Salud, ¿Qué es Salud? Definición de Salud, Concepto de Salud

Antes de entrar de lleno en la definición de lo que significa el término salud se hace necesario ver donde se encuentra el origen etimológico del citado concepto. Más exactamente hay que subrayar que se halla en el latín y en concreto en la palabra salus.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es la condición de todo ser vivo que goza de un absoluto bienestar tanto a nivel físico como a nivel mental y social. Es decir, el concepto de salud no sólo da cuenta de la no aparición de enfermedades o afecciones sino que va más allá de eso. En otras palabras, la idea de salud puede ser explicada como el grado de eficiencia del metabolismo y las funciones de un ser vivo a escala micro (celular) y macro (social).


El estilo de vida, o sea el tipo de hábitos y costumbres que posee una persona, puede ser beneficioso para la salud, pero también puede llegar a dañarla o a influir de modo negativo sobre ella. Por ejemplo, un individuo que mantiene una alimentación equilibrada y que realiza actividades físicas en forma cotidiana tiene mayores probabilidades de gozar de buena salud. Por el contrario, una persona que come y bebe en exceso, que descansa mal y que fuma, corre serios riesgos de sufrir enfermedades evitables.

¿Qué es Salud?

¿Qué es la salud? ¿por qué es tan importante?, bueno, podemos comenzar con las definiciones más clásicas, considerando los elementos que nos brinda lo descrito por la Organización Mundial de la Salud, en el sentido que esta consiste en un estado de bienestar a nivel físico, mental y social, o sea no solamente la ausencia de una enfermedad en el sentido convencional de la palabra.

En un sentido más técnico, también se puede definir como la medida de eficiencia a nivel metabólico (un concepto a su vez algo complejo, que involucra los procesos a nivel químico y físico que ocurren en los organismos) y funcional en los seres vivos. En este sentido se puede decir que la salud es un recurso, que nos permite literalmente vivir y disfrutar de la vida, cumpliendo todas nuestras funciones en ella a plena capacidad. Se podría decir que la definición más técnica de la salud no involucra el bienestar mental, pero es conocido que esta eficiencia de la que se habla se ve degradada en los seres humanos cuando no estamos bien en el plano mental.

La vida biológica, junto con sus aspectos psicológicos, se encuentra en el hombre impregnada de inteligencia y decisiones libres: de espiritualidad, en una palabra. El vivir humano no es exclusivamente biológico, sino una realidad compleja: biológica, psicológica y espiritual. Por tanto, seguir viviendo, en el caso del hombre, no es sólo poder mantener la vida biológica, poder reproducirse, y un cierto grado de bienestar suficiente para estos fines. Es, y de modo igual o más importante, poder actuar con su inteligencia y voluntad, llevando a cabo actividades que no pueden realizar los animales: trabajar, estudiar, etc.

Básicamente, se puede afirmar que una persona está sana cuando puede realizar sus actividades humanas normales: ir al trabajo, cuidar del hogar o de los hijos, leer, etc.

Sin embargo, en el hombre, estar sano no es una mera yuxtaposición de la consideración de la salud propia del animal y de la más típicamente humana. Las actividades propiamente humanas no pueden ser llevadas a cabo sin un adecuado funcionamiento físico y psicológico. Por esta razón, la salud que podríamos llamar meramente animal está al servicio de actividades más altas: es un bien instrumental para la actividad espiritual. Así, se puede dar la situación paradójica de que, examinada la vida humana desde el punto de vista meramente animal, no exista salud y, sin embargo, considerada desde el punto de vista humano, sí que pueda decirse que la hay.


Es frecuente encontrar diálogos que reflejan esta aparente paradoja. A la pregunta de cortesía sobre el estado de salud, una persona suele responder: “Estoy bien; bueno, con los achaques propios de la edad, pero estoy bien”. Se reconoce de este modo que, aunque existen pequeñas molestias o malestares, no alcanzan éstos a impedir el desarrollo de las actividades normales. Así, una persona que carezca de capacidad para reproducirse, o que tenga algunas alteraciones físicas o psicológicas leves (como puede ser una ligera inestabilidad de la articulación del tobillo o una leve ansiedad pasajera) puede, en muchas ocasiones, desarrollar su vida normalmente. Dependiendo de la actividad que desempeñe, estas alteraciones, que serían enfermedad en el animal, pueden constituir o no enfermedad en esa persona.

