Liturgia y Liturgia de las Horas: ¿Qué es Liturgia, del Día, de la Palabra, Definición

La palabra liturgia se originó en Grecia. Allí se la llamaba “leitourguía”, de donde “leiton” significaba casa de gobierno, y “ergon”, trabajo. Es por ello que designaba la actividad realizada por un ciudadano para el bien común, como equipar una nave, un coro u organizar un espectáculo de teatro. Del griego pasó al latín como “liturgīa” conservando su significado de trabajo comunitario.

La Biblia también utilizó el término como servicio público, para referirse al cuidado de los desamparados o realizar colectas, pero lo extendió a los servicios de tipo religioso, incluyendo el predicamento de la religión, y éste es el significado que hoy se le da a la palabra liturgia, como expresión del culto religioso, es decir, las ceremonias o ritos aprobados por las autoridades religiosas, con que cada creencia reglamenta la exteriorización de su fe, pudiendo incluir cantos.

Liturgia de las Horas

Esta expresión significa etimológicamente un deber cumplido para Dios. En virtud de un precepto divino significa, en lenguaje eclesiástico, ciertas oraciones a ser recitadas en horas fijas del día o de la noche por los sacerdotes, religiosos o clérigos, y, en general, todos los obligados por su vocación a cumplir con este deber.

"Horas Canónicas", "Breviario", "Oficio diurno y nocturno", "Oficio eclesiástico", "Cursus ecclesiasticus”, o simplemente "cursus" son sinónimos de "Oficio Divino". "Cursus" es la forma utilizada por Gregorio cuando escribió: "exsurgente abbate cum monachis ad celebrandum cursum" (De glor. martyr., XV). También se usaban "Agenda", "agenda mortuorum", "agenda missarum", "solemnitas", "missa". Los griegos emplean "sinaxis" y "canon" en este sentido. La expresión "officium divinum" se utilizó en el mismo sentido por el Concilio de Aix-la-Chapelle (800), el IV de Letrán (1215) y el de Vienne (1311); pero también se utiliza para designar cualquier oficio de la Iglesia. Así Walafrido Estrabón, Pseudo-Alcuino, Rupert de Tuy titularon sus obras sobre ceremonias litúrgicas "De officiis divinis". Hittorp, en el siglo XVI, tituló su colección de obras litúrgicas medievales "De Catholicae Ecclesiae divinis officiis ac ministeriis" (Colonia, 1568). La utilización en Francia de la expresión "santo oficio" como sinónimo de "oficio divino" no es correcta. "Santo Oficio" designa una congregación romana, cuyas funciones son bien conocidas, y las palabras no deben usarse para sustituir el nombre “Oficio Divino”, que es más adecuado y ha sido usado desde tiempos remotos.

El desarrollo del Oficio Divino fue probablemente de la siguiente manera: La celebración de la Eucaristía era precedida por la recitación de los Salmos y las lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento. Esta era llamada la Misa de los catecúmenos, que ha sido preservada casi en su forma original. Probablemente esta parte de la Misa fue la primera forma del Oficio Divino, y, al principio, las vigilias y la sinaxis eucarística eran una. Cuando el servicio eucarístico no se celebraba, la oración se limitaba a la recitación o cántico de los Salmos y las lecturas de la Escritura. Las vigilias así separadas de la Misa se convirtieron en un oficio independiente.

Durante el primer período el único oficio celebrado en público era la sinaxis eucarística con vigilias que la precedían, pero que formaban con ella un conjunto. En esta hipótesis la Misa de los catecúmenos sería el núcleo original de todo el Oficio Divino. La sinaxis eucarística que comenzaba al atardecer no terminaba hasta el amanecer. Las vigilias, independientemente del servicio eucarístico, se dividían naturalmente en tres partes: el comienzo de las vigilias, u Oficio del atardecer, las vigilias propiamente dichas, y el final de la vigilia u Oficio matutino. Pues cuando las vigilias eran todavía el único Oficio y se celebraban sólo raramente, continuaban durante gran parte de la noche. Así, el Oficio que hemos llamado el Oficio de la tarde o vísperas, el de la medianoche, y el de la mañana, llamado maitines primero y luego laudes, fueron originalmente un solo Oficio. Si se rechaza esta hipótesis, se debe admitir que al principio había sólo un oficio público, las vigilias. El servicio del atardecer, vísperas, y el de la mañana, maitines o laudes, fueron gradualmente separados de él. Durante el día, tercia, sexta y nona, horas usuales de oraciones privadas tanto entre los judíos como entre los primeros cristianos, se convirtieron luego en las horas, así como las vísperas o laudes. Las completas aparecen como una repetición de las vísperas, primero en el siglo IV. Prima es la única hora cuyo origen y fecha precisos se desconocen ---a finales del siglo IV.

