Predicaciones y Predicaciones Cristianas

Predicaciones

Predica el evangelio en todo momento, y cuando sea necesario, utiliza las palabras. -San Francisco de Asís

Esta palabra se deriva del griego “«kerygma»”. Se usa en el NT de «un anuncio», o «un dar a conocer», sin conllevar necesariamente la idea de una predicación formal como se entiende la palabra en la actualidad. Cuando la Iglesia en Jerusalén padeció persecución, todos se dispersaron, excepto los apóstoles, y fueron por todas partes «anunciando el evangelio» (Hch. 8:1-4).

Observemos algunos comentarios de diversos autores y eruditos en este tema.

A. Predicación. Es la comunicación de la verdad divina.

B. Predicación. Es el gran medio de seleccionado para difundir las buenas nuevas de salvación en Cristo.

C. Predicación. Es un evento vivo donde Dios confronta con el ser humano con su acto de reconciliación en Cristo. De allí que el Predicador se ha de entender a sí mismo como embajador, a través de quién Dios ruega a mundo para reconciliarse con Él. (2 Corintios 5:18-20).

¿Qué es Predicar el Evangelio?

¿Qué es Predicar el Evangelio? Esta es la pregunta que debe hacerse todo aquel que ha sido llamado a esta noble tarea y que anhela ardientemente en su corazón exponer el mensaje de la Palabra de Dios.

A través de la toda la historia después de Cristo, ha habido un gran ejercito de hombres de Dios que han desarrollado esta labor, y podría mencionar nombres de de algunos de ellos que hasta el dia de hoy son considerados como los grandes predicadores del evangelio. Pero hay un hombre por quien personalmente siento una gran admiración y respeto. Este hombre fue uno de los más malvados en los días de la naciente iglesia cristiana, pero cuando Dios lo llamó y lo escogió para su ministerio, fue transformado en el hombre que revolucionó en la segunda parte del primer siglo después de Cristo.

Sí, Estoy hablando del Apóstol San Pablo. Este hombre después de su conversión y de haber tenido un encuentro tan singular con Cristo y luego haber sido lleno del Espíritu Santo, comienza su ministerio, un ministerio tan singular. Y dado a que en el tiempo del Apóstol San Pablo, habían problemas sociales, económicos y políticos al igual que en nuestros días, como también habían tantos tipos de creencias y religiones al igual que en nuestro tiempo, eso no hizo que la predicación del Apóstol variara de acuerdo a las circunstancias.

Mi amigo lector, debemos tener muy en claro esto, que cada vez que realices esta labor, hazlo sabiendo que el centro de Tu mensaje siempre, y te lo digo una vez más, SIEMPRE:

  1. Debe ser Un Mensaje que Exalte el nombre de Cristo.

  2. Debe ser un Mensaje que conduzca a la gente a la Adoración a Cristo.

  3. Debe ser un Mensaje donde nosotros no seamos los más importantes, sino Sólo Cristo.

  4. Debe ser un Mensaje donde los pecadores sean conducidos a La Cruz de Cristo.

  5. Debe ser un Mensaje que exponga fielmente el Mensaje de Jesucristo.

En algunas ocasiones es probable que seamos tentados a seguir la corriente de nuestros días y en la cual han sucumbido muchos y es en predicarle a la gente una serie de teorías humanas, y dejando a un lado el Mensaje del Nuevo Testamento, y es “Jesucristo”.

Predicaciones Cristianas

Sermón sobre el Infierno

"El infierno es el infierno", dicen los santos. ¿Por qué los condenados no se convertirán? Porque ya no tendrán tiempo. ¡Oh, momento a partir del cual ya no habrá tiempo!...la eternidad (San Agustín). Será el eterno presente. El siempre siempre, jamás jamás...He aquí lo que aplastará al condenado. Es un castigo tal que ni podemos imaginarlo" Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

"Donde el gusano no muere y el fuego no se apaga" -Marcos, 9, 44-46, 48

Introducción: -¡Es una materia tremenda! Temo hablar de aquello, ¡Dios mío, guíame! Es un tema impopular. Existe un gran movimiento en este siglo contra el Infierno.- "Irreconciliable con la misericordia de Dios." ¿Cómo se atreven los hombres a hablar así? El punto es: ¿ se nos reveló a nosotros? No hay nada en el mundo que entendamos. "En todo caso, ¿no es el evangelio del Amor." Pero las palabras de nuestro Señor son claras - (texto) Lo repite tres veces. - "Nuestro Señor fue tan tierno." Entonces lo terrible es que Él que es todo Amor, que llora "vengan todos a mí", que sufrió tanto, diga precisamente esas terribles palabras. Dice nuevamente: "mejor hubiera sido para ese hombre no haber nacido."

