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Vaticano

El Concilio Vaticano, el vigésimo de la historia y el último concilio ecuménico del siglo XIX, inició sus sesiones el 8 de diciembre de 1869 y las terminó el 20 de octubre de 1870. Sesionó trescientos años después que el Concilio de Trento.

Se celebró en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, por lo que se denominó Concilio Vaticano. Papa Pío IX. Contra el racionalismo y el galicanismo, es una tendencia que concedía al Papa, la parte más importante de las decisiones en materia de fe, pero sostenían que estas se hacían infalibles sólo si las aceptaba la Iglesia, es decir, el Concilio. Tuvo que definir solemnemente la infalibilidad Pontificia como dogma de fe, cuando habla "Ex Cathedra". Esto es cuando en calidad de pastor y maestro de todos los cristianos, y haciendo uso de su suprema autoridad apostólica define una doctrina sobre la fe y las costumbres.

Esto sucede cuando:

  1. enseña una cosa referente al dogma (fe) o moral cristianos;

  2. que se dirige a la Iglesia Universal;

  3. que habla en su calidad de Maestro supremo de la cristiandad

Si falta una de estas condiciones, el Papa no es infalible.

El concilio enseña que únicamente a Pedro se prometio y confirió de modo directo el primado de jurisdicción sobre toda la Iglesia y su autoridad no deriva precisamente de la Iglesia. El Concilio añade "La Iglesia Romana posee por derecho divino, la primacía de potestad ordinaria sobre todas las demás iglesias. La jurisdicción del pontífice es verdaderamente episcopal e inmediata. La Iglesia es, pues, monarquía de derecho divino, y el Papa recibe plena potestad directamente de Dios." El Papa Pío IX definió también el dogma de la Inmaculada Concepción (1854).

Definiciones sobre Dios creador, sobre la Revelación divina, sobre la Fe en relación con la razón, sobre la Iglesia y sobre el Primado e infalibilidad del Romano Pontífice.

En el siglo pasado la Iglesia tuvo que afrontar gravísimos males de diferente índole, problemas: políticos, territoriales, ateísmo pujante y el incremento de las sociedades secretas que actuaban con un sectarismo agresivo. Y, dentro, la Iglesia tuvo que mediar buscando elementos de concordia para atraer las dos tendencias opuestas, la liberal y la conservadora.

Pío IX a pesar de estar reducido y confinado en el Vaticano, desplegó una gran actividad apostólica en su largo pontificado. Se definieron los dogmas de la Inmaculada Concepción y el de la Infalibilidad del Romano Pontífice.

Se convocó al vigésimo Concilio Ecuménico en el Vaticano. Se establecieron, una vez más, los principios básicos sobre la Fe; sobre Dios creador del universo y de todo lo que él contiene; sobre la Revelación divina, ya fuere la escrita (Biblia), ya la oral (Tradición); sobre la Iglesia y su magisterio, como también puntualizar y aclarar las relaciones entre la fe y la razón, que de un siglo a esa parte habían adquirido una gran preponderancia.

El tema más controvertido fue sobre la infalibilidad del Romano Pontífice.

Antes de la Convocatoria Oficial

El 6 de diciembre de 1864, dos días antes de la promulgación del Syllabus, Pío IX anunció en una sesión de la Congregación de Ritos su intención de convocar un concilio general. Pidió a los cardenales residentes en Roma que expresaran por escrito sus puntos de vista sobre la conveniencia de esto y para preparar una lista de temas que en su opinión deberían ser presentados al concilio para discusión. De los 21 reportes recibidos, sólo el del Cardenal Pertini expresó la opinión que no había razones para celebrar un concilio ecuménico. Los otros reportes afirmaron la necesidad relativa de tal asamblea, pero 5 consideraron que no era el momento adecuado. Casi todos enviaron listas de preguntas que aparentemente requerían de discusión conciliar.

A principios de marzo de 1865, el Papa nombró una comisión de 5 cardenales para discutir los temas preliminares relacionadas con el concilio. Esta fue la importante "Congregazione speziale direttrice per gli affari del futuro concilio generale", generalmente llamada la comisión preparatoria directriz, o la comisión central. Se agregaron otros 4 cardenales al grupo de sus miembros y, además de un secretario, se le asignaron 8 consultores. Tuvieron muchas reuniones en el intervalo entre el 9 de marzo de 1865 y diciembre de 1869. Su primera moción fue que a los obispos de los diferentes países también se les pidiera que enviaran sugerencias para temas de discusión y el 27 de marzo de 1865 el papa ordenó que 35 obispos del Rito Latino nombrados por él, expresaran sus puntos de vista bajo juramento de guardar silencio.

También a principios de 1866 nombró a varios obispos del Rito Oriental bajo las mismas condiciones. Para entonces ya era necesario formar comisiones para una discusión detallada de los temas a debatir en el concilio. Por esta razón, se pidió que fueran a Roma teólogos y canonistas, tantos del clero como legos y provenientes de varios países, para que asistieran en los trabajos. Desde 1865 se le pidió a los nuncios que sugirieran nombres de personas idóneas para estas comisiones preliminares.

La guerra entre Austria e Italia de 1866 y el retiro de Roma de las tropas francesas el 11 de diciembre del mismo año crearon una interrupción no esperada de los trabajos preliminares. También esto hizo imposible que conforme al plan original se inaugurara el concilio el 29 de junio de 1867, o sea la fiesta del 18 centenario del martirio de los dos grandes Apóstoles. Sin embargo, el papa aprovechó la presencia en Roma de casi 500 obispos que habían venido a participar la celebración del centenario, para hacer el primer anuncio público del concilio en un consistorio celebrado el 26 de junio de 1867. Los obispos jubilosamente expresaron su anuencia en un comunicado con fecha del primero de julio.

Después del regreso del ejército francés protector el 30 de octubre de 1867, se vio factible la reanudación de los preparativos para el evento y la celebración del concilio mismo. La comisión preparatoria entonces debatió exhaustivamente el asunto de quiénes deberían ser invitados a asistir al concilio. Era obvio que había que incluir a los cardenales y a los obispos diocesanos. También se decidió que los obispos titulares tenían el derecho de ser llamados y en cuanto a los dirigentes de las órdenes, se debería enviar una invitación a los abades nullius, los abades generales de congregaciones integradas por varios monasterios y finalmente, a los generales de las órdenes religiosas.

Dada la situación política del momento, se consideró más conveniente no enviar una invitación formal a los príncipes católicos, pero con la intención de darles el pase a ellos o a sus representantes en cuanto lo solicitaran. Por lo tanto y con esta intención, se promulgó la Bula de Convocación "Æterni Patris" el 29 de junio de 1869; en ella se designó el 8 de diciembre de 1869 como la fecha para la apertura del concilio. Los objetivos del concilio eran la corrección de errores modernos y una revisión conforme a los tiempos de la legislación de la Iglesia. Un escrito especial, "Arcano divinæ providentiæ", con fecha del 8 de septiembre de 1868, invitaba a los Orientales no unidos. Un tercer escrito, "Jam vos omnes", del 13 de septiembre de 1858, notificaba a los Protestantes sobre la convocación del concilio y los exhortaba a aprovechar la ocasión para reflexionar sobre el regreso a la única familia de fe.

Ciudad del Vaticano

Ciudad del Vaticano nombre oficial, Stato della Città del Vaticano (Estado de la Ciudad del Vaticano), era un estado independiente bajo la autoridad absoluta del Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es un enclave dentro de la ciudad de Roma, con una extensión de 44 hectáreas. Es el país independiente más pequeño del mundo, se fundó en 1929, cumpliendo los términos de los Pactos de Letrán, ratificados por el gobierno italiano de Benito Mussolini y el Papado, tras varios años de controversia.

Historia

El Estado de la Ciudad del Vaticano surge a raíz del Pacto de Letrán firmado con Benito Mussolini el 11 de febrero de 1929, durante el pontificado de Pío XI. Con este pacto entre la Iglesia y el gobierno italiano se dio por terminada la disputa con Italia que existía desde 1870 a consecuencia de la pérdida de los Estados Pontificios. El concordato estableció la creación de este minúsculo estado independiente que garantizaba la libertad total del Papa.

Las herejías de Pablo VI (1963-1978), el hombre que le dio al mundo la Nueva Misa y las enseñanzas del Vaticano II

(En este artículo completo no solo se contiene las peores herejías de Pablo VI, sino también fotos, incluyendo donde Pablo VI se deshizo de la tiara papal y mucho más).

Pablo VI llevando el pectoral de efod
Pablo VI deshaciéndose de la tiara papal
Pablo VI dando saludo masónico con un líder cismático
Pablo VI (izquierda) llevando el pectoral de efod del sumo sacerdote judio, (centro) deshaciéndose de la tiara papal (un símbolo de la autoridad papal) y (derecha) participando en falso ecumenismo y dando un posible saludo masónico con un líder cismático

¿Cómo un sucesor de Pedro ha podido en tan poco tiempo causar más males a la Iglesia que la revolución de 1789? (…) [¿]la más radical, rápida y generalizada en su historia – algo que ningún heresiarca jamás ha logrado? (…) ¿Tenemos realmente un Papa ó un intruso en la Sede de Pedro?[1] (Arzobispo Marcel Lefebvre comentado sobre el reinado de Pablo VI en 1976)


Pablo VI

Pablo VI fue el hombre que decía ser el jefe de la Iglesia Católica desde el 21 de junio de 1963 hasta el 6 de agosto de 1978. Él fue el hombre que promulgó el Concilio Vaticano II y la Nueva Misa. Ya hemos visto que las pruebas indican que el hombre que precedió y elevó a Pablo VI, Juan XXIII, fue un masón y un manifiesto hereje. También hemos visto que los documentos del Vaticano II contienen muchas herejías, y que la Nueva Misa promulgada por Pablo VI, representó una revolución litúrgica.

Pablo VI ratificó solemnemente todos los 16 documentos del Vaticano II. No es posible que un verdadero Papa de la Iglesia Católica ratifique solemnemente enseñanzas que son heréticas. Como se verá en más detalle más adelante en este libro, el hecho que un Papa haya ratificado solemnemente las enseñanzas heréticas de Vaticano II, demuestra que Pablo VI no fue un verdadero Papa, sino un antipapa.

Es importante tener en cuenta que Pablo VI fue quien dio al mundo la Nueva Misa, los otros nuevos “sacramentos” y las enseñanzas heréticas del Vaticano II. Si usted asiste a la Nueva Misa o acepta las enseñanzas del Vaticano II, la confianza que usted tiene de esas cosas están legítima y directamente relacionadas con la confianza que usted tiene de que Pablo VI fue un verdadero Papa católico.

A continuación exponemos las sorprendentes herejías de Pablo VI. Mostramos, a partir de sus discursos y escritos oficiales, que Pablo VI era un completo apóstata que no era ni siquiera remotamente católico. Todos los discursos y escritos oficiales del hombre que decía ser el Papa están extraídos del periódico semanal del Vaticano L’Osservatore Romano. El Vaticano ha reimpreso la publicación de su periódico desde el 4 de abril de 1968 hasta el presente. De esos discursos, vamos a probar que Pablo VI no era un verdadero Papa debido a la irrefutable e innegable evidencia de que él era un completo apóstata y hereje.

Pablo VI, Audiencia general, 6 de diciembre de 1972: “¿Existe Dios? ¿Quién es Dios? ¿y lo que el conocimiento que puede tener el hombre de Dios? ¿Cuál es la relación que cada uno de nosotros debe tener con él? Responder a estas preguntas nos llevaría a un discurso en mil discusiones complejas e interminables…”[2].

Estas preguntas no nos llevan a discusiones complejas. ¿Dios existe? Sí. ¿Quién es Dios? La Santísima Trinidad. ¿Qué conocimiento puede tener el hombre acerca de Él? La fe católica. ¿Qué relaciones tiene cada uno de nosotros con Él? Pertenecer a la Iglesia por Él establecida. Pablo VI está declarando que estas son preguntas interminables y complejas. Ningún católico afirmaría semejante disparate, que se burla y hace sin sentido a la fe católica y al verdadero Dios.

Pablo VI, Audiencia general, 27 de junio de 1973: “…todo tiene que cambiar, todo debe progresar. La evolución parece ser la ley que trae la liberación. Debe haber gran certidumbre y bondad en esta mentalidad…”[3].

Aquí Pablo VI afirma y aprueba explícitamente la blasfemia modernista de que todo está en un estado de evolución. Esta herejía fue condenada explícitamente por el Papa San Pío X.

Papa Pío X, Pascendi, # 26, 8 de septiembre de 1907, explicando la doctrina de los modernistas: “Por consiguiente, si no quieren fenecer —el dogma, la Iglesia, el culto sagrado, los libros venerados como santos, incluso la fe misma, tienen que someterse a las leyes de la evolución[4].

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[1] Declaración del arzobispo Marcel Lefebvre, agosto de 1976; citado parcialmente por Mons. Tissier De Mallerais, The Biography of Marcel Lefebvre [La Biografía de Marcel Lefebvre], edición inglesa, Kansas City, MO: Angelus Press, 2004, p. 505.

[2] L’Osservatore Romano (el periódico del Vaticano), edición inglesa, 14 de diciembre de 1972, p. 1.

[3] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 5 de julio de 1973, p. 1.

[4] The Papal Encyclicals [Las Encíclicas Papales], de Claudia Carlen, edición inglesa, Raleigh: The Pierian Press, 1990, Vol. 3 (1903-1939), p. 82.

 

PABLO VI SOBRE LAS RELIGIONES NO CRISTIANAS

La Iglesia Católica enseña que todas las religiones no católicas son falsas. Sólo existe una verdadera Iglesia, fuera de la cual nadie puede salvarse. Este es dogma católico.

Papa San Gregorio Magno, 590-604: “La santa Iglesia universal enseña que no es posible adorar verdaderamente a Dios excepto en ella, y asevera que todos los que están fuera de ella no serán salvos[5].

Todas las otras religiones pertenecen al diablo. Esta es la enseñanza de Jesucristo, la Iglesia Católica y la Sagrada Escritura. Véase 1 Cor. 10, 20 y Salmo 95, 5. Todo aquel que muestre aprecio por las religiones no cristianas, o las considere buenas o dignas de respeto, niega a Jesucristo y es un apóstata.

Pablo VI, Audiencia general, 8 de noviembre de 1972: “El ecumenismo se inició de esta manera; como el respeto por las religiones no cristianas…”[6].
Papa Pío XI, Mortalium animos, # 2, 6 de enero de 1928:
“…en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, (…) Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión…”[7].

He aquí más del pensamiento de Pablo VI sobre las religiones no cristianas del diablo:

Pablo VI, 22 de septiembre de 1973: “… las nobles religiones no cristianas…”[8].

Esto es apostasía – un rechazo total de Jesucristo.

Pablo VI, Audiencia general, 12 de enero de 1972: “Ante nuestros ojos se abre una imagen desconcertante: la de las religiones, las religiones inventadas por el hombre; intentos que a veces son extremadamente audaces y nobles…”[9].

¡Aquí Pablo VI dice que las religiones inventadas por el hombre, son a veces extremadamente nobles! Esto es apostasía – un rechazo de Jesucristo y de la fe católica.

Pablo VI, Mensaje, 6 de diciembre de 1977: “…las religiones no cristianas, que la Iglesia respeta y aprecia…”[10].

Él dice que aprecia las religiones falsas.

Pablo VI, Mensaje, 24 de noviembre de 1969: “…superar las divisiones, mediante el desarrollo de un respeto mutuo entre las diferentes confesiones religiosas[11].
Pablo VI, Discurso, 3 de diciembre de 1970: “Saludamos con respeto a los representantes de todas las otras religiones que nos han honrado con su presencia[12].
Pablo VI, Audiencia general, 6 de julio de 1977: “Damos la bienvenida con sincero respeto a la delegación japonesa de la religión Konko-kyo[13].
En su Discurso, 22 de agosto de 1969, Pablo VI elogió a Gandhi el hindú, y declaró que él estaba: “Siempre consciente de la presencia de Dios…”[14].

Los hindúes son paganos e idólatras que adoran muchos dioses falsos diferentes. El hecho que Pablo VI haya elogiado al famoso hindú Gandhi por estar “siempre consciente de la presencia de Dios” demuestra otra vez que Pablo VI era un completo indiferente en lo religioso. Pablo VI también elogió oficialmente la falsa religión del hinduismo en el documento oficial del Vaticano II, Nostra aetate # 2 (sobre las religiones no cristianas), ya citado en el capítulo sobre el Vaticano II.

Pablo VI, Exhortación apostólica, Evangelii Nuntiandi, # 53, 8 de diciembre de 1975: “La Iglesia respeta y estima estas religiones no cristianas…”[15].

Nótese otra vez que Pablo VI estima las falsas religiones; esto es satánico.

Pablo VI, Discurso, 24 de agosto de 1974: “Las diferencias religiosas y culturales en India, como habéis dicho, son honradas y respetadas (…) Nos complace ver que se practique este mutuo honor y estima…”[16].

Pablo VI dice que las diferencias religiosas son honradas en India y que le complace ver esto. Esto significa que él honra el culto a los dioses falsos.

Pablo VI, Discurso al Sínodo de Obispos, 2 de septiembre de 1974: “Del mismo modo no podemos omitir una referencia a las religiones no cristianas. Estas, de hecho, ya no deben considerarse como rivales u obstáculos a la evangelización…”[17].

Aquí Pablo VI revela atrevidamente que él está predicando un nuevo evangelio. Las religiones no cristianas, nos dice, ya no son un obstáculo para la evangelización. Esta es una religión anticristiana de apostasía.

Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 13, 15 de agosto de 1832: “… entiendan, por lo tanto, los que piensan que por todas partes se va al puerto de salvación, que, según la sentencia del Salvador, ‘están ellos contra Cristo, pues no están con Cristo’, (Lc. 11, 23) y que los que no recolectan con Cristo, esparcen miserablemente, por lo cual es ‘indudable que perecerán eternamente los que no tengan fe católica y no la guarden íntegra y sin mancha’ (Credo Atanasiano)[18].
Pablo VI, Discurso al Dalai Lama, 30 de septiembre de 1973: “Nos complace dar la bienvenida a Su Santidad el día de hoy (…) Vos venís de Asia, cuna de antiguas religiones y tradiciones humanas que son debidamente conservadas con profunda veneración[19].

¡Pablo VI nos dice que es correcto conservar las falsas religiones que adoran dioses falsos con “profunda veneración”! Esta puede ser la peor herejía que Pablo VI haya pronunciado.

Pablo VI, Discurso, agosto de 1969: “…Uganda incluye diferentes religiones que se respetan y estiman entre sí[20].

¿La verdadera religión estima a las falsas religiones? No, esto de nuevo es abiertamente herético.

Pablo VI, Mensaje a los paganos sacerdotes sintoístas, 3 de marzo de 1976: “Conocemos la fama de vuestro templo, y la sabiduría que está representada tan vivamente por las imágenes que contiene[21].

Esta es una de las declaraciones más perversas, reveladoras y heréticas que Pablo VI haya pronunciado. Él elogia la sabiduría contenida en las imágenes del templo pagano sintoísta, en otras palabras, ¡él está elogiando a los ídolos de los sintoístas!

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[5] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 230.

[6] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de noviembre de 1972, p. 1.

[7] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), pp. 313-314.

[8] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 11 de octubre de 1973, p. 10.

[9] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 20 de enero de 1972, p. 1.

[10] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 22 de diciembre de 1977, p. 2.

[11] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 18 de diciembre de 1969, p. 2.

[12] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 17 de diciembre de 1970, p. 7.

[13] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de julio de 1977, p. 12.

[14] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 9 de octubre de 1969, p. 5.

[15] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 25 de diciembre de 1975, p. 5.

[16] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 12 de septiembre de 1974, p. 2.

[17] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 10 de octubre de 1974, p. 7.

[18] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 238.

[19] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 11 de octubre de 1973, p. 4.

[20] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de agosto de 1969, p. 12.

[21] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 11 de marzo de 1976, p. 12.

 

PABLO VI SOBRE EL BUDISMO

El budismo es una religión falsa y pagana del Oriente que enseña la creencia en la reencarnación y el karma. Los budistas sostienen que la vida no vale la pena vivirla, y que toda forma de existencia consciente es un mal. Los budistas adoran varios dioses falsos. El budismo es una religión idólatra y falsa del diablo. Este es el pensamiento de Pablo VI sobre el budismo:

Pablo VI, Audiencia general a los budistas japoneses, 5 de septiembre de 1973: “Es un gran placer para nosotros dar la bienvenida a los miembros al Tour Europeo de los japoneses budistas, los honrados seguidores de la secta Soto-shu del budismo. (…) En el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica exhortó a sus hijos e hijas a estudiar y evaluar las tradiciones religiosas de la humanidad y ‘para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes’ (Ad gentes, 11) (…) El budismo es una de las riquezas de Asia…”[22].

Según Pablo VI, ¡la falsa, pagana e idólatra religión del budismo es una de las “riquezas” de Asia!

