Sacramentos: ¿Qué Son Los 7 Sacramentos de la Iglesia y su Significado?

El Concilio de Trento definió que los siete sacramentos de la Nueva Ley habían sido instituidos por Cristo (Sess. VII, can.i). Esto soluciona la cuestión de hecho para todos los católicos. La razón nos dice que todos los sacramentos deben venir originalmente de Dios. Puesto que son signos de cosas sagradas en cuanto que los hombres son santificados por esas cosas sagradas (ST III:60:2); puesto que el rito externo (materia y forma) por si mismo no puede dar la gracia, es evidente que todos los sacramentos que merezcan ese nombre deben originarse en la decisión divina. "Ya que la santificación del hombre radica en la fuerza de Dios que santifica", escribe Santo Tomás (ST III:60:2), "no es de la competencia de los hombres escoger las cosas por las que han de ser santificados, sino que esto debe ser determinado por institución divina". Hay que añadir a ello que la gracia es, en cierto sentido, participación de la naturaleza divina y nuestra doctrina es inimpugnable: Solamente Dios puede dictar que el hombre participe de su naturaleza a través de ceremonias exteriores.

¿Qué Son Los Sacramentos?

Los sacramentos son los canales a través de los cuales Dios nos ofrece la salvación de su Hijo Jesucristo, a través de la Iglesia.

Es más, el principal sacramento de Dios es Jesús. Decimos esto porque en Jesús, Dios se manifestó plenamente, tal como Él es. Conociendo a Jesús, conocemos a Dios mismo. Jesús es signo de Dios.

Después de la resurrección de Jesús y su ascensión a los cielos, Él desaparece de manera física entre los hombres. Sin embargo, quiso prolongarse y vivir en una pequeña comunidad de creyentes, que lo reconocen como el único Señor y se reúnen en su Nombre para glorificar a Dios. Esa comunidad se consolida el día de Pentecostés. Esta comunidad es la que hoy llamamos Iglesia, palabra que significa asamblea.

La Iglesia llega a ser también signo, sacramento de la presencia de Jesús en el mundo, como Salvador de los hombres. Es decir, la Iglesia es el signo visible e histórico a través del cual Jesús sigue ofreciendo y obrando con su presencia gloriosa la salvación de los hombres. Todo lo que hace y dice la Iglesia no tiene otro fin que el de significar y realizar, directa o indirectamente, la salvación de Cristo.

Cuáles son los sacramentos

Son siete:

1) Bautismo: Dios nos da su vida divina, la entrada a la Iglesia católica y nos hace partícipes de Cristo Profeta, Rey y Sacerdote, y herederos del cielo.

2) Confirmación: Dios nos confiere la madurez espiritual para la lucha y nos capacita para ser apóstoles de Cristo y testigos de su palabra.

3) Comunión: Dios nos alimenta con el Cuerpo y la Sangre de su Hijo Jesucristo y nos hace crecer en la caridad.

4) Penitencia: Dios nos perdona, por intermedio del sacerdote, nuestros pecados y nos ayuda a vencer las tentaciones.

5)Unción de enfermos: Dios nos ofrece este sacramento para prepararnos a afrontar con confianza el momento de la enfermedad y de la muerte, confortándonos en el sufrimiento y sosteniéndonos en las tentaciones finales, y así prepararnos para mirar con gozo la eternidad.

6) Orden Sacerdotal: Dios ofrece este sacramento a hombres varones a quienes Él ha elegido para servir a la comunidad creyente, como ministros sagrados y administradores de sus misterios.

7) Matrimonio: Dios regala este sacramento a hombres y mujeres que sienten la llamada a formar una familia y así perpetuar la especie humana. El sacramento del matrimonio es signo eficaz del amor esponsal que Cristo tiene hacia su Iglesia.

Santo Tomás de Aquino resume así la necesidad de que sean siete los sacramentos por analogía de la vida sobrenatural del alma con la vida natural del cuerpo: por el bautismo se nace a la vida espiritual; por la confirmación crece y se fortifica esa vida; por la eucaristía se alimenta; por la penitencia se curan sus enfermedades; la unción de los enfermos prepara a la muerte, y por medio de los dos sacramentos sociales –orden sagrado y santo matrimonio- es regida la sociedad eclesiástica y se conserva y acrecienta tanto en su cuerpo como en su espíritu.

Los 7 Sacramentos

El sacramento del Bautismo:

Significado etimológico: "bautismos" (griego) = inmergir o sumergir. El bautismo es el sacramento por el cual el hombre nace a la intimidad con Dios, a la vida de la gracia divina, mediante la purificación y la ablución (lavatorio) del agua y la invocación a la Santísima Trinidad.