Una vez más está la Rebelión contra la idea de que las personas que nunca han tenido la oportunidad deben ser condenadas, pero no lo están. Sabemos que Dios quiere que todos los hombres se salven. Todos los hombres tienen la oportunidad de escapar - Sólo irán aquellos que persisten en rechazar - quienes usan del libre albedrío contra Dios - quienes lo rechazan continuamente.

I. ¿Qué es el Infierno?

Nuestro Señor habló de Fuego: no es, desde luego, exactamente un fuego material.

(a) La ausencia de Dios. - El único lugar donde Dios no está ( nota del Padre C.C. Martindale: Dios está presente en el Infierno por su ubiquidad [ubiquity]). El lugar donde los hombres que han cerrado su corazón a Dios, encuentran su hogar. Esto es posible, lo sabemos. "No apaguen el espíritu" (1 Tel. 5, 19). "Mirad que estoy en la puerta y golpeo" ( Ap. 3,20) - Lo que es la agonía - En este mundo un hombre perverso vive en la Presencia de Dios - Dios está a su alrededor - El amor de Dios lo envuelve con un manto. Todas las cosas agradables de la tierra - el amor del hogar - la naturaleza - todo contiene a Dios: en el Infierno todas estas cosas están ausentes - todo es oscuridad - desesperación. La vida del cuerpo es un don de Dios - en el Infierno, es muerte en vida.

(b) Los compañeros.- En la tierra hasta el más impío y el más miserable tiene un amigo. La falta de amigos es casi uno de los más terribles dolores. En la prisión muchos hombres solitarios han sido salvados de su locura por una criatura - un ratón, una araña. La naturaleza humana clama por el compañerismo - En el Infierno hay algo, algo peor que la soledad - cada falta encuentra su hogar ahí. Miren los rostros de la lujuria, de la desesperación, de la pasión desenfrenada. En el Infierno no hay ningún rayo de bondad o amor - todo está negro con el pecado.

(c) El remordimiento.- El alma en el Infierno ha visto la gloria de Dios. En el Juicio ella ha visto el espíritu de los Santos - el Rostro del Señor - y ahora sabe lo que ha perdido; y lo peor de todo, uno sabe que es enteramente por culpa de ella. En la tierra nos consolamos a nosotros mismos - "Bueno, no fue mi culpa - Yo estaba extraviado - la tentación fue más fuerte." En el Infierno el alma observa que ella tuvo su oportunidad - que ella pudo ser conquistada, y que Dios le otorgó las gracias suficientes para ganar, y que por su propia falta ella está en el Infierno - "Allá seré el llanto y el rechinar de dientes" (Mt. 8, 12,etc)

(d) La ausencia de esperanza.- En la tierra siempre miramos el futuro con esperanza. Hay una tenue luz que brilla - algún día yo seré feliz. Al menos podemos esperar morir - hay una oportunidad de que será mejor - el suicida espera eso. Pero en el Infierno no hay esperanza. ( En el Infierno. n.tr) No hay siquiera ganas de morir - Solamente hay eternidad y un interminable abismo - Y al final de los siglos ni estará más cerca del final que del primer momento.

II. Escuchen el lamento de las almas en pena.

"Nosotros alguna vez fuimos hombres y mujeres como ustedes - vivíamos en el mundo de Dios. Reíamos y llorábamos como ustedes - pecábamos y hacíamos nuevos propósitos como ustedes. Teníamos amigos - padres, hogares. Vimos el amanecer y la nieve - el maravilloso mundo hecho por Dios. Alguna vez fuimos cristianos como ustedes - fuimos bautizados, confirmados, comunicados - escuchamos sermones, dijimos nuestras oraciones - Pero - estamos aquí.

