encendido amor, aunque sin ninguna ceremonia exterior hizo voto perpetuo de guardar su pureza virginal. En ese entonces debía tener ya más de doce años, pues en esta edad era cuando se permitía a las jóvenes judías hacer votos valederos.

Sabemos por la revelación y el magisterio de la Iglesia, que en Ella, la gracia divina se adelantó a la naturaleza viciada; que ningún hálito impuro la contaminó jamás; que sola Ella, entre todas las hijas de Adán, por un milagro de preservación, fue preservada del universal contagio del pecado original; que Dios pareció haber dado los tesoros inmensos de su omnipotencia, para embellecer y santificar su alma; y que la fidelidad perfecta de la Virgen, correspondiendo con exacta cooperación a los continuos llamamientos de la gracia, acumuló en sí méritos sobrenaturales sobre toda otra humana medida e hizo de Ella la más bella, la más sublime y santa entre todas las puras criaturas salidas de las manos del Creador.

El Nacimiento de Jesús

Antes del Nacimiento del Bautista, María regreso a Nazaret, donde vivía con humildad, recogimiento y oración. Tuvo luego que ir San José a la ciudad de Belén, patria del profeta David, a cumplir con el empadronamiento ordenado por edicto imperial; en tal viaje acompañó al esposo la Santísima Virgen, cuidándose más de pensar en que todo lo ordena la divina providencia, que en la fecha en que pudiera ser el alumbramiento. Habiendo arribado a Belén, hallándose como perdidos en medio de las multitudes que habían llegado de todas partes para hacerse inscribir; en vano buscaron asilo para pasar la noche, pues ninguno les abrió, tanto por ser desconocidos y pobres, como por estar ya todo ocupado. Tuvieron que albergarse en un mezquino establo, refugio de pastorcitos y rebaños. Allí, hacia la media noche, el Verbo encarnado sale milagrosamente del seno de María, ésta lo toma en sus brazos, lo adora, lo envuelve en humildes pañales y coloca sobre unas pajas del pesebre; tal es el nacimiento del divino Infante, cual pasa el rayo de luz por un purísimo cristal.

Por este tiempo, a los 40 días, la Santísima Virgen se presentó, al templo de Jerusalén a la ceremonia legal de la Purificación y a ofrecer la oblación del caso. ¡Qué humildad y obediencia!. Y allí oyó las amargas profecías de Simeón el anciano.

Fin del Destierro

Todo nos induce a creer que la vida terrena de María, así como tuvo su comienzo en la ciudad santa, así también tuvo en ella su término. Ella pasó de la Jerusalén terrestre a la Jerusalén Celestial. No se comprende bien, en efecto, cómo pudo morir la Virgen. Para nosotros es fácil, demasiado fácil morir. Pero para María no sucede lo mismo.

Después de consolar, enseñar y amparar a los apóstoles y discípulos de Cristo, cuando fue tiempo de salir de este mundo, abrasada en amor divino se durmió plácidamente.

No fue una sacudida violenta que arrancó el alma de María; fue el impulso de la caridad lo que la separó dulcemente del cuerpo enviándola al Paraíso envuelta en una onda de deseo ardiente de su Amado.

Después de su muerte la Santísima Virgen fue llevada a los cielos por los ángeles, donde coronada de gloria y de poder y con trono sobre todos los coros angélicos y todos los santos, permanece eternamente como Madre de Dios que es, y Señora y Madre nuestra, ejerciendo su amabilísimo poder por los siglos de los siglos.

Acudamos confiados a María

Para terminar este dulcísimo tema recordemos las autorizadas y eficaces palabras de San Bernardo: "¡Oh tú quien quiera que seas, que te sientes como fluctuar inseguro entre los grandes riesgos, huracanes y tempestades de este siglo! Si no quieres perecer, si no quieres morir en medio de tan grandes tempestades, pon tus ojos y no apartes tu mirada del fulgor de esta estrella, de María, tu guía y salvadora.

"Si se levantan vientos furiosos de tentación, si tropiezas en escollos, si ocurren adversidades, mira a la estrella, invoca a María..