De todos modos, durante el curso del siglo V, el Oficio se componía, como hoy día, de un Oficio nocturno, es decir, vigilias ---luego maitines--- y los siete oficios del día: laudes, prima, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. En las “Constituciones Apostólicas” leemos: "Precationes facite mane, hora tertia, sexta, nona, et vespere atque galli cantu" (VIII, IV). Tales eran las horas como existían entonces. Sólo se omiten prima y completas, las cuales se originaron no antes de finales del siglo IV, y cuyo uso se extendió sólo gradualmente. Los elementos de los que se componen esas horas al principio fueron pocos, idénticos a los de la Misa de catecúmenos, Salmos recitados o cantados ininterrumpidamente (tracto) o por dos coros (antífonas) o por un cantor alternando con el coro (responsos y versículos); lecturas (del Antiguo y del Nuevo Testamento, origen de las capítulas), y oraciones.

Este desarrollo del Oficio Divino, en lo que se refiere a la liturgia romana, se completó a finales del siglo VI. Los cambios posteriores no fueron en puntos esenciales, sino más bien adiciones de importancia, como las antífonas a la Virgen al final de ciertos Oficios, los asuntos del calendario, y Oficios opcionales, como los del sábado (ver Pequeño Oficio de Nuestra Señora), o de los difuntos (vea Oficio de Difuntos), y la celebración de nuevas fiestas, etc. La influencia del Papa San Gregorio I Magno en la formación y fijación del Antifonario Romano, influencia que se ha cuestionado, ahora parece segura.

Mientras que permitía cierta libertad en cuanto a la forma exterior del Oficio (por ejemplo, la libertad que gozaban los monjes de Egipto y más tarde San Benito en la constitución del Oficio benedictino), la Iglesia insistió desde la antigüedad en su derecho a supervisar la ortodoxia de las fórmulas litúrgicas. El Concilio de Milevis (416) prohibió cualquier fórmula litúrgica no aprobada por un concilio o por una autoridad competente (cf. Labbe, II, 1540). Los concilios de Vannes (461), Agde (506), Epaon (517), Braga (563), Toledo (especialmente el cuarto concilio) promulgaron decretos similares para la Galia y España. En los siglos V y VI varios hechos (vea Canon de la Misa) nos dieron a conocer los derechos reclamados por los Papas en materia litúrgica. El mismo hecho se establece por la correspondencia de San Gregorio I. Bajo sus sucesores la liturgia romana tiende gradualmente a sustituir a las demás, y esto es una prueba adicional del derecho de la Iglesia a controlar la liturgia (una tesis bien establecida por Dom Guéranger en su "Instituciones liturgiques", París, 1883, y en su carta al arzobispo de Reims sobre la ley litúrgica, op. cit., III, 453 ss).

Desde el siglo XI, bajo el Papa San Gregorio VII y sus sucesores, esta influencia aumentó gradualmente (Bäumer-Biron, "Hist. Du Bréviaire", especialmente II, 8, 22 ss.). Desde el Concilio de Trento, la reforma de los libros litúrgicos entra en una nueva fase. Roma se convierte, bajo los Papas Pío IV, San Pío V, Gregorio XIII, Sixto V, Gregorio XIV, Urbano VII y sus sucesores, Benedicto XIV, en la escena de una laboriosa empresa: la reforma y corrección del Oficio Divino, lo que resultó en la costumbre moderna, con todas las rúbricas y reglas para la recitación del Oficio Divino y su obligación, y en la reforma de los libros litúrgicos, corregidos de acuerdo con las decisiones del Concilio de Trento y solemnemente aprobados por los Papas (Bäumer-Biron, “Hist. Du Bréviaire”).

¿Qué es Liturgia?

Liturgia (leitourgia) es una palabra compuesta griega que significa originariamente un deber público, un servicio al estado emprendido por un ciudadano. Sus elementos son leitos (de leos = laos, pueblo) que significa público, y ergo (obsoleto en su actual tronco, utilizado en futuro, erxo, etc.), hacer. De ahí tenemos leitourgos, “un hombre que realiza un deber público”, “un servidor público”, a menudo usado como equivalente al lictor romano; luego leitourgeo, “hacer tal servicio”, leitourgema, su realización, y leitourgia, el propio servicio público. En Atenas la leitourgia era el propio servicio público realizado por los ciudadanos más ricos a sus expensas propias, tales como el oficio de gymnasiarca, que supervisaba el gimnasio, el de choregus, que pagaba a los cantantes de un coro en el teatro, el de hestiator, que daba un banquete a su tribu, del trierarchus, que suministraba un barco de guerra al estado.

