Tao y Taoísmo: ¿Qué es el Taoismo? Religión, Fundador, Filosofía

Religión de la China, fundamentada probablemente en los escritos del filósofo Lao Tse, en el Tao Te Ching. Algunos filósofos, en cambio, atribuyen su origen (igual que el del Confucianismo) al I Ching o Libro de los cambios.

El taoísmo es una filosofía o manera de vivir, antes que religión. Tao, literalmente traducido, quiere decir "camino" o "senda" y en ocasiones "hablar".

Según esta doctrina, el Tao es el proceso que rige la vida. A diferencia del Dios creador de la tradición judeo-cristiana, el Tao Produce el mundo por "no creación" (wu-wei). Las cosas se producen por ello a modo de crecimiento y no de construcción.

Sostiene una concepción panteista del mundo y estimula el quietismo ideológico.

¿Qué es el Taoismo?

El taoísmo es un sistema filosófico chino basado primordialmente en el Tao Te King que la tradición atribuye al filósofo chino Lao Tsé. Sus enseñanzas parten del concepto de unidad absoluta y al mismo tiempo mutable denominado Tao, que conforma la realidad suprema y el principio cosmológico y ontológico de todas las cosas.

  • 道教 en chino simplificado y tradicional

  • dàojiào en pinyin

  • literalmente ‘enseñanza del camino’

La palabra tao (o dao, dependiendo de la romanización que se use), suele traducirse por ‘vía’ o ‘camino’, aunque tiene innumerables matices en la filosofía y las religiones populares chinas. La transcripción en pinyin es dao, cuya pronunciación más aproximada es /tao/.

El taoísmo filosófico se desarrolló a partir de los escritos de Lao Tsé y Zhuangzi. Según la leyenda china, Lao Tsé vivió durante el siglo VI a. C. y tradicionalmente se fecha en ese siglo la redacción del Dàodéjing, aunque según algunas investigaciones actuales es bastante posterior.

La esencia de la filosofía taoísta se encuentra en el Daodejing (el libro de la vía y el poder, o del camino y la virtud). El taoísmo religioso se fundó en el siglo III a. C., pero no se convirtió en un movimiento religioso organizado hasta el siglo II d. C.

El objetivo fundamental de los taoístas es alcanzar la inmortalidad, si bien, a veces no se entiende esta literalmente, sino como longevidad en plenitud. De la misma manera, se decía que las personas que vivían en armonía con la naturaleza eran inmortales. Laozi fue deificado como dios taoísta ―un inmortal―, encabezando un enorme panteón de héroes folclóricos, generales famosos y sabios, todos los cuales alcanzaron "la inmortalidad". Sin embargo, la antigua forma del taoísmo era la de una corriente filosófica y no una religión, por lo que los antiguos pensadores interpretaban por «inmortalidad» el hecho de autosuperación del propio ser en comunidad con el entorno, lo que implica buscar la superación y el progreso personal y colectivo, de acuerdo con la mutación constante que enseña el taoísmo.

Posteriormente, el taoísmo se mezcló con elementos del confucianismo, el budismo y la religión folclórica. La forma concreta de religión taoísta que fue llevada a Taiwán hace unos 300 años es típica de esta tradición. La característica más distintiva de la práctica actual es la adoración de los antepasados, junto con las deidades taoístas, lo que muestra el claro elemento tradicionalista del confucianismo y el culto religioso de las creencias míticas de Asia, las cuales ambas no eran válidas para los antiguos pensadores taoístas como Chuang Tsé.

La Doctrina Taoísta

1. Término.- Del chino tao («camino, sendero»). La palabra se refiere en primer lugar al libro Tao-Te-Ching («el libro del camino del poder»), En chino se habla de Tao-chia («doctrina del Tao») y de Tao-chiao («religión del Tao).