La constatación de esta realidad ha llevado a numerosos autores a concluir que la salud es algo subjetivo, que depende solamente de la apreciación del sujeto. Como comentaremos más adelante, esta conclusión es errónea: el estado de salud no depende de cómo se sienta el sujeto, sino del modo de vida que lleve. Y este modo de vida puede y debe ser conocido por el médico que, de esta manera, está en condiciones de hacer una apreciación objetiva del estado de salud del paciente. Sin embargo, esta apreciación objetiva no equivale a no encontrar lesiones en el examen físico del paciente o a no hallar alteraciones en las pruebas de diagnóstico psicológico. La apreciación objetiva del estado de salud depende de la captación de los problemas que puede suponer la lesión, o las lesiones, sobre su vida cotidiana. Dicho de otro modo: el juicio acerca del estado de salud de una persona depende de la captación de su modo de vivir personal.


Síntomas y signos

La comprensión de las enfermedades depende de una descripción clara de los síntomas, los cuales son manifestaciones de los procesos vitales alterados. Pueden variar desde relatos subjetivos de dolor, como cefalea (dolor de cabeza) o lumbago (dolor de la parte inferior o lumbar de la espalda), a hechos objetivos o signos, como inflamación o erupción. Así pues, podría decirse que un signo es una manifestación imposible de fingir ante un médico, mientras que un síntoma subjetivo es algo imposible de ser detectado por un médico. No podemos fingir que tenemos fiebre o tener varicela, por ejemplo; sin embargo, un buen médico nunca podrá ver nuestro dolor de cabeza, aunque quizás con los avances tecnológicos pueda lograrse en un futuro.

Algunos síntomas subjetivos u objetivos son comunes a distintas enfermedades, por ejemplo los cambios en la temperatura corporal (como fiebre), la fatiga, la pérdida o el aumento de peso, y el dolor o hipersensibilidad de los músculos u órganos internos. Por ello el profesional médico debe realizar en muchos casos estudios más profundos pueden poner de manifiesto, por ejemplo, la presencia de microorganismos infecciosos, mediante su crecimiento por cultivo en medios nutrientes especiales o por otras técnicas; otros ejemplos son el descubrimiento de fracturas óseas en la exploración radiológica; la existencia de cambios en la composición de las células de la sangre; y la observación de crecimiento canceroso al microscopio en un tejido extirpado quirúrgicamente (biopsia). Así pues, se trata de realizar un correcto diagnóstico para poder llevar a cabo un tratamiento adecuado.


El diagnóstico

El diagnóstico es la determinación de la naturaleza de una enfermedad. El diagnóstico debe combinar:

  • Una adecuada historia clínica del paciente (antecedentes personales y familiares, y enfermedad actual)

  • un examen físico completo

  • exploraciones complementarias (pruebas de laboratorio, de diagnóstico por imagen, etc.).

Algunas enfermedades como el sarampión y las paperas se identifican fácilmente por su apariencia. Otros problemas como las fracturas óseas se pueden sospechar por sus síntomas y signos, y se confirman mediante radiografías. Pero muchos síntomas requieren un procedimiento diagnóstico más complejo. La confirmación de una úlcera gástrica, por ejemplo, requiere la introducción de un endoscopio en el estómago. La enfermedad coronaria puede sospecharse por las características del dolor y por las alteraciones electrocardiográficas, pero su evidencia definitiva sólo puede conseguirse mediante coronariografía, técnica en la que se inyecta una sustancia de contraste en las arterias coronarias que irrigan el corazón. El diagnóstico de muchos tipos de cáncer requiere la realización de una biopsia, tomando un fragmento del tejido afectado para su examen microscópico. El diagnóstico de diversas enfermedades fetales es hoy en día posible mediante ecografía o mediante análisis del líquido amniótico obtenido por amniocentesis.


