Pene, ¿Qué es el Pene? Definición, Función, Significado

El pene (del latín penis) o falo es el órgano sexual masculino, que interviene, además, en la excreción urinaria.

¿Qué es el Pene?

El pene está situado en la parte baja del pubis, anclado al periné. Tiene dos partes diferenciadas; los cuerpos cavernosos y el glande encargados de la erección y la uretra peneana por donde discurre en su trayecto final la orina y el semen. La uretra está protegida por el cuerpo esponjoso. La piel que recubre al pene se llama prepucio, y nunca contiene pelos.

El pene en erección es el órgano de la cópula. La erección se consigue mediante el llenado de sangre de los cuerpos cavernosos y el glande condicionando la rigidez y tumescencia característica de la erección.

El Pene y su Función

Desde el punto de vista biológico, un hombre es aquel ser humano que, producto de la fertilización del óvulo por parte de la célula espermatozoide, porta los cromosomas XY. Así, en el aspecto anatómico, el hombre contará con un sistema reproductivo constituido por los siguientes órganos sexuales: pene, testículos, vaso deferente y próstata. La función de estos órganos es producir semen portador de esperma que pueda unirse al óvulo de una mujer en la fertilización. En forma específica, los testículos son los encargados tanto de la secreción de hormonas (fundamentalmente andrógenos) y de la producción de los espermatozoides o gametos masculinos. Los vasos deferentes y el epipídimo son conductos a lo largo de los cuales estos espermatozoides maduran; en la próstata se secretan sustancias que completan la formación del semen. Finalmente, el pene es el órgano encargado de la copulación para permitir a los espermatozoides maduros cumplir con la fertilización.

SOBRE LA MASTURBACIÓN

Debido a que tantos están saliendo de pecado mortal y están convenciéndose a sí mismos que ciertas cosas no son pecado, debemos predicar en contra de esos pecados con alguna especificidad, no sea que las personas perezcan en su ignorancia.

La masturbación es definitivamente un pecado mortal. Existen aproximadamente tres lugares en donde San Pablo da una lista de algunos de los principales pecados mortales que excluyen a las personas del Cielo. Estas listas no comprenden todos los pecados mortales, claro está, pero algunos de los principales. Bien, siempre confunde a muchas personas a lo que exactamente se refiere en los siguientes pasajes con el pecado de “impureza” y “afeminación”. San Pablo dice que estos pecados excluyen a las personas del Cielo. ¿Se refiere “afeminación” el actuar como homosexual? ¿A qué se refiere “impureza”?

Gálatas 5:19-21- “Bien manifiestas son las obras de la carne, las cuales son adulterio, fornicación, deshonestidad, lujuria, culto de ídolos, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, enojos, riñas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, embriagueces, glotonerías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya tengo dicho, que los que tales cosas hacen, no alcanzarán el reino de Dios.”

1 Corínteos 6:9-11- “¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No queráis cegaros, hermanos míos: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avarientos, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los que viven de rapiña, han de poseer el reino de Dios. Tales habéis sido algunos de vosotros en otro tiempo, pero fuisteis lavados, fuisteis santificados, fuisteis justificados en el hombre de Nuestro Señor Jesucristo, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

Efesios 5:5-8- “Porque tened esto bien entendido, que ningún fornicador, o impúdico, o avariento, lo cual viene a ser una idolatría, será heredero del reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas,; pues por tales cosas descargó la ira de Dios sobre los incrédulos. No queráis por lo tanto tener parte con ellos. Porque vedad es que en otro tiempo no erais sino tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor. Y así proceded como hijos de la luz:”

Santo Tomás de Aquino identifica la masturbación como la “impureza” y “afeminación” bíblicos.

Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, Pt. II-II, Q. 154, A. 11: “Yo respondo que, tal como se declaró arriba (A6,9) cuando quiera que ocurre una clase especial de deformidad por medio del cual se vuelve impropio el acto venéreo, existe una especie determinada de lujuria. Esto puede ocurrir de dos maneras: Primero, a través de ser contrario a la razón correcta y esto es común en todos los vicios lujuriosos; segundo, porque, además, es contrario al orden natural del acto venéreo como propio a la raza humana: y esto se llama “el vicio no natural”. Esto puede suceder de varias maneras. Primero, procurando contaminación, sin ninguna cópula, por el bien del placer venéreo: esto pertenece al pecado de “impureza” que algunos llaman “afeminación.” Segundo, por copulación con una cosa de especie indebida y esto se llama “bestialidad”. Tercero, por copulación con un sexo indebido, hombre con hombre o mujer con mujer, como lo declara el Apóstol (Romanos 1:27): y esto se llama el “vicio de la sodomía.” Cuarto, al no observar la manera natural de copulación, ya sea por medios indebidos o por otras maneras monstruosas y bestiales de copulación.”

Así, no solo es la masturbación un pecado mortal, sino que es un pecado mortal que está identificado en tres lugares en las Escrituras como uno que excluye del Reino de Dios. También está clasificado por Santo Tomás como uno de los pecados en contra de la naturaleza, porque corrompe el orden intencionado por Dios. Es probablemente por eso que es llamado “afeminación”. A pesar que no es lo mismo que la abominación de Sodomía, es desordenado y no natural. Creemos que este pecado – ya que es contrario a la naturaleza y está clasificado como “afeminación” y “el vicio no natural” – es la causa que algunas personas se entreguen a lujurias no naturales (homosexualidad).

Por lo tanto, las personas que cometen este pecado necesitan cesar el mal inmediatamente y, cuando estén preparados, hacer una buena confesión. Si las personas realmente están luchando en esta área, entonces no están cerca del nivel espiritual en el que necesitan estar. La gracia de Dios está allí para ellas; pero necesitan rezar más, rezar mejor, evitar la ocasión de pecado (siendo los malos medios de comunicación una de ellas) y ejercer su voluntad. Necesitan rezar consistentemente el Rosario de las 15 décadas (es decir, diariamente). Necesitan poner más esfuerzo espiritualmente y entonces no debe de haber problema alguno.

10 PASOS PARA NO MASTURBARSE

1-Debes pedir al Señor perdón por tu pecado de Lujuria, con todo tu corazón, deseando un cambio en tu vida.

2-Pensar en el Infierno. Pero recuerda has dado el primer paso y Jesús te perdono. Lucas 12:5: "Os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno. Sí, os digo, a éste temed."

3- Evita estar solo/inactivo, comienza a desarrollar actividades que distraigan tu mente, por ejemplo, Música honorable, lectura, Etc. Esto te ayudar a que tu mente este pasiva.

4-Mantén una disciplina de oración y lectura de La palabra de Dios y la vida de los santos, eso nos va a fortalecer cuando venga la tentación.

5-Evita ver televisión o películas con contenido sexual/erótico (ver :http://www.santos-catolicos.com/espiritual/#Medios-de-comunicacion-mortalmente-pecaminosos).

6-Involúcrate en actividades como: Ayunos, Vigilias, etc.

7-Rompe o quema todo tipo de Material con contenido sexual/erótico (mal, impíos, etc) que tengas almacenado en tu casa.

8-Evita Navegar sitios peligrosos. Utilice también un programa de bloqueo de anuncios, como Adblock plus.

9-Avoid bad friends.

10-Si prometiste no Masturbarte y vuelves a caer….NO TEDES POR VENCIDO Y VUELVE A COMENZAR DE NUEVO DIOS TE ESTARA ESPERANDO.

EL PLACER SEXUAL Y LA LUJURIA

Papa Pío XI, Casti Connubii (# 17), Dic. 31, 1930: EL FIN PRIMARIO DEL MATRIMONIO ES LA PROCREACIÓN Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS... Porque en el matrimonio así como en el uso de los derechos matrimoniales también existen fines secundarios, como es la ayuda mutua, el cultivo del amor mutuo y el acallar la concupiscencia de lo cual los esposos no tienen prohibido tomar en consideración, EN TANTO ESTÉN SUBORDINADOS AL FIN PRIMARIO y en tanto la naturaleza intrínseca del acto sea preservada.”