2. Origen.- En el taoísmo confluyen varias corrientes de pensamiento y de culto de la antigua China. En los orígenes del pensamiento taoísta, tal como hoy se conoce, está el texto del Tao-TeChing. La tradición menciona como autor suyo a Lao Tzu («maestro Lao»), que habría sido contemporáneo de Confucio (siglo VI a.C.). La existencia de Lao Tzu como uno de los primeros maestros del taoísmo es admitida generalmente por los historiadores modernos, aunque el texto del Tao-TeChing no encontró probablemente su redacción final hasta finales del siglo IV. Este pequeño libro, de poco más de 5.000 caracteres, se presenta como un manual para gobernantes y de manera sumamente concisa expone los principios del Tao. El otro texto fundador del taoísmo es el Chuang-tzu, llamado así por el nombre de su autor, el maestro Chuang (siglo IV-III a.C.).

3. Elementos doctrinales.- Al tratar del taoísmo hay que distinguir entre el taoísmo como doctrina y el taoísmo como religión, sin que puedan separarse las dos formas del taoísmo. La doctrina del Tao conoce sus formas de experiencia espiritual, mientras que la religión taoísta se basa en elementos de la misma doctrina.

a) El taoísmo como doctrina (Taochia). El taoísmo considera como central la antigua concepción china (y del Asia oriental en general) de la relación entre el ser humano y el universo como entre el microcosmos y el macrocosmos. Esta idea se desarrolla en sentido metafísico y también con algunas connotaciones mágicas. El Tao se explica de varias maneras: como el «camino» (moral Y jurídico) del comportamiento individual Y social, como principio trascendente del universo y como fuerza inmanente en el ser humano y en todos los seres.

El poder del Tao produce una virtud cuya perfección consiste en el wu-wei («no-acción»), que no significa hacer nada, sino vivir directamente del principio vital en su pureza original, no articulado (ni deformado) mediante ideas y prescripciones. El ejercicio espiritual del taoísmo intenta disponer a la persona humana a buscar la inmediatez en el contacto con el poder del Tao y a actuar de manera cada vez más flexible y espontánea en armonía con este principio.

En esta búsqueda ocupan un lugar importante los dos principios complementarios Yin y Yang (lit. "lado obscuro», «lado iluminado»), que desde el siglo IV a.C. son conceptos comunes en todas las escuelas de pensamiento chinas. En el taoísmo se les concibe como dos modalidades del único Tao.

b) El taoísmo como religión (Taochiao). En el siglo II d.C., algunas corrientes del taoísmo se constituyen como religión organizada con el nombre de T'ien-shi-Tao («el camino de los maestros celestiales»). En la confusión política y moral de aquella época, en la que se anunciaba el final de la dinastía de los Han, la religión tomó un carácter mesiánico. El mismo Lao-tzu fue colocado en el panteón de las divinidades taoístas.

El taoísmo filosófico

Dios y el Tao

En el taoísmo filosófico, “Tao” es la palabra utilizada para señalar la realidad última. “Tao es esa realidad . . . que existía antes de todas las demás cosas y dio lugar a todas las demás cosas, incluyendo el Cielo y la Tierra, y todo lo que hay sobre o dentro de ellos”.{1}

Después de Lao-tzu, el representante más importante del taoísmo filosófico fue un hombre llamado Chuang-tzu, que aparentemente vivió entre 399 y 295 A.C. Es el autor de un texto denominado Chuang Tzu. Si bien el pensamiento de estos dos hombres es sin duda diferente, también existen importantes similitudes. Una de ellas radica en la relación del Tao con el universo físico. Utilizando palabras que parecen hacer eco del Tao-Te Ching, el Chuang Tzu declara: “Antes de comenzar a existir el cielo y la tierra, el Tao existía por sí mismo, desde todos los tiempos . . . Creó el cielo y la tierra”.{2}

La parte más importante de esta declaración es que el Tao creó el cielo y la tierra. ¿Cómo debemos entender esto? Al considerar estas cuestiones, un comentarista escribió: “Claramente ningún Dios personal . . . armoniza con la filosofía de Chuang Tzu”.{3} Concretamente, los taoístas ven al Tao más como un principio que como una persona. De hecho, algunos estudiosos hablan del Tao como “una fuerza impersonal de existencia que está más allá de la diferenciación”.{4} ¿Cómo se compara, entonces, el concepto del Tao con la perspectiva cristiana de Dios en la Biblia?