Pablo VI, Audiencia general al tour misionero budista japonés, 24 de octubre de 1973: “Una vez más es un placer dar la bienvenida a un distinguido grupo del tour misionero budista japonés. Nos complace reiterar el aprecio que tenemos por vuestro país, sus nobles tradiciones…”[23].
Pablo VI, Discurso al budista líder espiritual tibetano, 17 de enero de 1975: “El Concilio Vaticano II ha expresado su sincera admiración por el budismo en sus diversas formas (…) Les deseamos a Su Santidad y a todos los fieles una abundante paz y prosperidad”[24].

Nótese su idolatría y apostasía al admirar, no solamente a los budistas, sino la falsa religión del budismo.

Pablo VI, Discurso a los budistas, 5 de junio de 1972: “Es con gran cordialidad y estima que saludamos a tan distinguido grupo de líderes budistas de Tailandia. (…) Tenemos un respeto profundo por (…) sus tradiciones preciosas[25].
Pablo VI a un grupo de líderes budistas, 15 de junio de 1977: “Le ofrecemos al distinguido grupo de líderes budistas de Japón una cálida bienvenida. El Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia Católica ve con sincero respeto vuestra forma de vida (…) En esta ocasión nos complace recordar las palabras de San Juan: ‘El mundo pasa, y con él sus deseos insaciables; pero el que hace la voluntad de Dios vive para siempre’”[26].

Él dice primero que la Iglesia Católica ve con sincero respeto la forma de vida budista. Esto es herejía. Luego dice que, en esta ocasión, le complace recordar las palabras de San Juan: el que hace la voluntad de Dios vive para siempre. Su significado es claro, esto es, que los budistas vivirán para siempre; o sea, ellos se salvarán. Esto es totalmente herético.

Pablo VI, Discurso al patriarca budista de Laos, 8 de junio de 1973: “… [el] budismo (…) la Iglesia Católica considera sus riquezas espirituales con estima y respeto, y desea colaborar con vosotros, como hombres religiosos, por el logro de la verdadera paz y salvación del hombre[27].

Pablo VI dice que la Iglesia Católica considera con estima y respeto las riquezas espirituales de la falsa religión del budismo. ¡Luego dice que desea colaborar con el patriarca budista para el logro de la salvación del hombre! Esto es herejía y apostasía.

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[22] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de septiembre de 1973, p. 8.

[23] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de noviembre de 1973, p. 1.

[24] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 30 de enero de 1975, p. 5.

[25] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 15 de junio de 1972, p. 5.

[26] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 23 de junio de 1977, p. 5.

[27] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de junio de 1973, p. 5.

 

PABLO VI SOBRE EL ISLAM

El islam es una religión falsa que niega la divinidad de Cristo y rechaza la Santísima Trinidad. Además de rechazar al verdadero Dios, el islam permite la poligamia hasta cuatro esposas, y sus seguidores (los musulmanes) propagan esta falsa religión con un celo no sin igual entre los demás. El islam es entre las falsas religiones la más cruelmente anti-cristiana. En muchos países islámicos la conversión al cristianismo significa la muerte. La propagación de la verdadera fe está estrictamente prohibida por los musulmanes. La sociedad islámica es una de las más malvadas de la historia humana. Esto es lo que Pablo VI pensaba sobre esta falsa religión que rechaza a Cristo y la Trinidad:

Pablo VI, Discurso, 9 de septiembre de 1972: “También queremos que sepan que la Iglesia reconoce la riqueza de la fe islámica – una fe que nos une al único Dios[28].

Pablo VI habla sobre la “riqueza” de la fe islámica, una “fe” que rechaza a Jesucristo y la Trinidad. Dice que esta “fe” nos une al único Dios. Esto es apostasía.

Pablo VI, Discurso, 18 de septiembre de 1969: “…los musulmanes (…) adoran junto con nosotros al Dios único y misericordioso, que en el último día juzgará al hombre”[29].

Los musulmanes no adoran al único Dios verdadero, la Santísima Trinidad, junto con los católicos, como lo hemos demostrado en capítulo sobre las herejías del Vaticano II. Afirmar que los musulmanes adoran al mismo Dios que los católicos es herejía. Y los musulmanes ciertamente no adoran al Dios que juzgará a la humanidad en el último día, juzgará Jesucristo.

Pablo VI, Discurso al embajador musulmán, 4 de junio de 1976: “…los marroquíes musulmanes (…) nuestros hermanos en la fe en el Dios único. Siempre seréis muy bien recibidos y encontraréis aquí estima y comprensión”[30].

Él dice que los musulmanes son nuestros hermanos en la fe. Esto es apostasía. Luego dice que los musulmanes siempre encontrarán estima en el Vaticano.

Pablo VI, Discurso, 2 de diciembre de 1977: “…los musulmanes, que profesan la fe de Abraham, y adoran con nosotros al único Dios misericordioso, que juzgará a los hombres en el día postrero, como declaró solemnemente el Concilio Vaticano II”[31].
Pablo VI, Discurso, agosto de 1969: “… Nuestro vivo deseo de saludar, en vuestras personas, a las grandes comunidades musulmanas dispersas por toda África? Permitidnos manifestaros aquí nuestro gran respeto por la fe que profesáis (…) En memoria de los mártires católicos y anglicanos, recordamos gustosamente también a aquellos confesores de la fe musulmana, que fueron los primeros en sufrir la muerte…”[32].

Él menciona su gran respeto por la falsa fe del islam, y conmemora a los musulmanes que fueron testigos de esta falsa religión con la muerte. Esto es total apostasía.

Pablo VI, Ángelus, 3 de agosto de 1969: “Veintidós mártires fueron reconocidos, pero habían muchos más y no sólo católicos. También los hubo anglicanos y musulmanes[33].

Esta es probablemente la declaración más escandalosa que hemos visto respecto a la herejía de que existen mártires no católicos. Pablo VI dice que los musulmanes (que ni siquiera creen en Cristo o la Trinidad) son mártires, además de los anglicanos. Esto es realmente increíble y totalmente herético.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, 1441, ex cathedra:
“…además, todo aquel, no importando lo grande que hayan sido sus limosnas y obras de caridad, y no importando de que llegase a derramar su sangre por causa de Cristo, no puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia Católica”[34].
Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Credo dogmático Atanasiano, 1439: “Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre…”[35].

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[28] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de septiembre de 1972, p. 2.

[29] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de octubre de 1969, p. 2.

[30] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 24 de junio de 1976, p. 4.

[31] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 22 de diciembre de 1977, p. 2.

[32] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de agosto de 1969, p. 10.

[33] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 7 de agosto de 1969, p. 1.

[34] Denzinger 714.

[35] Decrees of the Ecumenical Councils [Los Decretos de los Concilios Ecuménicos], edición inglesa, Vol. 1, pp. 550-553; Denzinger, The Sources of Catholic Dogma [Las Fuentes de Dogma Católica], edición inglesa, B. Herder Book Co. trigésima edición inglesa, 1957, no. 39-40.

 

PABLO VI SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA

Pablo VI, Discurso, 9 de julio de 1969: “Ella [la Iglesia] también ha afirmado, durante su larga historia, a costa de la opresión y la persecución, la libertad para todas las personas de profesar su propia religión. Nadie, dice Ella, está impedido de actuar, nadie está obligado a actuar de manera contraria a sus propias creencias (…) Como hemos dicho, el Concilio exigió una verdadera y pública libertad religiosa…”[36].

Esto es completamente falso y herético. La Iglesia Católica ha afirmado durante su larga historia, a costa de la opresión y la persecución, que la religión de Jesucristo es la única verdadera; y que Cristo es el verdadero Dios y verdadero hombre. Sin embargo, Pablo VI nos quiere hacer creer que los mártires fueron torturados horriblemente, no por su profesión de fe en Cristo, ¡sino para que todos tengan la libertad de profesar sus diferentes religiones falsas! ¡Esta es una distorsión increíblemente herética de la verdad!

Pablo VI, Mensaje, 10 de diciembre de 1973: “…las reiteradas violaciones del sagrado derecho a la libertad religiosa en sus diversos aspectos y la ausencia de un acuerdo internacional que apoye este derecho…”[37].
Pablo VI, Carta, 25 de julio de 1975: “…la Santa Sede se alegra de ver enfatizado específicamente el derecho de la libertad religiosa”[38].

Una vez más, en el capítulo sobre el Vaticano II mostramos que la doctrina sobre la libertad religiosa, que fue defendida por Pablo VI fue, de hecho, condenada por los Papas católicos.

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[36] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 17 de julio de 1969, p. 1.

[37] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 20 de diciembre de 1973, p. 3.

[38] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de agosto de 1975, p. 3.

 

PABLO VI SOBRE LOS “ORTODOXOS”

Aquí vemos a Pablo VI dando un saludo masónico al patriarca cismático oriental de Constantinopla, Atenágoras, el 5 de enero de 1964. Ambos también levantaron mutuamente las excomuniones recíprocas de 1054. Esto significa que Pablo VI consideraba que los “ortodoxos” orientales ya no estaban excomulgados, aunque ellos nieguen el Papado. Por lo tanto, según Pablo VI, el Papado no es un dogma obligatorio bajo pena de excomunión.

Los “ortodoxos” orientales son cismáticos que rechazan la infalibilidad papal y los últimos trece concilios generales de la Iglesia Católica. Ellos rechazan que el Espíritu Santo proceda de la Segunda Persona de la Trinidad; ellos permiten el divorcio y el segundo matrimonio; y muchos de ellos rechazan la Inmaculada Concepción. Esto es lo que Pablo VI pensaba de estos cismáticos:

Pablo VI, Discurso, 19 de abril de 1970, hablando del fallecido patriarca cismático de Moscú: “Hasta el final estaba consciente y solícito por su gran ministerio[39].

Él dice que el liderazgo en una iglesia cismática es un gran ministerio.

Pablo VI, Discurso, 24 de enero de 1972: “…damos la bienvenida entre nosotros a un eminente representante de la venerable Iglesia ortodoxa (…) un hombre de gran piedad…”[40].
Pablo VI, Discurso, 23 de enero de 1972: “…el gran, venerable y excelente patriarca ortodoxo…”[41].
Pablo VI, Discurso a la delegación cismática, 27 de junio de 1977: “Luego, diez años más tarde, realizamos una visita a vuestra santa Iglesia…”[42].
Pablo VI, Audiencia general, 20 de enero de 1971: “… la venerable Iglesia ortodoxa oriental…”[43].

Él dice que las iglesias cismáticas son venerables.

Pablo VI, hablando de la muerte del cismático patriarca Atenágoras, 9 de julio de 1972: “…os recomendamos este gran hombre, un hombre de una venerada Iglesia…”[44].
Pablo VI, Discurso, 25 de mayo de 1968: “…la venerable Iglesia ortodoxa de Bulgaria”[45].
Pablo VI, Declaración común con el patriarca de la secta cismática de Siria, 27 de octubre de 1971: “Esto debe hacerse con amor, con la apertura a las inspiraciones del Espíritu Santo, y con el respeto mutuo del uno al otro y de la Iglesia de cada uno[46].

Entonces Pablo VI respeta el rechazo del Papado y la infalibilidad papal.

Pablo VI, Telegrama a la elección del nuevo patriarca cismático de Constantinopla, julio de 1972: “En el momento en que asumís una pesada carga en el servicio de la Iglesia de Cristo…”[47].

Esto significa que la iglesia cismática es la Iglesia de Cristo.

Pablo VI, Discurso, 14 de diciembre de 1976: “…muy queridos hermanos, enviados por la venerable Iglesia de Constantinopla (…) realizamos el solemne y el sagrado acto eclesial de levantar los antiguos anatemas, un acto con el que deseamos eliminar esos eventos para siempre de la memoria y el corazón de la Iglesia…”[48].

Los “ortodoxos” cismáticos están anatematizados por la Iglesia Católica por negar el Papado, y por no aceptar los dogmas de la fe católica. Pero Pablo VI solemnemente levanta estos anatemas contra ellos, como hemos mencionado anteriormente. Como la declaración anterior, este discurso de Pablo VI significa que él intentó anular el Papado como un dogma que debe ser creído bajo pena de anatema o condenación.

Pablo VI, Carta, 7 de marzo de 1971, respecto a la muerte de los dos patriarcas cismáticos: “…conmovido por la muerte de Su Santidad el Patriarca Kyrillos VI expresamos nuestra sincera simpatía con la seguridad de nuestras oraciones por el eterno descanso de su amado pastor, y la bendición consoladora de Dios sobre toda la Iglesia Ortodoxa Copta[49].

Tenga en cuenta dos cosas: en primer lugar, Pablo VI dice que va a orar por el alma de un cismático fallecido, indicando que el fallecido patriarca no católico pudo salvarse, lo que es herético. En segundo lugar, él invoca la bendición consoladora de Dios sobre toda la Iglesia ortodoxa copta. ¿Qué de eso de que sólo existe una Iglesia verdadera y que la Iglesia cismática copta no forma parte de ella? ¿Y eso de la gracia de Dios por la conversión de la Iglesia ortodoxa copta a la verdadera Iglesia? La declaración de Pablo VI muestra una vez más que él sostenía que las sectas heréticas son iglesias verdaderas, y que la fe católica carece de sentido.

Papa Gregorio XVI, 27 de mayo de 1832: “No erréis, hermanos míos; si alguno sigue al que hace cisma, no obtendrá la herencia del reino de Dios”[50].
Pablo VI, Carta a un cismático, noviembre de 1976: “…la primera conferencia pan-ortodoxa en preparación para el Gran Concilio Santo de las Iglesias ortodoxas ha comenzado sus trabajos (…) para el mejor servicio de la venerable Iglesia ortodoxa[51].

Él le llama “santo” al concilio cismático y “venerable” a la iglesia cismática. Pablo VI era un cismático.

Pablo VI, Audiencia general, 24 de enero de 1973: “…nuestro hermano de venerable memoria, el patriarca ecuménico de Constantinopla…”[52].
Pablo VI, Mensaje con respecto al fallecido cismático ruso, 7 de abril de 1972: “…expresamos a vuestra eminencia y al santo sínodo de la Iglesia ortodoxa de Georgia nuestras sinceras condolencias con la seguridad de nuestras oraciones por el eterno reposo de vuestro pastor…”[53].
Pablo VI, Mensaje al patriarca cismático de Moscú, 23 de mayo de 1968: “…Santidad, con motivo de las celebraciones por el quincuagésimo aniversario del día en que el sínodo de toda la Iglesia ortodoxa rusa restableció la sede patriarcal de Moscú (…) hemos delegado participar en las solemnes celebraciones que tendrán lugar en vuestra ciudad patriarcal a nuestros muy queridos hermanos en el episcopado…”[54].

Él llama “Su Santidad” al patriarca cismático de Moscú y celebra el quincuagésimo aniversario de la Iglesia cismática.

Pablo VI, Discurso a los cismáticos, 1 de julio de 1978: “Os recibimos con afecto y estima[55].
Pablo VI, Audiencia general, 30 de noviembre de 1977: “Os saludamos con alegría, amados hermanos, que representáis aquí a Su Santidad el Patriarca Pimen y la Iglesia ortodoxa rusa (…) toda nuestra estima y amor fraternal a Su Santidad el Patriarca Pimen, a su clero y a todo el pueblo de los fieles[56].
Pablo VI llegó a decir en una carta acerca del cismático Atenágoras (julio de 1972): “… Rogamos al Señor que lo reciba en su reino celestial…”[57].
Pablo VI, Declaración conjunta con el “Papa” cismático Shenouda III, 10 de mayo de 1973: “Pablo VI, obispo de Roma y Papa de la Iglesia Católica, y Shenouda III, Papa de Alajandría y Patriarca de la Sede de Marcos (…) En nombre de la caridad, rechazamos toda forma de proselitismo (…) Que cese, donde pueda que exista…”[58]

Esto es todo lo que se necesita ver para saber que Pablo VI era un cismático y no un católico. Él hizo una declaración conjunta con un “papa” cismático. Él reconoce a este cismático como titular de la sede de San Marcos. Esto es una blasfemia contra el Papado, ya que este cismático no tiene ninguna autoridad. Él rechaza todas las formas de proselitismo – es decir, tratar de convertir a los cismáticos – y él dice “cese donde pueda que exista”. Pablo VI era un formal hereje y cismático.

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[39] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 23 de abril de 1970, p. 12.

[40] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 10 de febrero de 1972, p. 3.

[41] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 27 de enero de 1972, p. 12.

[42] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de julio de 1977, p. 10.

[43] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 28 de enero de 1971, p. 1.

[44] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de julio de 1972, p. 12.

[45] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 6 de junio de 1968, p. 5.

[46] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 4 de noviembre de 1971, p. 14.

[47] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 27 de julio de 1972, p. 12.

[48] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de enero de 1976, p. 6.

[49] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 18 de marzo de 1971, p. 12.

[50] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 230.

[51] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 30 de diciembre de 1976, p. 8.

[52] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 1 de febrero de 1973, p. 12.

[53] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 11 de mayo de 1972, p. 4.

[54] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 6 de junio de 1968, p. 4.

[55] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de julio de 1978, p. 3.

[56] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 15 de diciembre de 1977, p. 4.

[57] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de julio de 1972, p. 12.

[58] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 24 de mayo de 1973, p. 6.

 

PABLO VI SOBRE LAS OTRAS SECTAS PROTESTANTES

El protestantismo se inició con el sacerdote alemán Martín Lutero, que dejó la Iglesia Católica e inició la revolución protestante en 1517. Lutero negó el libre albedrío, el Papado, la oración a los santos, el Purgatorio, la Tradición, la Transubstanciación y el Santo Sacrificio de la Misa. Lutero reemplazó la Misa con un servicio conmemorativo de la última cena. Todos los sacramentos excepto el Bautismo y la Santa Eucaristía fueron rechazados. Lutero decía que tras de la caída de Adán el hombre no podía hacer ninguna obra buena. La mayoría de los protestantes tienen las mismas creencias de Lutero, pero todos ellos rechazan muchos dogmas católicos. Esto es lo que Pablo VI pensaba de estos herejes y cismáticos:

Pablo VI, Discurso del ángelus, 17 de enero de 1971: “Desde la oposición polémica entre las diversas denominaciones cristianas hemos pasado al respeto mutuo…”[59].

Aquí Pablo VI revela que la agenda del Vaticano II con respecto a las sectas protestantes ha pasado desde la posición polémica – en otras palabras, una oposición a sus falsas doctrinas – a una actitud de aceptación y de respeto mutuo por su falsa religión.

Pablo VI, Discurso a los representantes de las iglesias no católicas de Ginebra, junio de 1969: “El espíritu que nos anima (…) Este espíritu establece, como primer fundamento de todo contacto fructífero entre las diferentes confesiones, que cada una profese su fe lealmente[60].

Pablo VI dice que los protestantes no deben convertirse, sino que deben permanecer leales a sus creencias.

Pablo VI, Homilía, 25 de enero de 1973: “… expreso un pensamiento respetuoso y afectuoso en Cristo para los cristianos de las otras denominaciones que residen en esta ciudad y les aseguro nuestra estima…”[61].

Esta es una homilía increíble. Él asegura su estima a los herejes de las otras denominaciones. Considere que Pablo VI ni siquiera conoce personalmente a todas esas personas que estima. Él no sabía nada acerca de ellos salvo que ellos pertenecían a una de esas sectas, ¡y él les asegura su estima sobre esa base!

Pablo VI, Carta al Consejo Mundial de Iglesias, 6 agosto de 1973: “El Consejo Mundial de Iglesias ha sido creado con el fin, por la gracia de Dios, para servir a las iglesias y comunidades eclesiales en sus esfuerzos para restaurar y manifestar a todos la perfecta comunión en la fe y amor que es el don de Cristo a su Iglesia[62].

Pablo VI dice que el Consejo Mundial de Iglesias ha sido creado para restaurar y manifestar a todos la perfecta comunión en la fe y amor que es el don de Cristo a su Iglesia. Advierta la sorprendente implicación de esta declaración. La perfecta comunión en la fe y caridad que es el don de Cristo a su Iglesia es la institución de la Iglesia Católica, la Iglesia universal fundada por Cristo. ¡Pero Pablo VI dice que esto se manifiesta a través del Consejo Mundial de Iglesias! El Consejo Mundial de Iglesias es una organización formada por muchas sectas y diferentes denominaciones. Un comentarista tradicional la rotularía correctamente como una organización comunista – que intenta diluir y emancipar a las iglesias “cristianas” del mundo. Pero indudablemente se trata de una organización ecuménica muy herética formada por varias religiones hechas por el hombre.

Pablo VI, Discurso, 12 de diciembre de 1968: “… nuestros hijos están en buenas relaciones con sus hermanos cristianos, luteranos, evangélicos…”[63].
Papa Pío IV, profesión de fe, Concilio de Trento, ex cathedra: “… esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse (…) que ahora profeso y verdaderamente mantengo…”[64].
Pablo VI, Discurso, 28 de abril de 1977: “…las relaciones entre la Iglesia Católica y la comunión anglicana (…) estas palabras de esperanza, ‘la comunión anglicana no absorbida’, ya no son un mero sueño[65].

Esto significa que Pablo VI quiere unirse con la secta anglicana sin absorberla, es decir, sin tener que convertirlos.