Las pruebas de laboratorio son cada vez más importantes. La medida de los niveles de hormonas identifica alteraciones endocrinas. El recuento de los diferentes tipos de células de la sangre, llamado recuento diferencial, sirve para diagnosticar los diferentes tipos de anemias y algunos tipos de leucemias y otros cánceres. Los cultivos microbiológicos de líquidos y tejidos sirven para identificar los microorganismos causantes de enfermedades infecciosas, siendo esenciales para el tratamiento racional con antibióticos.

Muchos síntomas, como las cefaleas, son difíciles de atribuir a una enfermedad concreta porque pueden obedecer a muchas causas distintas. Algunas enfermedades neurológicas como la esclerosis múltiple y la corea de Huntington sólo pueden ser identificadas con certeza tras varios años de observación clínica del paciente. Para afinar sus diagnósticos, los médicos y otros profesionales sanitarios mantienen reuniones con regularidad (llamadas sesiones clínicas) en las que se discuten los casos de difícil diagnóstico y solución. Con el aumento del uso de las pruebas de laboratorio en las exploraciones físicas de rutina que se realizan a personas aparentemente sanas, los médicos diagnostican cada vez con más frecuencia enfermedades que carecían de síntomas manifiestos para el paciente. Por ejemplo, la hipertensión se puede detectar en fases precoces antes de que produzca lesiones importantes en el corazón o en los vasos sanguíneos. Otro tipo de patología que se detecta en alrededor del 10% de todas las personas exploradas, y que por lo general no produce síntomas, es el prolapso de la válvula mitral, en el cual una válvula del corazón no funciona adecuadamente. En apariencia, la mayor parte de las personas con un prolapso de la válvula mitral están sanas, pero algunos presentan un riesgo elevado de enfermedad. El desarrollo y el aumento del empleo de pruebas cada vez más sensibles plantean la necesidad de hacer un uso más cuidadoso del término enfermedad.


Medicina Preventiva: ¿Qué es? ¿Cuáles son sus beneficios?

La medicina es la ciencia del diagnóstico y tratamiento de enfermedades u otros daños que puedan ocurrir sobre el cuerpo o la mente; y su objetivo principal es mantener la salud.

La medicina cuenta con dos ramas o divisiones:

  • Medicina Preventiva: Se define como el conjunto de acciones dirigidas a prevenir enfermedades

  • Medicina Curativa: Se refiere al conjunto de acciones médicas destinadas a tratar y curar enfermedades

Cualquiera puede mirar a su alrededor y notar que hay una gran cantidad de personas mayores a 70 años, en excelente estado de salud, hecho que no era tan común algún tiempo atrás. Esto se debe al interesante trabajo de difusión de la medicina preventiva, que se viene realizando desde algunos años; al respecto de sus buenos resultados, los médicos se apuran a aclarar, que no ha habido un incremento en la duración de la vida, sino que hubo un aumento considerable en la expectativa de vida.


Respecto a la difusión de la medicina preventiva:

  • Las acciones dirigidas a la vigilancia y control de la contaminación del agua, el aire y el suelo

  • Las acciones dirigidas al control de la contaminación de los alimentos

  • Las acciones dirigidas a la protección de la salud del individuo

El trabajo de difusión sobre el medioambiente, pretende que tanto el ambiente físico como social se modifique; y el fomento de la salud dirigido al individuo pretende educarlo, modificar sus conductas nocivas, y reducir el riesgo de enfermedades.

A su vez, la medicina preventiva presenta tres niveles:

  1. Prevención Primaria: Intenta disminuir la probabilidad de que ocurran enfermedades

  2. Prevención Secundaria: Actúa cuando la primaria no existió o fracasó

  3. Prevención Terciaria: Interviene cuando la enfermedad está establecida con el fin de retrasar su curso

¿Cuáles son los métodos de la medicina preventiva?