Pablo hizo distinciones entre la doctrina cristiana de Dios y las creencias de los atenienses. Del mismo modo, nosotros también debemos percibir cómo difiere el Tao del concepto bíblico de Dios. La mayor diferencia es que el Tao es impersonal mientras que Dios es personal. El Tao es como una fuerza, principio o energía; el Dios cristiano es un ser personal. Es crucial comprender que la realidad última no puede ser personal e impersonal al mismo tiempo y en el mismo sentido. Consideremos las razones que existen para creer que la realidad última es personal.

La moral y el Tao

El taoísmo filosófico enseña que el Tao, o la realidad última, es impersonal. Si esto es así, ¿qué sucede entonces con la moralidad? ¿Una fuerza impersonal puede ser la fuente de valores morales objetivos aplicables para todos los hombres, en todo tiempo y lugar? ¿Una fuerza impersonal es capaz de distinguir entre el bien y el mal? ¿O son sólo los seres personales que pueden hacer ese tipo de distinción? ¿Qué pasa entonces con ese ineludible sentido de obligación que sentimos todos de hacer lo bueno y evitar lo malo? ¿Podemos estar moralmente obligados a obedecer una fuerza impersonal? ¿O acaso esa sensación constante de obligación moral que tenemos no parece presuponer la existencia de un Legislador Moral ante quien somos responsables moralmente?

Estas preguntas son importantes en la medida que cada uno de nosotros, si somos sinceros, reconoce que hay una distinción objetiva entre el bien y el mal moral. Las distinciones de este tipo no dependen en definitiva de nuestras preferencias o sentimientos; son esenciales para la naturaleza misma de la realidad. Pero el Tao no es capaz de hacer este tipo de distinciones, ni de servir de fuente de estos valores morales objetivos. Sólo un agente personal puede cumplir estas funciones. “La forma última del Tao está más allá de las distinciones morales”.{5}

La doctrina del relativismo moral se enseña explícitamente en los escritos de Chuang-tzu. Escribe: “A su manera todas las cosas son buenas . . . la generosidad, la rareza, el engaño y la anormalidad. El Tao los identifica a todos como uno”.{6} Esta aseveración ayuda a aclarar por qué la noción de un Dios personal no es consistente con la filosofía taoísta. Las personas establecen distinciones morales entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal. Pero, según Chuang-tzu, el Tao impersonal los identifica a todos como uno.

Esto tiene serias implicancias para los taoístas filosóficos. Si la meta del sabio taoísta es vivir en armonía con el Tao, ¿no debería abandonar las distinciones morales? Si el Tao no hace distinciones de esta índole, ¿por qué habrían de hacerlo sus seguidores? Lo cierto es que Chuang-tzu menosprecia a los que aceptan estas distinciones declarando que ‘deben ser estúpidos o estar errados’”.{7}

El cristianismo bíblico, en cambio, enseña que existe tal cosa como los valores morales objetivos. La fuente de estos valores es el Dios eterno, santo y trascendente de la Biblia. A diferencia del Tao, el Dios cristiano no está más allá de las distinciones morales. Muy por lo contrario, Juan nos dice: “Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad” (1 Juan 1:5). Y Moisés lo describe así: “Dios es fiel; no practica la injusticia” (Deuteronomio 32:4). Y al tiempo que el taoísmo proclama un principio impersonal que no juzga a nadie, el apóstol Pablo describe a un Dios personal ante quien todos somos moralmente responsables y que un día juzgará al mundo con justicia (Hechos 17:31; Romanos 1:18-2:6). En pocas palabras, un Legislador Moral personal ofrece una mejor explicación de los valores morales objetivos que un principio impersonal.

Las personas y el Tao

Ya mencionamos que el taoísmo filosófico y el cristianismo bíblico difieren con respecto a la naturaleza de la realidad última. Los taoístas consideran que la realidad última (o sea, el Tao) es una fuerza impersonal que dio existencia al universo. Los cristianos consideran que la realidad última (o sea, Dios) es el Creador personal del universo. La ley de la no contradicción dice que es imposible que la realidad última sea a la vez personal e impersonal, en el mismo sentido. Por ende, si una de estas creencias es verdad, la otra indudablemente debe ser falsa.