Pablo VI, Discurso, 2 de agosto de 1969: “Hemos querido conocer a la iglesia anglicana que ha florecido en este país. Hemos querido rendir homenaje a aquellos hijos de quien ella se siente más orgullosa, aquellos que – junto con nuestros propios mártires católicos – dieron un testimonio generoso de sus vidas del Evangelio…”[66].
Pablo VI, hablando de la muerte del protestante Martin Luther King Jr, 7 de abril de 1968: “…todos debemos compartir las esperanzas que este mártir nos inspira”[67].
Papa Gregorio XVI, 27 de mayo de 1832: “Finalmente algunas de estas descarriadas personas intentan persuadirse a sí mismas y a otros que los hombres no se salvan únicamente en la religión católica, sino que incluso los herejes pueden alcanzar la vida eterna”[68].

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[59] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de enero de 1971, p. 12.

[60] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de junio de 1969, p. 9.

[61] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 8 de febrero de 1973, p. 7.

[62] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 6 de septiembre de 1973, p. 8.

[63] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 26 de diciembre de 1968, p. 4.

[64] Denzinger 1000.

[65] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 5 de mayo de 1977, p. 1.

[66] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de agosto de 1969, p. 1.

[67] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 18 de abril de 1968, p. 2.

[68] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 229.

 

PABLO VI SOBRE EL CONTROL DE LA NATALIDAD

Pablo VI favoreció el control de la natalidad.

Pablo VI, Discurso, 16 de noviembre de 1970: “…esto, entre otros efectos, sin duda favorecerá un control racional de la natalidad por parte de las parejas…”[89].
Pablo VI, Discurso, 24 de agosto del 1969: “…la libertad del marido y la mujer y no se les impida una limitación moral y razonable de la natalidad…”[70].
Pablo VI, Humanae vitae, # 16, 25 de julio de 1968: “Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguirá”[71].

Pablo VI dice en Humanae vitae que las parejas son perfectamente libres de no tener hijos si no lo desean.

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[69] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 26 de noviembre de 1970, p. 7.

[70] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 5 de septiembre de 1968, p. 10.

[71] The Papal Encyclicals, edición inglesa, Vol. 5 (1858-1981), p. 227.

 

PABLO VI SOBRE LAS NACIONES UNIDAS

Las Naciones Unidas es una organización malvada que promueve la contracepción y el aborto, y busca tener control de la toma de decisiones de todos los países del planeta. El ex secretario general de la ONU, U Thant, elogió al comunista Lenin como un hombre cuyos “ideales fueron recogidos en la carta de las Naciones Unidas”[72]. Esto es lo que Pablo VI pensaba de la ONU.

Pablo VI, Discurso, 5 de febrero de 1972: “… tenemos fe en las Naciones Unidas[73].
Pablo VI, Mensaje, 26 de abril de 1968: “… que todos los hombres se unan de corazón pacíficamente para que los principios de las Naciones Unidas puedan no solo ser proclamados, sino puestos en práctica, y que no solo la constitución de los Estados puedan promulgarlos, sino que las autoridades públicas los apliquen…”[74].
Pablo VI, Discurso al secretario general de la ONU, 9 de julio de 1977: “… queremos escuchar la voz del representante autorizado de la Organización de las Naciones Unidas (…) todo esto no hace más que acentuar el rol benéfico e irremplazable de la Organización de las Naciones Unidas…”[75].
Pablo VI, Mensaje a la ONU, 4 de octubre de 1970: “Hoy queremos repetir una vez más las palabras que tuvimos el honor de pronunciar el 4 de octubre de 1965 desde la tribuna de vuestra asamblea: ‘Esta organización representa el camino que se debe adoptar para la civilización moderna y por la paz mundial (…) ¿Dónde más, por otra parte, podrían estos gobiernos y pueblos encontrar un puente para unirlos, y un tribunal donde ellos puedan implorar la causa de la justicia y la paz? (…) ¿Quién mejor que la Organización de las Naciones Unidas y sus organismos especializados podrían asumir el desafío presentado a toda la humanidad? (…) Existe en efecto un bien común del hombre, y le corresponde a vuestra organización, por su dedicación a la universalidad, que es su razón de ser, para promoverlo incansablemente[76].

En primer lugar, Pablo VI dice que la ONU es el camino que hay que tomar. Él dice que la ONU, no la Iglesia Católica, es el mejor medio para la causa de la justicia y la paz para el mundo. En segundo lugar, ¡él dice que la ONU es el organismo universal (es decir, católico) para la humanidad! Él reemplaza la Iglesia Católica por la ONU.

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[72] http://www.worldnetdaily.com/news/article.asp?article_id=16291

[73] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 17 de febrero de 1972, p. 5.

[74] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de mayo de 1968, p. 4.

[75] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 21 de julio de 1977, p. 6.

[76] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 15 de octubre de 1970, p. 3.

 

PABLO VI PROMUEVE EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

Pablo VI, Mensaje al presidente de la conferencia de la ONU, mayo de 1976: “…este nuevo orden económico internacional que hay que construir sin cesar[77].
Pablo VI, Mensaje, 8 de septiembre de 1977: “El esfuerzo es colocado legítimamente hoy en día en la necesidad de construir un nuevo orden mundial…”[78].
Pablo VI, Mensaje a las Naciones Unidas, 24 de mayo de 1978: “…estamos conscientes que el camino que debe conducir a un nuevo orden mundial (…) no puede en ningún caso ser tan corto como quisiéramos que fuera (…) El desarme, un nuevo orden mundial y el desarrollo son tres obligaciones que están inseparablemente unidas entre sí…”[79].

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[77] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 17 de junio de 1976, p. 3.

[78] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 22 de septiembre de 1977, p. 11.

[79] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 15 de junio de 1978, p. 3.

 

PABLO VI SOBRE EL CULTO DEL HOMBRE

Pablo VI, Discurso, 7 de febrero de 1971: “¡Todo el honor al hombre!”[80].
Pablo VI, Discurso, 1 de agosto de 1969: “…no os dejéis desanimar por los obstáculos y dificultades que surgen constantemente; no perdáis la fe en el hombre[81].
Pablo VI, Mensaje, 25 de marzo de 1971: “…el hombre, a quien todas las cosas de la tierra deben estar relacionadas como su centro y corona”[82].

Esto es una blasfemia. Pablo VI estaba aquí citando la herejía del Vaticano II.

Pablo VI, Discurso, 18 de noviembre de 1971: “En nuestra visita a Bombay enfatizamos: ‘El hombre debe encontrar al hombre’”[83].
Pablo VI, Audiencia, 10 de enero de 1972: “Desde las exigencias de la justicia, señores, sólo se puede obtener a la luz de la verdad, esa verdad que es el hombre…”[84].

Esto significa que el hombre es la verdad.

Pablo VI, Discurso, 11 de abril de 1973: “…siempre ansiosos de salvaguardar, por encima de todo, la supremacía del hombre…”[85].
En su Discurso del ángelus, 27 de enero de 1974, Pablo VI habló positivamente de: “…el culto del hombre por el bien del hombre”[86].
Pablo VI, Discurso, 15 de febrero de 1974: “…como vuestra excelencia ha recordado con razón: que el objetivo final es el hombre…”[87].
Pablo VI, Discurso, 29 de diciembre de 1968: “El misterio cristiano que descansa sobre el hombre…”[88].
Pablo VI, Audiencia, 28 de abril de 1969: “En el análisis final, no hay riqueza verdadera sino en el hombre…”[89].
Pablo VI, Discurso del ángelus, 20 de julio de 1969: “Nos haría bien meditar sobre el hombre…”[90].
Pablo VI, Audiencia general, 28 de julio de 1971: “¡La dignidad del hombre! Nunca seremos capaces de apreciarla y honrarla lo suficiente”[91].
Pablo VI, Discurso, 4 de septiembre de 1968: “Los temas que hoy preocupan a la religión, sea católica o no católica, todos convergen desde todas las direcciones sobre un tema central, dominante, a saber: el hombre. ‘Según la opinión casi unánime de los creyentes y de los no creyentes por igual, todas las cosas en la tierra deben estar relacionadas con el hombre como su centro y corona’”[92].
Pablo VI, Mensaje del ángelus, 13 de julio de 1975: “… la ciencia más preciosa de todas, la ciencia de conocerse a sí mismo, de reflexionar, casi soñando, acerca de la propia conciencia (…) Larga vida a la fiesta libre de otros compromisos, pero ocupados en la exploración de los secretos de la propia vida”[93].

Piense acerca de este sorprendente mensaje. Él no dice que la teología, el estudio de Dios, es la ciencia más preciosa; él dice que es la ciencia de conocerse a sí mismo y soñando con la propia conciencia. Él también dice que viva la fiesta (es decir, larga vida al día santo) libre de otros compromisos (¿quizás sin asistir a Misa?), un día santo ocupado en la exploración de los secretos de la vida propia. En otras palabras, él quiere un día santo sobre el hombre sin otros compromisos. Esto es claramente el culto del hombre.

Pablo VI, Mensaje del ángelus, 26 de septiembre de 1973: “Estamos extasiados de admiración por el semblante humano…”[94].
Pablo VI, Discurso, 16 de octubre de 1976: “…si el Evangelio es para el hombre, nosotros como cristianos somos completamente para el Evangelio”[95].

Nótese que sólo dice que somos para el Evangelio si el Evangelio es para el hombre.

Pablo VI, Discurso, 4 de diciembre de 1976: “… por encima de todos los condicionamientos ideológicos, la grandeza y dignidad de la persona humana debe surgir como el único valor que hay que promover y defender”[96].
Pablo VI, Mensaje de navidad, 25 de diciembre de 1976: “Honremos a la humanidad caída y pecadora”[97].
Pablo VI, Discurso, 10 de junio de 1969: “Porque en última instancia no hay verdadera riqueza sino en la riqueza del hombre”[98].

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[80] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 11 de febrero de 1971, p. 12.

[81] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 14 de agosto de 1969, p. 8.

[82] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 27 de mayo de 1971, p. 5.

[83] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de diciembre de 1971, p. 3.

[84] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 20 de enero de 1972, p. 7.

[85] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de abril de 1973, p. 9.

[86 L’Osservatore Romano, edición inglesa, 7 de febrero de 1974, p. 6.

[87] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 28 de febrero de 1974, p. 3.

[88] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 2 de enero de 1969, p. 12.

[89] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 8 de mayo de 1969, p. 3.

[90] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 24 de julio de 1969, p. 12.

[91] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 5 de agosto de 1971, p. 12.

[92] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 12 de septiembre de 1968, p. 1.

[93] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 24 de julio de 1975, p. 2.

[94] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 7 de octubre de 1976, p. 2.

[95] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 28 de octubre de 1976, p. 4.

[96] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 16 de diciembre de 1976, p. 4.

[97] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 30 de diciembre de 1976, p. 1.

[98] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de junio de 1969, p. 6.

 

OTROS CAMBIOS REALIZADOS POR PABLO VI

Pablo VI deshaciéndose de la tiara papal
Pablo VI deshaciéndose de la tiara papal

Además de todas las herejías que hemos cubierto en los discursos de Pablo VI, él fue el hombre que con autoridad implementó el falso Segundo Concilio Vaticano, cambió la Misa católica por un servicio protestante y cambió el rito de cada uno de los sacramentos. Él cambió la materia o la forma de la Eucaristía, Extremaunción, Orden Sagrado, y Confirmación. Pablo VI quiso asesinar a Cristo en la Misa (quitándola y reemplazándola por una falsificación), y quiso asesinar a su Iglesia Católica tratando de cambiar la Iglesia por completo.

A los dos años de la clausura del Vaticano II, Pablo VI quitó el Índice de Libros Prohibidos, una decisión que un comentarista calificó acertadamente de “incomprensible”.


Otra foto de Pablo VI llevando de pectoral el efod

Pablo VI suprimió el juramento contra el modernismo en el mismo momento en que el modernismo estaba floreciendo como nunca antes. El 21 de noviembre de 1970[107], Pablo VI también excluyó a los cardenales de más de 80 años de participar de las elecciones papales. Pablo VI desbarató la corte papal, disolvió la Guardia Noble y la Guardia Palatina[108]. Pablo VI abolió el rito de la Tonsura, todas las cuatro Órdenes Menores, y el rango del Subdiaconado[109].

“Pablo VI devolvió a los musulmanes el estandarte de Lepanto. La historia de esa bandera era venerable. Ella le fue arrebatada al almirante turco durante la gran batalla naval de 1571. Mientras el Papa San Pío V ayunaba y rezaba el Rosario, la reducida flota cristiana derrotó a la mucha más grande armada musulmana, salvando así a la cristiandad de los infieles. En honor de la victoria milagrosa, Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario para conmemorar su intercesión. En un acto terrible, Pablo VI renunció no solo a la extraordinaria victoria cristiana, sino también a las oraciones y sacrificios de un gran Papa y santo”[110].

Bajo Pablo VI, el Santo Oficio fue reformado: ahora su principal función era investigar, no defender la fe católica[111]. Según los que vieron la película de la visita de Pablo VI al Fátima, él no rezó el Ave María[112].

En 1969, Pablo VI eliminó a cuarenta santos del calendario litúrgico oficial[113].

Pablo VI eliminó los exorcismos solemnes del rito bautismal. En lugar de los exorcismos solemnes, los reemplazó por una oración opcional que apenas hace una referencia pasajera de la lucha contra el demonio[114].


Otra foto clara de Pablo VI llevando de pectoral el efod

Pablo VI concedió más de 32.000 solicitudes de sacerdotes que pidieron ser liberados de sus votos para volver al estado laical; el mayor éxodo de sacerdotes desde la revolución protestante[115].

La desastrosa influencia de Pablo VI fue inmediatamente visible. Por ejemplo, en Holanda ni un solo candidato solicitó la admisión al sacerdocio en 1970, y en un plazo de doce meses todos los seminarios fueron cerrados[116]. La destrucción espiritual estaba en todas partes; incontables millones abandonaron la Iglesia, muchos otros dejaron de practicar su fe y confesar sus pecados.

Y mientras Pablo VI era la causa de este implacable desastre y destrucción espiritual, como serpiente astuta que era, él calculadamente desviaba la atención de sí mismo. En la quizás su cita más famosa, él señaló que el humo de Satanás había penetrado en el templo de Dios.

Pablo VI, Homilía, 29 de junio de 1972: “El humo de Satanás ha penetrado por una grieta en el Templo de Dios…”[117].

Cuando Pablo VI hizo esta declaración, todo el mundo miraba a los cardenales, a los obispos y los sacerdotes para descubrir dónde podría estar este humo. Miraron a todos excepto al hombre que hizo esta declaración. Pero en realidad, Pablo VI fue el humo de Satanás, y él hizo esta declaración para desviar la mirada de la gente sobre él, y en esto él tuvo éxito. Pero lo que es quizás más alarmante es que la famosa declaración de Pablo VI es básicamente una referencia directa al Apocalipsis 9, 1-3.

Apocalipsis 9, 1-3: “… y le fue dada la llave del pozo del abismo; y abrió el pozo del abismo, y subió del pozo humo, como el humo de un gran horno…”.

En Apocalipsis 9 vemos una referencia directa al humo de Satanás y a alguien se le da las llaves para desatarlo. El antipapa Pablo VI no tenía las llaves de San Pedro, pero le fue dada la llave del pozo del abismo. Fue él quien introdujo el humo del gran horno de Satanás; como lo dijo, por alguna grieta.

Jean Guitton, un íntimo amigo de Pablo VI, cuenta lo que Pablo VI le dijo en la sesión final del Vaticano II: “Era la sesión final del Concilio”, escribe Guitton, “la más esencial, en la que Pablo VI entregó a toda la humanidad las enseñanzas del Concilio. Él me anunció en aquel día lo siguiente: ‘estoy a punto de tocar las siete trompetas del Apocalipsis’”[118].
Pablo VI, Discurso al Seminario Lombardo, 7 de diciembre de 1968: “La Iglesia atraviesa un momento de inquietud, de autocrítica, se podría decir incluso de auto-demolición (…) La Iglesia es herida por ella misma[119].

Pablo VI se burló de nuevo de la gente. Él dice que la Iglesia está en un proceso de “auto-demolición” y es “herida por ella misma”. ¡Él de nuevo está refiriéndose a sí mismo, porque fue él quien está tratando de destruirla y herirla a cada momento!

PABLO VI TAMBIÉN FUE VISTO MUCHAS VECES LLEVANDO EL PECTORAL DE EFOD, TAMBIÉN CONOCIDO COMO EL JUICIO DE RAZÓN DEL SUMO SACERDOTE JUDÍO

Pablo VI llevando el pectoral de efod
Pablo VI llevando el pectoral de efod, una vestimenta usada por los masones y los sumos sacerdotes judíos

Nótese que las doce piedras representan las doce tribus de Israel. Esto no sólo es el pectoral del sumo sacerdote judío, sino que además según la Enciclopedia de la Masonería de Mackey, el efod es también “usado en los capítulos americanos (masónicos) del Arco Real, por el sumo sacerdote como parte de sus ornamentos oficiales”. El efod era la vestimenta que fue usada por Caifás, el sumo sacerdote de la religión judía, que ordenó que Jesucristo fuera condenado a muerte a la crucifixión.

El antipapa Pablo VI usó numerosas veces el pectoral de efod, también conocido como el Juicio de Razón del sumo sacerdote judío. Dios permite cosas como estas para que la gente reconozca que esos son los hombres infiltrados y enemigos de la Iglesia Católica.

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[107] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 3 de diciembre de 1970, p. 10.

[108] George Weigel, Witness to Hope [Testigo de Esperanza], edición inglesa, p. 238.

[109] The Reign of Mary [El Reinado de María], edición inglesa, Vol. XXVI, No. 81, p. 17.

[110] Mark Fellows, Fatima in Twilight [Fátima en Crepúsculo], edición inglesa, Niagra Falls, NY: Marmion Publications, 2003, p. 193.

[111] Mark Fellows, Fatima in Twilight, edición inglesa, p. 193

[112] Mark Fellows, Fatima in Twilight, edición inglesa, p. 206.

[113] Nino Lo Bello, The Incredible Book of Vatican Facts and Papal Curiosities [El Libro Increíble de Hechos del Vaticano y Curiosidades Papales], edición inglesa, Ligouri, MO: Liguori Pub., 1998, p. 195.

[114] The Reign of Mary, edición inglesa, Vol. XXVIII, No. 90, p. 8.

[115] George Weigel, Witness to Hope [Testigo de Esperanza], edición inglesa, New York, NY: Harper Collins Publishers, Inc., 1999, p. 328.

[116] Piers Compton, The Broken Cross [La Cruz Torcida], edición inglesa, Cranbrook, Western Australia: Veritas Pub. Co. Ptd Ltd, 1984, p. 138.

[117] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de julio de 1972, p. 6.

[118] Jean Guitton, “Nel segno dei Dodici,” entrevista por Maurizio Blondet, Avvenire, 11 de octubre de 1992.

[119] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 19 de diciembre de 1968, p. 3.

 

PABLO VI ADMITIÓ QUE SU IGLESIA ERA LA RAMERA DE BABILONIA

En el Apocalipsis, capítulos 17 y 18, se predice que se levantará una ramera en los últimos días en la ciudad de las siete colinas, que es Roma. Esta ramera pisará sobre la sangre de los santos y mártires. Esta ramera es claramente todo lo contrario de la inmaculada esposa de Cristo, la Iglesia Católica. En otras palabras, la ramera de Babilonia será una Iglesia falsa de Roma que aparecerá en los últimos días. Cerca del final de este libro presentamos la evidencia de que la ramera de Babilonia es la secta del Vaticano II, una falsa novia que aparecerá en Roma en los últimos días para engañar a los fieles católicos.

La Santísima Virgen, en su aparición en La Salette, Francia, el 19 de septiembre de 1846, predijo: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo (…) La Iglesia será eclipsada”.

En la siguiente cita, el antipapa Pablo VI esencialmente admite que su nueva Iglesia es la falsa Iglesia al admitir que su “iglesia” ha abandonado su oposición al mundo, que es lo que caracteriza a la verdadera Iglesia.

Pablo VI, Audiencia general, 1 de octubre de 1969: “Por otro lado, ella [la Iglesia] también está tratando de adaptarse y asimilarse a los caminos del mundo; ella se ha quitado sus vestimentas sagradas que la distinguen porque quiere sentirse más humana y terrena.
        “Ella se está dejando absorber por el medio social y temporal. Ella casi se ha dejado tomar por el respeto humano al pensar que ella es diferente de alguna manera y obligada a tener un estilo de pensamiento y de vida que no es el del mundo. Ella ha experimentado cambios y degradaciones con conformismo, casi un afán vanguardista[128]

Aquí Pablo VI admite que la Iglesia post-Vaticano II es una Iglesia falsa que se ha adaptado al mundo y que ha asimilado los caminos del mundo con afán. Esta es una admisión impresionante de Pablo VI. Él admite en pocas palabras que la Iglesia post-Vaticano II es la ramera de Babilonia.

Cuando se combina el hecho de que Pablo VI frecuentemente usaba el efod judío con todos sus otros intentos sistemáticos para destruir toda la tradición católica, ello es una fuerte evidencia de que él era un judío satánico infiltrado.