Tengan cuidado, tengan cuidado, para que vosotros no vengáis a este lugar de tormento."

EL PECADO MORTAL, SUS CONSECUENCIAS Y REMEDIOS

Para salvarnos, debemos rechazar con valentía el pecado y remover los obstáculos que acumulan a nuestro paso los enemigos de nuestra alma; vivir en la gracia santificante, cumplir los divinos mandamientos y rezar cada día.

Después del pecado original, para conseguir la salvación eterna, tenemos que luchar enérgicamente contra el pecado – que es el enemigo número uno y, en cierto sentido, el único que tenemos enfrente. Tenemos que luchar también contra el mundo, demonio y carne, que no cesan de acumular obstáculos en nuestro camino como amigos y aliados del pecado. Si el mundo, es decir, los hombres que viven sin tener cuenta de la Ley de Dios, el demonio y la carne son tan peligrosos y temibles, es únicamente porque vienen del pecado y conducen a él.

Nunca nos pondremos suficientemente en guardia contra este mortal enemigo de nuestra alma, por que por un solo pecado mortal, podemos perdernos eternamente. Tener un pecado mortal es mil veces peor que tener el SIDA, cáncer y lepra juntos.

Examinemos un poco lo que es el pecado mortal, cual es su malicia, cuáles son los daños que nos hace, qué armas y remedios tenemos para luchar y triunfar de él.

¿Qué es el pecado mortal?

El pecado mortal es una trasgresión voluntaria de la Ley de Dios en materia grave. Es una rebeldía contra Dios.

Dios tiene su Ley. En su infinita sabiduría ha sabido resumirla en los diez mandamientos. La Iglesia, con Divina autoridad ha añadido algunos otros, con el fin de hacernos cumplir con mayor facilidad y perfección los divinos preceptos.

Cuando el hombre, dándose perfecta cuenta de que lo que va hacer está gravemente prohibido por la ley de Dios o de la Iglesia, quiere hacerlo a pesar de todo, comete un pecado mortal que pone completamente de espaldas a Dios y le vincula a las cosas creadas, en las que coloca su último fin renunciando a la salvación eterna.

Para que un pecado sea mortal hay tres condiciones:

  1. Advertencia perfecta por parte del entendimiento,

  2. Consentimiento perfecto, o plena aceptación por parte de la voluntad.

  3. Materia grave prohibida por Dios.

Los efectos inmediatos del pecado son:

  1. Aversión a Dios del que se separa voluntariamente al despreciar sus mandamientos, y es lo que constituye lo formal o el alma del pecado;

  2. Conversión a las cosas creadas mediante su goce ilícito, que constituye lo material o el cuerpo del pecado.

  3. He aquí unos ejemplos de pecado mortal que conducen al infierno. San Pablo nos advierte: “Fornicación y cualquiera impureza o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a santos, ni torpeza, ni vana palabra, ni bufonerías…Porque tened bien entendido que ningún fornicario, impuro avaro que es lo mismo que idólatra tiene parte en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas descarga la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. No os hagáis pues copartícipes de ellos” (Efesios 5, 3-7). Lo que dicen o hacen los pecadores no vale nada. NO debemos participar de sus locuras o aprobarlas.

Dios mismo nos advierte hablando de pecado graves: “NO os hagáis ilusiones. Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los maldicientes, in los que viven de rapiña, heredaran el reino de Dios”. (I Corintios. 6,9-11).

La malicia del pecado mortal

Ninguna inteligencia creada o creable podrá jamás darse cuenta perfecta del espantoso desorden que encierra el pecado mortal. Rechazar a Dios a sabiendas y escoger en su lugar a una vilísima criatura en la que se coloca la suprema felicidad y último fin envuelve un desorden tan monstruos e incomprensible, que sólo la locura y atolondramiento del pecador puede alguna manera explicarlo. El ejemplo de la pobre pastorcita de la que el rey se prendo y la desposó consigo, haciendo la reina, y que de pronto abandona el palacio real y se marcha en plan de adulterio con un miserable seductor, no ofrece sino un pálido reflejo de la increíble monstruosidad del pecado.