Mi argumento es que si los valores morales objetivos son reales (y todos vivimos como si lo fueran), entonces es más razonable creer que la fuente de esos valores es personal, y no impersonal. Ahora quisiera continuar con esta línea de pensamiento argumentando que la existencia de las personas humanas se explica mejor apelando a un Creador personal y no a un principio impersonal como el Tao. Para ayudarnos a ver por qué esto es así, consideremos brevemente algunas de las diferencias entre un ser personal y un principio impersonal.

En primer lugar, los seres personales (como los hombres y las mujeres) poseen atributos como el intelecto, las emociones y la voluntad. En otras palabras, tienen la capacidad de pensar, sentir y seguir una acción que ha evaluado. Un principio impersonal no puede hacer ninguna de estas cosas. Además, un ser personal tiene la capacidad de establecer y mantener relaciones con otras personas. Pero, de nuevo, esto es algo que una fuerza impersonal sencillamente no puede hacer. Si una causa debe ser siempre más grande que el efecto que produce, entonces ¿tiene más sentido creer que la causa última de las personas humanas es personal o impersonal?

La Biblia dice que los hombres y las mujeres fueron creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26, 27). Se describe a Dios como un ser que posee todos los atributos de un ser personal. Dios piensa, sabe y comprende (Salmos 139). La Biblia nos dice que “hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad” (Efesios 1:11). Finalmente, puede establecer y mantener relaciones con otras personas (Jeremías 1:5; Gálatas 1:15). De hecho, esto era así aun antes que Dios creara nada, pues desde la eternidad las tres distintas personas de la Deidad Padre, Hijo, y Espíritu Santo– han disfrutado de una íntima relación y comunión mutua (Juan 14 al 17).

Es sumamente importante comprender que el Tao impersonal no posee ninguno de estos atributos personales. Pero si lo personal es superior a lo impersonal, entonces parece más razonable creer que la causa última de las personas humanas también debe ser personal. Así, entonces, el Dios personal de la Biblia ofrece una mejor explicación de la existencia de las personas humanas que el Tao impersonal.

El evangelismo y el Tao

Señalé anteriormente que una de las diferencias fundamentales entre el taoísmo filosófico y el cristianismo bíblico es la naturaleza de la realidad última. Los taoístas sostienen que el Tao es impersonal; los cristianos sostienen que Dios es personal. Argumenté que es más razonable creer que tanto los valores morales como las personas humanas provienen de una fuente que en definitiva es personal y no impersonal. Quisiera concluir presentando una línea de razonamiento más para apoyar esta postura.{8}

Al final del capítulo 67 del Tao Te Ching leemos lo siguiente: “Cuando el Cielo ha de salvar a una persona, el Cielo lo protegerá con un profundo amor”.{9} ¿Cuál es el significado de una afirmación de este tipo? Si bien se puede argumentar que simplemente es una forma de decir, es interesante que el autor aparentemente haya sentido la necesidad de dotar de atributos personales a un Cielo supuestamente impersonal.

Por ejemplo la frase “Cuando el Cielo ha de salvar a una persona” parece implicar una acción meditada de parte del Cielo. Pero sólo las personas pueden tomar acciones meditadas; una fuerza impersonal no lo puede hacer. Además, la segunda mitad de la frase habla de que el Cielo protege a la persona con un “profundo amor”. Pero una fuerza impersonal es incapaz de amar. Este amor, una vez más, parece requerir un agente personal.

Otra declaración interesante del Tao Te Ching aparece al final del capítulo 62:

“¿Por qué los antiguos veneraban tanto a este DAO? ¿No es porque se dice de él: ‘Quien pida recibirá; quien peque será perdonado’? He aquí la razón por la que el DAO es lo más exquisito de la tierra”.{10}

Este pasaje también dota de atributos personales al Tao impersonal. Específicamente, dice que el Tao perdona a los pecadores. Esto nos enfrenta a dos dificultades. En primer lugar, “el perdonar” implica que hay una norma moral que se quebrantó. ¡Pero el Tao está más allá de estas distinciones morales! {11} En segundo lugar, sólo las personas pueden perdonar. Una fuerza impersonal no es capaz de hacerlo.

