Madre: Día de la Madre, Poemas Para Madres: ¿Qué es una Madre?

¿Qué es una Madre?

«Madre»... es una palabra sagrada que muchos hombres y mujeres llevamos en nuestro corazón... En ella se esconde la historia de grandes vencimientos, sacrificios, heroísmos, lágrimas y generosidades...

Gritar «¡Madre!» es invocar de nuevo aquella mujer buena que tantas veces nos atendió, nos enjugó las lágrimas, nos sirvió, nos alimentó y nos empujó para que superáramos los tiempos difíciles y siguiéramos adelante.

La vida humana que comienza en el seno materno, y que la potencia creadora de Dios hace florecer en la misteriosa colaboración con la fuerza donadora de vida del hombre y de la mujer, es desde el primer momento de la concepción (el cuerpo), un bien que tiene derecho a una protección particular. También la madre misma, que lleva bajo su corazón al niño que nace y se desarrolla, merece en gran medida respeto, veneración y estima. Yo pido este día de la fiesta del nacimiento de María que el niño que se forma en el cuerpo de la madre sea reconocido un hombre a todos los efectos y que a la futura madre se le tenga respeto y consideración con amor y sensibilidad.

¡Decid sí a la vida humana en todas sus fases! Con razón os esforzáis por la protección del ambiente, de las plantas y de los animales. ¡Decid sí a la vida humana con mayor convicción aún, a esa vida que en la jerarquía de la creación se halla en el primer lugar entre todas las realidades creadas en el mundo visible.

El amor de una madre en la Biblia

Algunos ejemplos que encontramos en la Biblia sobre El amor de una madre, este amor incomparable a ningún otro sentimiento humano, este amor que da todo sin pedir nada a cambio, que protege con ternura y que perdona sin cesar, este amor solo lo da, La Madre.

1) El amor de Agar por su hijo. (Génesis 21: 16)

2) El amor que tuvo por él la madre de Moisés. (Éxodo 2:3)

3) El amor que tuvo la madre de Samuel por el. (1 Samuel 2:19)

4) El amor de la madre en el tiempo de Salomón. (1 Reyes 3:26)

5) El amor de la madre cananea. (San Mateo 15: 22)

6) El valor que tuvo la madre de Jesús para poder soportar los padecimientos de su hijo. (San Juan 19: 25)

Ante esto, ¿Qué actitud deberíamos tener hacia una madre? Los deberes que como hijos tenemos con nuestra madre:

  • Honrar a nuestra madre. (Éxodo 20: 12)

  • Temer en actitud de respeto a nuestra madre. (Levíticos 19: 3)

  • No deshonrarla. (Deuteronomio 27: 16)

  • No menospreciar la enseñanza de nuestra madre. (Proverbios 30: 17)

  • Obedecerle. (Efesios 6:1)

Conclusión:

Nuestra madre es el regalo más hermoso que Dios nos ha dado, no la hagas sufrir, trátala bien, es tu madre, cada día muéstrale respeto y amor, de esta manera también agradas a Dios.

LA VIRGEN MARIA ES LA MADRE DE DIOS

María, que es verdadera Madre de Jesús, es verdadera Madre de Dios, porque Cristo, nuestro Redentor, es al mismo tiempo Verdadero Dios y Verdadero Hombre.

Este es el misterio principal y central de la vida de Santa María, del cual derivan y se fundamentan todos sus privilegios y todas sus perfecciones.

Al decir que María es Madre de Dios se afirman dos verdades: María Madre de Dios:

1) María es verdadera Madre;

2) María es verdadera Madre de Dios.

MARIA ES VERDADERA MADRE

Decir que María es verdadera Madre, significa que Ella contribuyó a la formación de la naturaleza humana de Cristo, del mismo modo que todas las madres contribuyen a la formación del fruto de sus entrañas. María es verdadera Madre porque Jesús es verdadero Hombre.

Jesús en cuanto hombre, toma su cuerpo de María Santísima en el tiempo, y a sí lo ha expresado la fe de la Iglesia, recogida en el número 16 del Catecismo de San Pío X: "El Hijo de Dios se hizo hombre tomando, en la purísimas entrañas de la Vírgen María, por obra del Espíritu Santo, un cuerpo como el nuestro y un alma como la nuestra".

MARIA ES VERDADERA MADRE DE DIOS

Decir que María es verdadera Madre de Dios significa que Ella concibió y dio a luz a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Verbo, aunque no en cuanto a la naturaleza divina, sino en cuanto a la naturaleza humana que había asumido.

La enseñanza de la Iglesia es unánime e ininterrumpida sobre este punto fundamental del dogma católico.

En todos los Símbolos se afirma que Jesucristo nació de María Vírgen: En el Credo confesamos nuestra fe diciendo: Jesucristo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del Cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Vírgen, y se hizo hombre (Credo Niceno-Constantinopolitano).

El Concilio de Éfeso, en el año 431, definió solemnemente que "Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Vírgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema" (Dz. 113).