Entre los métodos más utilizados para prevenir la aparición de enfermedades encontramos:

Inmunizaciones Preventivas: A través de vacunación, suero, etc

Quimioprevención: Administración de antibióticos, aspirinas, productos biológicos, etc

Educación Sanitaria: Por medio de escuelas, centros clínicos, y medios de comunicación

Uno de los métodos más eficaces en la actualidad, es la Educación Sanitaria, debido a que las principales causas de enfermedad o muerte, por estos días, dependen del estilo de vida de un individuo y ellas son:

  • Dieta

  • Tabaquismo

  • Alcohol y drogas

  • Uso de automóviles y motos

Por todo esto, es de suma importancia la existencia y evolución de la Medicina Preventiva y de la Educación Sanitaria, a fin de evitar el surgimiento de enfermedades y accidentes, encontrar a tiempo un buen tratamiento para las afecciones, y sobre todo, concientizar a las personas y lograr un cambio de actitud, para que lo irreversible pueda ser reversible.

La salud física y la Biblia

Cuando hoy se hace referencia a la Biblia, muchas personas mal informadas la dejan a un lado de inmediato como si no mereciera su atención.

Rehúsan abrir sus mentes y admitir que hace miles de años decía lo que el hombre moderno ha aprendido recientemente o todavía le queda por aprender. Esto es cierto referente a los sucesos mundiales, el gobierno, la astronomía, el medio ambiente, la historia natural, la fisiología o la psicología.

Sucede lo mismo con las enfermedades.

LA BIBLIA es un libro de vida. Ningún otro texto o colección literaria tiene una aplicación tan amplia a tantos aspectos de la vida. La buena salud se relaciona con la vida, así que no debería sorprendernos que la Biblia contenga principios referidos precisamente a la salud.

Menciona varias enfermedades, como la lepra, las hemorroides, la hidropesía y las enfermedades estomacales. (Deuteronomio 24:8; 28:27; Lucas 14:2; 1 Timoteo 5:23.)

Si bien la Biblia no se escribió con el propósito principal de instruirnos sobre las enfermedades físicas, la información que proporciona es científicamente exacta y es útil repasarla.

El cuerpo humano era algo sorprendente para el salmista de la antigüedad, que escribió sobre él: “Porque tú [el Creador] produjiste mis riñones; me tuviste cubierto en resguardo en el vientre de mi madre. Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma. Mis huesos no estuvieron escondidos de ti cuando fui hecho en secreto, cuando fui tejido en las partes más bajas de la tierra. Tus ojos vieron hasta mi embrión, y en tu libro todas sus partes estaban escritas, respecto a los días en que fueron formadas y todavía no había una entre ellas”. (Salmo 139:13-16.)

Aunque el embrión está protegido en la oscuridad de la matriz, el Creador lo ve formarse y ve cómo crecen los huesos. Para él, “lo mismo daría que la oscuridad fuera luz” (versículo 12). Nada está escondido del Creador. En términos médicos, el embrión está protegido de la madre por la placenta, y por eso el organismo no lo rechaza como si se tratara de un cuerpo extraño. Sin embargo, este salmo no expresa un principio médico, sino espiritual, a saber, que el Creador lo ve todo, incluso en la oscuridad de la matriz.


‘Todas las partes de nuestro cuerpo están escritas’ en el código genético del cigoto fertilizado en el útero materno desde la concepción. Además, el momento en que se formará cada una de ellas según un orden prescrito viene determinado por los muchos relojes biológicos programados en los genes.

El salmista David no conocía todos los detalles científicos, pero el Hacedor, quien le inspiró la escritura de este salmo, sí los conocía, pues ha sido el Creador del hombre. Los críticos de la Biblia niegan la autoría de David, pero hasta ellos tienen que fechar la escritura de los salmos siglos antes de Cristo.

La Biblia enfatiza la prevención

Cuando se repasan las leyes que Dios dio a Moisés quince siglos antes de Cristo, se aprecia la importancia fundamental que la Ley confirió a la prevención en el cuidado de la salud.

Por ejemplo, Deuteronomio 23:13 dice: “Y debes tener disponible una estaca junto con tus útiles, y tiene que suceder que cuando te agaches fuera, entonces tienes que cavar un hoyo con ella y volverte y cubrir tu excremento”. Esta norma sobre cómo eliminar los desechos fecales era una medida preventiva muy avanzada que los protegía de enfermedades que pueden transmitirse mediante las moscas, como la salmonelosis, la shigelosis, fiebres tifoideas y muchos otros tipos de disenterías, que todavía se cobran miles de vidas en lugares donde no se toman estas medidas.


