Tuberculosis: ¿Qué es la Tuberculosis? Pulmonar, Síntomas, Causas, Tratamiento

La tuberculosis o tuberculosis pulmonar (TBC) es una enfermedad infecciosa crónica causada habitualmente por un bacilo llamado Mycobacterium tuberculososis (en muy pocas ocasiones por M. Bovis). La afectación pulmonar representa el 90% de todas las formas de presentación de la enfermedad.

Un tercio de la población mundial, unos 1800 millones de personas, están infectadas por el bacilo de la tuberculosis, de los cuales, 30 millones sufren la enfermedad. Existe una clara relación entre tuberculosis y pobreza, siendo considerada la enfermedad como una de las causas de muerte evitable en los países pobres, donde sólo un cuarto de las persones enfermas recibe el tratamiento.

La tuberculosis (abreviada TBC o TB), posiblemente la enfermedad infecciosa más prevalente en el mundo, es una enfermedad infecciosa, prevenible y curable que se transmite por el aire, al igual que el resfriado común. Afecta, por lo general, a los pulmones y compromete otras partes del cuerpo, como el cerebro, los riñones o la columna vertebral. Causada por diversas especies del género Mycobacterium, todas ellas pertenecientes al Complejo Mycobacterium tuberculosis.

En 1999 la OMS cifró en 3.689.833 nuevos casos de tuberculosis en el mundo, aunque este organismo cifró en 8.500.000 casos totales con una tasa global de 141/100.000 habitantes. En 2004, las estadísticas de mortalidad y morbilidad incluían 14,6 millones de casos activos crónicos, 8,9 millones de casos nuevos, y 1,6 millones de muertes, mayoritariamente en países en desarrollo.

Los síntomas generales como la astenia (cansancio), anorexia (pérdida de apetito), pérdida de peso, febrícula vespertina y sudoración nocturna son los más precoces, pero dado su inicio insidioso pueden pasar inadvertidos.

Entre los síntomas respiratorios, el más frecuente es la tos. La hemoptisis también puede aparecer, pero es menos frecuente, así como la toracalgia o la disnea.

Un 10%-20% de los infectados están asintomáticos y son detectados mediante estudio de contactos o de forma casual.

Debe descartarse la infección tuberculosa ante la presencia de una tos que persiste más de 3 semanas, especialmente en aquellos grupos con más riesgo, p.ej.: inmunodeprimidos o en caso de hacinamiento de personas.

Bacilo Mycobacterium tuberculosis

"Los bacilos de la tuberculosis infectan a una persona cada segundo en todo el mundo."

Cuando se determina (mediante examen con microscopio de la presencia de bacilos en una muestra de esputo) que una persona tiene tuberculosis infecciosa, debe iniciarse un tratamiento completo con la dosis correcta de medicamentos antituberculosos, con el apoyo de personal de los servicios de salud o comunitarios o de voluntarios capacitados. Los medicamentos antituberculosos más comunes son isoniazid, rifampicina, pirazinamida y etambutol. (O.M.S)

Tuberculosis: Información General

Esta enfermedad infecciosa, que sin tratamiento adecuado puede llegar a ser mortal, es provocada por el microbio "mycobacterium tuberculosis" o bacilo de Koch, y afecta comúnmente a los pulmones, pero además puede afectar al sistema linfático y al sistema nervioso central entre otros, y además puede afectar a las articulaciones y huesos. También es conocida por su abreviación TB, de "Tubérculo bacilo".

Las causas de la tuberculosis tienen todas relación con su característica infecciosa; o sea el microbio presente en los pulmones de una persona afectada se transmite a través de las partículas expelidas al toser. Eso si, solamente aquellos que tengan contactos prolongados y frecuentes con un infectado tendrán una mayor probabilidad de contraer la infección, y la transmisión de la enfermedad solo es posible en casos de tuberculosis activa y no latente.