Los siguientes Concilios repitieron y confirmaron esta doctrina: Concilio de Calcedonia, Concilio II de Constantinopla, Concilio III de Constantinopla, etc.

Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia

Sobre cómo la esposa vio a la dulcísima Virgen María engalanada con una corona y otros adornos de extraordinaria belleza, y sobre cómo San Juan Bautista explicó a la esposa el significado de la corona y de las demás cosas.

Capítulo 31

La esposa vio a la Reina de los Cielos, la Madre de Dios, luciendo una preciosa y radiante corona sobre su cabeza, con su cabello extraordinariamente bello suelto sobre sus hombros, una túnica dorada con destellos de un brillo indescriptible y un manto del azul de un cielo claro y calmo. Estando la esposa colmada de maravilla ante esta amorosa visión y manteniéndose en su encantamiento como sobrecogida de gozo interior, se le apareció el bendito San Juan Bautista y le dijo: “Presta mucha atención a lo que todo esto significa. La corona representa que ella es la Reina, Señora y Madre del Rey de los ángeles. Su cabello suelto indica que ella es una virgen pura e inmaculada. El manto del color del cielo quiere decir que ella está muerta a todo lo temporal. La túnica dorada significa que ella estuvo ardiente e inflamada en el amor a Dios, tanto internamente como en el exterior.

Su Hijo le colocó siete lirios en su corona y, entre los lirios, siete piedras preciosas. El primer lirio es su humildad; el segundo, el temor; el tercero, la obediencia; el cuarto, la paciencia; el quinto, la firmeza; el sexto, la mansedumbre, pues Ella amablemente da a todo el que le pide; el séptimo es su misericordia en las necesidades, pues en cualquier necesidad que se encuentre un ser humano, si la invoca con todo su corazón, será rescatado. Entre estos lirios resplandecientes, su Hijo colocó siete piedras preciosas. La primera es su extraordinaria virtud, pues no existe virtud en ningún otro espíritu ni en ningún otro cuerpo que ella no posea con mayor excelencia.

La segunda piedra preciosa es su perfecta pureza, pues la Reina de los Cielos es tan pura que ni una sola mancha o pecado se ha encontrado nunca en ella desde el principio, cuando vino al mundo por primera vez, hasta el día final de su muerte. Todos los demonios no podrían encontrar en ella ni la mínima impureza que cupiese en la cabeza de un alfiler. Ella fue verdaderamente pura, pues El Rey de la gloria no podía haber estado sino en la más pura y limpia, en el vaso más selecto entre los seres humanos. La tercera piedra preciosa fue su hermosura, para que Dios sea constantemente alabado por la belleza de su Madre. Su hermosura llena de gozo a los santos ángeles y a todas las almas santas.

La cuarta piedra preciosa de la corona de la Virgen Madre es su sabiduría, pues Ella fue colmada con toda la divina sabiduría en Dios y, gracias a ella, toda la sabiduría se completa y perfecciona. La quinta piedra es su poder, pues Ella es tan poderosa ante Dios que puede aplastar cualquier cosa que haya sido hecha o creada. La sexta piedra preciosa es su radiante claridad, pues ella resplandece tan clara que aún arroja luz sobre los ángeles, cuyos ojos brillan más claros que la luz, y los demonios no se atreven ni a mirar el brillo de su claridad.

La séptima piedra preciosa es la plenitud de todo deleite y dulzura espiritual, porque su plenitud es tal que no hay gozo que ella no incremente ni deleite que no se haga más pleno y perfecto por ella y por la bendita visión de ella, pues está llena y repleta de gracia, más que todos los santos. Ella es el vaso puro en el que descansa el pan de los ángeles y en el que se encuentra toda dulzura y belleza. Estas son las siete piedras preciosas que colocó su Hijo entre los siete lirios de su corona. Por ello, como esposa de su Hijo, dale honra y alábala con todo tu corazón ¡Ella es verdaderamente digna de todo honor y alabanza!” (Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia - http://www.santos-catolicos.com/santos/santa-brigida-de-suecia/revelaciones-de-santa-brigida-de-suecia.php)

Día de la Madre

Mientras algunos atribuyen la celebración del Día de la Madre a una estrategia mercadotecnica y comercial, la realidad es que su origen tuvo un sentido muy diferente.

Las celebraciones por el día de la madre se iniciaron en la Grecia antigua, en las festividades en honor a Rhea, la madre de Jupiter, Neptuno y Plutón.

El origen del actual Día de la Madre se remonta al siglo XVII, en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde también se daba techo y comida.

Un domingo del año, denominado «Domingo de la Madre», a los siervos y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como «tarta de madres») para llevarlo como regalo.

Esta celebración se desarrollaba colectivamente, en bosques y praderas.

Aunque algunos colonos ingleses en América conservaron la tradición del británico Domingo de las Madres, en Estados Unidos la primera celebración pública del Día de la Madre se realizó en el otoño de 1872, en Boston, por iniciativa de la escritora Julia Ward Howe (creadora del «Himno a la república»). Organizó una gran manifestación pacífica y una celebración religiosa, invitando a todas las madres de familia que resultaron víctimas de la guerra por ceder a sus hijos para la milicia.