Son las declaraciones de este tipo que pueden servir de oportunidad para que los cristianos describan a sus amistades taoístas el inmenso amor y perdón de Dios revelado en la Biblia. Jesús habló del profundo amor de Dios cuando dijo: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Y el apóstol Juan habló de la constante voluntad de Dios de perdonar a sus hijos cuando escribió: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9). Puesto que solamente las personas son capaces de amar y perdonar, parece razonable creer que el Dios personal de la Biblia, y no el Tao impersonal del taoísmo, es la fuente última de tan preciosos dones.

Notas

  1. Robert Henricks, Confucius, the Tao, the Ancestors, and the Buddha: The Religions of China, in Great World Religions: Beliefs, Practices and Histories, Part IV (n.p.: The Teaching Company Limited Partnership, 1998), 14.

  2. Chuang Tzu, trans. Wing-Tsit Chan, A Source Book in Chinese Philosophy, 194.

  3. Ídem., 181.

  4. Dean C. Halverson y Kent Kedl, "Taoism," in The Compact Guide to World, ed. Dean C. Halverson (Minneapolis, MN: Bethany House Publishers, 1996), 224.

  5. Ídem.

  6. Chuang Tzu, trans. Wing-Tsit Chan, A Source Book in Chinese Philosophy, 184.

  7. Ídem., 206.

  8. En esta sección me basé en gran medida en las observaciones y opiniones de Halverson y Kedl en The Compact Guide to World Religions, 227-230.

  9. Tao-Te Ching, traducción de Wing-Tsit Chan, A Source Book in Chinese Philosophy, 171.

  10. Richard Wilhelm (traducción al alemán). Tao Te Ching. H.G. Oswald (traducción al inglés) (New York: Penguin Books, 1990), 55, citado en Halverson, ed., The Compact Guide to World Religions, 229.

  11. Halverson, ed., The Compact Guide to World Religions, 229.


Religión Taoísmo

El Taoísmo moderno es una religión de la brujería, la superstición y el politeísmo, y originalmente fue un sistema de filosofía. Es la forma en que se presenta hoy a la cultura occidental.

Lao Tzu ha construido este sistema alrededor de un principio que explica todo en el universo y que guía a todo. Este principio se conoce como el Tao. El mundo está lleno de conflictos opuestos: el bien y el mal, sexo masculino y femenino, la luz y la oscuridad, el sí y el no. Todas las oposiciones son manifestaciones del conflicto entre el "Yin y Yang". Pero en realidad el "Yin y Yang" están completamente entrelazados y perfectamente equilibrados. Ese equilibrio es el misterio llamado el Tao. Para entender el Tao hace falta comprender que todos los opuestos son uno y que la verdad está en la contradicción, no en la resolución.

Lao Tzu vió toda la realidad como "cambiante y dinámica." Él abrazó una especie de relativismo moral, creyendo que no hay diferencia definitiva entre lo que los hombres llaman "bien y el mal" de manera que todos los opuestos se reconcilian en el Tao.

  1. Tao existía antes de la física del mundo;

  2. Es independiente e inmutable (es decir no cambia);

  3. Su acción es omnipresente; y finalmente,

  4. El Tao "se puede considerar la madre del universo".

Entonces, considerando esto, “Tao” es el Dios de la Biblia. Pero el Dios de la Biblia no puede ser Tao.

  1. No tiene conflictos entre si. Isa. 9:6.

  2. Y no es “bueno” y “malo”, “feminino “ y “masculino”, “luz” y “oscuridad”, el “sí” y el “no” - Salmos 100:5; Efesios 2:4-5.

  3. Él es puro. No tiene pecado. Es santo y perfecto – Mat. 5:48; 1 Ped. 1:15.