Se les permite a un esposo y una esposa acallar la concupiscencia como un motivo secundario después del primer motivo de la procreación. Esto es un dogma que fue proclamado por el Papa Pío XI. Esto significa apagar la llama de la concupiscencia y no inflamarla de manera alguna. La meta es llevar al cónyuge al Cielo, para glorificar a Dios y santificarse uno mismo, y no principalmente sobre el placer. La gravedad del pecado, cuando se inflama la concupiscencia, depende de los pensamientos y de los actos reales a los cuales consiente una pareja durante el acto del matrimonio. Pero nunca se les permite a un esposo y a una esposa prevenir la concepción de un hijo, de ninguna manera que sea, ya fuera con contraceptivos, con retiro o con el uso de PFN (planificación familiar natural).

Pero lo que es seguro es que realizar actos más allá de lo que es necesario en el acto marital puede ser un pecado mortal, pero si el acto es natural, aunque sea realizado únicamente por lujuria, parece ser por lo menos una falta o defecto venial, tal como lo afirma la siguiente enseñanza de la Iglesia:

Varios Errores sobre Temas Morales, Condenados en un decreto del Santo Oficio, 4 de marzo, 1679: “EL ACTO DEL MATRIMONIO REALIZADO ÚNICAMENTE POR PLACER ESTÁ COMPLETAMENTE LIBRE DE TODA FALTA Y DEFECTO VENIAL.” (Denz. 1159) –CONDENADO por el Papa Inocente XI.

Tal como vimos anteriormente, es por lo menos una falta o un defecto venial tener relaciones únicamente por motivos lujuriosos. De esto puede aprenderse que una pareja debe de tener una razón para unirse durante el acto marital. Por lo tanto, no puede unirse únicamente por cualquier razón lujuriosa que se le pueda ocurrir a la pareja ya que esto sería (por lo menos) un defecto venial, de acuerdo a las enseñanzas católicas. Las faltas o los defectos veniales abren el alma a pecados más graves y es por eso que uno siempre debe de cuidarse muchísimo de no caer en faltas o defectos. Una pareja puede participar lícitamente en el acto marital (sin pecado ni defecto) únicamente si se efectúa con el propósito primario de tener hijos y con el propósito secundario de acallar la concupiscencia. El segundo motivo de acallar la concupiscencia puede seguir al motivo primario si lo esposos así lo escogen, pero el motivo secundario no se necesita para completar lícitamente el acto marital de la misma manera que el motivo primario de criar hijos, y tampoco es meritorio aunque sea permitido:

Papa Pío XI, Casti Connubii (# 17), Dic. 31, 1930: EL FIN PRIMARIO DEL MATRIMONIO ES LA PROCREACIÓN Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS... Porque en el matrimonio así como en el uso de los derechos matrimoniales también existen fines secundarios, como es la ayuda mutua, el cultivo del amor mutuo y el acallar la concupiscencia de lo cual los esposos no tienen prohibido tomar en consideración, EN TANTO ESTÉN SUBORDINADOS AL FIN PRIMARIO y en tanto la naturaleza intrínseca del acto sea preservada.”

Debido a que muchas parejas hoy en día y especialmente aquellas que se llaman católicas, inflaman su lujuria a lo máximo antes, durante y después del acto de procreación, tal como les ha enseñado su apóstata “Iglesia“ Vaticano II y los teólogos malvados pervertidos, debemos de condenar esta idea en detalle específico.

Noten las palabras del Papa Pío XI: “acallar la concupiscencia”. Aquellos que así comenten actos, que no son necesarios para completar el acto matrimonial, definitivamente comenten pecado, ya que inflaman su carne de una manera totalmente pecaminosa. Por lo tanto, el inflamar la concupiscencia está condenado como pecaminoso porque subordina el fin secundario (o el propósito) del matrimonio y del acto matrimonial (acallar la concupiscencia) a otros fines.

