Mujer y Mujeres Hermosas - ¿Qué es una Mujer?


Del latín mulĭer, una mujer es una persona del sexo femenino. Se trata de un término que se utiliza en contraste a hombre o varón, conceptos que nombran a los seres humanos de sexo masculino.

El uso más específico de la palabra mujer está vinculado a la persona del sexo femenino que ya ha llegado a la pubertad o a la edad adulta. Por lo tanto, la niña se convierte en mujer, según los parámetros culturales, a partir de su primera menstruación.

Mujeres hermosas


La mujer es un ser humano con ideas, sueños, metas, ambiciones, deseos, capacidades y mucha sensibilidad. Sus características biológicas (órganos sexuales, aparato reproductivo, constitución física) y psicológicas le permiten cumplir funciones únicas distinguiéndola claramente de otro ser humano llamado hombre o varón. Tiene capacidad de pensar, aprender, enseñar, crear, planificar, organizar, trabajar, ser protagonista en la historia, dar afecto y para sumar a todo esto, tiene la capacidad de ser madre llevando en su ser a otro ser humano durante sus primeros meses de existencia (8,9) para luego dar lugar a su nacimiento y destinar parte de su vida a cuidarlo, protegerlo, alimentarlo, educarlo y amarlo hasta el final. Entre sus necesidades se encuentran las afectivas, de pertenencia, de seguridad, de aprecio, de superación, de reconocimiento, de respeto y de libertad. En su habitat, lastimosamente, corre el riesgo de sufrir violencia física, psicológica y sexual especialmente de parte del varón. Su paso a través de la historia de la humanidad se caracterizó por ser relegado a un puesto de ama de casa, madre y esposa.

¿Debe una esposa sujetarse a su esposo?


¡Sí! Primero, debemos sujetarnos a Dios, lo cual es la única manera en que realmente podemos obedecerle (Santiago 1:21 y Santiago 4:7). En 1 Corintios 11:2-3, encontramos que el esposo está sujeto a Cristo, como Cristo lo estuvo a Dios. Entonces los versos dicen que la mujer debe seguir su ejemplo de sujeción a su esposo. Otro versos acerca de la sumisión de Cristo a Dios, se encuentran en Mateo 26:39 y Juan 5:30.

La sumisión es la respuesta natural a un liderazgo amoroso. Cuando un esposo ama a su esposa como Cristo ama a la iglesia (Efesios 5:25-33), entonces la sumisión es una respuesta natural de la esposa hacia su esposo. La palabra griega traducida como someterse (Hupotasso) es la forma continua del verbo. Significa que el someternos a Dios, a nuestros líderes y a nuestro esposo no es una decisión de una vez. Es una actitud continua en nuestras mentes, que llega a convertirse en un patrón de conducta. La sumisión de la que se habla en Efesios 5, no se refiere a una sujeción unilateral de un creyente para ser dominado egoístamente por la otra persona. La sumisión bíblica está diseñada para ser entre dos creyentes llenos del Espíritu, quienes se entregan mutuamente uno al otro y a Dios. La sumisión es una calle de dos sentidos. La sumisión es una posición de honor y plenitud. Cuando una esposa es amada como Cristo ama a la iglesia, la sujeción no es difícil. Efesios 5:24 dice, “... como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.” Este verso está diciendo que la esposa debe sujetarse a su esposo en todo lo que es correcto y legítimo. Por lo tanto, la esposa no está obligada a desobedecer la ley o descuidar su relación con Dios.

La mujer fue formada de una costilla de Adán; no fue tomada de su cabeza para que gobierne sobre él, tampoco fue formada de sus pies para ser pisoteada por él, sino que fue tomada de su costado, para ser igual a él, bajo su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada. El mandato “someteos” en Efesios 5:21, es la misma palabra usada en 5:22. Los creyentes deben someterse unos a otros en reverencia a Cristo. Los versos 19-21, son todos el resultado de estar llenos del Espíritu Santo (5:18). Los creyentes llenos del Espíritu son adoradores (5:19), agradecidos (5:20), y sumisos (5:21). Pablo entonces, sigue su línea de pensamiento del vivir con la llenura del Espíritu y la aplica a los esposos y esposas en los versos 22-33.