Entre los sacramentos, ocupa el primer lugar porque es el fundamento de toda la vida cristiana, y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado original y adoptados como hijos de Dios, y llegamos a ser incorporados a la Iglesia como miembros.

El sacramento de la Confirmación:

Sacramento por el cual recibimos la plenitud el Espíritu Santo. La confirmación es el sacramento que da el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en la filiación divina, incorporarnos más firmemente a Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la palabra acompañada de las obras.

Lo mismo que al soldado se le dan las armas que debe llevar en la batalla, así al confirmado se le signa con la señal de la cruz en la frente, para significar que el arma con que ha de luchar es la cruz, llevada no sólo en su mano o sobre su pecho, sino sobre todo en su propia vida y conducta.

El sacramento de la Eucaristía:

Sacramento por el cual recibimos el cuerpo, la sangre, alma y la divinidad de Cristo. La Eucaristía es el sacramento en el cual, bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y sustancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

Es, por eso, el más sublime de los sacramentos, de donde manan y hacia el que convergen todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

Para comulgar se necesita que el alma esté en gracia de Dios, o sea libre de pecado mortal. De no ser así, es necesario acudir a la confesión antes de recibir el Cuerpo de Cristo.

El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación:

Sacramento por el cual se nos perdonan los pecados cometidos después del Bautismo. Hemos de realizar pasos básicos para prepararnos para recibir este sacramento. Se le conoce también como Confesión, Reconciliación, del Perdón y muchos teólogos le llaman Sacramento del Amor porque nos hace reencontrar el amor de Dios del cual nos habíamos alejado.

La Unción de los enfermos:

La unción de los enfermos es el sacramento que tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad y vejez.

No es sólo un sacramento para quienes se encuentran en el último momento de su vida, sino para aquellos cristianos que empiezan a estar en peligro de muerte, por enfermedad o vejez.

Puede solicitarse antes de una cirugía mayor, pues siempre se corre el peligro de no sobrevivir.

Se llama ‘unción’ porque, al sujeto, el sacerdote lo unge con óleo sagrado.

El sacramento del Orden:

Es el sacramento por el que algunos hombres quedan constituidos ministros sagrados, al ser marcados con un carácter indeleble (que no se borra), y así son consagrados y destinados a apacentar el pueblo de Dios según el grado de cada uno, desempeñando en la persona de Cristo las funciones de enseñar, santificar y regir.

Jesucristo es el verdadero y supremo Sacerdote de la Nueva Ley, pues sólo El nos reconcilió con Dios por medio de su Sangre derramada en la Cruz (cfr. Hebr. 8, 1; 9, 15). Sin embargo, quiso Jesús que algunos hombres, escogidos por El, participaran de la dignidad sacerdotal de modo que llevaran los frutos de la redención a todos los demás. Los Apóstoles, inspirados por Dios, sabían que el encargo de Jesús no acabaría con ellos, y por eso transmitían el ministerio mediante el sacramento del orden, que administraban por la imposición de manos y la oración (cfr. Hechos 14, 23-24). De este modo, comunicaban a otros hombres el poder de regir, santificar y enseñar lo que ellos habían recibido directamente del Señor, y les dio poderes concretos.

El sacramento del Matrimonio:

Es un vínculo fundado en el amor, que exige cuidarlo, cultivarlo y defenderlo día a día, con el esfuerzo de cada uno. El Matrimonio es un VÍNCULO. Ese vínculo se contrae voluntariamente; pero, una vez que nace, ese vínculo es ya para siempre: “hasta que la muerte los separe”.

El sacramento del matrimonio es la presencia de Cristo, presencia sacramental. Es decir, siendo el matrimonio un sacramento se convierte en un medio de comunicación de la gracia de Dios. Es un camino para la salvación de los que lo integran.

Como sacramento es un signo del amor y de la alianza de Cristo con su Iglesia. La finalidad del sacramento del matrimonio es la santificación de los esposos mediante: la Unión y la procreación y educación de los hijos. Es la manera de ayudarse mutuamente con la gracia de Dios en la realización de la propia vocación.

Sacramentos de la Iglesia

La función de los sacramentos es comunicarnos la gracia de Dios o aumentar en nosotros su acción, reconociendo que Él siempre tiene la iniciativa. Por ello, son manifestaciones marcadas por signos que nos hacen visible la fuerza y la acción de Dios. A través de ellos, se nos comunica vida y participación en la Iglesia; en ellos nos hacemos parte del Pueblo de Dios y fortalecemos nuestros vínculos con la Iglesia, recibimos la fe y nos relacionamos con la comunidad y con nuestra vocación cristiana. Por ello, no es aventurado señalar que los sacramentos son signos de vida, ya que nos comunican y aumentan la gracia de Dios, Padre amoroso que nos entrega la vida, Santo Espíritu que nos infunde sus dones e Hijo amado que nos entrega la salvación y su cuerpo para que también seamos salvos.