Parece increíble, pero alrededor de un tercio de la población mundial tiene en su cuerpo a esta bacteria; lo que ocurre es que no todas las personas infectadas desarrollan la enfermedad y en la mayoría solo permanece latente. La mayoría de los casos mortales ocurren en países en vía de desarrollo, y los casos de tuberculosis que se dan en los países desarrollados responden en su mayoría a fallas en el sistema inmunológico debidas al abuso de drogas y otras substancias, y también a la presencia del SIDA.

Los síntomas de la tuberculosis más típicos, cuando ataca a los pulmones, consisten en tos recurrente con una duración de varias semanas e incluso acompañada de sangre, y dolor en el pecho. Otros síntomas son la fiebre, transpiración, pérdida del apetito y por consiguiente de peso, y fatiga.

Para diagnosticar la tuberculosis se utilizan radiografías de pecho o Tórax, cultivos de muestras biológicas y un test cutáneo especifico llamado "test de Mantoux", de tal manera de detectar tempranamente la infección.

El tratamiento de la tuberculosis emplea antibióticos como el rifampicina y isoniacida para curar esta enfermedad, y comúnmente se requieren largos periodos de tratamiento, de hasta un año. Últimamente se han detectado brotes de tuberculosis altamente resistentes a estos antibióticos, por lo que se utilizan además otros antibióticos alternativos. En cuanto a la prevención, las vacunas, que tienen efectividad para los niños no proveen de una protección aceptable para los adultos.

¿Qué es la Tuberculosis? Los Hechos, la Historia y las Estadísticas

La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria de la familia de las micobacterias; principalmente, Mycobacterium tuberculosis (aunque hay otras micobacterias que pueden producir la enfermedad: Mycobacterium africanum, M. bovis, M. canetti, y M. microti). Habitualmente provoca tos, fiebre, expectoración, en ocasiones con sangre, cansancio e incluso pérdida de peso.

También hay un grupo de organismos que se conocen como la tuberculosis atípica. Estos implican otros tipos de bacterias que están en la familia de Mycobacterium. A menudo, estos microorganismos no causan enfermedades y se les conoce como "colonizadores" porque simplemente, viven junto a otras bacterias en el cuerpo sin causar daños. A veces, estas bacterias pueden causar una infección que clínicamente se le conoce como la tuberculosis típica.

Fue descubierta por primera vez en 1882 por un médico alemán llamado Robert Koch que recibió el Premio Nobel por este descubrimiento. La tuberculosis también es conocida como bacilo de Koch, en referencia a su forma alargada y a su descubridor, Robert Koch, que consiguió, en 1882, aislar la bacteria de las flemas expulsadas por los pacientes con síntomas similares. De esta forma, pudo demostrar que era contagiosa y, separando a estos pacientes de las personas sanas (la conocida cuarentena) se impedía la diseminación de la bacteria. La tuberculosis afecta más comúnmente a los pulmones, pero también puede afectar a casi cualquier órgano del cuerpo. Hoy, en dia, la tuberculosis se puede tratar con éxito con antibióticos.

Aunque se trata de una infección prevenible, es todavía la segunda enfermedad infecciosa más importante a nivel mundial (tras el SIDA) y una de las que más muertes produce, a pesar de los adelantos en el diagnóstico y la eficacia de los tratamientos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que en 2011 enfermaron de tuberculosis 8,7 millones de personas -500.000 eran niños-, de los cuales murieron como consecuencia de la enfermedad 1,4 millones de personas. La mayoría de estas cifras corresponden a países poco desarrollados y de economía pobre.

No todos quienes son infectados por la bacteria de la tuberculosis (infección primaria) se enferman o contagian a otros. Cerca de 10 millones de estadounidenses son portadores de la bacteria, pero sólo uno de este 10 por ciento manifestan la forma activa (infección secundaria).