El malvado fruto de la desobediencia


Aún cuando los padres y los hijos están en casa y descansan, se sientan delante del televisor y se les lava el cerebro. Las familias pervertidas ven programas sobre familias pervertidas, mientras que ni siquiera hablan con los miembros de sus propias familias. Ellos viven a través de las familias pervertidas que ven en la televisión y las imitan. Ellos convierten la fantasía en realidad, por lo que sus vidas se han vuelto unas pesadillas. Se han convertido en robots sin una verdadera personalidad, programados para pecar sin la menor punzada de la conciencia. Dios, ciertamente, castiga a estas familias pervertidas por medio de las consecuencias naturales de sus pecados. “A fin de que conociesen cómo por aquellas cosas en que uno peca, por esas mismas es atormentado.” (Sabiduría 11:17) Uno de estos castigos es tener esposas e hijos desobedientes. Por lo tanto, tienen familias en las cuales el orden natural de la sumisión jerárquica se pone al revés con la discordia resultante que sigue.

“Mi pueblo ha sido despojado por sus exactores y es gobernado por mujeres.… Y daréles por príncipes muchachos y serán dominados por hombres afeminados. Y el pueblo se arrojará con violencia, hombre contra hombre, y cada uno contra su prójimo. Se alzará el joven contra el anciano, y el plebeyo contra el noble.” (Isaías 3:12, 4-5) “Entonces el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y les quitarán la vida.” (Marcos 13:12)

Cuando las esposas desobedecen a sus esposos y los hijos se levantan en contra de sus padres, ¡los esposos y los padres actúan sorprendidos! ¿Pero qué derecho tienen para quejarse? ¿No han apoyado la rebelión en sus hogares? Debido a que se han rebelado en contra de Dios, siendo los católicos alejados los peores, la rebelión está entre ellos. “Porque al desobedecer al Señor, es como un pecado de magia, y como crimen de idolatría el no querer sujetársele.” (1 Reyes 15:23) Porque no obedecían a Dios, la obediencia no se les otorga cuando es debida. ¿En dónde termina todo esto? Termina en la mayoría de los casos, en adulterio, separación, o divorcio y segundas uniones pecaminosas que no son matrimonios. En otros casos mantiene una ilusión de un matrimonio y una familia, en la cual los esposos y los hijos están alejados unos de otros, cada quien con sus propios intereses egoístas. Estas familias pervertidas son frías y estériles con rostros felices delante de sus verdaderos rostros; sus verdaderos rostros de avaricia, egoísmo, orgullo, envidia, desesperanza, desesperación, melancolía, aburrimiento, inquietud, siendo la raíz el odio en contra del verdadero Dios.

Ellos trabajan más duro y no están en paz


Los esposos que usan contracepción para limitar el número de hijos, realmente incrementan su carga en vez de aligerarla. No importa si tienen familias pequeñas o grandes. Aún los esposos que tienen familias grandes que deciden usar la contracepción, caen bajo la misma maldición de Dios como aquellos que usan la contracepción y tienen familias pequeñas. Lo que no ven los faltos de fe es que Dios los castiga haciéndolos trabajar mucho más duro que lo que trabajarían si no usaran la contracepción. Ellos trabajan más duro como resultado de sus pecados, los cuales son egoístas en su naturaleza. Todo el trabajo que hacen es con propósitos carnales, para mantener y apoyar un estilo de vida glotón y extravagante, por lo menos ese es su meta aunque no la logren a su satisfacción. En realidad los hombres glotones y materialistas nunca están satisfechos, no importa cuánto tengan, por lo tanto están inquietos la mayor parte del tiempo y de muchas maneras. “No sacia el ojo del avaro con una porción injusta de bienes; no se saciará hasta tanto que haya consumido y secado su vida.” (Eclesiástico 14:9) “No hay paz para los impíos, dice el Señor Dios.” (Isaías 57:21) El pecado del materialismo con el que están afligidos hace que deseen codiciosamente casas elegantes con todas las conveniencias y artilugios modernos, carros nuevos elegantes, dos vacaciones o más por año, etc. Todo esto los ha hecho trabajar más duro que si tuviesen una familia más grande no planeada y viviesen frugalmente. ¿Cuán a menudo los escuchamos decir, tengo todas estas cosas pero no tengo tiempo para disfrutarlas? Corren como pollos descabezados, por todos lados, ocupados por muchas cosas, sin tiempo para contemplar lo que es realmente importante. Una de las tácticas principales de Satanás es mantener a los hombres tan ocupados que no pueden pensar en Dios. Recuerden la táctica de Satanás en contra de los israelitas. Satanás, hablando a través del Faraón, incrementó la carga de trabajo de los israelitas para que no tuviesen tiempo de adorar a Dios.