Subordina el fin secundario del matrimonio a otras cosas, intentando deliberadamente evitar el acto procreativo normal como su primer o único acto del matrimonio a otras cosas, mientras se tienen relaciones maritales. El inflamar la concupiscencia, por lo tanto, invierte el orden establecido por el mismo Dios. Hace todo lo que el Papa Pío XI solemnemente nos enseña que no pude hacerse lícitamente. Y este punto destruye todos los argumentos que son proclamados por aquellos que defienden las formas no naturales, ilícitas y no procreativas de estimulación erótica previa o posterior al acto fuera de una relación normal; porque todos los argumentos que son proclamados por aquellos que defienden el inflamar la carne están enfocados en la concupiscencia y la lujuria dentro del mismo acto matrimonial y en los fines primario y secundario de una relación sexual lícita (la procreación y la educación de los hijos; y el acallar la concupiscencia).

Entonces, lo que estas parejas lujuriosas hacen incrementando su placer durante el acto marital no es solo el acallar de la concupiscencia sobre lo cual habló el Papa Pío XI, sino que es exactamente lo opuesto, ya que ellos primero inflaman su lujuria y concupiscencia antes de apagarla y, por lo tanto, sin duda alguna, están cometiendo pecado (probablemente hasta un pecado mortal dependiendo de lo que pensaron, hicieron o consintieron durante su acto impuro). Si dicha pareja buscadora de lujuria no es culpable de pecado mortal entonces es culpable de un pecado venial. Porque, si unirse únicamente con motivos lujuriosos es por lo menos una falta venial o defecto venial, de acuerdo a las enseñanzas católicas, ¿qué entonces serían esos actos no naturales e innecesarios que estas personas lujuriosas viven durante el calor de su lujuria vergonzosa?

Varios Errores sobre Temas Morales, Condenados en un decreto del Santo Oficio, 4 de marzo, 1679: “EL ACTO DEL MATRIMONIO EJERCIDO ÚNICAMENTE POR PLACER ESTÁ COMPLETAMENTE LIBRE DE FALTA Y DE DEFECTO VENIAL.” (Denz. 1159) –CONDENADO por el Papa Inocente XI.

A pesar que una falta venial no nos separa de Dios tal como lo hace un pecado mortal, un defecto venial puede (si se practica hasta la muerte) llevar a una persona al Infierno ya que lo puede llevar a cometer otros pecados y porque a esta persona no le importó detenerse en hacer lo que sabía que era un peligro para su alma, y aún obtenía un gran deleite en hacerlo, a pesar que sabía que ofendía a Dios. Claro está que consentir a faltas o defectos o a pecados veniales deliberados es muy malo. Podemos aprender esta verdad del mismo Jesucristo:

“Más aún, sabed que así como todos los pecados mortales son muy serios, así también un pecado venial se vuelve mortal si un ser humano se deleita con el mismo con la intención de perseverar.” (Jesús hablándole a Santa Brígida: , Libro 7, Capítulo 27).

De tal manera, para vivir deliberadamente en faltas y defectos es realmente una puerta de entrada para cometer pecados más graves. Y una demostración aún más clara de esto puede verse en otro capítulo de las revelaciones de Santa Brígida:

El Hijo de Dios le habla a la novia (Santa Brígida): “¿De qué estáis tan preocupada y tan ansiosa? Ella respondió: “Estoy afligida por varios pensamientos inútiles, de los que no me puedo deshacer y el escuchar sobre vuestro terrible juicio me perturba.” El Hijo respondió: “Esto es realmente justo. Anteriormente encontrasteis placer en los deseos mundanos en contra de Mi voluntad, pero ahora se ha permitido que distintos pensamientos vengan a vosotros en contra de vuestra voluntad.