Quienes padecen la infección primaria están protegidos contra la forma activa por su sistema inmunitario, pero siguen albergando la bacteria de la tuberculosis. Mientras la enfermedad esté en fase inactiva no se puede contagiar. Años después, tal vez pasen a la fase activa (infección secundaria) si su sistema inmunitario se debilita por enfermedades como el sida, la diabetes, el alcoholismo o la toxicomanía. La mayoría de los que reciben tratamiento para la tuberculosis activa pueden ser curados. Pero, sin tratamiento, la enfermedad es mortal en el cuarenta al sesenta por ciento de los casos.

En España, es poco probable contraer la bacteria -se registra una media de 15,4 casos nuevos por 100.000 habitantes y año, según el informe de 2012 de la OMS y la ECDC (European Centre for Disease Control)-, pero, aun así, cualquiera es susceptible de ser contagiado. De hecho, los últimos datos publicados por la Red de Vigilancia Epidemiológica de España, reflejan que en 2010 se notificaron 7.089 casos de tuberculosis respiratoria, aunque si se tienen en cuenta los no notificados la cifra puede superar los 12.000. De esta manera, la tuberculosis se sitúa como la tercera enfermedad de declaración obligatoria en incidencia, sólo superada por la gripe y la varicela.

Síntomas de la Tuberculosis

La tuberculosis primaria carece de síntomas. En los enfermos de tuberculosis secundaria (activa), los síntomas dependerán del lugar en que se esté multiplicando la bacteria. La tuberculosis pulmonar puede provocar una tos persistente, dolor de pecho y expectoración de sangre y esputo. Otros síntomas frecuentes incluyen el cansancio incesante, el adelgazamiento, la inapetencia, fiebre, escalofríos y sudores nocturnos. Con todo, hay personas con tuberculosis activa que se sienten bien y sólo tosen de vez en cuando.

Las bacterias de la tuberculosis típicamente afectan a los pulmones, aunque puede asentar en casi cualquier parte del cuerpo humano. Por ejemplo, en los siguientes órganos:

- Vías urinarias: Por razones desconocidas, los síntomas pueden incluir repetidas infecciones de estas vías, fiebres reiteradas, o pus o sangre en la orina.

- Cerebro: Las citadas bacterias infectan a veces las membranas (meninges) que envuelven el cerebro y la médula espinal, especialmente en los lactantes y niños de corta edad. Los síntomas atribuibles a la meningitis tuberculosa comprenden dolores de cabeza, convulsiones o conducta anormal.

- Ganglios linfáticos: Las bacterias de esta enfermedad pueden infectar a los pequeños órganos comúnmente denominados ganglios linfáticos. Los síntomas incluyen inflamación e hinchazón de dichos ganglios en cualquier parte del cuerpo, incluso el cuello.

- Huesos y articulaciones: La infección puede afectar al esqueleto, especialmente en las personas de edad avanzada. En estos casos, los síntomas incluyen fiebre, dolor y rigidez e hinchazón de las articulaciones. La parte baja (región lumbar) de la espalda y las articulaciones que soportan peso son las afectadas con mayor frecuencia.

- Peritoneo: Es sabido que las bacterias causantes de la tuberculosis pueden infectar la membrana que tapiza la cavidad abdominal. Los síntomas suelen incluir fiebre y acumulación de líquido en el abdomen. Esto se acompaña a menudo de acumulación de líquido en torno a los pulmones.

- Corazón: Los gérmenes de la tuberculosis son capaces de invadir el saco o membrana serosa que reviste y protege al corazón. Aunque se trata de un suceso excepcional, en caso de ocurrir, la mortalidad suele ser elevada. Los síntomas incluyen falta de aliento (disnea), dolor de pecho y fiebres.

¿Qué es la Tuberculosis Pulmonar?

Es una enfermedad infecciosa, aguda o crónica producida por el bacilo Mycobacterium tuberculosis, que puede afectar cualquier tejido del organismo, pero que se suele localizar en los pulmones. El nombre de tuberculosis deriva de la formación de unas estructuras celulares características denominadas tuberculomas, donde los bacilos quedan encerrados. Fue descubierto por Roberto Koch en 1882, es una bacteria aerobia, no esporulada, que precisa tiempo muy prolongado (15-20 horas) para su multiplicación y que puede sobrevivir con facilidad en el medio intracelular. Es, por lo tanto, una bacteria que necesita mucho tiempo (3-5 semanas) para cercer en los medios de cultivo. La infección inicial se produce cuando los bacilos tuberculosos consiguen alcanzar los alvéolos pulmonares.