Tras varias fiestas bostonianas organizadas por Ward Howe, ese pacifista Día de la Madre cayó en el olvido. Fue hasta la primavera de 1907, en Grafton, al oeste de Virginia, cuando se reinstauró con nueva fuerza el Día de la Madre en Estados Unidos, siendo Ana Jarvis, ama de casa, quien comenzó una campaña a escala nacional para establecer un día dedicado íntegramente a las madres estadounidenses.

En memoria de una madre

Luego de la muerte de su madre en 1905, Jarvis decidió escribir a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades para que la apoyaran en su proyecto de celebrar el Día de la Madre, en el aniversario de la muerte de su propia progenitora, el segundo domingo de mayo.

Tuvo muchas respuestas, y en 1910 esta fecha ya era celebrada en casi todo Estados Unidos.

En 1914, el Presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del Día de la Madre como fiesta nacional, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo.

La primera celebración oficial tuvo lugar un día 10 de mayo, por lo que este día fue adoptado por muchos otros países del mundo como la fecha del «Día de las Madres».

Poemas para Madres

Sólo el amor de una madre


Sólo el amor de una Madre apoyará,

cuando todo el mundo deja de hacerlo.


Sólo el amor de una Madre confiará,

cuando nadie otro cree.


Sólo el amor de una Madre perdonará,

cuando ninguno otro entenderá.


Sólo el amor de una Madre honrará,

no importa en qué pruebas haz estado.


Sólo el amor de una Madre resistirá,

por cualquier tiempo de prueba.


No hay ningún otro amor terrenal,

más grande que el de una Madre.


Madre


Tu mirada de amor

descubre lo que otros no quieren ver.

Tu nobleza

te hace apreciar lo que los demás desprecian.


Tu amor desinteresado

te hace defender a los pequeños

que otros atacan o menosprecian.

Tu presencia

despierta confianza, amor a la vida

y esperanza en un futuro mejor.


Mamá


Quiero agradecerte

que estés en mi vida.


Sé que puedo contar contigo

en momentos difíciles,

sé que contigo puedo

compartir mis alegrías,

y sé que nuestra amistad

se sustenta en mutuo amor.


Que seas mi MAMA y mi AMIGA

es el más preciado tesoro,

que agradeceré a DIOS eternamente.


Gracias por llenar mi vida

con tanta felicidad.


Te Amo Mamá!


Para Mamá


El instante de cada día nos ayuda a cambia

Nos impulsa a la búsqueda de nuestros sueños...


Porque me diste la vida, me enseñaste a soñar, a luchar...

Me tomaste de la mano y enseñaste a caminar.


Porque cada día le agradecemos a Dios por tenernos...

Porque solo necesitamos mirarnos, darnos un abrazo y limitarnos a sentir...


Nada más hace falta, pues lo que nos une es tan puro y simple, tan único!

!Te amo, eres quien me dio y enseña mucho de la vida,


Eres parte de mi, como yo fui (y sigo siendo) una extensión de la tuya.

Gracias mami, gracias por todo.


Ave maris Stella


1 . Salve Estrella del mar, Santa Madre de Dios

y siempre Virgen, feliz Puerta del cielo.


2. Tú que has recibido el saludo de Gabriel, 

y has cambiado el nombre de Eva,

establécenos en la paz.


3. Rompe las ataduras de los pecadores,

da luz a los ciegos, aleja de nosotros los males 

y alcánzanos todos los bienes.


4. Muestra que eres Madre: reciba nuestras súplicas 

por medio de Ti, Aquél que, naciendo por nosotros, 

aceptó ser Hijo tuyo.


5. ¡Oh, Virgen incomparable! ¡Amable como ninguna! 

Haz que, libres de nuestras culpas,

permanezcamos humildes y castos.


6. Danos una vida limpia,

prepáranos un camino seguro; para que,

viendo a Jesús, nos alegremos eternamente contigo.


7. Demos alabanza a Dios Padre,

gloria a Cristo Soberano y también al Santo Espíritu,

a los Tres un mismo honor. Amén.


AVE MARIA


Dios te salve María,

llena eres de gracia

El Señor es contigo,

bendita tu eres entre todas las mujeres,

y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

-Santa María Madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte,

Amén.

El Ave María es el saludo del Ángel (primera parte) y también el saludo de la Iglesia (segunda parte) a la Virgen Santísima. Es una oración de amor, confianza y petición a la Madre de Dios y Madre Nuestra.


Salve Regina


Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida y dulzura y esperanza nuestra:

Dios te salve. A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;

a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora abogada nuestra,

vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,

fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima! ¡oh piadosa! ¡oh dulce Virgen María!


V. Ruega por nosotros santa Madre de Dios,

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas

de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.


MAGNIFICAT


(Lucas 1:46-55)


Proclama mi alma la grandeza del Señor,

y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

por el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

como lo había prometido a nuestros padres

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

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