De hecho, los antepasados de Pablo VI eran judíos. Su verdadero nombre era Giovanni Montini. La familia Montini aparece en el Libro de Oro del Patrimonio Noble Italiano (1962-1964, edición inglesa, p. 994): “Una rama de la noble familia de Brescia (…) de donde viene su blasón noble y que reconoce como su seguro tronco y fundador a un Bartolomé (Bartolino) de Benedictis, dijo que Montini era de origen judío[129].

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[128] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 9 de octubre de 1969, p. 1.

[129] P. Joaquin Arriaga, The New Montinian Church, edición inglesa, p. 391.

 

OTRA FOTO DEL ANTIPAPA PABLO VI LLEVANDO EL JUICIO DE RAZÓN DEL SUMO SACERDOTE JUDÍO

Hemos demostrado que Pablo VI era un completo apóstata que creía que las falsas religiones son verdaderas, que la herejía y el cisma no tienen nada de malo, y que los cismáticos no deben ser convertidos, por decir lo menos.

Si usted acepta el Vaticano II o la Nueva Misa o los nuevos ritos de los sacramentos – en definitiva, si acepta la religión del Vaticano II – este es el hombre cuya religión usted sigue, un manifiesto hereje infiltrado, cuya misión era derrumbar y destruir cuanto sea posible la fe católica.

Los católicos no deben asistir a la Nueva Misa del antipapa Pablo VI (el Novus Ordo) y deben rechazar completamente el Vaticano II y los nuevos ritos de los sacramentos. Los católicos deben rechazar completamente al antipapa Pablo VI porque él no era católico. Los católicos deben rechazar y no apoyar a ningún grupo que acepte a este apóstata como Papa, o que acepta la nueva Misa o el Vaticano II o los nuevos ritos sacramentales de Pablo VI.

 

LA FIRMA DEL ANTIPAPA PABLO VI CONTIENE TRES SEIS

Esta es una foto de la firma del antipapa Pablo VI. Si usted gira el texto, verá que hay tres seis. La que aparece bajo la primera foto es otra más ampliada con su nombre vuelto al revés. Se ve claramente el 666. Por lo que sabemos, esta era la forma como firmaba Pablo VI.

 

La Revolución en el Concilio Vaticano II (1962-1965)

(Esta es la exposición más completa y devastadora de las herejías en el Vaticano II que se ha hecho e incluye fotos.)

Yves Marsaudon, francmasón del rito escocés grado 33, 1965: “… la audaz idea de la libertad de pensamiento (…) – aquí se puede hablar verdaderamente de una revolución que viene de nuestras logias masónicas – ha expandido magníficamente sus alas sobre la cúpula de San Pedro”[1].


(Una sesión del Vaticano II)

El Vaticano II fue un concilio que se celebró entre los años 1962 a 1965. El Vaticano II fue un falso concilio que constituyó una revolución contra los 2000 años de enseñanza y tradición católica. Como veremos, el Vaticano II contiene varias herejías que fueron directamente condenadas por los Papas y concilios infalibles del pasado. El Vaticano II se propuso dar a los católicos una nueva religión. En el período después del Vaticano II, se produjo cambios masivos en todo aspecto de la fe católica, incluso la implementación de una Nueva Misa.


(Antes del Vaticano II)               (Después del Vaticano II)          

También el Vaticano II introdujo nuevas prácticas e instauró una nueva visión con respecto a las otras religiones. La Iglesia católica no puede cambiar su enseñanza sobre las otras religiones y cómo ella considera a las otras religiones, ya que aquello son verdades de fe entregadas por Jesucristo. El Vaticano II intentó cambiar esas verdades de la Iglesia católica.

El Vaticano II fue convocado por Juan XXIII y fue solemnemente promulgado y confirmado por Pablo VI el 8 de diciembre de 1965. El Vaticano II no fue un concilio general o ecuménico de la Iglesia Católica porque, como veremos en detalle, fue convocado y confirmado por herejes manifiestos (Juan XXIII y Pablo VI), quienes no fueron elegibles para la elección papal (véase la Constitución Apostólica de Pablo VI antes citada). Los frutos del Vaticano II son evidentes para todos. Cualquier católico honesto que haya vivido antes del concilio y lo compara con la religión en su propia diócesis, puede atestiguar el hecho de que el Vaticano II inauguró una nueva religión.

- La Herejía Más Específica en el Vaticano II -

El Vaticano II utiliza el mismo verbo que el Concilio de Florencia para enseñar exactamente lo contrario

El Concilio de Florencia definió dogmáticamente que toda persona que tenga una posición contraria a la enseñanza de la Iglesia católica sobre Nuestro Señor Jesucristo o la Trinidad, o cualquiera de las verdades acerca de Nuestro Señor o de la Trinidad, es rechazada por Dios.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Bula Cantate Domino, 1442, ex cathedra: “La sacrosanta Iglesia Romana, fundada por la palabra del Señor y Salvador nuestro, firmemente cree, profesa y predica a un solo verdadero Dios, omnipotente, inmutable y eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo (…) A cuantos, por consiguiente, sienten de modo diverso y contrario, [la sacrosanta Iglesia Romana] los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia[2].

Esta es una definición dogmática infalible de la Iglesia Católica sobre las personas que tienen una opinión sobre Nuestro Señor Jesucristo o la Santísima Trinidad que es contraria a la de la Iglesia (p. ej., judíos, musulmanes, etc.). ¡El Concilio de Florencia define solemnemente que todo aquel que tiene una opinión contraria a la enseñanza de la Iglesia sobre Nuestro Señor y la Santísima Trinidad (p. ej., los judíos), es condenado y reprobado! Nota: el Concilio no se limita a decir que la opinión contraria a Nuestro Señor es reprobada, sino que la persona (p. ej., el judío) es reprobada. Este dogma se basa en la verdad que específicamente Nuestro Señor reveló en la Sagrada Escritura.

Mateo 10, 33 “Y el que me negare delante de los hombres, lo negaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos".

La palabra "negar" significa rechazar, reprobar o repudiar. El que niega a Nuestro Señor es rechazado por Él. Pero en su Decreto sobre las religiones no-cristianas, el Vaticano II enseña todo lo contrario.

Declaración del Vaticano II, Nostra Aetate (#4): “Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras”[3].

El Vaticano II niega la verdad divinamente revelada en Mateo 10,33, que fue solemnemente definida por el Concilio de Florencia. La enseñanza del Vaticano II es manifiestamente herética.

Pero esto se pone aún peor cuando esto se considera en más detalle. En caso de tener alguna duda sobre esta herejía, por favor considere lo siguiente:

El Vaticano II vs. El Concilio dogmático de Florencia

 

Nostra Aetate #4 del Vaticano II: “… no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos…”.

Vaticano II, Nostra Aetate #4, el latín original: “… Iudaei tamen neque ut a Deo reprobati neque ut maledicti exhibeantur …”[4].

El Concilio dogmático de Florencia: “A cuantos, consiguientemente, sienten de modo diverso y contrario, [la Iglesia] los condena, reprueba y anatematiza, y proclama que son ajenos al cuerpo de Cristo, que es la Iglesia".

El latín del Concilio de Florencia: “Quoscunque ergo adversa et contraria sentientes damnat, reprobat et anathematizat et a Christi corpore, quod est ecclesia, alienos ese denuntiat”[5].

Al hacer la declaración dogmática infalible de que todos los que tienen una opinión contraria a la fe en Nuestro Señor o la Trinidad son reprobados, el latín original del Concilio de Florencia utiliza la palabra «reprobat» que significa "rechazar" o "reprobar". Ello es a partir del verbo latino reprobo, que significa "reprobar" o "condenar".

Pero aquí está la bomba: En Nostra Aetate, #4 (el Decreto del Vaticano II sobre las religiones no-cristianas) al declarar exactamente lo opuesto, ¡el Vaticano II usa exactamente el mismo verbo! El Vaticano II utiliza «reprobati», que es el participio pasado de reprobo¡exactamente el mismo verbo que utiliza el Concilio de Florencia! Esto significa que el Vaticano II y el Concilio de Florencia están hablando exactamente de la misma cosa – ellos utilizan exactamente el mismo verbo – ¡y enseñan exactamente lo opuesto! La Iglesia Católica enseña que todos los individuos (judíos, etc.) quienes tengan una opinión contraria a la fe en Cristo o de la Trinidad, la Iglesia "reprobat" (los reprueba). El Vaticano II nos dice que los judíos no deben ser considerados como "reprobati" (como si hubieran sido reprobados). ¡El Vaticano II no podría contradecir de manera más precisa el dogma católico!

No puede haber ninguna duda que el Vaticano II niega la enseñanza dogmática del Concilio de Florencia. Si bien que en el Vaticano II hay muchas herejías evidentes, como veremos, ésta es una de la más específica. Quien niega que el Vaticano II enseñe herejía, a la luz de estos hechos, es simplemente un mentiroso.

Esta herejía en la declaración Nostra Aetate del Vaticano II, es el fundamento teológico de la actual enseñanza de la secta del Vaticano II sobre los judíos. Esta es la razón de que actualmente el Vaticano publica libros que enseñan que los judíos son perfectamente libres de vivir como si Cristo no hubiera venido. Esta es la razón por la que la secta del Vaticano II enseña que la Antigua Alianza es válida. Esta es la razón, como veremos, por la cual tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han visitado la sinagoga para intentar validar la religión judía.

Las Otras Herejías Principales del Vaticano II

Ahora vamos a abordar las otras herejías que se encuentran en los siguientes documentos del Vaticano II:

1. Unitatis Redintegratio – Decreto del Vaticano II sobre el Ecumenismo
2. Orientalium Ecclesiarum – Decreto sobre las Iglesias Orientales Católicas
3. Lumen Gentium – Constitución "Dogmática" sobre la Iglesia
4. Dignitatis Humanae – Declaración sobre la Libertad Religiosa
5. Ad Gentes – Decreto sobre la Actividad Misionera
6. Nostra Aetate – Decreto sobre las Religiones No Cristianas
7. Gaudium et Spes – Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Moderno
8. Sacrosanctum Concilium– Constitución sobre la Liturgia Sagrada

Herejías por Documento

1. Unitatis Redintegratio – Decreto del Vaticano II sobre el Ecumenismo

Unitatis Redintegratio enseña la herejía de que todos los bautizados que se profesan «cristianos» están en comunión con la Iglesia y tienen derecho al nombre de cristianos, mientras que no menciona nada acerca de la necesidad de que ellos se conviertan a la fe católica para la salvación.

Vaticano II, Unitatis Redintegratio #3: Puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia católica. Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia católica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica.”[7]

Advierta que el Vaticano II enseña que las sectas protestantes y cismáticas están en comunión con la Iglesia Católica (si bien que de manera imperfecta) y son hermanos de la misma Iglesia con derecho al nombre de cristianos. La Iglesia Católica, en cambio, enseña que ellos están fuera de la comunión de la Iglesia y ajenos a sus fieles. Esta enseñanza, el Vaticano II la contradice directamente.

Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico.”[8]

La siguiente cita es de un artículo que apareció en una publicación que es ampliamente leída y aprobada por la secta del Vaticano II, St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio]. Podemos ver cómo ésta aprobada publicación entiende el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II.

Renee M. Lareau, “Vatican II for Gen-Xers” «El Vaticano II acerca de la Generación X», St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], edición inglesa, noviembre de 2005, p. 25: “Unitatis redintegratio (el decreto sobre el ecumenismo) y Nostra aetate (la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no-cristianas) mostró un marcado cambio en las actitudes de la Iglesia hacia las otras religiones. Viniendo de una antigua institución de criterio estrecho que insistía que no había salvación fuera de la Iglesia y que la Iglesia católica era la única verdadera Iglesia de Cristo, la apertura de mente que caracterizaba estas enseñanzas fue notable. Unitatis redintegratio afirma que la Iglesia incluye a todos los cristianos y no se limita exclusivamente a la Iglesia Católica, mientras que la Nostra Aetate reconoce que la verdad y santidad de la religiones no-cristianas fue obra del mismo Dios verdadero.”[9]

¿Ha entendido mal Renee el Vaticano II? No, sólo hemos mostrado que Unitatis redintegratio enseña precisamente lo mismo. Ahora veremos que niega que la Iglesia sea plenamente católica y afirma que hay salvación en las sectas mencionadas.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (# 4): “Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, están, sin embargo, separados de su plena comunión. Más aún, a la misma Iglesia le resulta muy difícil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad.”[10]

Aquí, en el #4 del mismo decreto sobre del ecumenismo, el Vaticano II ¡niega que la Iglesia de Cristo es plenamente católica! Si usted cree esto, usted ni siquiera puede rezar el Credo de los Apóstoles: "Creo… en la Santa Iglesia católica". Usted tendría que decir "Creo en la Iglesia no plenamente católica". Pero, ¿por qué el Vaticano II afirma una herejía tan ridícula? Hay una razón. La palabra católica significa «universal». El Vaticano II rechaza que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo al enseñar que casi todo el mundo anhela la Iglesia universal, como si ella no existiera.

El documento del Vaticano II, Unitatis Redintegratio # 1: “Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios.”[6]

La religión del Vaticano II sostiene que la Iglesia de Cristo es más grande que la Iglesia Católica. Dado que el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II niega que la Iglesia Católica es la Iglesia universal de Cristo por el anhelo de que tal Iglesia deba existir, se deduce lógicamente que el Vaticano II enseña que «la Iglesia»(es decir, la Iglesia Católica universal) no es capaz de realizar plenamente su catolicidad o universalidad debido a las «divisiones entre los cristianos». En otras palabras, según la clara enseñanza del Vaticano II, las divisiones entre las incontables sectas protestantes, las sectas cismáticas orientales y la Iglesia Católica impide que la Iglesia universal (de la cual según el Vaticano II todos somos miembros) realice su plena catolicidad (universalidad).

"Cardenal" Ratzinger, Dominus Iesus #17, aprobado por el antipapa Juan Pablo II, 6 de agosto de 2000: “Por lo tanto, la Iglesia de Cristo está presente y operante también en esas iglesias, aunque carezcan de la plena comunión con la Iglesia católica ya que ellos no aceptan la doctrina católica de la primacía, que, según la voluntad de Dios, el Obispo de Roma posee y ejerce efectivamente sobre toda la Iglesia.”[11]

Todo esto es una confirmación definitiva de que el Vaticano II enseña que las sectas heréticas y cismáticas forman la Iglesia de Cristo. Las palabras del Vaticano II sobre la universalidad de la Iglesia de Cristo que es dañada por las divisiones entre estas sectas no tendría sentido a menos que sostuviera que estas sectas forman parte de la Iglesia de Cristo. Con eso explicado, vamos a citar al Papa Clemente VI y al Papa León XIII para contradecir a esta herejía terrible del Vaticano II.

Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre de 1351: “Preguntamos: Primeramente, si creéis tú y la iglesia de los armenios, que te obedece, que todos aquellos que en el bautismo recibieron la misma fe católica y después se apartaron o en lo futuro se aparten de la comunión de LA MISMA FE DE LA IGLESIA ROMANA QUE ES LA ÚNICA CATÓLICA, son cismáticos y herejes, si perseveran pertinazmente divididos de la fe de la misma Iglesia Romana”[12].

Papa León XIII, Satis cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO[13].

Como podemos ver, cuando los herejes abandonan la Iglesia Católica, ellos no rompen su catolicidad o universalidad. Ellos simplemente abandonan la Iglesia Católica. Pero no concuerda con lo que dice el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II:

Michael J. Daley, “The Council’s 16 Documents” «Los XVI Documentos del Concilio», edición inglesa, St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], noviembre de 2005, p. 15: “El decreto sobre el ecumenismo (Unitatis Redintegratio) desea el restablecimiento de la unidad, no simplemente un regreso a Roma, entre todos los cristianos. Admite que ambas partes tenían la culpa de las divisiones históricas y entrega las directrices para las actividades ecuménicas.”[14]

Según este comentarista, el Vaticano II enseña que los protestantes y cismáticos no tienen la culpa de haber abandonado la Iglesia Católica, ambas partes fueron culpables. ¿Daley entendió erradamente el Vaticano II? No, de hecho, el Vaticano II enseña lo mismo por esta sorprendente declaración:

El Vaticano II, Unitatis Redintegratio #3: Pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”.
(http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html)

Se debe considerar esta declaración cuidadosamente para captar el impacto total de su malicia. Sin que se haya dado una aclaración o calificación, el Vaticano II emitió una declaración general y excusa del pecado de separación (es decir, la herejía y el cisma) a todos quienes hayan nacido en las comunidades protestantes y cismáticas, crecido en ellas «se nutren de la fe de Jesucristo». Esto es increíblemente herético. ¡Ello significa que no se puede acusar a ningún protestante de ser un hereje, no importa cuán anticatólico sea, si ha nacido en esa secta! Esto contradice directamente la enseñanza que hemos visto (p. ej., de León XIII). Todo aquel que rechace incluso un dogma de la fe católica es hereje y culpable de su propia separación de la verdadera Iglesia.

Continuando con el documento, llegamos al # 3 del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II:

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 3: “Es más: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, muchísimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia católica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Espíritu Santo y elementos visibles”[15].

Aquí descubrimos una herejía más en el # 3 del decreto sobre el ecumenismo. Él afirma que «la vida de la gracia» (la gracia santificante o la justificación) existen fuera del recinto visible de la Iglesia Católica. Esto es enteramente contrario a la enseñanza solemne del Papa Bonifacio VIII en la Bula Unam sanctam.

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302: “Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: ‘Una sola es mi paloma una sola es mi perfecta ’”[16].

El Vaticano II contradice el dogma de que no hay remisión de los pecados fuera de la Iglesia Católica al afirmar que se puede poseer la vida de la gracia – que incluye la remisión de los pecados – fuera de la Iglesia Católica. Y hay más herejía en la misma sección del decreto sobre el ecumenismo. El Vaticano II afirma sin rodeos que esas comunidades son medios de salvación.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (# 3): “Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia”[17].

Esta es una de las peores herejías del Vaticano II. Constituye un rechazo del dogma Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

Papa San Pío X, Editae saepe (# 29), 26 de mayo de 1910: “Solo la Iglesia posee junta con su magisterio el poder de gobernar y de santificar a la sociedad humana. Por sus ministros y siervos (cada uno en su destino y oficio), Ella confiere sobre la humanidad los medios apropiados y necesarios para la salvación.”[18]

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, "Cantate Domino", 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y enseña que aquéllos que no están en el seno de la Iglesia Católica, no solamente los paganos, sino también los judíos o herejes y cismáticos, jamás compartirán la vida eterna, e irán irremediablemente al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, a no ser que se hayan unido a la Iglesia antes de morir…”[19]

En su decreto sobre el ecumenismo el Vaticano II también enseña que los no-católicos dan testimonio de Cristo al derramar su sangre. El siguiente párrafo implica que hay santos y mártires en las iglesias no-católicas, lo cual es una herejía.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 4: “Por otra parte, es necesario que los católicos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio común, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre…”[20].

En base a esta enseñanza, Juan Pablo II amplía y repite esta herejía muchas veces.

Juan Pablo II, Ut Unum Sint (# 1), 25 de mayo de 1995: “El valiente testimonio de tantos mártires de nuestro siglo, pertenecientes también a otras Iglesias y Comunidades eclesiales no en plena comunión con la Iglesia católica, infunde nuevo impulso a la llamada conciliar y nos recuerda la obligación de acoger y poner en práctica su exhortación”[21].

Juan Pablo II, Ut Unum Sint (# 84), 25 de mayo de 1995: “La comunión aún no plena de nuestras comunidades está en verdad cimentada sólidamente, si bien de modo invisible, en la comunión plena de los santos, es decir, de aquéllos que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo glorioso. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada en la comunión de la salvación[22].

La Iglesia Católica enseña dogmáticamente que fuera de la Iglesia no hay mártires cristianos.

Papa Pelagio II, epístola (2) Dilectionis vestrae, 585: “No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino el castigo de la perfidia; ni muerte gloriosa [de virtud religiosa], sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo…”[23].

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Cantate Domino, sesión 11, 4 de febrero de 1442: “… todo aquel, no importando lo grande que hayan sido sus limosnas y obras de caridad, y no importando de que llegase a derramar su sangre por causa de Cristo, no puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia Católica”[24].

En su decreto sobre el ecumenismo, el Vaticano II enseña también que los herejes y cismáticos orientales “ayudan” a crecer la Iglesia.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio (#s 13-15): “Nuestra atención se fija en las dos categorías principales de escisiones que afectan a la túnica inconsútil de Cristo. Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogmáticas de los concilios de Efeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad eclesiástica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana (…) Todos conocen con cuánto amor los cristianos orientales celebran el culto litúrgico (…) Consiguientemente, por la celebración de la Eucaristía del Señor en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebración se manifiesta la comunión entre ellas”[25].

La Iglesia Católica enseña que los herejes son las puertas del infierno.

Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, 553: “Estos asuntos han sido tratados con un curso completo de exactitud, tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel quien lo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por estos lo entendemos como las lenguas mortales de los herejes) (…) por lo que contamos con el diablo, el padre de la mentira, las lenguas incontroladas de los herejes y sus escritos heréticos, junto con los herejes mismos que han persistido en su herejía hasta la muerte.”[26]

Papa San León IX, In terra pax hominibus, 2 de septiembre de 1053, al "Padre" de la ortodoxia oriental, Miguel Cerulario, cap. 7: “La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro o Cefas, el hijo de Jonás, que antes se llamaba Simón, porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina”[27].