El capítulo 11 de Levítico hace patente que las enfermedades pueden transmitirse mediante insectos, roedores y, lo que es más importante, agua contaminada. Esto confirma indirectamente el principio de que los microorganismos son los causantes de las enfermedades, y demuestra que la Biblia se adelantó milenios a los descubrimientos de científicos como Leeuwenhoek (1683) o Pasteur (siglo XIX). Lo mismo podría decirse de la cuarentena, prescrita en el capítulo 13 de Levítico para los casos de lepra.

Las prohibiciones dietéticas que se registran en Levítico 11:13-20 incluyen a predadores, como, por ejemplo, las águilas, las águilas pescadoras, los búhos y las rapaces, como el cuervo y el buitre.

Estos animales están en el nivel superior de la cadena alimentaria, por lo que concentran gran cantidad de toxinas. Los animales que se encuentran en los niveles inferiores de esta cadena ingieren las toxinas en dosis insignificantes, mientras que los de los niveles superiores las acumulan en dosis concentradas. La ley mosaica permitía comer algunos animales vegetarianos que no pertenecían a una cadena alimentaria que concentrase toxinas.

Algunas carnes prohibidas albergaban parásitos enquistados, como los causantes de la triquinosis.

La prohibición bíblica del uso inadecuado de la sangre, contenida en varias partes de la ley mosaica, ahora, después de tres mil quinientos años, resulta tener un buen fundamento médico. (Génesis 9:4; Levítico 3:17; 7:26; 17:10-16; 19:26; Deuteronomio 12:16; 15:23.) Esta restricción se repite en las Escrituras Griegas Cristianas en Hechos 15:20, 29 y 21:25.

La medicina intenta reducir al mínimo o eliminar por completo el uso de sangre donada en la diálisis del riñón, las bombas pulmón-corazón y la cirugía general. Las muchas formas de hepatitis, el SIDA, la infección por citomegalovirus y miles de enfermedades transmitidas por la sangre constituyen advertencias siniestras para los sabios mundanos que rechazan las normas divinas.

El ejercicio es vital para la buena salud, y la Biblia reconoce sus beneficios.

La práctica de veinte minutos de ejercicio activo por lo menos tres veces a la semana puede reducir el riesgo de enfermedades cardiacas y circulatorias. Incrementa la forma protectora HDL del colesterol, mejora el nivel energético y aumenta la flexibilidad y la sensación de bienestar. Aunque la Biblia reconoce el valor del ejercicio, lo coloca en un lugar secundario con respecto a algo más importante, el cultivo de la espiritualidad: “Porque el entrenamiento corporal es provechoso para poco; pero la devoción piadosa es provechosa para todas las cosas, puesto que encierra promesa de la vida de ahora y de la que ha de venir”. (1 Timoteo 4:8.)

Las leyes morales de la Biblia son una protección básica contra las enfermedades de transmisión sexual, que sin duda ya existían entonces, aunque no se habían identificado o quizás los científicos ni siquiera sospecharon de su existencia durante siglos. (Éxodo 20:14; Romanos 1:26, 27; 1 Corintios 6:9, 18; Gálatas 5:19.)


Reconocida durante muchos siglos

Hipócrates fue un médico griego que vivió en los siglos V y IV antes de Cristo al que se ha llegado a conocer como el “padre de la medicina”, pero unos mil años antes Moisés escribió gran parte de lo que la Biblia dice sobre las enfermedades. Sin embargo, es significativo que una carta de un médico publicada en la revista The AMA News decía: “Los mejores investigadores médicos que se ocupan ahora de los trabajos más interesantes llegan a la conclusión de que la Biblia es un libro científico muy exacto. [...] Los hechos biológicos, el diagnóstico, el tratamiento y la medicina preventiva según se presentan en la Biblia son mucho más avanzados y confiables que las teorías de Hipócrates, muchas de las cuales todavía no se han probado y algunas son claramente inexactas”.