La significación de la palabra liturgia se extiende luego hasta cubrir cualquier servicio general de carácter público. En los Setenta se usa (como el verbo leitourgeo) para el servicio público del templo (vg. Ex., 38, 27; 39, 12, etc.). De ahí llega a tener un sentido religioso como la función de los sacerdotes, el servicio ritual del templo (vg: Joel, 1, 9; 2, 17, etc.).

En el Nuevo Testamento esta significación religiosa ha arraigado claramente. En Lucas, 1, 23, Zacarías va a casa cuando “los días de su liturgia” (ai hemerai tes leitourgia autou) han terminado. En Heb., 8, 6, el sumo sacerdote de la Nueva Ley “ha logrado una liturgia mejor”, esto es, una especie mejor de servicio público religioso que el del Templo. Así en su uso cristiano liturgia significa el servicio público oficial de la Iglesia, que se correspondía con el servicio oficial del Templo en la Antigua Ley. Ahora debemos distinguir dos sentidos en los que se usa aún normalmente la palabra. Estos dos sentidos a menudo conducen a la confusión. Por un lado, liturgia a menudo significa todo el complejo de servicios oficiales, todos los ritos, ceremonias, oraciones y sacramentos de la Iglesia, en contraposición a las devociones privadas.

En este sentido hablamos del ordenamiento de todos estos servicios en ciertas formas establecidas (incluyendo las horas canónicas, la administración de sacramentos, etc.), usadas por una iglesia local, como la liturgia de tal iglesia – la Liturgia de Antioquía, la Liturgia Romana, etc. Así liturgia significa rito; hablamos de modo indiferente de Rito Bizantino o Liturgia Bizantina. En el mismo sentido distinguimos los servicios oficiales de los demás llamándoles litúrgicos; esos servicios son litúrgicos cuando se contienen en alguno de los libros oficiales (ver LIBROS LITÚRGICOS) de un rito.

En la Iglesia Romana, por ejemplo, las Completas son un oficio litúrgico, el Rosario no lo es. El otro sentido de la palabra liturgia, ahora común en todas las Iglesias Orientales, la restringe únicamente al principal servicio oficial – el Sacrificio de la Sagrada Eucaristía, que en nuestro rito llamamos la Misa.

Liturgia de la palabra

Después de ponernos en la presencia de la Santísima Trinidad y de pedir perdón por nuestros pecados sigue una de las partes fundamentales de la Santa Misa: la liturgia de la palabra.

La liturgia de la palabra pretende recordar la historia de la salvación, es decir, revivir todo el esfuerzo que Dios continuamente ha hecho y está haciendo para salvar a los hombres.

En la primera lectura se recuerda ordinariamente la historia del pueblo de Israel; en la segunda la historia de la Iglesia inicial y, como centro, en la tercera lectura, se trae a la memoria la vida de Cristo, la historia de la vida de Cristo que es el centro de toda la historia de la salvación.

Por tanto, uno de los propósitos de la liturgia de la palabra es recordar, tener siempre presente las maravillas realizadas por Dios, producto de los continuos actos de amor de Dios nuestro Señor durante la historia.

Definición de Liturgia

La Liturgia es el culto ofrecido a Dios, por medio de Cristo y su Iglesia. La celebración del misterio cristiano, se realiza a través del tiempo, cada año se conmemoran los principales acontecimientos de la intervención de Dios y su salvación en la historia del hombre.

Dios ha entrado en la historia humana para realizar un plan de salvación que culmina en la Muerte y Resurrección de Cristo; Dios --Jesucristo-- ha entrado en el tiempo del hombre y lo ha santificado. El hombre, por tanto, celebra cada año, los acontecimientos de la salvación que trajo Jesucristo.

El Año Litúrgico es la celebración - actualización del misterio de Cristo en el Tiempo; es decir, la celebración y actualización de las etapas más importantes del desarrollo del plan de salvación de Dios para el hombre. Es un camino de fe que nos mete progresivamente en el misterio de la salvación; que los cristianos recorremos para realizar en nosotros este plan divino de amor que apunta a que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (1 Tm 2,4). Quien ha estudiado la historia de salvación, comprenderá la importancia del Año Litúrgico en su caminar hacia el Padre.

El eje sobre el cual se mueve el Año Litúrgico es la Pascua. Por lo tanto la principal finalidad consiste en acompañar gradualmente al hombre hacia una conformación auténtica de Cristo, muerto y resucitado.

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