El mismo Dios, infinitamente bueno y misericordioso, que tiene entrañas de padre para todas su criaturas y que nos ha dicho en la sagrada Escritura (Ezequiel 33,11), sabemos que por un solo que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, sabemos que por un solo pecado mortal:

  1. Convirtió a millones de ángeles en horribles demonios para toda la eternidad.

  2. Arrojó a nuestros primeros padres del paraíso terrenal, condenándoles a ellos y a todos sus descendientes al dolor y ala muerte corporal y ala posibilidad de condenarse eternamente aun después de la redención realizada por Cristo.

  3. Exigió la muerte en la cruz de su Hijo muy amado, en el cual tiene puestas todas sus complacencias para redimir al hombre culpable (San Mateo 17,5).

  4. Mantendrá por toda la eternidad los terribles tormentos del infierno en castigo del pecador obstinado.

  5. Todo esto son datos de fe católica: es hereje quien los niegue. ¿Qué otra cosa podrá darnos una idea de la espantosa gravedad del pecado mortal cometido de una manera perfectamente voluntaria y a sabiendas?

¿Corres hacia tu perdición eterna? - Los efectos del Pecado mortal

No hay catástrofe ni calamidad pública o privada que pueda comparase con la ruina que ocasiona en el alma un solo pecado mortal.

Sabido es que, según la doctrina católica – que no puede ser mas lógica y razonable para cualquiera que, teniendo fe, tenga además sentido común -, el bien sobrenatural de un solo individuo está por encima y vale infinitamente más que el bien natural de la creación universal entera, ya que pertenece a un orden ínfinitamente superior: el de la gracia y la gloria.

Así como sería una locura que un hombre se entregase a la muerte para salvar la vida a todas las hormigas del mundo – vale más un solo hombre sacrificase su bien eterno, sobrenatural, por salvar el bien temporal y meramente humano de la humanidad entera: no hay proporción alguna entre uno y otro.

El hombre tiene obligación de conservar su vida sobrenatural, de vivir en la gracia a toda costa, aunque se hunda el mundo entero.

He aquí los principales efectos que causa el alma un solo pecado mortal voluntariamente cometido:

  1. Pérdida de la gracia santificante que hacía el alma pura, santa e hija adoptiva de Dios heredera de la Vida eterna. Sin la gracia santificante nadie puede salvarse.

  2. Pérdida de las virtudes infusas (caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y de los dones del Espíritu Santo, que constituyen un tesoro divino, infinitamente superior a todas las riquezas materiales de la creación entera.

  3. Pérdida de la presencia amorosa de la Santísima Trinidad en el alma, que se convierte en morada y templo de Satanás.

  4. Pérdida de todos los méritos adquiridos (mediante las buenas obras) en toda su vida pasada, por larga y santa que fuera.

  5. Feísima mancha en el alma, que la deja tenebrosa y horrible a los ojos de Dios. “El pecado, dice San Juan Crisóstomo, deja el alma tan leprosa y manchada que mil fuentes de agua no son capaces de lavarla”.

  6. Esclavitud de Satanás. El que está en el pecado mortal es esclavo de Satanás “que es príncipe de los pecadores”, dice San Agustín.

  7. Aumento de las malas inclinaciones. El pecador esta debilitado y no puede fácilmente resistir contra el mal, le cuesta mucho trabajo hacer el bien.

  8. Remordimiento e inquietud de conciencia, el que está en pecado mortal no tiene tranquilidad y paz en su alma ni en su familia, ni en su trabajo.

  9. Reato, es decir merecimiento de pena eterna. El pecado mortal es el infierno en potencia, es decir, el que está en pecado mortal puede en cualquier momento caer en el infierno para siempre.

Como se ve, el pecado mortal es como un derrumbamiento instantáneo de nuestra vida sobrenatural, un verdadero suicidio del alma a la vida de la gracia Y pensar que tantos y tantos pecadores lo cometen con increíble facilidad y ligereza , no para evitarle al mundo una catástrofe lo que sería ya gran locura-, sino por un instante de placer bestial, por unos miserables pesos que tendrán que dejar en este mundo, por un odio y rencor al que no quiere renunciar y otras mil bagatelas y niñerías por el estilo!