"Si te vieres fuertemente arrastrado por los vientos de la soberbia, de la ambición, de la envidia, de la detracción, mira a la estrella, invoca a María.

"Si la ira, o la envidia, o la avaricia, o el ardor de la pasión y estímulo de la carne, agitase violentamente la navecilla de tu alma, mira a la estrella, invoca a María.

"Si espantado por el número y enormidad de tus pecados, confuso por su espantosa fealdad, y aterrado por el temor del juicio divino, recurrieras a hundirte en la tristeza o, lo que es aún peor, en el abismo de la desesperación, acuérdate de María, acógete a su amparo, invoca su protección.

"¡En los peligros, en las perplejidades, en las angustias, piensa en María, acude a María, invoca a María!. No se aparte su nombre de tus labios, no se aparte de tu corazón; y para merecer más seguramente su amparo, procura imitar ante todo los ejemplos virtuosos de su vida.

"Siguiéndola, no te extravías; llamándola no desesperas; recordándola, no yerras; sosteniéndote Ella, no caes; protegiéndote Ella, no hay por qué temer; guiándote Ella, no te cansas; amparándose Ella, con seguridad llegarás a la posesión de la eterna bienaventuranza.

"Tengamos, pues, un tierno y ferviente amor, una confianza grande y segura en María Santísima, por ser Ella para nosotros Madre bondadosísima, por gracia y favor de Dios omnipotente. Ella puede y quiere socorrernos en toda necesidad, en todo peligro, en toda tentación."

Apariciones de la Santísima Virgen María

Las Apariciones de Lourdes ( 1858 )

Bernadette Soubirous Caterot nació en Lourdes, en el Molino de Boly, el 7 de enero de 1844.

Fue bautizada dos días después, el 9 de Enero, primer aniversario de casamiento de sus padres, en la Iglesia parroquial de San Pedro. La desdicha persigue a los Soubirous.

Bernadette tiene apenas diez meses cuando en el mes de Noviembre de 1844 su madre cae enferma con dolores en el pecho y no puede más amamantarla. Bernadette ayuda en el invierno de 1855-1856 en su hogar y vigila a los hijos de su madrina que tiene una fonda en la esquina de la Rue du Bourg.

En septiembre de 1857, se emplea en Bartrês, donde se emplea como criada en la casa de su nodriza y para llevar las ovejas al pasto. Vuelve a Lourdes en enero de 1858. El 11 de Febrero de 1858, relata: "Vi a una Señora de blanco. Tenía un vestido blanco, un velo también blanco, un cinturón azul y una rosa de oro en cada pie.

También la corona de su rosario era amarilla. Quede sorprendida. Creía equivocarme. Me restregué los ojos y miré nuevamente. Veía siempre a la misma señora. Metí la mano en el bolsillo y saqué mi rosario. Quise santiguarme pero no pude llevar la mano a la frente.

Se me caía. Entonces fuí presa de un gran temor y la mano me temblaba. Pero no me fuí. La Señora tomó el rosario que tenía en el brazo e hizo la señal de la cruz; traté de hacerla yo también y esta vez lo logre. Apenas hice la señal de la cruz el gran temor que me había invadido desapareció".

La Aparición de Pontmain ( 1871 )

El 17 de Enero de 1871, se produjo la aparición de Nuestra Señora en la población mayoritariamente católica de Pontmain, situada en el noroeste de Francia, cerca de Le Mans.

Los principales testigos fueron los hermanos Eugene ( de 12 años de edad ) y Joseph ( de diez años ). Eugene decidió aprovechar una oportunidad para dejar el granero y tomar un poco de aire fresco, o 'simplemente ver qué tiempo hacía', según recordaría más tarde.

El Cielo estaba claro y las estrellas brillantes que tachonaban el firmamento, casi se reflejaban también en las casas y campos cubiertos por la nieve. Sobrecogido por la escena, Eugene advirtió, de repente, una aparición que flotaba a unos siete metros por encima de una casa próxima.

Era una mujer alta y hermosa, vestida con una túnica azul bordada de estrellas. Un velo azul le cubría el cabello y la frente. Tenía las manos extendidas como en ademán de súplica.