Sus sintomas son: Cansancio constante, Pérdida de peso, Tos persistente durante semanas, Fiebre, Sudores nocturnos, Pérdida del apetito, Si la tuberculosis está en estado avanzado, es posible que al toser haya manchas de sangre en el esputo. Muchas veces la persona tiene tuberculosis pero los síntomas que presenta son leves y de esta manera esté propagando las bacterias sin saber que esta enferma.

Tuberculosis Pulmonar Primaria

Es la forma anatómica que corresponde a la primoinfección tuberculosa pulmonar. Se llama también infantil , aunque puede producirse en el adulto. Se presenta con un aspecto anatómico muy constante. Se compone de un chancro primario o foco de Ghon y una adenopatía regional. El foco de Ghon se presenta como un nódulo caseificado de 0,5 a 2 cm de diámetro. Puede situarse en cualquier lóbulo, pero se encuentra con mayor frecuencia en el pulmón derecho (55% derecho; 45% izquierdo). De preferencia se localiza en las porciones mejor ventiladas, parte baja del superior y alta del inferior. Muy raras veces en el vértice. Cualquiera que sea la localización, siempre es subpleural. En la mayoría de los casos, el foco es único, raras veces doble y aún múltiple y bilateral.

El foco de Ghon aparece como una bronconeumonía caseosa; cuando aparece la resistencia específica, se produce tejido granulomatoso con proliferación de células epitelioideas que delimitan el proceso. Por fuera suelen observarse tubérculos miliares aislados (Fig. 2-12 y 2-13)

Desde este foco primario se desarrollan abundantes tubérculos miliares a lo largo de los vasos linfáticos, hasta llegar a los ganglios hiliares. Dichos ganglios, sufren un proceso de linfoadenitis caseosa considerable, con un gran aumento de volumen, que en ocasiones llega a comprimir bronquios de mayor calibre, determinando atelectasias de consideración.

¿Qué es la Tuberculosis Extrapulmonar?

Denominado tisis o peste blanca, es una enfermedad infecciosa crónica, localizada en cualquier parte del organismo, fuera de los conductos respiratorios inferiores y del parénquima pulmonar, causada por diferentes especies de Mycobacterium, denominadas colectivamente bacilos tubeculosos (Mycobacterium tuberculosis, Mycobacterium bovis, Mycobacterium africanum, Mycobacterium microti y Mycobacterium avium), con presentaciones clínicas variables y de amplia distribución mundial. En seres humanos el patógeno más común es el M. tuberculosis o bacilo de Koch, y en menor medida M. bovis. El M. microti no es patógeno en el ser humano, el M. avium afecta usualmente a pacientes inmunodeprimidos, y el M. africanum sólo se encuentra en África. La infección por Mycobacterium tuberculosis causa clásicamente la enfermedad de tubeculosis en seres humanos. La tuberculosis también puede afectar al ganado vacuno y porcino, y a las aves. Es uno de los padecimiento más antiguamente conocidos y estudiados.

La vía de infección usualmente es respiratoria, pero puede ser digestiva en casos de ingestión de leche no pasteurizada de vacas infectadas por M. bovis, contacto en caso de personas que manipulan productos animales o enfermos de tuberculosis, y rara vez congénita.

Por vía respiratoria la infección se debe a la inhalación de pequeñas gotitas mucosas de 2 a 10 micrómetros de diámetro, que salen, en forma de aerosol, de personas infectadas al hablar, toser, cantar o estornudar, permitiendo la entrada de 1 o 2 mycobacterias. Claro está que el desarrollo de la enfermedad está dada por el establecimiento y proliferación de microorganismos virulentos y su interacción con el huesped. La resistencia del huesped mediante hipersensibilidad influyen en el curso de la enfermedad. La probabilidad de producir y desarrollar una infección y sus correspondientes lesiones se determina por el número de micobacterias en el inóculo y su multiplicación, así como el tiempo de contacto. La probabilidad aumenta con la falta de ventilación. Gotas de más de 10 micrómetros quedan atrapadas en las vías aéreas superiores y son eliminadas.