Otra herejía que ocupa un lugar destacado en el decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es la constante expresión de respeto por los miembros de las religiones no católicas.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 3: “… pero en tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes, pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor”[28].

La Iglesia Católica no ve a los miembros de las religiones no-católicas con respeto. La Iglesia trabaja y espera su conversión, pero denuncia y anatematiza como heréticos a los miembros de las sectas que rechazan la enseñanza católica.

Papa Inocencio III, Cuarto Concilio Lateranense, 1215, constitución 3, sobre los herejes: “Nos excomulgamos y anatematizamos toda herejía que se eleva en contra de esta fe santa, ortodoxa y católica que hemos expuesto anteriormente. Nos condenamos todos los herejes, cualesquiera que sean los nombres que pueden pasar por debajo. En verdad, ellos tienen diferentes caras, pero sus colas están unidas entre sí en la medida en que son similares en su orgullo[29].

Papa Pelagio II, epístola (1) Quod ad dilectionem, 585: “Y si alguno existe, o cree, o bien osa enseñar contra esta fe, sepa que está condenado y anatematizado según la sentencia de esos mismos Padres”[30].

Primer Concilio de Constantinopla, 381, canon 1: “… anatematizar toda herejía, y en particular la de los Eunomianos o Anomeos, la de los Arrianos o Eudoxianos, y la de los Semiarrianos o Pneumatómacos, la de los Sabelinos, Marcelianos, la de los Fotinianos y la de los Apolinaristas”[31].

El decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II también enseña que en materias teológicas debemos tratar a los no-católicos en pie de igualdad.

El documento del Vaticano II, Unitatis redintegratio # 9: “Conviene conocer la disposición de ánimo de los hermanos separados (…) Para lograrlo, ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teológicas, donde cada uno pueda tratar a los demás de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos”[32].

Por favor advierta cómo el texto del decreto sobre el ecumenismo del Vaticano II es condenado por el Papa Pío XI en su encíclica Mortalium animos contra el ecumenismo. El Vaticano II recomienda «tratar» con los herejes de igual a igual, ¡mientras que el Papa Pío XI describe que los herejes están dispuestos a «tratar» con la Iglesia de Roma, pero sólo que «sea de iguales a igual»! Cuando se lee la increíble especificidad con que el Vaticano II contradice la enseñanza pasada del magisterio, uno se pregunta: ¿habrá sido el mismo satanás quien redactó los documentos del Vaticano II?

Papa Pío XI, Mortalium Animos (# 7), 6 de enero de 1928, hablando de herejes: “Entre tanto asevera que están dispuestos tratar gustosamente en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual…”[33].

2. Orientalium Ecclesiarum – Decreto sobre las Iglesias Orientales Católicas

El decreto Orientalium Ecclesiarum del Vaticano II trata de las Iglesias católicas orientales. También trata de las sectas cismáticas orientales, las llamadas iglesias no católicas "ortodoxas". Al tratar con los llamados ortodoxos en el # 27 de este decreto, el Vaticano II nos proporciona una de sus herejías más significativas.

El documento del Vaticano II, Orientalium Ecclesiarum # 27: “Teniendo en cuenta los principios ya dichos, pueden administrarse los sacramentos de la penitencia, eucaristía y unción de los enfermos a los orientales que de buena fe viven separados de la Iglesia católica, con tal que los pidan espontáneamente y estén bien preparados”[34].

Durante XX siglos la Iglesia Católica siempre enseñó que los herejes no pueden recibir los sacramentos. Esta enseñanza se basa en el dogma de que fuera de la Iglesia Católica no hay remisión de los pecados, definida por el Papa Bonifacio VIII. También tiene sus raíces en el dogma de que los sacramentos sólo benefician para la salvación de aquellos que están dentro de la Iglesia Católica, tal como lo define el Papa Eugenio IV.

Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302: “Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica, y nosotros firmemente lo creemos y simplemente lo confesamos, y fuera de ella no hay salvación ni perdón de los pecados, como quiera que el Esposo clama en los cantares: ‘Una sola es mi paloma una sola es mi perfecta ’”[35].

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, "Cantate Domino", 1441, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y enseña que aquéllos que no están en el seno de la Iglesia Católica, no solamente los paganos, sino también los judíos o herejes y cismáticos, jamás compartirán la vida eterna, e irán irremediablemente al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, a no ser que se hayan unido a la Iglesia antes de morir; también que la unidad del cuerpo Eclesiástico es tal que los Sacramentos de la Iglesia solo pueden beneficiar a aquellos que permanecen en Ella, y que los ayunos, actos de caridad, y otras obras de piedad realizados por los fieles serán premiados eternamente; además, todo aquel, no importando lo grande que hayan sido sus limosnas y obras de caridad, y no importando de que llegase a derramar su sangre por causa de Cristo, no puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia Católica”[36].

Los sacramentos de la Iglesia solo pueden beneficiar para la salvación de aquellos que permanecen en la Iglesia Católica. ¡Este es un dogma! Sin embargo, este dogma es repudiado por la enseñanza indignante del Vaticano II de que es lícito dar la sagrada comunión a los que no permanecen en la Iglesia Católica. Los Papas a través del tiempo han proclamado que los no-católicos que reciben la sagrada eucaristía fuera de la Iglesia Católica la reciben a su propia condenación.

El Papa Pío VIII, Traditi Humilitati (# 4), 24 de mayo de 1829: “Jerónimo solía decirlo de esta manera: quien comiere el cordero fuera de esta casa perecerá así como aquellos durante el diluvio que no se encontraron con Noé en el arca.”[37]

El Papa Gregorio XVI, Commissum divinitus (# 11), 17 de mayo de 1835: “… quien quiera se atreviese a apartarse de la compañía de Pedro, ha de saber que está privado del divino misterio. Quienquiera, añade San Jerónimo, que comiere el cordero fuera de esta casa es un profano…”[38]

El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862: “… el que comiere del Cordero y no es un miembro de la Iglesia, ha profanado.”[39]

Juan Pablo II y Benedicto XVI repitieron y ampliaron muchas veces esta herejía del Vaticano II. En el caso de Juan Pablo II, se enseña claramente en su nuevo Código de Derecho Canónico (canon 844.3-4), en su Directorio para la aplicación de los principio y de las normas acerca del ecumenismo (# 122-125) y en su nuevo catecismo (# 1401). También hizo muchas referencias a esta herejía en sus discursos.

Juan Pablo II, Audiencia General, 9 de agosto de 1995: “Por lo que concierne a los aspectos de la intercomunión, el reciente Directorio ecuménico confirma y especifica lo que ya había afirmado el Concilio, o sea, que cierta intercomunión es posible, puesto que las Iglesias orientales tienen verdaderos sacramentos, sobre todo el sacerdocio y la Eucaristía.
“Se han dado indicaciones específicas sobre ese Punto delicado según las cuales todo católico, al que le resulte imposible encontrar un sacerdote católico, puede recibir del ministro de una Iglesia oriental los sacramentos de la penitencia, la Eucaristía y la unción de los enfermos (Directorio, n. 123). Recíprocamente los ministros católicos pueden lícitamente administrar los sacramentos de la penitencia, la Eucaristía y la unción de los enfermos a los cristianos orientales que los pidan.”

Juan Pablo II, Ut Unum Sint (# 58), 25 de mayo de 1995: “La práctica pastoral demuestra, en lo que se refiere a los hermanos orientales, que se pueden y se deben considerar diversas circunstancias personales en las que ni sufre daño la unidad de la Iglesia, ni hay peligros que se deban evitar, y apremia la necesidad de salvación y el bien espiritual de las almas. Por eso, la Iglesia católica, según las circunstancias de tiempos, lugares y personas, usó y usa con frecuencia un modo de actuar más suave, ofreciendo a todos medios de salvación y testimonio de caridad entre los cristianos, mediante la participación en los sacramentos y en otras funciones y cosas sagradas (…) No se debe perder nunca de vista la dimensión eclesiológica de la participación en los sacramentos, sobre todo en la sagrada Eucaristía.”[40]

Tres cosas llaman la atención en este párrafo: 1) Juan Pablo II llama a compartir los sacramentos, en especial la sagrada eucaristía; 2) él intenta justificar esto invocando «el bien espiritual de las almas», lo que significa que está negando directamente la definición de Eugenio IV, que dice que no se benefician para su salvación quienes reciben los sacramentos estando fuera de la Iglesia y; 3) Juan Pablo II nos recuerda que nunca olvidemos la «dimensión eclesiológica» de compartir los sacramentos – ¡lo que implica que con estos herejes y cismáticos con quienes se comparten los sacramentos también son miembros de la misma Iglesia de Cristo! ¿Puede el lector ver lo que esta herejía significa? ¡Significa que la Iglesia del Vaticano II, ahora liderada por Antipapa Francisco I, se considera ser o estar en la misma Iglesia de Cristo con aquellos a los cuales ella les da la sagrada comunión, los protestantes y cismáticos orientales!

Además de esta horrible enseñanza sobre dar los sacramentos a los no-católicos, el documento Orientalium ecclesiarum del Vaticano II propaga más la herejía del indiferentismo: la idea de que Dios aprueba todas las sectas heréticas.

El documento del Vaticano II, Orientalium Ecclesiarum # 30: “Pidan también al Espíritu Santo Paráclito a fin de que Él derrame plenitud de fortaleza y de consuelo en tantos cristianos, perseguidos y oprimidos, de cualquier Iglesia que sean, que en medio del dolor y del sufrimiento valientemente confiesan el nombre de Cristo.”[41]

Contrariamente a esta herejía del Vaticano II, el Espíritu Santo no se derrama sobre los miembros de cualquier secta que esta sea.

El Papa León XII, Ubi Primum (# 14), 5 de mayo de 1824: “Es imposible que el Dios sumamente veraz, que es la Verdad misma, suprema, el más sabio proveedor y premiador de los hombres buenos, apruebe todas las sectas que profesan falsas enseñanzas que a menudo son incompatibles entre sí y contradictorias, y confiera la salvación eterna a sus miembros (…) porque por fe divina profesamos «un Señor, una fe, un bautismo» (…) Por eso Nos confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia.”[42]

El Papa San Celestino I, Concilio de Éfeso, 431: ““… recuerden que los seguidores de todas las herejías extraen de la Escritura inspirada la razón de sus errores, y que todos los herejes corrompen las verdaderas expresiones del Espíritu Santo con sus propias mentes malvadas y atraen sobre sus cabezas una llama inextinguible.”[43]

Por último, operando sobre el principio de que todas las sectas son tan buenas como la Iglesia Católica, y que el Espíritu Santo aprueba todas las sectas heréticas, Orientalium ecclesiarum llama a los católicos que compartan sus iglesias con los herejes y cismáticos.

El documento del Vaticano II, Orientalium ecclesiarum # 28: “Supuestos esos mismos principios, se permite la comunicación en las funciones, cosas y lugares sagrados entre los católicos y los hermanos separados orientales…”[41]

3. Lumen Gentium – Constitución “Dogmática” sobre la Iglesia

Lumen Gentium, la constitución del Vaticano II sobre la Iglesia, se volvió famosa – o más bien, célebre – por su enseñanza herética sobre la colegialidad. Esta es la idea de que los obispos, en su conjunto, también poseen la suprema autoridad en la Iglesia Católica.

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 22: “En cambio, el Cuerpo episcopal, que sucede al Colegio de los Apóstoles en el magisterio y en el régimen pastoral, más aún, en el que perdura continuamente el Cuerpo apostólico, junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza, es también sujeto de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal…”[45]

Vemos que la Lumen Gentium enseña explícitamente que el colegio de los obispos posee la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal. Si esto fuese verdadero, significaría que Cristo no instituyó una sola cabeza en la Iglesia Católica en la persona de San Pedro, sino dos cabezas supremas, el colegio de los obispos y Pedro, lo que haría de la Iglesia un monstruo con dos cabezas.

El Papa Bonifacio VIII, Unam sanctam, 18 de noviembre de 1302: “La Iglesia, pues que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo…”[46]

Sólo el Papa posee la suprema autoridad en la Iglesia. Los obispos no.

El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 14), 29 de junio de 1896: “Quien ha establecido a Pedro como fundamento de la Iglesia, también «ha escogido doce de sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles» (Lc. 6,13). Así, del mismo modo que la autoridad de Pedro es necesariamente permanente y perpetua en el Pontificado romano, también los obispos, en su calidad de sucesores de los apóstoles, son los herederos del poder ordinario de los apóstoles, de tal suerte que el orden episcopal forma necesariamente parte de la constitución íntima de la Iglesia. Y aunque la autoridad de los obispos no sea ni plena, ni universal, ni soberana, no debe mirárselos como a simples vicarios de los Pontífices romanos, pues poseen una autoridad que les es propia, y llevan en toda verdad el nombre de Prelados ordinarios de los pueblos que gobiernan.”[47]

El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 15): “Pero la autoridad del Pontífice es soberana, universal y del todo independiente; la de los obispos está limitada de una manera precisa y no es plenamente independiente.”[48]

El Vaticano II enseña que los católicos adoran al mismo Dios que los musulmanes

Además de la herejía de colegialidad, hay otras en la Lumen Gentium que no se pueden pasar por alto. Quizás el más chocante se encuentra en Lumen Gentium 16.

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 16: “Pero el designio de salvación abarca también a los que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar LOS MUSULMANES, que, confesando adherirse a la fe de Abraham, ADORAN CON NOSOTROS A UN DIOS ÚNICO, MISERICORDIOSO, QUE JUZGARÁ A LOS HOMBRES EN EL DÍA POSTRERO.”[49]

¡Esta es una blasfemia increíble! Los católicos adoran a Jesucristo y a la Santísima Trinidad; ¡los musulmanes no!

(Los musulmanes rechazan la divinidad de Jesucristo)

(Los cristianos adorar a Jesús como Dios)

Hasta un niño entiende que no tenemos al mismo Dios.

El Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio (# 6), 27 de mayo de 1832: “Por lo tanto, deben instruirlos en la verdadera adoración de Dios, que es única para la religión católica.”[50]

El Papa San Gregorio Magno: “La sacrosanta Iglesia universal enseña que no es posible adorar a Dios verdaderamente excepto en ella…”[51]

Algunos intentan defender esta horrible herejía del Vaticano II afirmando que los musulmanes reconocen y adoran a un único Dios todopoderoso. Ellos argumentan de la siguiente manera: Hay un solo Dios. Y puesto que los musulmanes adoran al único Dios todopoderoso – no a muchas deidades, como los politeístas – ellos adoran al mismo Dios todopoderoso que los católicos.

Si fuera cierto que los musulmanes adoran al mismo Dios, porque ellos adoran al mismo único Dios todopoderoso que los católicos, entonces todo aquel que profese adorar a un único Dios todopoderoso, adora al único verdadero Dios junto con los católicos. Y sean se acabó. Eso significaría que aquellos que adoran a Lucifer como el único verdadero Dios todopoderoso, ¡adoran al mismo Dios que los católicos! Pero esto es claramente absurdo. Esto bastaría para demostrar a cualquiera que el Vaticano II es herético. ¡Los que rechazan a la Santísima Trinidad no adoran al mismo Dios que los que adoran a la Santísima Trinidad!

Claramente es una negación de la Santísima Trinidad afirmar que los musulmanes adoran al Dios verdadero sin adorar a la Trinidad. En segundo lugar, y peor aún cuando se considera con cuidado, está la sorprendente afirmación que los musulmanes ¡adoran al único Dios misericordioso que juzgará a los hombres el último día! Esta es una herejía increíble. Los musulmanes no adoran a Jesucristo, quien es y será el supremo juez de la humanidad en el último día. Por lo tanto, ¡ellos no adoran al Dios que juzgará a la humanidad en el día final! Decir que los musulmanes adoran al Dios que juzgará a la humanidad el día final, como lo hace el Vaticano II en la Lumen Gentium 16, es negar que Jesucristo juzgará a la humanidad en el último día.

El Papa San Dámaso I, Concilio de Roma, canon 15: “Si alguno no dijere que ÉL [CRISTO] (…) EL CUAL HA DE VENIR A JUZGAR A LOS VIVOS Y A LOS MUERTOS, ES HEREJE.”[52]

Además de esta asombrosa herejía, en Lumen Gentium 15 encontramos otra prominente herejía.

El Vaticano II enseña que la Iglesia está unida con los que no aceptan la fe o el Papado

En Lumen Gentium 15, el Vaticano II enseña la herejía al pronunciarse sobre los que están unidos con la Iglesia. Si uno tuviera que resumir las características de la unidad de la Iglesia Católica, habría que decir que están unidos a la Iglesia los bautizados que aceptan la fe católica en su totalidad y permanecen bajo el factor de unificación del Papado. Dicho de otra manera: las personas que sin duda no están en unión con la Iglesia Católica son los que no aceptan en su totalidad la fe católica y el Papado. ¡Pero el Vaticano II enumero los dos criterios de unidad y enseña todo lo contrario!

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 15: “La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro.”[56]

El Vaticano II dice que la Iglesia está unida con aquellos que no aceptan la fe y el Papado. Esto es totalmente herético. Es lo opuesto a lo enseñado por la Iglesia. Como veremos a continuación, es un dogma que quienes rechazan el Papado, o cualquier parte de la fe, no están unidos a la Iglesia Católica.

El Papa Pío IX, Amantissimus (# 3), 8 de abril de 1862: “Hay otras pruebas, casi incontables, extraídas de los testigos más confiables que clara y abiertamente testifican con gran fe, exactitud, respeto y obediencia que todos los que quieren pertenecer a la verdadera y única Iglesia de Cristo deben honrar y obedecer a esta Sede Apostólica y al Romano Pontífice.”[57]

El Papa Pío VI, Charitas (# 32), 13 de abril de 1791: “Por último, una palabra permanece junto a Nos. Porque nadie puede estar en la Iglesia de Cristo sin estar unido con su cabeza visible y fundada en la Sede de Pedro.”[58]

El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 9), 29 de junio de 1896: “Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, QUE SIEMPRE HAN MIRADO COMO EXCLUIDO DE LA COMUNIÓN CATÓLICA Y FUERA DE LA IGLESIA A CUALQUIERA QUE SE SEPARE EN LO MÁS MÍNIMO DE LA DOCTRINA ENSEÑADA POR EL MAGISTERIO AUTÉNTICO.”[59]

El Vaticano II también enseña que los herejes honran la Sagrada Escritura con verdadero celo religioso.

El documento del Vaticano II, Lumen Gentium # 15, hablando de no católicos: “Pues hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de fe y vida, muestran un sincero celo religioso (…) están sellados con el bautismo (…) y además aceptan y reciben otros sacramentos en sus propias Iglesias o comunidades eclesiásticas.”[60]

La Iglesia Católica enseña que los herejes repudian la Palabra de Dios tradicional.

El Papa Gregorio XVI, Inter Praecipuas (# 2), 8 de mayo de 1844: “En efecto, vosotros sabéis que desde los primeros siglos llamados cristianos, el peculiar artificio de los herejes ha sido que, al repudiar la Palabra de Dios tradicional y rechazar la autoridad de la Iglesia Católica, ellos falsifican las escrituras manipulándolas, o alteran la explicación del significado.”[61]

4. Dignitatis Humanae – Declaración del Vaticano II sobre la Libertad Religiosa

La declaración del Vaticano II sobre la libertad religiosa es sin duda el más escandaloso de todos los documentos del Vaticano II. Para comprender el motivo de por qué la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa es herética es necesario entender la enseñanza infalible de la Iglesia Católica sobre la materia.

Es un dogma de la Iglesia Católica que los Estados tienen un derecho, y en realidad un deber, de impedir que los miembros de las falsas religiones practiquen y propaguen públicamente sus creencias falsas. Los Estados deben hacer esto para proteger el bien común – el bien de las almas – que se ve perjudicada por la diseminación pública del mal. Esta es la razón de por qué la Iglesia Católica siempre ha enseñado que el catolicismo debe ser la única religión del Estado, y que el Estado debe excluir y prohibir la profesión pública y propagación de cualquier otra.

Veamos ahora las tres proposiciones que fueron condenadas por el Papa Pío IX en su autoritario Syllabus de Errores.

El Papa Pío IX, Syllabus de Errores, 8 de diciembre de 1864, #77: “En la época actual no es necesario ya que la religión católica sea considerada como la única religión del Estado, con exclusión de todos los demás cultos.” – Condenado.[62]

Atención, la idea que la religión católica no deba ser la única religión del Estado, con exclusión de todas las otras religiones, está condenada. Esto significa que la religión católica debe ser la única religión del Estado y que las otras deben ser excluidas del culto, profesión, práctica y propagación pública. La Iglesia Católica no obliga a los no creyentes a creer en la fe católica, puesto que la creencia (por definición) es un acto libre de la voluntad.

El Papa León XIII, Immortale Dei (#36), 1 de noviembre de 1885: “También suele la Iglesia procurar con grande empeño que nadie sea obligado a abrazar la fe católica contra su voluntad, pues, como sabiamente advierte San Agustín, «nadie puede creer sino voluntariamente».”[63]

Sin embargo, ella enseña que los Estados deben prohibir la profesión y propagación pública de las religiones falsas que conducen las almas al infierno.