El doctor A. Rendle Short destaca en su libro The Bible and Modern Medicine (La Biblia y la medicina moderna) que las leyes sanitarias de los pueblos vecinos de Israel eran muy elementales, si es que acaso existían, y a continuación añade: “Lo más sorprendente es que en un libro como la Biblia, que no se tiene por científico, aparezca un código sanitario, y es igualmente sorprendente que una nación que acababa de salir de la esclavitud, a la que sus enemigos habían atacado repetidamente y que había ido al cautiverio más de una vez, tuviera un código sanitario en su conjunto de leyes tan sabias y razonables”.

Problemas psicosomáticos

La Biblia ha resultado estar adelantada a su tiempo en cuestiones médicas al reconocer la importancia del componente psicosomático de algunas enfermedades mucho antes de que esta idea se aceptase normalmente en la medicina. Además, la explicación bíblica del papel de la mente en la manifestación de las enfermedades físicas sigue siendo un modelo de entendimiento claro. Proverbios 17:22 afirma: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos”. Aquí no se emite ningún juicio crítico, solo se constata un hecho. No se aconseja a la persona afligida que se anime, como si eso fuera tan simple.

Una actitud positiva puede ayudar; la preocupación es algo negativo y perjudicial. “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija.” (Proverbios 12:25.) Merece la pena meditar sobre Proverbios capítulo 18, versículo 14: “El espíritu de un hombre puede soportar su dolencia; pero en cuanto al espíritu herido, ¿quién puede aguantarlo?”. El texto sugiere que la capacidad de una persona para aguantar un cierto grado de enfermedad física podría incrementarse si buscase el apoyo de su fuerza espiritual.

El psiquiatra James T. Fisher declaró lo siguiente sobre el valor psicológico del Sermón del Monte de Jesús: “Si hubiera que hacer un resumen completo de todos los artículos de peso escritos por los psicólogos y psiquiatras más cualificados en el tema de la higiene mental -si se combinaran y refinaran y se eliminara el exceso de palabrería-; si se cogiera lo esencial y dejáramos a un lado la paja, y si tomáramos todas estas joyas del conocimiento científico puro para que el más hábil de los poetas las expresara de forma concisa, tendríamos una versión pobre e incompleta del Sermón del Monte. Y perdería muchísimo en la comparación”. (A Few Buttons Missing, página 273.)


Los sentimientos psicosomáticos pueden influir en nuestro estado físico, pero esto en sí mismo no significa que no haya una enfermedad física real. Por lo tanto, es importante que se intente atender las necesidades físicas y como mínimo reconocer la enfermedad, mientras que al mismo tiempo se fomenta una actitud mental y espiritual positiva, que ayudará a la persona a aguantar. Esto cobra una importancia especial cuando quizás no haya disponible un tratamiento definitivo para la enfermedad en este sistema de cosas.

Resumen de los Principios Bíblicos - Para la Buena Salud

Come a intervalos regulares y evita comer entre comidas. "Comen a su hora." Eclesiastés 10:17

Come para vivir y no vivas para comer. "Y pon cuchillo a tu garganta, si eres dado a la gula." Proverbios 23:2

Descansa de acuerdo con el plan de Dios. "Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo es sábado para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna." Éxodo 20:9,10.

"Venid vosotros mismos aparte … y descansad un poco." Marcos 6:31

"Por demás es que os levantéis de madrugada, y que retraséis el descanso, y que comáis pan de fatigas; pues que a sus amados lo da Dios mientras duermen." Salmo 127:2

Manten tu cuerpo limpio. "Limpiémonos de toda contaminación de carne." 2 Corintios 7:1

Ten control sobre tí mismo. "Todo aquel que lucha, en todo ejercita el dominio propio." 1 Corintios 9:25

"Vuestra mesura sea conocida de todos los hombres." Filipenses 4:5

Manten una sonrisa en tu rostro. "El corazón alegre constituye un buen remedio." Proverbios 17:22

Confia en Dios y obedecele. "Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones … porque son vida para los que las hallan, y medicina para todo su cuerpo." Proverbios 4:20-22

Da la gloria a Dios en todo lo que hagas. "Así pues, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios." 1 Corintios 10:31

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