Pero tened un temor prudente de Dios y poned gran confianza en Mí, vuestro Dios, sabiendo con seguridad que cuando vuestra mente no obtiene placer en los pensamientos impuros sino lucha en contra de los mismos, detestándolos, entonces se convierten en una purga y en una corona para el alma. Pero si obtenéis placer en cometer aún el pecado más leve, que sabéis es pecado, y lo hacéis confiando en vuestra propia abstinencia y presumiendo con la gracia, sin hacer penitencia ni reparación por lo mismo, sabed que puede convertirse en pecado mortal. Acordemente, si algún placer de cualquier índole viene a vuestra mente, inmediatamente deberéis pensar a dónde os dirige y arrepentiros.

...Nada aborrece tanto Dios que cuando sabéis que habéis pecado pero no os importa, confiando en vuestras otras acciones meritorias, como si, debido a ellas, Dios toleraría vuestros pecados, como si Él no pudiese ser glorificado sin vosotros, o como si Él dejara que hicierais algo malo con su permiso, viendo todos los actos buenos que habéis hecho ya que, aunque hicieseis cien actos buenos por cada acto malvado, aún así no podríais pagarle a Dios por su bondad y amor. Por lo tanto, mantened un temor racional de Dios y, aunque no podáis prevenir estos pensamientos, por lo menos soportadlos pacientemente y usad vuestra voluntad para luchar en contra de ellos. No seréis condenados por el hecho que entren en vuestra mente, a menos que obtengáis placer en ellos, ya que no está dentro de vuestro poder prevenirlos.

Nuevamente, mantened vuestro temor de Dios para no caer a través del orgullo, aunque no consintáis a los pensamientos. Cualquiera que se mantiene firme lo hace únicamente con el poder de Dios. Así, el temor a Dios es como una puerta de entrada al cielo. Muchos allí son quienes han caído de cabeza a sus muertes porque desecharon el temor a Dios y entonces tuvieron vergüenza para hacer una confesión ante los hombres, a pesar que no habían tenido vergüenza de pecar ante Dios. Por lo tanto, me rehuso a absolver el pecado de una persona que no se ha preocupado tanto como para pedir mi perdón por un pecado pequeño. De esta manera, se incrementan los pecados a través de la práctica habitual. De esta manera, los pecados se incrementan a través de una práctica habitual y un pecado venial que pudiese haber sido perdonado a través de la contrición, se vuelve uno serio a través de la negligencia y desprecio por parte de una persona, tal como podéis deducir del caso de esta alma que ya ha sido condenada.

Después de haber cometido un pecado venial y perdonable, lo aumentó a través de una práctica habitual, confiando en sus otras buenas obras, sin pensar que Yo pudiese tomar en cuenta los pecados menos grandes. Atrapado en una red de placer habitual e inordenada, su alma ni corrigió ni desvió su intención pecaminosa, hasta el momento en que su sentencia estaba a las puertas y se acercaba su momento final. Es por esto que, a medida que se acercó el fin, su conciencia repentinamente estuvo agitada y dolorosamente afligida porque pronto moriría y tenía temor de perder el poco bien temporal que él había amado. Hasta el momento final de un pecador Dios lo espera, viendo si va a dirigir su libre albedrío lejos de su apego al pecado.

Sin embargo, si no es corregida la voluntad del alma entonces esa alma es confinada por un fin sin fin. Lo que sucede es que el demonio, sabiendo que cada persona será juzgada de acuerdo a su conciencia e intención, trabaja poderosamente al final de la vida para distraer el alma y alejarla de la rectitud de intención y Dios permite que esto suceda, ya que el alma rehusó permanecer vigilante cuando lo debería haber hecho...” (Las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia, Libro 3, Capítulo 19).

Entonces, ¿qué es lo que Dios piensa de las parejas que se unen durante el acto en lujuria y concupiscencia pecaminosas y sobre una pareja que trabaja para inflamar la lujuria (en vez de aquietar su lujuria)?