El Papa Pío IX, Syllabus de Errores, # 78: “Por esto es de alabar la legislación promulgada en algunas naciones católicas, en virtud de la cual los extranjeros que a ellas emigran pueden ejercer lícitamente el ejercicio público de su propio culto.” – Condenado.[64]

El Papa Pío IX, Syllabus de Errores, 8 de diciembre de 1864, # 55: “La Iglesia debe estar separada del Estado, y el Estado debe estar separado de la Iglesia.” – Condenado.[65]

En Quanta Cura, el Papa Pío IX condena también la idea de que a todo hombre se le debe garantizar el derecho civil a la libertad religiosa.

El Papa Pío IX, Quanta Cura (# 3), 8 de diciembre de 1864: “Y como consecuencia de esta idea de la gobernación social absolutamente falsa, no dudan en consagrar AQUELLA OPINIÓN ERRÓNEA, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de feliz memoria, locura, ESTO ES, QUE «LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZAR COMO LEY FUNDAMENTAL (…)».”[66]

Pero el Vaticano II enseña justamente todo lo contrario:

El documento del Vaticano II, Dignitatis Humanae # 2: “Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos (…) Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.”[67]

El documento del Vaticano II, Dignitatis Humanae # 2: “Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.”[68]

El Vaticano II enseña que la libertad religiosa debe ser un derecho civil, lo cual está directamente condenado por el Papa Pío IX. El Vaticano II dice también que este derecho a la libertad religiosa se aplica tanto al ámbito de expresión público como privado: y que a nadie debe impedírsele la expresión pública o la práctica de su religión. La enseñanza del Vaticano II es una herejía directa contra el magisterio infalible del Papa Pío IX y de una multitud de otros Papas. La enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa podría añadirse literalmente al Syllabus de Errores condenados por el Papa Pío IX.

¡Benedicto XVI admite que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa contradice la enseñanza del Syllabus de Errores del Papa Pío IX!

¡Lo sorprendente es que Benedicto XVI reconoce lo que acabamos de demostrar arriba!

Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, 1982, p. 381: “Si se busca un diagnóstico global del texto [del documento del Vaticano II, Gaudium et Spes], se podría decir que (en conexión con los textos sobre la libertad religiosa y sobre las religiones del mundo) es una revisión del Syllabus de Pío IX, una especie de contra-Syllabus (…) Esto sucedió porque,[primero en Europa central, condicionada por la situación] la dependencia unilateral de las posiciones tomadas por la Iglesia a través de las iniciativas de Pío IX y Pío X, contra el nuevo período de la Historia abierto por la Revolución Francesa, fue en gran medida corregida…”[69]

Benedicto XVI admite que la enseñanza del Vaticano II – a la cual él adhiere – es directamente contraria a la enseñanza del Syllabus de Errores del Papa Pío IX. En otras palabras, él acaba de admitir que la enseñanza del Vaticano II es contraria a la enseñanza del magisterio católico. Difícilmente se puede pedir una confirmación más clara de que la enseñanza del Vaticano II es herética. En su libro, Benedicto XVI repite esto una y otra vez, llamando de «contra-Syllabus» la enseñanza del Vaticano II, ¡y diciendo que no puede haber un regreso al Syllabus de Errores!

Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, 1982, p. 385: “Por una especie de necesidad interior, por lo tanto, el optimismo del contra-Syllabus dio paso a un nuevo clamor que era mucho más intenso y más dramático que el anterior.”[70]

Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, 1982, p. 391: “La tarea no es, por tanto, suprimir el Concilio, sino descubrir el Concilio verdadero y profundizar su verdadera intención a la luz de la experiencia actual. Esto significa que no puede haber un regreso al Syllabus, el cual puede haber marcado la primera etapa en la confrontación con el liberalismo y un recientemente concebido marxismo, pero no puede ser la última etapa.”[71]

La herejía del Vaticano II quizás se expresa más claramente en la siguiente cita:

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 3: “Por consiguiente, la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos.”[72]

El Vaticano II dice que el Estado excede su competencia si pretende impedir la actividad religiosa. Esto es totalmente herético.

Papa León XIII, Libertas, # 21-23, 20 de junio de 1888: “Veda, pues, la justicia, y védalo también la razón, que el Estado sea ateo, o lo que viene a parar en el ateísmo, que se haya de igual modo con respecto a las varias que llaman religiones, y conceda a todas promiscuamente iguales derechos. Siendo, pues, necesario al Estado profesar una religión, ha de profesar la única verdadera, la cual sin dificultad se conoce, singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen como sellados los caracteres de la verdad. (…) Hay derecho para propagar en la sociedad libre y prudentemente lo verdadero y lo honesto para que se extienda al mayor número posible su beneficio; pero en cuanto a las opiniones falsas, pestilencia la más mortífera del entendimiento, y en cuanto a los vicios, que corrompen el alma y las costumbres, es justo que la pública autoridad los cohíba con diligencia para que no vayan cundiendo insensiblemente en daño de la misma sociedad.”[73]

Aquí vemos al Papa León XIII (simplemente reiterando la enseñanza constante de todos los Papas) enseñando que el Estado no sólo puede sino que debe coartar y prohibir los derechos y privilegios de las otras religiones a ejercer sus actos religiosos – exactamente lo opuesto a lo que declara el Vaticano II. Esos actos públicos, las opiniones falsas y las falsas enseñanzas deben ser reprimidos por la autoridad (el Estado), según la enseñanza de la Iglesia Católica, de manera que las almas no se escandalicen o sean seducidas por ellas.

La herejía del Vaticano II sobre esta cuestión en muy clara, pero siempre hay herejes que tratan de defender lo indefendible.

Refutando los intentos de defensa de las enseñanzas del Vaticano II sobre la libertad religiosa

Algunos de los defensores de las enseñanzas del Vaticano II sobre la libertad religiosa argumentan que el Vaticano II enseñó simplemente que no hay que obligar a la gente a creer.

Patrick Madrid, Pope Fiction [Ficción del Papa], edición inglesa, p. 277: “Tenga en cuenta que la declaración [sobre la libertad religiosa] no aprueba una libertad general para creer lo que cada uno quiera, sino más bien, una libertad a ser forzado a creer en algo. En otras palabras, nadie puede ser obligado a someterse a la fe católica.”[74]

Como ya hemos visto, esto es completamente falso. El Vaticano II no se limitó a enseñar que la Iglesia Católica no fuerza u obliga a un no creyente a ser católico. Por el contrario, el Vaticano II enseña que los Estados no tienen derecho a impedir la expresión pública y la propagación y la práctica de las falsas religiones (porque debe ser reconocido universalmente el derecho civil de la libertad religiosa). Nuevamente, debemos entender la distinción entre las dos diferentes cuestiones que los defensores deshonestos del Vaticano II a veces intentan mezclar: Primera cuestión) la Iglesia Católica no fuerza u obliga a un no creyente a creer, ya que la fe es libre – cierto; Segunda cuestión) el Estado no puede reprimir la expresión pública de las falsas religiones – aquí es donde el Vaticano II contradice a la Iglesia Católica sobre la libertad religiosa. La segunda cuestión es la clave.

Para comprender esto mejor vamos a dar un ejemplo: Si en un Estado hubiesen, por ejemplo, musulmanes y judíos que celebran sus oficios religiosos y celebraciones en un lugar público (incluso sin que alteren la paz o infrinjan alguna propiedad privada o que no alteren en absoluto el orden público), el Estado puede y debe (según la doctrina católica) reprimir esos servicios y celebraciones y enviar a los judíos y musulmanes a casa (o los arrestarían si la ley estuviera bien establecida) ya que escandalizan a los demás y pueden causar que otros se unan a esas falsas religiones. El Estado les diría que tienen obligación de ser católicos ante Dios y trataría de convertirlos enviándoles sacerdotes católicos, pero no los obligaría a convertirse. Este es un ejemplo de clara distinción entre 1) forzar a alguien para que se haga católico, algo que la Iglesia condena, ya que la creencia es libre y 2) el Estado tiene el derecho de reprimir las actividades de las religiones falsas, cosa que la Iglesia enseña.

Papa Pío IX, Syllabus de Errores, # 78: “Por esto es de alabar la legislación promulgada en algunas naciones católicas, en virtud de la cual los extranjeros que a ellas emigran pueden ejercer lícitamente el ejercicio público de su propio culto.Condenado.[75]

Pero el Vaticano II enseña todo lo contrario. El pasaje citado a continuación es la más clara herejía del Vaticano II sobre la libertad religiosa. La citamos de nuevo porque este pasaje es absolutamente indefendible y refuta todos los intentos de distorsión, como la distorsión de Patrick Madrid citada arriba.

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 3: “Por consiguiente, la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos.”[76]

Aquí el Vaticano II está diciendo que el Estado excede su autoridad si pretende dirigir o impedir los actos religiosos. Acabamos de ver que el Syllabus de Errores condena la idea de que el Estado no puede impedir la actividad de las otras religiones. Esto demuestra que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa es claramente falsa y herética, y que el Vaticano II no enseña únicamente que no se debe obligar a alguien a convertirse al catolicismo.

El subterfugio de “dentro de los debidos límites”

Al intentar defender por todos los medios la enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa, los defensores del Vaticano II se empeñarán en tremendas distorsiones. Ellos citarán el pasaje del Vaticano II de arriba y distorsionarán su enseñanza con la esperanza de que el pasaje pueda (siendo así distorsionado) conformarse de alguna manera a la enseñanza tradicional contra la libertad religiosa. Ellos afirman que el Vaticano II no autorizó una libertad de culto público incondicional, sino que menciona ciertos "límites".

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 2: “Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. (…) Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.”[77]

"Vean", dicen ellos, "el Vaticano II enseña que los Estados pueden poner límites a esta expresión religiosa; y esto está en conformidad con el magisterio tradicional". Este es un argumento tan deshonesto, tan distorsionado del texto, que los católicos deberían indignarse con ello. En el pasaje citado arriba, además de la enseñanza de que nadie (no importa cuál sea su religión) puede ser impedido expresar públicamente su religión, el Vaticano II está simplemente cubriendo todas sus bases y asegurándose de que ello no sea registrado como permitiendo una anarquía en el Estado.

El Vaticano II tuvo que añadir la cláusula, «dentro de los límites debidos» para que no se considere como una aprobación, por ejemplo, para que un grupo religioso bloquee el tráfico durante una hora pico o que los servicios religiosos se celebren en medio de carreteras con mucho tráfico. En consecuencia, él enseña que «a nadie se obligue a obrar contra su conciencia, sea en privado o en público, dentro de los límites debidos». El Vaticano II de modo alguno no está diciendo que un Estado católico podría restringir el derecho de libertad religiosa de los ciudadanos no-católicos; el Vaticano II todavía sigue enseñando una herejía innegable sobre la libertad religiosa: que la libertad religiosa debe ser un derecho civil y que nadie puede ser impedido por el Estado de actuar según su conciencia en público; sino él está simplemente indicando que el debido orden público no puede ser violado por las personas que ejercen ese derecho.

Para probar que este es el sentido – que, por supuesto es obvio para cualquiera que honestamente haga una evaluación de esto – podemos simplemente citar el mismo # 2 de dicha declaración:

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 2: “Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que no cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.”[78]

Podemos ver que la frase «dentro de los límites debidos« significa simplemente «con tal que se guarde el justo orden público». En consecuencia, según el Vaticano II, todo hombre tiene derecho a la libertad religiosa, incluyendo la pública expresión y práctica de su religión, la cual el Estado no puede restringir en la medida que se guarde el justo orden público. Esto es herético. El Vaticano II no se ajustó a la enseñanza tradicional, no importando cuán duro sea el intento de herejes como el "P." Brian Harrison que deshonestamente utilizan esta cláusula para argumentar cosa semejante. El Vaticano II enseña que el Estado no puede impedir la expresión pública de las falsas religiones, como lo vemos claramente en esta cita que ya hemos discutido.

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 3: “Por consiguiente, la autoridad civil, cuyo fin propio es velar por el bien común temporal, debe reconocer y favorecer la vida religiosa de los ciudadanos; pero excede su competencia si pretende dirigir o impedir los actos religiosos.”[79]

No existe en absoluto manera de defender la indefendiblemente herética enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa.

Objeción: “La enseñanza de la libertad religiosa no es un dogma”

En vista de la evidente contradicción entre la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa y el magisterio tradicional, otros defensores de la apostasía post-Vaticano II han insistido en que, a pesar de la contradicción, la enseñanza del Vaticano II no implica herejía porque el magisterio tradicional sobre la libertad religiosa no ha sido enseñado infaliblemente como dogma.

Chris Ferrara, "Oponiendo la Iniciativa Sedevacantista, II Parte", Catholic Family News [Noticiero para Familias Católicas], octubre de 2005, pp. 24-25: “La Iniciativa [Sedevacantista] afirma que existe una flagrante contradicción entre DH [el documento del Vaticano II Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa] y el magisterio tradicional: DH afirma un derecho natural [sic] a la libertad religiosa en las manifestaciones públicas de las falsas religiones por los miembros de las sectas no-católicas, mientras que el magisterio tradicional condena esta noción. (…) Pero asumamos el argumento de que existe una flagrante contradicción entre DH [Dignitatis Humanae] y el magisterio anterior, y que esta contradicción es manifiesta – es decir, no se requiere ninguna explicación para demostrarlo. Aun así, la contradicción no implicaría una herejía manifiesta como tal, ya que el magisterio tradicional de la Iglesia sobre el derecho y el deber del Estado de reprimir las violaciones externas de la religión católica no es un dogma definido de la fe católica, ni tampoco lo es la enseñanza de que no existe derecho a manifestar públicamente una falsa religión en los Estados católicos.”[80]

Esto es completamente erróneo y es fácil de refutar. La idea enseñada por el Vaticano II, que a todo hombre se le debe garantizar el derecho civil de la libertad religiosa, de modo que se garantice por ley el derecho a practicar y difundir públicamente su falsa religión, fue dogmáticamente, solemnemente e infaliblemente condenada por el Papa Pío IX en Quanta cura. El lenguaje utilizado por Pío IX cumple los requisitos de una definición dogmática. Por favor, ponga atención especialmente en las partes en negrita y subrayadas.

Papa Pío IX, Quanta cura, (nn. 3-6), 8 de diciembre de 1864, ex cathedra: “Y como consecuencia de esta idea de la gobernación social absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia Católica y a la salvación de las almas, llamada por Gregorio XVI, Nuestro Predecesor, de feliz memoria, locura, ESTO ES, QUE «LA LIBERTAD DE CONCIENCIAS Y DE CULTOS ES UN DERECHO PROPIO DE CADA HOMBRE, QUE TODO ESTADO BIEN CONSTITUIDO DEBE PROCLAMAR Y GARANTIZAR COMO LEY FUNDAMENTAL, Y QUE LOS CIUDADANOS TIENEN DERECHO A LA PLENA LIBERTAD DE MANIFESTAR SUS IDEAS CON LA MÁXIMA PUBLICIDAD – YA DE PALABRA, YA POR ESCRITO, YA EN OTRO MODO CUALQUIERA –, sin que autoridad civil ni eclesiástica alguna puedan reprimirla en ninguna forma». Ahora bien: al sostener afirmación tan temeraria no piensan ni consideran que con ello predican la libertad de perdición. (…) En consecuencia, TODAS Y CADA UNA DE LAS PERVERSAS OPINIONES Y DOCTRINAS QUE VAN SEÑALADAS DETALLADAMENTE EN LAS PRESENTES LETRAS, NOS LAS REPROBAMOS CON NUESTRA AUTORIDAD APOSTÓLICA LAS PROSCRIBIMOS LAS CONDENAMOS; Y QUEREMOS Y MANDAMOS QUE TODAS ELLAS SEAN TENIDAS POR LOS HIJOS DE LA IGLESIA COMO REPROBADAS, PROSCRITAS Y CONDENADAS.”[81]

El Papa Pío IX solemnemente condena, reprueba y proscribe (fuera de la ley) esta perversa opinión por su autoridad apostólica, y declara solemnemente que todos los hijos de la Iglesia Católica deben tener esta perversa opinión como condenada. Este es un lenguaje solemne y una enseñanza infalible de primer orden. No cabe duda que Quanta cura constituye una condenación dogmática de la idea de que la libertad religiosa debe ser un derecho civil garantizado a cada hombre. La enseñanza del Vaticano II es, por lo tanto, una herejía directa contra la enseñanza dogmática infalible sobre la cuestión.

La enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa rechaza toda la historia de la cristiandad y destruye la sociedad católica

Hemos demostrado que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa es herética. Se podrían citar muchos otros ejemplos para ilustrar que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa es falsa, perversa y anticatólica. Por ejemplo, elConcilio dogmático de Vienne ordenó específicamente a los líderes de los Estados católicos que ellos deben controlar públicamente (es decir, reprimir públicamente) la práctica pública del culto islámico. El Papa Clemente V le recuerda al Estado su deber de prohibir la profesión pública de las falsas religiones.

Papa Clemente IV, Concilio de Vienne, 1311-1312: “Es un insulto para el nombre santo y una desgracia para la fe cristiana que en ciertas partes del mundo se sometan a los príncipes cristianos donde viven los sarracenos [es decir, los seguidores del islam, también llamados musulmanes], a veces separadamente, a veces mezclados con los cristianos, los sacerdotes sarracenos, comúnmente llamados zabazala, en sus templos o mezquitas, en las que los sarracenos se reúnen para adorar al infiel Mahoma, invocando cada día a ciertas horas en voz alta y ensalzando su nombre desde un lugar elevado (…) Esto acarrea un descrédito para nuestra fe y causa gran escándalo a los fieles. Estas prácticas no pueden ser toleradas sin disgustar a la majestad divina. Por lo tanto, con la aprobación del sagrado Concilio, Nos prohibimos estrictamente a partir de ahora esas prácticas en tierras cristianas. Ordenamos a los príncipes católicos, a todos y cada uno (…) Se les prohíbe expresamente la invocación pública del nombre sacrílego de Mahoma (…) Aquellos que presuman actuar de otra manera serán castigados por los príncipes por su irreverencia, para que los otros puedan sentirse desalentados para un tal atrevimiento.”[82]

Según el Vaticano II, esta enseñanza del Concilio de Vienne estaría errada. También estaría errado, según la enseñanza del Vaticano II, que la religión cristiana haya sido declarada la religión del Imperio Romano por Teodosio en el 392 d.C. y, que todos los templos paganos hayan sido cerrados.[83] Esto nos demuestra una vez más que la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad es perversa y herética.

La enseñanza herética del Vaticano II sobre la libertad religiosa, es precisamente la razón por la cual, tras el Vaticano II, ¡un número de naciones católicas modificaron sus constituciones católicas haciéndolas laicas! Las constituciones católicas de España y Colombia fueron realmente suprimidas por una orden expresa del Vaticano, y las leyes de esos países cambiaron para permitir la práctica pública de las religiones no-católicas.

Cambios en la constitución católica española como resultado de la enseñanza del Vaticano II

El "Fuero de los Españoles", la ley fundamental del Estado español adoptada el 17 de julio de 1945, sólo autorizaba el ejercicio de los cultos [religiones] no-católicos privadamente y prohibía todas las actividades de propaganda por parte de las falsas religiones.

Artículo 6, 1: “La profesión y práctica de la religión católica, que es la del Estado español, gozará de protección oficial”.

Artículo 6, 2: “… las únicas ceremonias y otras manifestaciones abiertas de religión permitidas serán católicas.”

Podemos ver que, en conformidad con la enseñanza católica tradicional, la ley española decretó que las únicas ceremonias y manifestaciones públicas de religión serían católicas.

Después del Vaticano II, sin embargo, la "Ley Orgánica del Estado" (10 de enero de 1967) reemplazó este segundo apartado del artículo 6 por el siguiente:El Estado asumirá la protección de la libertad religiosa, que estará bajo la protección del Poder Judicial responsable de salvaguardar la moral y el orden público".

Es más, el preámbulo de la Constitución de España, modificada por esta misma «Ley Orgánica del Estado» después del Vaticano II, declara explícitamente:


“… Teniendo en cuenta la modificación introducida en el artículo 6 por la 'Ley Orgánica del Estado', ratificada por referéndum de la nación, a fin de adaptar su texto a la declaración conciliar sobre la libertad religiosa promulgada el 7 de diciembre de 1965 [por el Vaticano II], que exige el reconocimiento explícito de este derecho [libertad religiosa], y se ajusta además al segundo Principio fundamental del Movimiento, según el cual la enseñanza de la Iglesia debe inspirar nuestras leyes…”.

Podemos ver que la sección segunda del artículo 6 de la Constitución de 1945 fue reemplazada por la de 1967, ¡precisamente con el fin de armonizar las leyes de España de acuerdo con la declaración del Vaticano II! Tal vez esta modificación de las leyes católicas en un país católico, que se hizo con el fin de ajustarse a la nueva religión del Vaticano II, ilustra más que cualquier otra cosa las fuerzas que están en juego aquí. España pasó de ser una nación católica a una nación atea, que ahora da protección legal al divorcio, a la sodomía, a la pornografía y a los anticonceptivos, todo gracias al Vaticano II.

