Los Dones del Espíritu Santo y Los 7 Frutos del Espíritu Santo

Los Dones del Espíritu Santo

Es el don del Espíritu Santo de Hech. 2:38 el Espíritu Mismo: "Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo".

Esta verdad se presenta en varios textos. Pablo habla de la iglesia como el templo en que el Espíritu de Dios mora. 1 Cor. 3:16, 17, "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es". Somos "miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu" (Efesios 1:19-22).

El Espíritu Santo da, a quien le es fiel, 7 preciosos regalos o dones. Estos dones se van aumentando si así lo pides en la oración.

1) Don de Sabiduría:

- El Espíritu Santo mediante este regalo, permite a tu alma sencilla conocer a Dios y todo lo que a El se refiere. Te da un gusto especial por todo lo que se refiere a Dios o al bien de las almas. Te hace gozar con la oración y encontrar verdadero gusto en las lecturas de buenos libros especialmente de la Biblia.

2) Don del Entendimiento:

- Mediante este regalo, El Espíritu Santo permite que entiendas mejor los misterios de Dios, es decir, esas cosas que cuesta trabajo entender; que tengas mayor certeza de lo que crees, todo se vuelve más claro. El Espíritu Santo también ilumina tu entendimiento para que comprendas la palabra de Dios en la Biblia.

3) Don de Consejo:

- El Espíritu Santo te ayuda a que en el momento de tomar una decisión, escojas lo que más te convenga, te inspira lo que debes hacer y cómo debes hacerlo, lo que debes decir y cómo decirlo, lo que debes evitar y lo que debes callar.

También te ayuda a encontrar soluciones rápidas para causas urgentes, y guiar a otros para que no hagan lo que no les conviene.

4) Don de Fortaleza:

- Es una fuerza especial para realizar todo lo que Dios quiere de ti y para resistir con paciencia y valor las contrariedades de la vida.

- La vida es a ratos tan dura que sin el regalo de la fortaleza, no serías capaz de aguantar sin desesperación.

- La fortaleza te ayuda también en las tentaciones.

5) Don de Ciencia:

- Es una facilidad para que puedas distinguir entre lo verdadero y lo falso, distinguir lo que te llevará a Dios y lo que te separará de Él.

- Este regalo del Espíritu Santo también te ayuda a convencerte de que lo que más vale no es lo material sino lo espiritual.

6) Don de Piedad:

- Las personas que reciben este regalo, tienen hacia Dios un cariño como hacia un Padre amorosìsimo, y todo lo que sea por Él, lo hacen con gusto.

- Este regalo del Espíritu Santo te moverá a tratar a Dios con la ternura y el cariño de un buen hijo con su padre y a los demás hombres como a verdaderos hermanos.

7) Don del Temor de Dios:

- Es un temor cariñoso, que te da respeto de ofender a Dios, porque Él es un Padre tan generoso y lleno de bondad hacia ti, y también porque sabes que Dios es justo. Es pues, un temor que nace del amor.

Los 7 Dones del Espiritu Santo

Que es el Espiritu Santo?

El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, Dios verdadero como el Padre y el Hijo.

Jesús llama al Espíritu Santo con el nombre de Paráclito que significa abogado, consolador, defensor.

Al Espíritu Santo lo encontramos en la Iglesia y en el alma de las personas que están en amistad con Dios, pues toda persona que lo ama y vive sin pecado mortal lo lleva consigo siempre.

El hecho que esté presente en nosotros significa que nos ayuda a vivir en gracia de Dios, nos ilumina, nos fortalece, nos consuela y nos regala siete dones.

Este título y la teoría conectada a él, así como la teoría de los frutos del Espíritu Santo y la de los pecados contra el Espíritu Santo, implican lo que los teólogos llaman apropiación. Se entiende por este término el atribuir especialmente a una Persona Divina las perfecciones y las obras exteriores que nos parecen más clara e inmediatamente conectadas a El, cuando consideramos sus características personales, pero que en realidad son comunes a las Tres Personas. Es en este sentido que atribuimos al Padre, la perfección de omnipotencia con sus más impactantes manifestaciones, por ejemplo, la Creación, porque Él es el principio de las otras dos Personas; al Hijo le atribuimos la sabiduría y las obras de sabiduría, porque Él procede del Padre por el intelecto; al Espíritu Santo le atribuimos las operaciones de la gracia y la santificación de las almas y en particular, los dones y frutos espirituales, porque Él procede del Padre y del Hijo como su amor mutuo y en las Sagradas Escrituras se le llama la bondad y caridad de Dios.