Ellos buscan el calor y la lujuria sexual que perecerá y aman la carne que será comida por los gusanos... Cuando la pareja se va a la cama, mi Espíritu los deja inmediatamente y, en vez se acerca el espíritu de la impureza porque se unen únicamente por lujuria y no para dialogar ni pensar en otra cosa entre ellos. Pero mi misericordia aún está con ellos si se convierten a mí. Debido a mi gran amor, coloco a un alma viviente creada por mi poder en su semilla. A veces permito que los padres malos le den nacimiento a hijos buenos, pero más a menudo, niños malos nacen de padres malos, ya que estos niños imitan los actos malvados y perversos de sus padres lo más que pueden y lo imitarían aún más si mi paciencia se los permitiera. Dicha pareja casada nunca verá mi rostro a menos que se arrepienta. Porque no existe pecado tan fuerte ni tan grave que la paciencia y el arrepentimiento no puedan lavar.” (Las Revelaciones de Santa Brígida, Libro 1, Capítulo 26).

Por lo tanto, una pareja entonces no puede hacer nada antes, durante o después del acto de procreación que esté en contra de los propósitos primario y secundario del matrimonio: engendrar hijos y acallar la concupiscencia. Por lo tanto, contrario a la noción moderna y opinión común (aún en contra de aquellos que se atreven a llamarse católicos), nunca se les permite a un esposo y a una esposa ayudarse con sus manos o hacer otras cosas para incrementar su lujuria, o de esta manera ponerse “listos” antes del acto (como le dicen y es su excusa pecaminosa). Si una pareja realmente cree en Dios debería de rezarle a Dios antes de unirse y Dios escucharía sus oraciones y los haría estar listos sin necesidad adicional por parte de la pareja de inflamar su lujuria de manera pecaminosa. Claro que son aceptables los lubricantes y su manera no pecaminosa de usarlos si existe algún problema para completar el acto marital. Sin embargo, los lubricantes que incrementan el placer sexual y que ahora se elaboran y venden, lógicamente son totalmente inaceptables. Así mismo, si una mujer no puede acallar su concupiscencia antes de completar el acto de procreación, es ilícito que ella (o el esposo) la ayude posteriormente. Si un esposo y esposa realizan actividades ilícitas como son la masturbación o cualquier otro acto innecesario, cometen un pecado mortal. Las parejas infértiles y las personas con defectos o que ya están entradas en edad, cumplen con el fin primario del matrimonio a través de una relación normal, deseando hijos y no estando en contra de la concepción si ésta llegara a ocurrir. Se les prohíbe al esposo y a la esposa consentir en actos innecesarios, por ejemplo, masturbarse a sí mismos o a su cónyuge durante el acto procreativo, incrementando así su lujuria. Está prohibida la masturbación durante el acto procreativo así como lo es durante cualquier otro momento para cualquier persona. Para evitar caer en pecado mortal, un pareja necesita aprender a rezarle a Dios para aliviar su concupiscencia y su lujuria. Si realmente desea ayuda por parte de Dios, Él le ayudará y removerá la concupiscencia y lujuria. También ayudaría muchísimo ofrecerle a Dios penitencias como ayunar y comer alimentos menos sabrosos para poder llegar a esta meta.

Estas pequeñas penitencias aunadas a la lectura espiritual y a la oración ayudarán a que una pareja represe las inclinaciones pecaminosas en tanto se mantengan fuera de pecados mortal y venial.

Es de gran importancia que un esposo y una esposa no sean influenciados por las enseñanzas demoníacas que están desenfrenadas en el mundo secular y aún entre aquellos que se llaman “católicos” y hasta entre los “católicos” tradicionales. Estas personas le dirán cosas como: “Casi nada es malo en el acto marital en tanto se haya alcanzado el propósito primario en algún momento. Lo que pase antes, durante o después, fue parte del acto y por lo tanto es lícito y permitido.” Esto es claramente falso y ha sido refutado con el Dogma Católico (Papa Pío XI), así como con las enseñanzas católicas que condenan la idea que el acto marital – realizado únicamente por lujuria – estaba sin falta ni defecto (citado abajo). Cualquier que, por lo tanto, escuche o siga las enseñanzas de estas personas demoníacas o esté de acuerdo con ellas, perderá su alma ya que rechaza entonces la ley natural que Dios ha impreso en sus corazones.

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