Clínicamente, la tuberculosis extrapulmonar, se manifiesta con fatiga, debilidad, malestar, pérdida de peso y fiebre. La diseminación sanguínea implica tuberculosis miliar con lesiones múltiples difíciles de erradicar.

La tubeculosis extrapulmonar se presenta más frecuentemente en personas de raza negra y orientales, en mujeres y niños luego de la infección primaria. Las infecciones delas mucosas y serosas se deben a la diseminación de las secreciones respiratorias. Las infecciones por extensión linfohematógena son posteriores a la infección primaria.

La diseminación de la infección inicial se produce por la falta de desarrollo de una respuesta inmune adecuada, dando lugar a una enfermedad con múltiples lesiones en distintos órganos del cuerpo, pero su presentación clínica puede ocurrir posteriormente a la infección inicial.

Causas de la Tuberculosis

El contagio de tuberculosis ocurre cuando la persona sana inhala microscópicas gotas de saliva procedentes del enfermo (llamadas aerosoles), que se generan cuando este tose o estornuda. Estas gotas con bacterias tienen un tamaño muy pequeño y llegan a zonas profundas del pulmón de la persona sana, donde podrían proliferar dando lugar a la enfermedad. Aunque el pulmón es el principal órgano en el que se desarrollan los daños, hay otras localizaciones del organismo que pueden verse afectadas.

En los lugares espaciosos, bien ventilados o al aire libre, el contagio es complicado. Esto se debe a que, aunque las gotitas minúsculas pueden quedar suspendidas cierto tiempo en el aire, terminan por diseminarse y perder su capacidad infectiva. Pero en los lugares cerrados, mal ventilados, estas gotas pueden acumularse en el ambiente, alcanzando una gran concentración y facilitando así la inhalación de las mismas. Es por este motivo que en las regiones o zonas en las que se vive en condiciones de pobreza o hacinamiento es más plausible el contagio.

Aunque hay factores que determinan la probabilidad del contagio, como las horas compartidas con el paciente en espacios cerrados, la virulencia de la bacteria, o la propia susceptibilidad de la persona sana, se acepta que el contagio no es fácil, y que hace falta un contacto prolongado para que exista un riesgo real de contagio (de manera orientativa, se suelen determinar unas seis horas).

No todo el que contrae la bacteria desarrollará la enfermedad. Se calcula que el 90% de los pacientes permanecerán sin desarrollarla, ya que su sistema inmunitario conseguirá destruir las bacterias o mantenerlas controladas (infección latente). Sin embargo, estas personas darán positivo en las pruebas de contacto con la bacteria.

Solo el 10% de las personas que sufren el contagio, enfermarán. La manifestación de la enfermedad suele acontecer en los dos años posteriores al contagio (la bacteria crece muy lentamente). Si en ese tiempo no se producen síntomas, el riesgo disminuye, pero no desaparece nunca; aumentando de nuevo en edades avanzadas, o ante la aparición de enfermedades que comprometan el sistema inmunitario del paciente.

Precisamente, las personas que padezcan alguna enfermedad que haya debilitado su sistema inmune (seropositivos, diabéticos, etcétera), los afectados de malnutrición, los ancianos y los niños son los grupos poblaciones con mayor riesgo de contagio de tuberculosis activa.

Tratamiento de la Tuberculosis

La tuberculosis puede tratarse, pero el tratamiento es largo y un tanto complejo. Se basa en la toma de varios antibióticos durante periodos de tiempo nunca inferiores a seis meses. Suelen combinarse dos antibióticos durante los seis meses (isoniazida y rifampicina son los más frecuentes), pero asociando uno o dos antibióticos más durante los primeros dos meses, para que la actuación sobre la bacteria sea más agresiva desde el principio.