Papa San Pío X, Vehementer Nos, 11 de febrero de 1906: “…en virtud de la suprema autoridad que Dios nos ha conferido, por los motivos que arriba quedan expuestos, Nos condenamos y reprobamos la ley votada en Francia acerca de la separación de la Iglesia y el Estado, por altamente injuriosa para Dios, de quien reniega oficialmente sentando el principio de que la república no reconoce ningún culto.[84]

Papa Gregorio XVI, Inter praecipuas, # 14, 8 de mayo de 1844: “Puesto que consta, y una larga experiencia pasada lo ha confirmado, que no hay un camino más expedito para apartar a los pueblos de la fidelidad y obediencia a sus Príncipes que la indiferencia en materia de religión propagada por los sectarios bajo el nombre de la libertad religiosa.”[85]

De acuerdo con su enseñanza herética sobre la libertad religiosa, el Vaticano II enseña la herejía de que todas las religiones tienen libertad de expresión y libertad de prensa.

El documento del Vaticano II, Dignitatis humanae, # 4: “Las comunidades religiosas tienen también el derecho de que no se les impida la enseñanza y la profesión pública, de palabra y por escrito, de su fe.”[86]

La idea de que toda persona tiene derecho a la libertad de expresión y de prensa ha sido condenada por muchos Papas. Sólo citaremos al Papa Gregorio XVI y al Papa León XIII. Tenga en consideración que el Papa Gregorio XVI llama a esta idea (la misma cosa enseñada por el Vaticano II) de nociva y "nunca suficientemente denunciada".

Papa Gregorio XVI, Mirari vos (# 15), 15 de agosto de 1832: “Debemos también tratar en este lugar de la libertad de imprenta, nunca suficientemente condenada, si por tal se entiende el derecho de dar a la luz pública toda clase de escritos; libertad, por muchos deseada y promovida. Nos horrorizamos, Venerables Hermanos, al considerar quémonstruos de doctrina, o mejor dicho, qué sinnúmero de errores nos rodea, diseminándose por todas partes, en innumerables libros, folletos y artículos que, si son insignificantes por su extensión, no lo son ciertamente por la malicia que encierran.”[87]

Papa León XIII, Libertas, (# 42), 20 de junio de 1888: “De lo dicho se sigue que no es lícito de ninguna manera pedir, defender, conceder la libertad de pensamiento, de prensa, de enseñanza, ni tampoco la de cultos, como otros tantos derechos correspondientes al hombre por naturaleza.”[88]

Papa León XIII, Inmortale Dei, (# 34), 1 de noviembre de 1885: “Así Gregorio XVI, en su Carta Encíclica que comienza Mirari Vos, del 15 de Agosto de 1832 condena en gravísimos términos lo que entonces ya se propalaba: que en materia de culto divino no había necesidad de escoger, que cada cual es libre de opinar sobre la religión lo que le plazca, que el juez de cada uno es únicamente su propia conciencia, que, además, cada cual puede publicar lo que se le antoje y que igualmente es lícito maquinar cambios políticos.”[89]

Todas estas enseñanzas católicas contradicen directamente la enseñanza herética del Vaticano II.

5. Ad Gentes – Decreto sobre la Actividad Misionera

Como era de esperar también encontramos herejía en el decreto sobre la actividad misionera del Vaticano II.

El documento del Vaticano II, Ad Gentes, # 29: “Juntamente con el Secretario, para promover la unión de los cristianos, busque las formas y los medios de procurar y orientar la colaboración fraterna y la pacífica convivencia con las empresas misionales de otras comunidades cristianas para evitar en lo posible el escándalo de la división.”[93]

Ad Gentes 29 enseña que los católicos deben trabajar con las sectas protestantes en sus empresas misioneras. Esto significa que el Vaticano II considera una conversión al protestantismo una verdadera conversión. Esto es herejía. No hay salvación fuera de la Iglesia Católica. Una conversión al protestantismo no es una verdadera conversión. Este es un rechazo del dogma Fuera de la Iglesia no hay Salvación.

Papa Inocencio III, Eius exemplo, 18 de diciembre de1208: “Creemos de todo corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, no la de los herejes, sino la santa Iglesia, Romana, católica y apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse.”[91]

Papa Clemente VI, Super quibusdam, 20 de septiembre de 1351: “En segundo lugar preguntamos si creéis tú y los armenios que te obedecen que ningún hombre viador podrá finalmente salvarse fuera de la Iglesia y de la obediencia de los Pontífices romanos.”[92]

Papa León X, Concilio V de Letrán, sesión 8, 19 de diciembre de 1513: “Y puesto que la verdad no puede contradecir a la verdad, definimos que toda afirmación contraria a la verdad iluminada de la fe es totalmente falsa y prohibimos estrictamente se permita enseñar de otra manera. Decretamos que todos aquellos que adhieren a afirmaciones erróneas de este tipo, sembrando de esta manera herejías que están totalmente condenadas, serán evitados en todos los sentidos y ser castigados como herejes detestables y odiosos e infieles que están socavando la fe católica.”[94]

6. Nostra Aetate – Decreto sobre las Religiones No Cristianas

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, # 3: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios. (…) Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.”[95]

Aquí nos encontramos que el Vaticano II enseña que los musulmanes adoran al único Dios, el Creador del cielo y de la tierra. Esta es similar a, pero ligeramente diferente de la herejía que ya hemos expuesto en Lumen Gentium. El falso dios de los musulmanes (que no es la Trinidad) no creó el cielo y la tierra. Es la Santísima Trinidad quien creó el cielo y la tierra.

Papa San León IX, Congratulamur vehementer, 13 de abril de 1053: “Creo firmemente que la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, es un solo Dios omnipotente y que toda la divinidad en la Trinidad es coesencial y consustancial, coeterna y coomnipotente, y de una sola voluntad, poder y majestad: creador de todas las criaturas, de quien todo, por quien todo y en quien todo, cuanto hay en el cielo y en la tierra, lo visible y lo invisible. Creo también que cada una de las personas en la santa Trinidad son un solo Dios verdadero, pleno y perfecto.”[96]

Interesante comparación de lenguaje entre el Vaticano II y el Concilio de Florencia

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, # 3: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios. (…) Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.”

El Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, 1444, ex cathedra: “La Santa Iglesia Romana cree firmemente, profesa y enseña que aquéllos que no están en el seno de la Iglesia Católica, no solamente los paganos, sino también los judíos o herejes y cismáticos, jamás compartirán la vida eterna, e irán irremediablemente al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles, a no ser que se hayan unido a la Iglesia antes de morir; también que la unidad del cuerpo Eclesiástico es tal que los Sacramentos de la Iglesia solo pueden beneficiar a aquellos que permanecen en Ella, y que los ayunos, actos de caridad, y otras obras de piedad realizados por los fieles serán premiados eternamente; además, todo aquel, no importando lo grande que hayan sido sus limosnas y obras de caridad, y no importando de que llegase a derramar su sangre por causa de Cristo, no puede salvarse si no se hallare en el seno y unidad de la Iglesia Católica.”

Tenga en cuenta que el Concilio de Florencia define dogmáticamente la necesidad de la fe católica para la salvación, él recalca en las oraciones, limosnas y ayunos de los que pertenecen al seno de la Iglesia. Declara que las limosnas no beneficiarán a los que están fuera de la Iglesia. Es interesante que el Vaticano II, al elogiar a los musulmanes y su falsa religión, utiliza casi exactamente el mismo lenguaje que el Concilio de Florencia, pero una vez más en sentido contrario: el Vaticano II elogia los ayunos, las limosnas y las oraciones de los miembros de una falsa religión no-católica.

Nostra aetate 3 también dice que la Iglesia Católica mira a los musulmanes con aprecio, que procuran someterse con toda el alma a Dios al igual como lo hizo Abraham. Pero la admiración del Vaticano II por los musulmanes infieles no es compartida por la Iglesia Católica. La Iglesia desea la conversión y la eterna felicidad de todos los musulmanes, pero ella reconoce que el islam, es una religión horrible y falsa. Ella no supone que ellos se someten a Dios. Ella sabe que ellos pertenecen a una falsa religión.

El Papa Eugenio IV, Concilio de Basilea, sesión 19, 7 de septiembre de 1434: “… existe la esperanza de que un gran número de la abominable secta de Mahoma será convertida a la fe católica.”[97]

El Papa Benedicto prohíbe estrictamente a los católicos poner incluso nombres musulmanes a sus hijos.

El Papa Benedicto XIV, Quod Provinciale, 1 de agosto de 1754: “El Concilio provincial de vuestra provincia de Albania (…) decretó de la manera más solemne en su tercer canon, entre otras materias, como sabéis, que no se les debe poner nombres turcos o mahometanos a los hijos o adultos en el bautismo. (…) Esto no debería ser difícil para ninguno de vosotros, venerables hermanos, ya que ninguno de los cismáticos y herejes han cometido la imprudencia de tomar un nombre musulmán, y a menos que vuestra justicia abunde más que la de ellos, no entraréis en el reino de los cielos.”[98]

En la sección (al comienzo) sobre la herejía más específica del Vaticano II, cubrimos que Nostra Aetate #4 enseña que la herejía de los judíos no debe ser considerada como rechazada por Dios. No la vamos a repetir aquí.

Nostra aetate también se asegura de recordar cuán grande es el mundo del budismo, y cómo esta falsa religión conduce a la más “alta contemplación.”


Los budistas reconocen a muchos dioses falsos

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, # 2: “En el budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior.”[99]

El Vaticano II dice que en el budismo ¡«enseña el camino» por el cual los hombres pueden adquirir la suprema iluminación! Esto es apostasía. Esta es una de las peores herejías del Vaticano II. Más adelante, lea cómo Pablo VI (el hombre que promulgó solemnemente el Vaticano II) entiende su enseñanza sobre el budismo.

Pablo VI, Audiencia general a los budistas japoneses, 5 de septiembre de 1973: “Es un gran placer para nosotros dar la bienvenida a los budistas japoneses en Tour por Europa, los honorables seguidores de la secta budista Soto-shu. (…) En el Segundo Concilio Vaticano, la Iglesia Católica exhortó a sus hijos e hijas a estudiar y evaluar las tradiciones religiosas de la humanidad y ‘para advertir en diálogo sincero y paciente las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes’ (Ad Gentes, 11) (…) El budismo es una de las riquezas de Asia…”[100]

Basándose en el Vaticano II (que él solemnemente promulgó), Pablo VI dice que esta religión falsa y pagana ¡es una de las riquezas de Asia!

El Vaticano II también elogia la religión falsa del hinduismo por su inagotable riqueza de «con los penetrantes esfuerzos de la filosofía», como también su vida ascética y profunda meditación.

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, # 2: “Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza.”[101]


Vaticano II


Kali, uno de los aproximadamente 330.000 falsos dioses que adoraban los hindúes - una religión que no es condenado, sino alabada por el Vaticano II

Advierta cómo los elogios del Vaticano II de la falsa religión del hinduismo están contradiciendo específicamente al Papa León XIII:

El Papa León XIII, Ad extremas (#1), 24 de junio de 1893: “Nuestros pensamientos se dirigen en primer lugar al bienaventurado Apóstol Tomás que con razón es llamado el fundador de la predicación del Evangelio a los hindúes. Después, está San Francisco Javier (…) A través de su extraordinaria perseverancia convirtió a cientos de miles de hindúes de los mitos y viles supersticiones de los brahmanes a la verdadera religión. Tras las huellas de este hombre santo siguieron numerosos sacerdotes (…) ellos son los continuadores de estos nobles esfuerzos; no obstante, en las vastas extensiones de la tierra, muchos están todavía privados de la verdad, aprisionados miserablemente en las tinieblas de la superstición.”[102]

En realidad, dos religiones diferentes


Papa León XIII, Ad extremas (#1), 24 de junio de 1893: “… A través de su extraordinaria perseverancia convirtió a cientos de miles de hindúes de los mitos y viles supersticiones de los brahmanes a la verdadera religión. Tras las huellas de este hombre santo siguieron numerosos sacerdotes (…) ellos son los continuadores de estos nobles esfuerzos; no obstante, en las vastas extensiones de la tierra, muchos están todavía privados de la verdad, aprisionados miserablemente en las tinieblas de la superstición.”

El documento del Vaticano II, Nostra aetate, (# 2): “Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza.”

En medio de toda esta blasfemia en el Vaticano II, no se hace ninguna mención de que estos infieles deben ser convertidos a Cristo; no se ofrece ninguna oración para que se les sea concedida la fe; y ninguna amonestación de que estos idólatras deban ser liberados de su impiedad y de las tinieblas de sus supersticiones. Lo que vemos son elogios y estima por estas religiones del diablo. Lo que vemos es un inequívoco sincretismo, que trata a todas las religiones como si condujeran a Dios.

Papa Pío XI, Mortalium Animos (# 2), 6 enero de 1928: “… la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, (…) Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial…”[103]

Papa Pío IX, Qui Pluribus (# 15), 9 de noviembre de 1846: “Tal es el sistema perverso y opuesto a la luz natural de la razón que propugna la indiferencia en materia de religión, con el cual estos inveterados enemigos de la Religión, quitando todo discrimen entre la virtud y el vicio, entre la verdad y el error, entre la honestidad y vileza, aseguran que en cualquier religión se puede conseguir la salvación eterna, como si alguna vez pudieran entrar en consorcio la justicia con la iniquidad, la luz con las tinieblas, Cristo con Belial.”[104]

7. Gaudium et Spes – Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Moderno

El documento del Vaticano II, Gaudium et Spes, # 22: “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre.”[105]

Una de las herejías más frecuentes de la secta del Vaticano II es la idea de que, por su encarnación, Cristo se unió con cada hombre. El Vaticano II habla de una unión entre Cristo y cada hombre como resultado de la encarnación misma. Juan Pablo II tomó la batuta de esta herejía y avanzó con ella a toda velocidad hasta su última consecuencia: la salvación universal.

Juan Pablo II, Redemptor Hominis (# 13), 4 de marzo de 1979: “Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando —como enseña el Concilio— «mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre» (Gaudium et Spes, 22).”[106]

Juan Pablo II, Redemptor Hominis (# 13): “Se trata de «cada» hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este ministerio.”[107]

Cubrimos más acerca de esta enseñanza de Juan Pablo II en la sección que trata de sus herejías. La idea de que Dios se ha unido a cada hombre en la encarnación es falsa y herética. No hay unión entre Cristo y cada hombre como resultado de la encarnación misma.

Todo en la Iglesia Católica se dirige a unir a la humanidad con Jesucristo. Esto se realiza mediante la fe y el bautismo. Si la unión entre toda la humanidad y Jesucristo ocurrió en la encarnación, entonces la Iglesia no tiene ningún valor y de hecho no tendría sentido de ser. Lo mismo habría que decir de la crucifixión, de la resurrección, de los siete sacramentos, etc., ya que todos ellos no tendrían importancia en la unión de la humanidad con Jesucristo según el Vaticano II y Juan Pablo II. En este sistema, la crucifixión de Cristo, por la cual el mundo fue realmente redimido y se le da la oportunidad para salvarse, se convierte, en cambio, en un simple signo de la unión entre Cristo y cada hombre ya que ella existe y ha existido desde la encarnación. La redención, entonces, no tiene valor salvífico. Se puede ver que con este sistema toda la doctrina católica es lanzada a la basura.

De hecho, esta doctrina del Vaticano II, que ha sido repetida y ampliada en innumerables ocasiones por Juan Pablo II, es en realidad peor que la doctrina herética de Martín Lutero. Lutero, si bien que era un hereje, al menos creía que para estar unido con Cristo había que tener fe en la Cruz de Jesucristo. Pero, según la doctrina del Vaticano II y la de Juan Pablo II, la fe en la Cruz de Jesucristo es superflua, ya que toda la humanidad ya se ha unido con Cristo «para siempre» (Juan Pablo II, Redemptor Hominis, 13). Esperamos que el lector pueda ver la increíble malicia que hay detrás de la constitución Gaudium et Spes # 22 del Vaticano II.

Citamos a continuación los dogmas católicos que ponen de manifiesto que la unión entre la humanidad pecadora y Cristo sólo proviene de la fe y del bautismo; no hay otra manera de que se perdone el pecado original.

El Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, sesión 11, 4 de febrero de 1442, «Cantate Domino»: “Con respecto a los niños, ya que a menudo está presente el peligro de muerte, el único remedio disponible para ellos es el sacramento del bautismo por el cual ellos son arrebatados del dominio del diablo y adoptados como hijos de Dios.”[108]

El Papa Pío XI, Quas Primas (# 15), 11 de diciembre de 1925: “Este reino se nos muestra en los Evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior.”[109]

La unión con Cristo también se pierde por la separación de la Iglesia, algo que el Vaticano II no se molesta en mencionar.

El Papa León XIII, Satis Cognitum (# 5), 29 de junio de 1896: “Quien se separa de la Iglesia para unirse a una esposa adúltera, renuncia a las promesas hechas a la Iglesia. Quien abandona a la Iglesia de Cristo no logrará las recompensas de Cristo.”[110]

Además de la herejía de la Gaudium et Spes # 22, hay una serie de otras dignas de mención. Gaudium et Spes menciona que el control de la natalidad es moral.

El documento del Vaticano II, Gaudium et Spes, # 87: “Porque, conforme al inalienable derecho del hombre al matrimonio y a la procreación, la decisión sobre el número de hijos depende del recto juicio de los padres, y (…) Séale dado al hombre también conocimiento sabiamente cierto de los progresos científicos con el estudio de los métodos que pueden ayudar a los cónyuges en la determinación del número de hijos, métodos cuya seguridad haya sido bien comprobada y cuya concordancia con el orden moral esté demostrada.”[113]

Aquí tenemos al Vaticano II enseñando que el control de la natalidad puede ser moral y que las parejas pueden elegir el número de hijos que deben nacer. Esto es contrario a la ley natural. Dios es el autor de la vida. A ningún ser humano le está permitido atentar contra la voluntad de Dios para traer nueva vida al mundo mediante el control de la natalidad o la limitación antinatural de su familia. Nunca está permitido el control de la natalidad, independientemente si se realiza por medio de los llamados métodos «naturales» o artificiales. Para más información sobre este tema, ver la sección de este libro que trata sobre la Planificación Familiar Natural.

A continuación, debemos abordar la adoración del hombre por el Vaticano II.

El documento del Vaticano II, Gaudium et Spes, # 26: “Crece al mismo tiempo la conciencia de la excelsa dignidad de la persona humana, de su superioridad sobre las cosas y de sus derechos y deberes universales e inviolables.”[114]

El documento del Vaticano II, Gaudium et Spes, # 12: “Creyentes y no creyentes están generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en función del hombre, centro y cima de todos ellos.”[115]

Esto es una blasfemia. Si todas las cosas sobre la tierra deben estar relacionadas al hombre como su centro y cima, esto significa que todo debe ser medido por la ley del hombre y no por la ley de Dios. Esto significa que para todas las intenciones y propósitos el hombre es en realidad Dios – todo debe estar relacionado con él. El hombre ha sido puesto en el lugar de Dios.


Vaticano II

8. Sacrosanctum Concilium – Constitución sobre la Liturgia Sagrada

Sacrosanctum Concilium fue la constitución del Vaticano II sobre la sagrada liturgia. Fue la responsable de los increíbles cambios en la Misa y en los sacramentos después del Vaticano II.


Una «Misa» post-Vaticano II

Estos increíbles cambios son analizados con mayor detalle en la siguiente sección de este libro titulada "La Revolución Litúrgica". Lo que comenzó con la Sacrosanctum Concilium, Pablo VI lo terminó al suprimir la Misa latina tradicional reemplazándola por un servicio protestante inválido que se conoce como la Nueva Misa o el Novus Ordo Missae (el Nuevo Orden de la Misa). La «Nueva Misa» por sí sola ha sido la responsable de la salida de millones de personas de la Iglesia Católica.


Otra «Misa» post-Vaticano II

Pablo VI cambió también los ritos de todos los siete sacramentos de la Iglesia, haciendo graves y posiblemente invalidando los cambios de los sacramentos de la extremaunción, la confirmación y el orden sagrado. Pero todo ello comenzó con la constitución del Vaticano II, Sacrosanctum Concilium.

Las intenciones revolucionarias del Vaticano II son claras en Sacrosanctum Concilium.