Eugene estaba todavía contemplando la Aparición cuando, momentos, después, salió del granero la vecina. Jeanette Detais. Eugene le pidió que mirara donde él lo hacía y le dijera qué veía. La señora Detais se quedó perpleja, pues no veía nada en absoluto.

El consiguiente intercambio de varias frases y exclamaciones entre Eugene y Jeanette pronto atrajo la presencia del señor Barbadette y de Joseph. Su padre tampoco vio nada, pero Joseph sorprendió a todos al afirmar que también él podía contemplar la aparición de la hermosa Señora.

Al cabo de muy poco, una pequeña multitud se había formado alrededor de la casa y del granero de los Barbadette. Más tarde, el señor Barbadette, llevó a Joseph a la casa mientras su esposa llevaba a Eugene al otro extremo de la calle, a un convento de monjas, para hablar con la hermana Vitalina, una religiosa muy apreciada en la comunidad.

A Sor Vitalina le sorprendió la visita, pero siguió a la señora Barbadette hasta el granero, mientras Eugene continuaba narrando la aparición que contemplaba. La monja también miraba el cielo en vano. Sor Vitalina se sintió intrigada por lo que decían los niños.

Rápidamente, regresó al convento y llamó a dos muchachas que vivían allí, Francoise Richer ( de 11 años ) y Jeanne- Marie Lebossé ( de 9 años de edad ). Sin darles ninguna pista de lo que sucedía allí afuera a varias cuadras, la monja apremió a las niñas para que la siguieran a la calle...

Nuestra Señora de Fátima

La Sma. Virgen les dijo en la 4ª. Aparición: "Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas". (El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y exclamaba: "Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores).

Biografía de los pastores de Nuestra Señora de Fátima

Lucía

Nació en Aljustrel, a casi 1 kilómetro de Fátima, Portugal. El 22 de marzo de 1907, hija de Antonio y María Rosa. Prima de Francisco y Jacinta. Desde la primera aparición de la Virgen tuvo que soportar muchos sufrimientos, porque era criticada y se dudaba de ella. Los sacerdotes de la parroquia de Fátima insinuaron que ella podría ser un "pequeño instrumento del demonio". Por todo esto la niña sentía mucho temor en regresar al lugar de las apariciones, pero pudo vencerlo ante el pedido de sus primos y regresó a la Cova de Iría, como la Santísima Virgen se lo había solicitado. Uno de sus mayores dolores fue cuando a Virgen le dijo que se llevaría muy pronto al Cielo a Francisco y a Jacinta y le expresó que ella permanecería en la tierra, para difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María.

En 1921, Lucía fue enviada al convento de las Hermanas Doroteas de Villar en Oporto, por decisión del Obispo de Leiria, tenia entonces 14 años. En 1928, se convirtió en religiosa y en 1946, ingresó al convento de las Hermanas Carmelitas de Coimbra, Portugal. Tomo el nombre de María Lucía del Inmaculado Corazón, pero es más conocida como la Hermana Lucía.

La Santísima Virgen María se manifestó a Lucía cuando ella era postulante, y le reveló la promesa de los Cinco Primeros Sábados, cinco años después, en Junio del 1929, tuvo la visión de la Trinidad, con la petición de la consagración de Rusia.

Francisco Marto

Nació en Aljustrel, a casi 1 kilómetro de Fátima, Portugal. El 11 de junio de 1908, era hijo de Manuel y Olimpia de Jesús Marto, hermano de Jacinta y primo de Lucía.

Cuando ocurrieron los acontecimientos de Fátima, éste pequeño tenía nueve años.

Durante de la primera aparición, Lucía preguntó si Francisco iría al Cielo, y la Señora contesto: "Sí, va a ir al Cielo, pero tendrá que rezar muchas veces el Rosario."

Después de las apariciones Francisco mostraba poco interés en ir a la escuela, frecuentemente les decía a Lucía y a Jacinta al momento de aproximarse al colegio: "Sigan, que yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido" (ésta expresión se refiere al Santo Sacramento).

A fines de 1918, Francisco y su hermanita, enfermaron gravemente por una epidemia de bronconeumonía y el 4 de abril de 1919, el niño falleció. Lucía escribió en su libro "Memorias... " al narrar sobre su primo: "Voló al Cielo en los brazos de Nuestra Madre Celestial."