Los dones del Espíritu Santo son de dos tipos: los primeros están especialmente destinados a la santificación de la persona que los recibe; los segundos, llamados más propiamente carismas, son favores extraordinarios otorgados para ayudar a otros, favores, también, los cuales no santifican por sí mismos, e incluso pueden estar separados de la gracia santificante. Los del primer tipo son un total de siete, como los enumera Isaías (11, 2-3) donde el profeta los ve y describe en el Mesías. Son los dones de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia y piedad (santidad) y temor del Señor.

  • El don de sabiduría, al despegarnos del mundo, nos hace apetecer y amar solo las cosas del cielo.

  • El don de entendimiento nos ayuda a captar las verdades de la religión en tanto sea necesario.

  • El don de consejo surge de la prudencia sobrenatural y nos permite ver y escoger correctamente aquello que ayudará más a la gloria de Dios y nuestra propia salvación.

  • El don de fortaleza nos concede el coraje para sobrellevar los obstáculos y dificultades que surgen en las prácticas de nuestros deberes religiosos.

  • El don de conocimiento nos muestra el camino a seguir y los peligros a evitar para alcanzar el cielo.

  • El don de piedad, al inspirarnos una tierna y filial confianza en Dios, nos hace abrazar con gozo todo aquello que atañe a su servicio.

  • Finalmente, el don de temor nos llena de respeto soberano por Dios, y nos hace temer, por sobre todas las cosas, ofenderlo.

LOS FRUTOS DEL ESPIRITU SANTO

Son perfecciones que forman en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad.

Los frutos del Espíritu Santo son doce:

  1. Caridad: El acto de amor de Dios y del prójimo.

  2. Gozo espiritual: El que nace del amor divino y bien de nuestros prójimos.

  3. Paz: Una tranquilidad de ánimo, que perfecciona este gozo.

  4. Paciencia: Sufrimiento sin inquietud en las cosas adversas.

  5. Longanimidad: Firmeza del ánimo en sufrir, esperando los bienes eternos.

  6. Bondad: Dulzura y rectitud del ánimo.

  7. Benignidad: Ser suave y liberal, sin afectación ni desabrimiento.

  8. Mansedumbre: Refrenar la ira, y tener dulzura en el trato y condición.

  9. Fe: Exacta fidelidad en cumplir lo prometido.

  10. Modestia: La que modera, regula en el hombre sus acciones y palabras.

  11. Continencia: La que modera los deleites de los sentidos.

  12. Castidad: La que refrena los deleites impuros.

Paciencia y Mansedumbre

Los frutos anteriores disponen al alma a los de paciencia, mansedumbre y moderación. Es propio de la virtud de la paciencia moderar los excesos de la tristeza, y de la virtud de la mansedumbre moderar los arrebatos de cólera, que se levanta impetuosa para rechazar el mal presente. Estas dos virtudes combaten, pero no alcanzan la victoria sino a costa de violentos esfuerzos y grandes sacrificios; mas la paciencia y la mansedumbre, que son frutos del Espíritu Santo, apartan a sus enemigos sin combate, o si llegan a combatir, es sin dificultad y con gusto.

Longanimidad

La longanimidad o perseverancia impide el aburrimiento y la pena que provienen precisamente del deseo del bien que se espera, o de la lentitud y duración del bien que se hace, o del mal que se sufre y no de la grandeza de la cosa misma o de las demás circunstancias.

Bondad y Benignidad

Estos dos frutos miran al bien del prójimo. La bondad y la inclinación que lleva a ocuparse de los demás y a que participen de lo que uno tiene. No tenemos en nuestro idioma la palabra que exprese propiamente el significado de benígnitas: y la palabra benignidad, se usa únicamente para, significar dulzura; y esta clase de dulzura consiste en, manejar a los demás con gusto, cordialmente, con alegría, sin sentir la dificultad que siente los que tienen la benignidad sólo en calidad de virtud y no como fruto del Espíritu Santo.

Modestia

La modestia es bastante conocida como virtud. Regula los movimientos del cuerpo, los gestos y las palabras. Como fruto del Espíritu Santo, todo esto lo hace sin trabajo y como naturalmente; y además dispone todos los movimientos interiores del alma, como en la presencia de Dios.

Continencia (Templanza) y Castidad

Las virtudes de templanza y castidad atañen a los placeres del cuerpo, reprimiendo los ilícitos y moderando los permitidos : aquélla refrena la desordenada afición de comer y de beber, impidiendo los excesos que pudieran cometerse; ésta regula o cercena el uso de los placeres de la carne.

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