El tratamiento con antibióticos puede ser recomendado para evitar que la tuberculosis se convierta en una infección activa. El antibiótico que se usa para este propósito se llama isoniazida (INH). Si se toma de seis a 12 meses, se evitará la activación de la infección en el futuro. De hecho, si una persona con una prueba cutánea positiva no toma el antibiótico, hay un 5% y un 10% de riesgo de que la tuberculosis se activará.

Tomar isoniacida puede ser desaconsejable (contraindicado) durante el embarazo o para aquellos que sufren de alcoholismo o enfermedad hepática. Además, la isoniazida puede tener efectos secundarios. Los efectos secundarios son raros, el individuo puede sentirse cansado o irritable. En muy raras ocasiones, sin embargo, sobre todo en las personas mayores, el daño al hígado (hepatitis INH), incluso puede ser fatal. Es importante por lo tanto, para que el médico supervise el hígado de un paciente por pedir periódicamente pruebas de sangre llamadas "pruebas de función hepática" durante el curso de la terapia de isoniacida. Otro efecto secundario de este antibiotiotico es una disminución de la sensibilidad en las extremidades que se refiere como una neuropatía periférica. Esto se puede evitar mediante la adopción de vitamina B6 (piridoxina).

La tuberculosis activa se trata con una combinación de medicamentos junto con la isoniazida. Rifampicina (Rifadin), etambutol (Myambutol), y pirazinamida son los fármacos comúnmente utilizados para tratar la tuberculosis activa en combinación con isoniazida (INH). Cuatro medicamentos se dan por los dos primeros meses de tratamiento para ayudar a matar las cepas potencialmente resistentes de bacterias. A continuación, el número se reduce generalmente a dos fármacos para el resto del tratamiento sobre la base de las pruebas de sensibilidad de las drogas que está llevando en ese momento en el curso del tratamiento. La estreptomicina, un medicamento que se administra por inyección, se puede utilizar también, sobre todo cuando la enfermedad es extensa y / o los pacientes no toman sus medicamentos por vía oral. El tratamiento suele durar muchos meses y, a veces durante años. El éxito del tratamiento de la tuberculosis depende en gran medida del cumplimiento del paciente.

La cirugía en los pulmones puede estar indicada para ayudar a curar la infección cuando el medicamento ha fracasado, pero al día de hoy, la cirugía para la tuberculosis es inusual. El tratamiento con antibióticos adecuados suele curarla.

Sin un tratamiento, la tuberculosis puede ser una infección letal. Por lo tanto, el diagnóstico precoz es importante. Aquellos individuos que han estado expuestos a una persona con esta infección o sospecha que han sido utilizados, deben ser examinados por un médico para detectar signos mediante una prueba de la tuberculina.

Aunque hay tratamientos estándar para la tuberculosis, el médico recetará el que considere más adecuado para cada caso y en la dosis exacta.

Consejos para el seguimiento del tratamiento de tuberculosis

El tratamiento de la tuberculosis es largo y complicado, pero es muy importante tomar la medicación todos los días y durante los meses que el médico indique. Hay mucha gente que, en cuanto nota mejoría, abandona el tratamiento. Muchas de esas personas volverán a desarrollar la enfermedad; y es posible que las nuevas bacterias sean resistentes a los tratamientos convencionales, necesitándose tratamientos menos habituales o complicándolos. La adhesión al tratamiento durante los seis meses supone una curación completa, y disminuye enormemente el riesgo de recaer.

La medicación debe tomarse una vez al día y con el estómago vacío, preferentemente por la mañana, ya que aumenta la absorción, tanto en cantidad como en velocidad, incrementando la efectividad del tratamiento. No se debe ingerir nada hasta una media hora después de tomar la medicación.