Realmente tenía razón San Alfonso de Ligorio cuando decía que el mundo le parecía un inmenso manicomio en el que los pobres pecadores habían perdido por completo el juicio. Y, con razón también, la piadosísima reina Blanca de Castilla le decía a su hijo San Luis, futuro rey de Francia: “Hijo mío, preferiría verte muerto que cometer un solo pecado mortal.” Es impresionante la descripción que hace Santa Teresa del estado en que queda un alma que acaba de cometer un pecado mortal”. (A ella se lo hizo ver Nuestro Señor de una manera milagrosa); “no sería posible a ninguno pecar, aunque se pusiesen a mayores trabajos que se que se pueden pensar por huir de las ocasiones”, (Moradas primeras, c.2).

¿Cómo podemos evitar el pecado mortal?

El que quiere asegurar la salvación eterna de su alma, nada tiene que procurar con tanto empeño como evitar a toda costa la catástrofe del pecado mortal.

Sería gran temeridad e increíble ligereza seguir pecado tranquilamente confiando en realizar más tarde la conversión y vuelta definitiva a Dios. En gran peligro se podría ese pecador de frustrar esa esperanza tan vana e inmoral. La muerte puede sorprenderle en el momento menos pensado, y se expone, además, a que la justicia de Dios determine substraerle, en castigo de tan manifiesto abuso, la gracia eficaz del arrepentimiento, sin la cual le será absolutamente imposible salir de su horrible situación. Si diera cuenta el pecador del espantoso peligro a que se expone, no podría conciliar el sueño una sola noche a menos de haber perdido por completo el juicio.

He aquí, indicados nada más, algunos de los medios más eficaces para salir del pecado mortal y no volver jamás a él:

  • Reflexionar todos los días un ratito sobre los grandes intereses de nuestra alma y de nuestra eterna salvación. La lectura diaria meditada de la vida de los santos ayuda mucho. (Hay unos libros fundamentales: Revelaciones de Santa Brígida; S. Francisco de Sales; Introducción a la Vida devota; S. Alfonso de Ligorio, reparación para la muerte; El gran medio de la Oración).

  • Oración de súplica pidiéndole a Dios que nos tenga de de su mano y no permita que nos extraviemos. El Padrenuestro bien rezado y vivido, ayuda mucho.

  • Huida de las ocasiones. El pecador está pedido sin eso. No hay propósito tan firme ni voluntad tan inquebrantable que no sucumba. Con facilidad ante una ocasión seductora. Es preciso renunciar si contemplaciones a los espectáculos inmorales (se comete, además, pecado de escándalo y cooperación al mal, contribuyendo con nuestro dinero a mantenerlos amistades frívolas y mundanas, conversaciones torpes, revistas o fotografías obscenas, películas, Internet, la caja de todos los vicios etc. Imposible mantenerse en pie si no se renuncia a todo eso. La felicidad inenarrable que nos espera eternamente en el cielo bien vale la pena de renunciar a esas cosas que tanto nos seducen ahora, sobre todo teniendo en cuenta que por un goce momentáneo nos llevarían a la eterna ruina.

  • Devoción entrañable a María, nuestra dulcísima Madre, abogada y refugio de pecadores. Lo ideal sería rezarle todos los días el Santo Rosario, que es la primera y más excelente de las devociones marianas y grandísima señal de predestinación para que lo rece devotamente todos los días; pero, al menos, no olvidemos nunca las tres avemarías al levantarnos, acostarnos y a experimentar la tentación, para que nos alcance la victoria.

  • Hacer regularmente los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Hay una muerte, un juicio, una eternidad feliz o infeliz. Con el pecado no se discute. Tenemos que salvarnos cueste lo que cueste.

El poder de la oración

Lucas 11:1-13

Hoy en día muchos, en lo que a espiritualidad se refiere, están vacíos y faltos de poder, insípidos y desprovistos del verdadero gozo que Dios ha provisto.

Romanos 15:13 nos dice: "Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo".

La iglesia primitiva estaba llena del Espíritu Santo, llena del poder de Dios; entonces, ¿Por qué nosotros no podemos desear y tener esa misma llenura? ¿Acaso ya no creemos que Dios actúe con el mismo poder saturador, con el cual actuaba en los primeros creyentes?