Jacinta Marto

También nació en Aljustrel, a casi un kilómetro de Fátima, Portugal. El 11 de marzo de 1910. Era hija de Manuel y Olimpia de Jesús Marto, hermana de Francisco y prima de Lucía.

Cuando ocurrieron los sucesos de Fátima, tenía siete años, era la menor de los tres niños. Jacinta después de haber tenido la visión del infierno, se ofreció completamente a la salvación de las almas.

Poco tiempo después de las apariciones enfermo, primero junto su hermano en la epidemia de bronconeumonía, después se le declaró una pleuresía purulenta, luego de dos meses de internación la llevaron nuevamente a su hogar, pero los médicos encontraron que tenia una inflamación abierta y ulcerosa en el pecho. Más tarde le diagnosticaron tuberculosis. Fue internada en el hospital de Lisboa en donde la Santísima Virgen se le apareció en varias oportunidades. Jacinta en su agonía ofrecía sus sufrimientos por los pecadores. Falleció en la noche del 20 de febrero de 1920.

Francisco y Jacinta Martos estuvieron enterrados en el cementerio municipal de Fátima, hasta que los trasladaron a la Basílica de Nuestra Señora a principios de la década de 1950.

Los Cinco Primeros Sábados

El 10 de diciembre de 1925, Lucía era postulante en el Convento de las Doroteas en España, cuando de repente tuvo la manifestación de la Virgen María y del Niño Jesús.

Nuestra Señora le habló así:

"Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas, que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos que durante cinco meses en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, reciten el Rosario y hágame compañía durante 15 minutos, al mismo tiempo mediten sobre los quince misterios del Rosario, con un espíritu de expiación, que Yo les prometo asistirlos a la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para la salvación de sus almas."

Párrafo de una carta que escribió la Hermana Lucía en 1927, acerca de la devoción expiatoria de los cinco sábados al Corazón Inmaculado de María:

"La devoción consiste en esto: Durante cinco meses, el Primer Sábado, recibir a Jesús en la Comunión, recitar el Rosario, hacerle compañía a Nuestra Señora durante quince minutos mientras se medita sobre los misterios del Rosario y confesarse. La confesión puede hacerse unos días antes, y si en esta confesión previa usted ha olvidado la intención (obligatoria), se puede ofrecer la siguiente intención, siempre y cuando uno reciba la Santa Comunión en estado de gracia el primer Sábado, con el propósito de expiar las ofensas contra la Santísima Virgen y que afligen Su Inmaculado Corazón."

Nuestra Señora de las Mercedes

Nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán, Virgen de la Merced, Argentina

Ver también: Nuestra Señora de las Merced para conocer los orígenes de la devoción en España.

Tucumán, fue fundada por don Diego de Villarroel en 1565, pero el día de Nuestra Señora de las Mercedes de 1685 fue trasladada al sitio actual.

Por los muchos favores que la Virgen de las Mercedes dispensó a los tucumanos, el Cabildo en 1687 la nombró Patrona y Abogada de la ciudad.

A ella le acreditan la victoria argentina en la batalla de Tucumán del 24 de septiembre de 1812. En ella se decidió la suerte de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Los españoles eran unos tres mil y los argentinos apenas mil ochocientos. Belgrano, el general argentino, puso su confianza en Dios y en Nuestra Señora de las Mercedes, a quien eligió por Patrona de su Ejército.

En la mañana del 24 de septiembre de 1812, día del combate, el general Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen. El ejército argentino obtuvo la victoria. En el parte que transmitió al Gobierno, Belgrano hizo resaltar que la victoria se obtuvo el día de Nuestra Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se habían puesto las tropas.

El parte dice textualmente: 'La patria puede gloriarse de la completa victoria que han tenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de las Mercedes bajo cuya protección nos pusimos ".

El general Belgrano puso en manos de la imagen de la Virgen su bastón de mando. La entrega se efectuó durante una solemne procesión con todo el ejército, que terminó en el Campo de las Carreras, donde se había librado la batalla.