Los sacramentos, como tales no son un "invento" de la Iglesia. Han sido dejados en la tradición por el mismo Jesús, quien señaló a sus apóstoles y a la comunidad como depositarios de ellos, para recordarlo, para hacer efectiva su presencia y para vivir intensamente la unión a la comunidad en él mismo.

Los Sacramentos de la Iglesia católica son siete. Si bien es cierto ellos nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida, se han dividido en tres etapas para comprender mejor su acción en nosotros. Así entonces, tenemos los Sacramentos de Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), los Sacramentos de la Curación (Penitencia Reconciliación y Unción de los enfermos) y los Sacramentos al Servicio y Misión de los fieles (Matrimonio y Orden). Cada uno de ellos se "viven" durante toda la vida, pero se reciben en momentos adecuados. En este sentido, para recibir cada un de ellos se ha de cumplir una preparación especial que implica asumir el sacramento con real responsabilidad y compromiso.

Los Sacramentos y su Significado

Si buscamos en la Biblia la palabra "sacramento" no la encontraremos, por lo menos en el sentido que hoy le damos. Pero esto no quiere decir que no tengan fundamento bíblico. De hecho todos ellos fueron instituidos por Nuestro Señor Jesucristo.

La palabra sacramento es de origen latino, los cristianos la usaron desde los primeros años para significar lo que se refería a los signos litúrgicos, celebraciones eclesiales y a los hechos sacros. Es decir, a los actos de culto. Pero con el correr del tiempo, esta palabra se dejó para referirse exclusivamente a los signos sagrados instituidos por Jesucristo. San Agustín, que vivió en el siglo IV, fue quien más contribuyó a la clarificación del concepto de "sacramento" y no fue hasta el siglo XII, que se fijó el número de sacramentos como siete.

Los sacramentos, como hoy los presenta la Iglesia son: Actos salvadores de Cristo, que la Iglesia comunica al hombre mediante signos sensibles.

a) Decimos que son actos salvadores, porque son acciones que salvan al hombre de situaciones concretas, llenándolo de la fuerza del amor, fruto de la muerte y resurrección de Cristo. Abarcan toda la vida del hombre en sus puntos más significativos.

  • En su nacimiento: Bautismo

  • En su crecimiento: Confirmación

  • En las heridas del pecado: Reconciliación 

  • En su alimentación: Eucaristía

  • En la formación de un hogar: Matrimonio

  • En la consagración al servicio de la comunidad: Orden Sacerdotal

  • En la enfermedad: Unción de los enfermos

Son actos que la Iglesia comunica porque fueron entregados a la Iglesia por Cristo para que los administrara a los hombres. Por lo que el sacramento debe administrarse conforme a lo establecido por la Iglesia y según sus intenciones.

Es necesario estar bautizado para recibir cualquier otro sacramento. Es indispensable estar en Gracia de Dios. Sólo el Bautismo y la Reconciliación dan de por sí la Gracia, para cualquier otro sacramento es necesario arrepentirse de los pecados y confesarse antes.

Algunos sacramentos se pueden recibir una sola vez en la vida porque imprimen carácter indeleble, éstos son: Bautismo, Confirmación y Orden.

Gracia Divina

Cuando el hombre pecó, se alejó de Dios y desterró de él la posibilidad de responder a su vocación que es la comunicación con su Creador para llegar a su destino que es la eternidad. Desde el primer pecado, el hombre está inclinado al mal, condenado a la concupiscencia.

Dios en su infinita misericordia, no podía dejar al hombre abandonado y sabiendo que con sus solas fuerzas no podría conseguir su destino eterno, envía a su Hijo, para que con su muerte y resurrección restaure la comunicación que el hombre había perdido con Dios.

Jesucristo nos trae la Gracia Divina, la Gracia del Espíritu Santo, que tiene el poder de santificarnos, es decir, de lavarnos de nuestros pecados y darnos la posibilidad de responder a nuestra vocación y destino.

Contra la inclinación al mal que resultó del pecado, La Gracia Divina nos permite obrar el bien. Es una participación de la vida de Dios. Es un favor, un regalo, un auxilio gratuito, que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios, participes de la naturaleza de la vida eterna.

Esta vocación a la vida eterna es sobrenatural, depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios. Sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana. El hombre sólo debe estar dispuesto a que la Gracia actúe en él y seguir la voz de su conciencia, para obrar según la voluntad de Dios.

La Gracia de Dios nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria:

† Por el Bautismo, participamos de la gracia de Cristo

† Como hijos adoptivos, podemos llamar Padre a Dios

† Recibimos la vida del Espíritu Santo que infunde la caridad y que forma la Iglesia

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