A las dos o tres semanas, se considera que el paciente deja de ser infectivo, es decir, existe mucho menor riesgo de que otra persona se contagie por contacto con el paciente. Habitualmente, en este tiempo el paciente es capaz de volver a su rutina diaria.

Generalmente, el tratamiento de la tuberculosis no suele requerir hospitalización. Solo en casos graves, como la diseminación de la enfermedad o que ésta se haya establecido en alguna localización importante (como es el cerebro), es necesario el ingreso hospitalario. Si no hay complicaciones, el paciente puede seguir el tratamiento en casa.

Durante el tratamiento, el médico hará pruebas para conocer la evolución de la enfermedad (repetirá el análisis del esputo y la radiografía); así como análisis de sangre. Esto se realiza para conocer el estado de funcionamiento del hígado, ya que algunos de los medicamentos que se emplean con mayor frecuencia para tratar la tuberculosis pueden resultar hepatotóxicos (inducen toxicidad en el hígado). Es uno de los principales efectos adversos, aunque generalmente de carácter leve, y en muchos casos, la causa del abandono del tratamiento antes de tiempo. Molestias estomacales, vómitos, coloración amarilla de la piel, son síntomas de fallo hepático. Es aconsejable no beber alcohol durante el tratamiento. Si estos síntomas aparecen, es preciso consultar con el médico. Si no es posible la consulta, es preferible dejar de tomar la medicación hasta que sea posible contactar con un profesional sanitario.

Otros medicamentos pueden producir alteraciones de la visión (etambutol). Mientras que la rifampicina, uno de los principales antibióticos utilizados, puede teñir los fluidos del cuerpo de color anaranjado (la orina, las lágrimas o el sudor). Esto es absolutamente normal y no se debe interrumpir el tratamiento por ello.

Es conveniente el uso de protección solar durante el tratamiento, e incluso cierto tiempo después de haberlo terminado, ya que algunos de estos medicamentos pueden producir fotosensibilidad (mayor sensibilidad a los rayos del sol).

La medicación puede interaccionar con ciertos medicamentos: antiepilépticos, anticoagulantes, antidiabéticos... disminuyendo su efectividad. Es preciso consultar con el médico o farmacéutico si el paciente está tomando alguno de estos medicamentos. La terapia contra el virus del SIDA también puede verse afectada.

La isoniacida, otro medicamento frecuente, muy raramente podría interaccionar con algunos alimentos (embutidos, quesos, ciertos pescados...) produciendo enrojecimiento facial, dolor de cabeza o vómitos. Se conoce como flush y, aunque no es grave, sí puede ser muy molesto. Esto puede requerir que se eviten esos alimentos durante el tratamiento de la tuberculosis.

Evolución de la tuberculosis

El tratamiento para la tuberculosis es muy eficaz. El paciente puede notar mejoría en un corto espacio de tiempo, pero no se debe abandonar el tratamiento, ya que completar el ciclo de antibióticos asegura una curación total de la enfermedad. Por ello, la tuberculosis es una enfermedad relativamente fácil de curar y de manejar, ya que al poco tiempo de tomar la medicación, el paciente deja de expulsar bacterias.

Si no es diagnosticada a tiempo, es posible que la tuberculosis deje algunas secuelas en el pulmón, como pequeñas cicatrices, lo que no implica que el tratamiento sea menos efectivo; es decir, que la infección es igualmente erradicada. Sin embargo, el pulmón puede no funcionar tan bien como antes de sufrir la tuberculosis . Por ello, muchas veces el médico solicita una espirometría al final del tratamiento para comprobar el funcionamiento del pulmón una vez que ha sido curada la tuberculosis .

No obstante, es preciso insistir en que, si se toman los antibióticos a tiempo, la tuberculosis se cura completamente, el riesgo de recaída es muy bajo y el paciente puede hacer una vida normal.

Vídeos Gratis
www.Santos-Catolicos.com
¡DVDs, Artículos y Libros Gratis!
FREE DVDS & VIDEOS
WATCH & DOWNLOAD ALL THE DVDS & VIDEOS FOR FREE!