Belgrano se dirigió hacia las andas en que era conducida la Virgen las Mercedes, y haciéndola bajar hasta ponerla a nivel, le entregó el bastón que llevaba, poniéndolo en las manos de la Virgen y proclamó a la Virgen de la Merced como Generala del Ejército.

Las religiosas de Buenos Aires, al tener conocimiento de estos actos de devoción, remitieron a Belgrano cuatro mil escapularios de la Virgen de la Merced para que los distribuyera a las tropas. Antes de partir rumbo a Salta, el batallón de Tucumán se congregó frente al atrio del templo de Merced, donde fueron entregados los escapularios, Tanto los jefes como oficiales y tropas los colocaron sobre sus uniformes.

El 20 de febrero de 1813 los argentinos que buscaban su independencia se enfrentaron nuevamente con los españoles en Salta. Antes de entrar en combate, Belgrano recordó a sus tropas el poder y valimiento de María Santísima y les exhortó a poner en Ella su confianza. Formuló también el voto de ofrendarle los trofeos de la victoria si por su intercesión la obtenía.

Con la ayuda de la Madre de Dios vencieron nuevamente a los españoles, y de las cinco banderas que cayeron en poder de Belgrano, una la destinó a la Virgen de las Mercedes de Tucumán, dos a la Virgen de Luján y dos a la Catedral de Buenos Aires.

A partir del año 1812, el culto a Nuestra Señora de las Mercedes adquiere una gran solemnidad y popularidad. En 1813, el Cabildo de Tucumán pide al gobierno eclesiástico la declaración del vicepatronato de Ntra. Sra. de las Mercedes "que se venera en la Iglesia de su religión" y ordena de su parte que los poderes públicos celebren anualmente su fiesta el 24 de septiembre . El 4 de septiembre de 1813 la Autoridad Eclesiástica, por Decreto especial, declara festivo en homenaje de la Virgen el 24 de septiembre.

Después del 31 de agosto de 1843, es declarada oficialmente Vice Patrona, jurando su día por festivo y disponiendo se celebre cada año una Misa solemne con asistencia del Magistrado y que por la tarde se saque la imagen de la Santísima Virgen en procesión, como prueba de gratitud por los beneficios dispensados.

La imagen de Nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán fue coronada solemnemente, en nombre del Papa San Pio X, en 1912, al cumplirse el centenario de la batalla y victoria de Tucumán.

El 22 de junio de 1943, el Presidente de la República, General Pedro P. Ramirez, por decreto aprobado el día anterior con sus ministros, dispuso por el artículo 1ro.:

"Quedan reconocidas con el grado de Generala del Ejército Argentino: la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Mercedes, y la Santísima Virgen María , bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen".

Los artículos 2,3 y 5 se refieren a la imposición de la banda y faja que corresponde a los generales de la nación. El gobierno Argentino proclama así, solemnemente, ante el mundo, su religiosidad.

El General San Martín también proclamó a Nuestra Señora del Carmen Patrona y Generala del Ejército de los Andes.

En 1945, el Gobierno Nacional designó a la Santísima Virgen de las Mercedes Patrona Principal de la Aeronáutica Militar.

En Santa Fe la imagen se venera en el templo del Milagro, Paraná se venera en la catedral, en Córdoba, en la Iglesia de los Padres Mercedarios, y así en muchos otros lugares.

Oración a la Nuestra Señora de la Merced

Generala del Ejército Argentino

A ti recurrimos, oh Virgen Generala de nuestros Ejércitos, para implorar tu maternal protección sobre esta Patria Argentina. Te recordamos que aquí se alzó el altar donde se glorificó a Jesús Eucarístico ante el mundo entero; que nuestra bandera se izó en la presencia augusta de tu divino Hijo; que los colores nacionales cruzan sobre tu pecho cual blasón de Generala del Ejército Argentino Por todo esto te pedimos que protejas a nuestra Patria erigida según los designios divinos y que del uno al otro confín sepan los pueblos honrarla y que al postrarnos ante tu imagen de Virgen Generala resuene esta unánime aclamación:

¡Tu eres la gloria de nuestra Patria. Tú eres la honra de nuestro pueblo! ¡Tu la Generala de nuestro Ejército!.

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