La clave que tenemos que descubrir es el poder de la oración, eso nos permitirá ser llenos del Espíritu Santo (Lucas 11:13). Naturalmente que esta acción se complementa con la obediencia (1 Juan 3:22, 23; Hechos 5:32).

Ahora bien, hay que considerar que demasiados tratan de obedecer los mandamientos con sus propias fuerzas, pero nunca lo logran porque se dejan vencer fácilmente. Se lucha desesperadamente para no caer en el mismo pecado, pero resulta un esfuerzo inútil, pues se sigue fracasando.

La alternativa es la oración. 1 Pedro 5:7 dice: "Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros". En los siguientes versículos (8,9) nos dice que tenemos que ser sobrios y vigilantes. La clave que él menciona es "velad", es decir, estar siempre alertas, constantes y fervientes en la oración. Fíjense en las promesas de Dios cuando oramos de todo corazón (2 Crónicas 7:14).

Por otra parte, se supone que los cristianos siempre tenemos una línea telefónica abierta con Dios, una línea que nunca es interrumpida. Pero la pregunta que surge es, ¿Por qué entonces muchos no oran? ¿Acaso consideran un ejercicio inútil porque no reciben respuestas? Lo más seguro es que no estamos siendo sinceros con Dios. El salmista nos aconseja (62:8): "Derramad delante de él vuestro corazón". Vemos que debe existir un matiz de sinceridad. Isaías 29:13 complementa este pensamiento al decir que Dios está cansado de que nos acerquemos a él sólo con palabras, cuando en verdad nuestro corazón está lejos de él.

Muchos creen que Dios sólo actúa en emergencias, pero Dios no puede ser manipulado por el hombre. Él sabe que si sólo da y la persona sólo recibe, jamás existirá una relación íntima y significativa. Él desea nuestra entrega absoluta, de corazón sincero y llenos del Espíritu Santo.

Miren lo que dice Santiago 4:3. A veces oramos mal, pidiendo lo que no nos hace falta; más bien, debemos buscar la voluntad de Dios y él contestará conforme a nuestra necesidad. Una clave más para asegurarnos de recibir lo que pedimos está en Lucas 18:7,8. Es la insistencia, la perseverancia hasta que él actúe. Entonces si él no nos contesta pronto, evaluemos nuestra vida para saber si realmente estamos andando bien con el Señor y si estamos pidiendo lo correcto.

Además, la oración nunca sirve únicamente para pedir algo a Dios, debemos enfocar también la adoración, las acciones de gracias, el perdón de nuestros pecados y muchas otras cosas más.

De ahí que el apóstol San Pablo nos da un desafío en 1 Tesalonicenses 5:7, al decir: "Orad sin cesar". En Romanos 12:12 también dice: "Constantes en la oración".

Por otro lado en Hebreos 4:16 leemos: "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro".

Tengamos siempre en mente a los grandes hombres de Dios, que fueron grandes por el poder de la oración, como es el caso de Daniel, David y San Pablo.

Muchas veces hablamos de conceptos, necesidades y responsabilidades, pero muy pocas veces de cómo llevarlo a cabo, cómo ponerlo en práctica. Decimos que es importante orar, porque la oración es algo vital, es lo prioritario, pero lo cierto es que no sabemos cómo desarrollar este precioso ministerio.

Recuerdo que un hermano testificó diciendo que fue a su lugar secreto de oración y que oró por todas las cosas que pudo recordar, estuvo en oración hasta que sintió que había estado orando como una hora, entonces se levantó y al mirar el reloj, descubrió que solamente había pasado diez minutos.

Quizá es el caso de muchos, ¿Saben qué descubrí con eso? Muy contados cristianos pueden estar una hora completa en oración, sin interrupción, allí en la presencia de Dios.

Hermanos, si nosotros no estamos orando, no podemos profesar amar a Dios, porque amar demanda dedicación de tiempo. Amar envuelve la expresión de afectos y alabanzas a Dios, permitiendo que él consuma nuestro tiempo. Quizá tomará algún tiempo desarrollar una verdadera relación de amor con Dios, pero puede ser una meta, porque hay que entender que ninguna cantidad de servicio puede tomar el lugar de oración.

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