“Después de esto entraron Moisés y Aarón con el Faraón y le dijeron: Esto dice el Señor Dios de Israel: Deja ir a mi pueblo a fin de que me ofrezca un sacrificio solemne en el desierto... Díjoles el Rey de Egipto: ¿Cómo es que vosotros, Moisés y Aarón, distraéis al pueblo de sus tareas? Marchad a vuestros quehaceres… Dio orden, pues, en aquel mismo día a los sobrestantes de las obras y a los exactores del pueblo, diciendo: De ninguna manera habéis ya de dar al pueblo, como antes, paja para que haga los ladrillos: que vayan ellos mismos a recogerla; y sin embargo, les exigiréis la misma cantidad de ladrillos que hasta ahora, sin disminuirles nada; pues están holgando y por eso vocean, diciéndose unos a otros: Vamos a ofrecer sacrificio a nuestro Dios. Sean agobiados con faenas y cumplan con ellas, para que no den oídos a embustes.” (Éxodo 5: 1. 4,6-9)

Si los hombres no tienen el tiempo apropiado para pensar en Dios, no únicamente un pensamiento fugaz, no tienen esperanza de encontrarlo a El. Simplemente vean alrededor de la ciudad y verán a personas que corren de aquí para allá, yendo a un paso alocado sin tiempo casi para saludar a nadie. Ya no ven a personas hablando unas con otras en forma descansada en las esquinas ni en los parques. “Velad, pues, sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones o entendimientos con la glotonería y embriaguez, y los cuidados de esta vida, y os sobrecoja de repente aquel día.” (Lucas 21:34-36) Es solo cuando las personas piensan sobriamente, contemplan, hablan y buscan que puede haber esperanza que ellos encuentren a Dios. No es una garantía que encuentren a Dios, pero sin eso no existe esperanza alguna. “Sin fe es imposible agradar a Dios. Porque el que viene a Dios debe de creer que es: y es el que recompensa para aquellos que lo buscan.” (Hebreos 11:6) “Buscad y encontraréis.” (Mateo 7:7) Aquellos que buscan con un corazón sincero y genuino encontrarán, porque ellos son los elegidos que son de buena voluntad.

Los padres ni siquiera tienen tiempo para pasar son sus propios hijos, por lo que inventaron el malvado dicho mundano, “Tiempo de calidad en vez de cantidad del mismo.” Esta es otra tradición de los hombres que ha eliminado el mandamiento de Dios de criar y educar hijos píos. Los padres imaginan que pueden pasar alrededor de una hora con sus hijos al día, prodigando sobre ellos un amor falso y efusivo, muchas veces sobornándolos al darles lo que quieren y luego ignorarlos las restantes 23 horas. Si el infante necesita que se le cambie el pañal fuera del límite de tiempo de calidad, entonces debe sentarse en su porquería hasta que llegue la visita programada de su madre, o ella puede conseguir que alguien más desempeñe su deber. Los niños necesitan cuidados de 24 horas, no solamente una, dos, tres o doce horas al día. Criar a hijos píos es un trabajo de tiempo completo. Significa cocinar, limpiar, enseñar y vigilar cada hora del día de todos los años. Sí, es un deber, y ay de aquellos que lo rehuyen. Porque tan seguro como que Dios es el Dios de la Santa Iglesia Católica, El también los abandonará, tal como ustedes han abandonado a sus propios hijos. El dejará que ustedes se queden sentados en la porquería de sus propios pecados. Si el padre y la madre han hecho bien su deber, que digan con toda humildad, “Somos siervos inútiles; no hemos hecho más que lo que ya teníamos obligación de hacer.” (Lucas 17:10) En otras palabras, no se den espaldarazos, porque han hecho únicamente lo que tienen que hacer si desean tener una esperanza de salvarse y entrar en el Cielo. Si realmente se aman a sí mismo, al cónyuge y a los hijos, primero y ante todo harían lo que tienen que hacer para procurar la salvación eterna para ustedes y ellos.

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