Sacrosanctum Concilium #63b: “Las competentes autoridades eclesiásticas territoriales, de que se habla en el artículo 22, párrafo 2, de esta Constitución, preparen cuanto antes, de acuerdo con la nueva edición del Ritual romano, rituales particulares acomodados a las necesidades de cada región; también en cuanto a la lengua.”[116]

Sacrosanctum Concilium #66: “Revísense ambos ritos del bautismo de adultos, tanto el simple como el solemne, teniendo en cuanta la restauración del catecumenado.”[117]

Sacrosanctum Concilium #67: “Revísese el rito del bautismo de los niños y adáptese realmente a su condición.”[118]

Sacrosanctum Concilium #71: “Revísese también el rito de la confirmación.”[119]

Sacrosanctum Concilium #72: “Revísese el rito y las fórmulas de la penitencia de manera que expresen más claramente la naturaleza y efecto del sacramento.”[120]

Sacrosanctum Concilium #76: “Revísense los ritos de las ordenaciones, tanto en lo referente a las ceremonias como a los textos.”[121]

Sacrosanctum Concilium #77: “Revísese y enriquézcase el rito de la celebración del matrimonio que se encuentra en el Ritual romano, de modo que se exprese la gracia del sacramento (…) con mayor claridad.”[122]

Sacrosanctum Concilium #79: “Revísense los sacramentales (…) y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos.”[123]


Sacrosanctum Concilium #80: “Revísese el rito de la consagración de Vírgenes que forma parte del Pontifical romano.”[124]

Sacrosanctum Concilium #82: “Revísese el rito de la sepultura de niños, dotándolo de una Misa propia.”[125]

Sacrosanctum Concilium #89d: “Suprímase la Hora de Prima.”[126]

Sacrosanctum Concilium #93: “Restitúyase a los himnos (…) la forma primitiva, quitando o cambiando lo que tiene sabor mitológico o es menos conforme a la piedad cristiana.”[127]

Sacrosanctum Concilium #107: “Revísese al año litúrgico.”[128]

Sacrosanctum Concilium #128: “REVÍSENSE CUANTO ANTES, junto con los libros litúrgicos, (…) los cánones y prescripciones eclesiásticas que se refieren a la disposición de las cosas externas del culto sagrado.”[129]

Sí, el diablo no podía esperar para destruir el valioso patrimonio litúrgico de la Iglesia Católica por medio de los herejes en el Vaticano II. Su objetivo era dejar el mínimo de remanente de tradición que podía. Y, como veremos en el siguiente documento, eso es exactamente lo que hizo.


Otra «Misa» post-Vaticano II

En Sacrosanctum Concilium #37 y #40.1, el Concilio cae en herejía contra la enseñanza del Papa Pío X en la Pascendi sobre el modernismo.

Sacrosanctum Concilium #37: “… (la Iglesia) respeta y promueve el genio y las cualidades peculiares de las distintas razas y pueblos (…) y aun a veces lo acepta en la misma Liturgia, con tal que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico.”[130]

Por favor, tenga en consideración: el Vaticano II está permitiendo introducir las costumbres de los distintos pueblos en el culto litúrgico.

Sacrosanctum Concilium #40.1: “La competente autoridad eclesiástica territorial (…) considerará con solicitud y prudencialos elementos que se pueden tomar de las tradiciones y genio de cada pueblo para incorporarlos al culto divino. Las adaptaciones que se consideren útiles o necesarias se propondrán a la Sede Apostólica para introducirlas con su consentimiento.”[131]

Advierta nuevamente que el Vaticano II está permitiendo que las costumbres y tradiciones de los distintos pueblos sean incorporadas en la liturgia.

Lo que el Vaticano II enseña arriba (y que ha sido implementado en toda la Iglesia del Vaticano II en las décadas que siguieron a su promulgación) ¡es exactamente lo que el Papa Pío X condenó solemnemente en la Pascendi contra el culto modernista!

Papa Pío X, Pascendi Dominici Gregis, # 26, 8 de septiembre de 1907, Sobre el culto de los modernistas: “EN LA EVOLUCIÓN DEL CULTO, EL FACTOR PRINCIPAL ES LA NECESIDAD DE ACOMODARSE A LAS COSTUMBRES Y TRADICIONES POPULARES; y también, la de disfrutar el valor que ciertos actos han recibido de la costumbre.”[132]

¡La enseñanza del Vaticano II fue condenada, palabra por palabra por el Papa Pío X en 1907!

En Sacrosanctum Concilium #34 y #50, el Vaticano II contradice nuevamente, palabra por palabra, una constitución dogmática de la Iglesia.

Sacrosanctum Concilium # 34: “Los ritos deben resplandecer con noble sencillez; deben ser breves, claros, evitando las repeticiones inútiles, adaptados a la capacidad de los fieles y, en general, no deben tener necesidad de muchas explicaciones.”[133]

Sacrosanctum Concilium # 50: “Simplifíquense los ritos, conservando con cuidado la sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que, con el correr del tiempo, se han duplicado o añadido; restablézcanse, en cambio (…) algunas cosas que han desaparecido con el tiempo, según se estime conveniente o necesario.”[134]


Podemos ver lo "simple" en lo que se han convertido

¡El Papa Pío VI condenó explícitamente la idea de que los ritos tradicionales de la liturgia de la Iglesia deban ser simplificados en su constitución dogmática Auctorem fidei!

Papa Pío VI, Auctorem fidei, 28 de agosto de 1794, # 33: “La proposición del Sínodo en la que manifiesta su deseo de que se quiten las causas por las que en parte se introdujo el olvido de los principios pertenecientes al orden de la liturgia, 'reduciendo está (liturgia) a mayor sencillez de ritos, diciéndola en lengua vulgar, y profiriéndola en voz alta…'” – Condenada como temeraria, ofensiva a los piadosos oídos, contumeliosa a la Iglesia, y que favorece a las injurias que profieren los herejes contra ella.[135]

Sacrosantum concilium también hace un llamado a cambiar el rito de cada sacramento, además de incentivar la libre expresión corporal en la liturgia (# 30):

Sacrosantum concilium # 30: “Para promover la participación activa se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos y también las acciones o gestos y posturas corporales.”[136]

También hace un llamado a una «adaptación profunda» de la liturgia (# 40):

Sacrosantum concilium # 40: “Sin embargo, en ciertos lugares y circunstancias, urge una adaptación más profunda de la Liturgia.”[137]

Estos pasajes del Vaticano II pueden formar parte de la razón de por qué las iglesias modernas de la secta del Vaticano II realizan con frecuencia «Misas» en que hay bandas de polca, guitarras eléctricas, globos, tambores, ceremonias indígenas, bailarinas en topless y música rock (ver nuestra sección La Revolución Litúrgica). También se pueden encontrar «sacerdotes» celebrando esas «Misas» vestidos de cualquier manera, desde camisetas de futbol hasta trajes de payaso. Sí, el «espíritu del Vaticano II» ha trastornado a las iglesias de hoy en día de la secta del Vaticano II. Sin embargo, los verdaderos católicos que han mantenido su resistencia a la apostasía del Vaticano II pueden recordar el hecho de que el Papa Gregorio X en el Segundo Concilio de Lyon, y el Papa Clemente V, en el Concilio de Vienne, ¡condenaron autoritativamente tales abominaciones!

Papa Gregorio X, Segundo Concilio de Lyon, 1274, constitución 25: “A las iglesias, por tanto, se deberá entrar con humildad y devoción; el comportamiento dentro debe ser calmo, agradable a Dios, llevando la paz a los demás, una fuente de instrucción y de frescura mental (…) En las iglesias las solemnidades sagradas deben dominar el corazón y la mente; se debe prestar la máxima atención a la oración. Por lo tanto, donde es apropiado para ofrecer deseos celestiales de paz y tranquilidad, para que nadie se levante a rebelión, provoque estruendo o sea culpable de violencia (…) Debe evitarse lo vano, y más aún el mal hablar y el lenguaje profano; la conversación debe cesar en todas sus formas. Todo lo que, en suma, pueda perturbar el culto divino u ofender los ojos de la divina majestad debe estar absolutamente ajeno en las iglesias, para que donde se debe pedir perdón por vuestros pecados, no sea ocasión de pecado o se pueda encontrar ocasión de pecado (…) Aquellos que desafíen imprudentemente estas prohibiciones (…) han de temer la severidad de la venganza divina y la nuestra, hasta que hayan confesado su culpa y tengan el firme propósito de evitar dichas conductas en el futuro.”[138]

Papa Clemente V, Concilio de Vienne, decreto # 22, 1311-1312: “Hay algunos, tanto clérigos y laicos, especialmente en las vigilias de ciertas fiestas cuando deberían estar en la iglesia perseverando en la oración, que no tienen medio de celebrar bailes licenciosos en los cementerios de la iglesias y en ocasiones cantan baladas y cometen muchos excesos. De esto a veces se sigue la violación de las iglesias, la conducta vergonzosa y diversos crímenes; y el oficio litúrgico es muy perturbado, hasta la ofensa de la divina majestad y el escándalo de los pueblos vecinos.”[139]

Por último, no queriendo dejar nada sin tocar, la Sacrosanctum Concilium se aseguró de invitar a las tradiciones de música pagana a los actos de culto católicos (#119):

Sacrosanctum Conciliun # 119: “Como en ciertas regiones, principalmente en las misiones, hay pueblos con tradición musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, otórguese a esta música la debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al acomodar el culto a su idiosincrasia. Por esta razón, en la formación musical de los misioneros procúrese cuidadosamente que, dentro de lo posible, puedan promover la música tradicional de su pueblo, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas.”[140]

Afortunadamente, el Papa Pío XII y el Concilio de Trento ya habían condenado cualquier inserción de tradición musical profana en las iglesias.

Papa Pío IV, Concilio de Trento, sesión 22, decreto sobre las cosas que deben ser observadas y evitadas en la misa: “Y deben mantener fuera de sus iglesias el tipo de música en que se introducen elementos autóctonos y sugestivos en el órgano y el canto, y lo mismo de todas las actividades mundanas, conversaciones vacías y profanas, caminatas, ruidos y gritos, para que la casa de Dios pueda verdaderamente ser llamada así sea vista como casa de oración…[141]

Papa Pío XII, Musicae sacrae, # 42, 25 de diciembre de 1955: “[Sobre la música litúrgica] Debe ser santa. No debe permitirse dentro de ella nada que tenga sabor profano, ni permitirse cosa parecida en las melodías en que ella se expresa.”[142]

¿Hay alguna duda de que el Vaticano II trató de producir una nueva liturgia apóstata para su nueva Iglesia apóstata? El Vaticano II hace caer el anatema de la Iglesia sobre su cabeza.

Papa Pablo III, Concilio de Trento, sesión 7, canon 13, ex cathedra: “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia Católica que suelen usarse en la solemne administración de los sacramentos, pueden despreciarse o ser omitidos, por el ministro a su arbitrio sin pecado, o mudados en otros por obra de cualquier pastor de las iglesias, sea anatema.”[143]

Hay otras herejías en los documentos del Vaticano II. Sin embargo, lo que ha sido cubierto debería ser suficiente para convencer a cualquiera de buena voluntad que ningún católico de buena voluntad puede aceptar este concilio herético sin negar la fe. Y no basta con resistir las herejías del Vaticano II; se debe condenar por completo este concilio no-católico y a todos los que obstinadamente adhieren a sus enseñanzas. Porque si una persona rechaza las herejías del Vaticano II, y aún así se considera en comunión con aquellos que aceptan las herejías del Vaticano II, entonces esa persona sigue estando en realidad en comunión con los herejes y, por lo tanto, es un hereje.

Notas finales:

[1] Yves Marsaudon en su libro Ecumenism Viewed by a Traditional Freemason «El Ecumenismo visto por un Masón Tradicional», edición inglesa, Paris: Ed. Vitiano, 121; citado por Permanences «Permanencia», edición inglesa, no. 21 (julio de 1965), 87; también citado por el Obispo Tissier De Mallerais, The Biography of Marcel Lefebvre «La Biografía de Marcel Lefebvre», edición inglesa, Kansas City, MO: Angelus Press [Prensa Ángelus], 2004, p. 328.

[2] Denzinger, El magisterio de la Iglesia. Manual de los símbolos, definiciones y declaraciones de la Iglesia en materia de fe y costumbres, Barcelona, 1963, no. 703-705.

[3] Walter M. Abbot, The Documents of Vatican II «Los Documentos del Vaticano II», edición inglesa, The America Press [Prensa La América], 1966, p. 666.

[4] Decrees of the Ecumenical Councils «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, Vol. 1, p. 970.

[5] Versión latína de 1937 de Denzinger, Enchiridion Symbolorum, Herder & Co., no. 705.

[6] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, 1990, Vol. 2, p. 908.

[7] http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html

[8] The Papal Encyclicals, «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, por Claudia Carlen, Raleigh: The Pierian Press, 1990, Vol. 2 (1878-1903), p. 393.

[9] Renee M. Lareau, “Vatican II for Gen-Xers” «El Vaticano II para la Generación X», St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], edición inglesa, noviembre de 2005, p. 25.

[10] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, 1990, Vol. 2, p. 912.

[11] «Cardenal» Ratzinger, Dominus Iesus #17, aprobado por el Antipapa Juan Pablo II, 6 de ago. de 2000.

[12] Denzinger 570a.

[13] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 393.

[14] Michael J. Daley, “The Council’s 16 Documents” «Los XVI Docuentos del Concilio», edición inglesa, St. Anthony Messenger [El Mensajero de San Antonio], nov. de 2005, p. 15.

[15] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 910.

[16] Denzinger 468.

[17] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 910.

[18] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), pp. 121-122.

[19] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 578; Denzinger 714.

[20] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 912.

[21] The Encyclicals of John Paul II «Las Encíclicas de Juan Pablo II», edición inglesa, Huntington, IN: Our Sunday Visitor Publishing Division, 1996, p. 914.

[22] «Las Encíclicas de Juan Pablo II», edición inglesa, p. 965.

[23] Denzinger 247.

[24] Denzinger 714.

[25] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 915-916.

[26] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 113.

[27] Denzinger 351.

[28]http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19641121_unitatis-redintegratio_sp.html

[29] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 233.

[30] Denzinger 246.

[31] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 31; Denzinger 85.

[32] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 914.

[33] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), p. 315.

[34] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 907.

[35] Denzinger 468.

[36] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 578; Denzinger 714.

[37] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 222.

[38] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 256.

[39] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 364.

[40] «Las Encíclicas de Juan Pablo II», edición inglesa, p. 950.

[41] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 907.

[42] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 201.

[43] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 74.

[44] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 907.

[45] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol.

[46] Denzinger 468.

[47] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 400.

[48] Denzinger 1961.

[49] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 861.

[50] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 231.

[51] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 230.

[52] Denzinger 73.

[53] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 861.

[54] Denzinger 1806.

[55] Denzinger 1801.

[56] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 860.

[57] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 364.

[58] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 184.

[59] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 399.

[60] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, pp. 860-861.

[61] Denzinger 1630.

[62] Denzinger 1777.

[63] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 115.

[64] Denzinger 1778.

[65] Denzinger 1755.

[66] Denzinger 1690.

[67] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1002.

[68] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1003.

[69] Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, San Francisco, CA: Ignatius Press, 1982, p. 381.

[70] Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, 1982, p. 385.

[71] Benedicto XVI, Teoría de los principios teológicos, edición inglesa, 1982, p. 391.

[72] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1004.

[73] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), pp. 175-176.

[74] Patrick Madrid, Pope Fiction «Ficción del Papa», edición inglesa, San Diego: Basilica Press, 1999, p. 277

[75] Denzinger 1778.

[76] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1004.

[77] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1002.

[78] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1003.

[79] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1004.

[80] Chris Ferrara, «Oponiendo la Iniciativa Sedevacantista, II Parte», Catholic Family News [Noticiero para Familias Católicas], octubre de 2005, pp. 24-25

[81] Denzinger 1690; 1699.

[82] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 380.

[83] P. John Laux, Church History «La Historia de la Iglesia», edición inglesa, p. 98.

[84] Denzinger 1995.

[85] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 271.

[86] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1004.

[87] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 283.

[88] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 180.

[89] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 114.

[90] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1015.

[91] Denzinger 423.

[92] Denzinger 570b.

[93] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1035.

[94] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, pp. 605-606.

[95] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 969.

[96] Denzinger 343.

[97] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 479.

[98] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), pp. 49-50.

[99] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 969.

[100] L’Osservatore Romano, edición inglesa, 13 de septiembre de 1973, p. 8.

[101] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 969.

[102] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 307.

[103] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), pp. 313-314.

[104] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 1 (1740-1878), p. 280.

[105] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1082.

[106] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 5 (1958-1981), p. 255.

[107] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 5 (1958-1981), p. 255.

[108] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1 p. 576.

[109] Denzinger 2195; «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), p. 274.

[110] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 2 (1878-1903), p. 391.

[111] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, pp. 1103-1104.

[112] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1105.

[113] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1132.

[114] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1085.

[115] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 1075.

[116] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 833.

[117] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 833.

[118] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 833.

[119] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 833.

[120] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 834.

[121] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 834.

[122] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 834.

[123] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 834.

[124] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 835.

[125] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 835.

[126] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 836.

[127] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 836.

[128] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 838.

[129] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 838.

[130] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 828.

[131] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 829.

[132] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 3 (1903-1939), p. 83.

[133] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 827.

[134] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 831.

[135] Denzinger 1533.

[136] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 827.

[137] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 828.

[138] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 378.

[139] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 1, p. 378.

[140] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 841.

[141] «Los Decretos de los Concilios Ecuménicos», edición inglesa, Vol. 2, p. 737.

[142] «Las Encíclicas Papales», edición inglesa, Vol. 4 (1939-1958), pp. 283-284.

[143] Denzinger 856.

Secretos del Vaticano (Archivo Secreto Vaticano)

Los Papas conservan los escritos que se refieren al ejercicio de la actividad de sus predecesores en un lugar que al principio se llamaba Scrinium Sanctae Romanae Ecclesiae y que con el tiempo llegaría a llamarse Archivo Secreto Vaticano.

Con la multiplicación de las oficinas vaticanas crecieron los archivos y los documentos más valiosos se comenzaron a colocar en el Castillo S. Angelo a partir del siglo XV. En él se conservan documentos a partir del pontificado de Inocencio III.

El Archivo Vaticano "sirve primeramente al Romano Pontífice y a su curia, es decir a la Santa Sede", afirma el motu proprio de León XIII del 10 de mayo de 1844.

En 1881 el Archivo Secreto Vaticano ocupaba tres habitaciones del llamado «Piso Noble», adyacentes al Salón Sixtino de la Biblioteca Apostólica, así como seis habitaciones del segundo piso concedidas en 1660 por Alejandro VII.

La documentación del Archivo en el momento de su apertura consistía únicamente en fondos de los Armaria (en uno de ellos se encontraba el relevante archivo del Concilio de Trento, que fue uno de los primeros que se estudió en el momento de la apertura), series del Archivum Arcis y miscelánea político-diplomática de la Secretaría de Estado (incluyendo algunas importantes nunciaturas), así como otros fondos modestos (pertenecientes también a familias) de los siglos XV- XVIII.

Sin lugar a dudas, se trataba de uno de los patrimonios documentarios más antiguos y valiosos de la Santa Sede, pero desde el punto de vista cuantitativo era poca cosa respecto a la mole de documentos que los distintos organismos de la Curia (al menos a partir de la reforma de Sixto V, así como también anteriores) habían producido en tres siglos de actividad y que se encontraban fuera del Archivo Vaticano. Los funcionarios del Archivo eran conscientes de ello y se mostraban sorprendidos y preocupados por la suerte de tantos papeles. Por lo tanto, parecía poco oportuna en 1879/1880 una apertura del Archivo Pontificio si el objetivo era primero recopilar y después poner a disposición de los investigadores, de manera vigilada, la red de archivos diseminados en el Palacio Apostólico y no sólo la parte documental más antigua (la única solicitada por muchos defensores de la apertura que quizá ignoraban la existencia de la parte restante).

La situación de numerosos fondos archivísticos vaticanos siguió siendo precaria durante mucho tiempo, incluso después de la apertura del Archivo Secreto, y en 1896 teníamos este marco logístico poco reconfortante delineado en un informe del sotto-foriere (viceconservador) Federico Mannucci:

«En el último piso, en el lado este del gran Patio del Belvedere, accesible desde la escalera de caracol conocida como Montevecchio», se encontraban:

•«El Archivo de la Secretaría del Buen Gobierno», que ocupaba 11 habitaciones con estantes y cuya custodia correspondía a los empleados del ministerio de Interior Vittori y Nisini»;

•«El Archivo de la Inmunidad Eclesiástica», que ocupaba «un ambiente separado en el mismo piso con estantes para los papeles y cuya custodia correspondía al archivero»;

•«El Archivo de la Congregación de los Santos Ritos» que ocupaba «un pequeño ambiente con estantes y cuya custodia correspondía al archivero»

En la «planta baja que corresponde al llamado Patio del Triángulo» se encontraban:

•«El antiguo Archivo del Auditor de Cámara», que ocupaba «una amplia sala de la planta baja con estanterías para los papeles y cuya custodia correspondía a los ya mencionados Vittorio y Nisini»;

•«El Archivo de Cuentas del Buen Gobierno», que anteriormente «estaba en el Palacio de la Cancillería, en un ambiente que actualmente se está reformando para anexionarlo a las oficinas de la Penitenciaría y suplir así la pérdida de otra sala como consecuencia de la demolición de la parte expropiada. Estaba en estado de abandono total. Los papeles que contenía se transportaron al Vaticano: en la actualidad, Vittori y Nisini están analizándolos»;

•«El Archivo de Su Eminencia el Vicario» puesto «bajo la jurisdicción directa de los empleados de la Vicaría»;

•«El Archivo del Notario de la Vicaria, señor Monti»;

•«El Archivo del Notario de la Vicaria, señor Capo».

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