  4. Es luz y no tiene oscuridad – 1 Juan 1:5.

Dios es uno. Deuteronomio 6:4 dice, “»Oye, Israel: Jehová, nuestro Dios, Jehová uno es." “La palabra hebrea ELOHIM (Dios), que se encuentra en el primer versículo del Génesis, es ciertamente la forma plural de la palabra Eloah. En Deuteronomio 6:4 tenemos la declaración: <Shema, Israel, Adonai Eloenu, Adonai ejad> (Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es), pero precisamente este texto prueba como ninguno la pluralidad en el ser divino único, pues la traducción literal seria: <Oye, Israel, el Señor nuestros Dioses, el Señor uno es.> Parece un contrasentido, pero Dios sabía lo que hacia cuando inspiró a Moisés estas palabras y no otras. El contrasentido desaparece cuando al profundizar en el texto hebreo nos damos cuenta de que la palabra ejad significa <como compuesto de varios>. La palabra <uno>, en el sentido único, no es ejad, sino yahid. Así, Jepte tenía una hija yahid, o sea única. En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una por una intima unión o identificación, la palabra hebrea que se emplea en la Sagrada Escritura es ejad; por ejemplo: <El hombre y la mujer unidos en matrimonio son ejad (una sola cosa – Génesis 2:24- ), y el pueblo de Israel era como un ejad hombre> (un solo hombre). Se nos dice, para expresar su unión en un compacto ejercito (Jue. 20:1-11).”

Como ha dicho, la Trinidad consiste de un Dios en Tres personas. Se ve que hay sólo un Dios en Deuteronomio 6:4, 32:39, Isaías 43:10 y Isaías 44:6. Hay sólo un Dios no muchos como se ve en estos versículos: Marcos 12:32; 12:29; 1 Timoteo 2:5; 1 Cor. 8:4; Gal. 3:20; Santiago 2:19; Salmos 86:10; Deut. 6:4, 5; Isaías 44:8; 45:21-22; 46:9; 45:5, 18; Mal. 2:10.

Problema

El objetivo fundamental de los taoístas es alcanzar la inmortalidad. Se decía que las personas que vivían en armonía con la naturaleza eran inmortales.

Pero solo aceptando la sangre de Cristo pagada por el pecado (Heb. 9:22), uno puede llegar a ser “inmortal” (1 Juan 5:10-12; Juan 3:16).

El “Yin Yang”

El Taoísmo establece la existencia de tres fuerzas: (1) una pasiva, (2) otra activa y (3) una tercera, conciliadora. Las dos primeras se oponen y complementan simultáneamente entre sí, es decir que son interdependientes de manera absoluta y funcionan como una unidad. Son el yin (fuerza pasiva/sutil, femenina, húmeda...) y el yang (fuerza activa/concreta, masculina, seca...). La tercera fuerza es el tao, o fuerza superior que las contiene.

El simbolo del taoismo es el "yin yang" o el malo y el bueno juntos.

A principios del siglo IV a. C. los filósofos chinos escribían sobre el yin y el yang en términos relacionados con la naturaleza.

La característica más distintiva de la práctica actual es la adoración de los antepasados, junto con las deidades taoístas, lo que muestra el claro elemento tradicionalista del confucionismo y el culto religioso de las creencias míticas de Asia, las cuales no eran válidas para los antiguos pensadores taoístas como Lao Tzu.

Cristiandad y Taoísmo

Por lo tanto, aunque el término Tao es interpretado como Cristo en la traducción al chino del Evangelio de Juan, no debemos inferir que el Taoísmo y el Cristianismo son realmente lo mismo. No lo son.

El cristianismo proclama un Creador personal que se indigna por la obsesión del hombre en pecar y un día juzgará al mundo con justicia (Romanos 1:18; 2:6). El Taoísmo proclama un principio creativo e impersonal que no hace distinción moral entre el bien y el mal y que no juzga a nadie.

El cristianismo proclama que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (Rom. 4:25 ), y que la vida eterna se da libremente a todos los que confían en él como Salvador (John 1:12 ; Rom. 6:23 ). En contraste, la doctrina del relativismo moral en el Taoísmo necesita un Salvador del pecado.

Por último, y lo más chocante, es que Jesús afirma que es el único verdadero Tao--o camino-- al Padre (Juan 14:6). Si él está en lo cierto, entonces el taoísmo, con todas sus "admirables" cualidades, no puede haber dicho que es el eterno Tao.

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