Fe: ¿Qué es la Fe? Frases, Oración, Definición, Católica, En Dios

  1. Del latin, fides fiarse, confiar, creer en alguien.

  1. Expresa la creencia de una persona o comunidad de personas en algo o en alguien.

  1. Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)

En el catolicismo, primera de la tres virtudes teologales. Las afirmaciones que deben ser aceptadas como verdades que se deben creer, son denominadas dogmas de fe.

Objetivamente, la fe representa la suma de verdades reveladas por Dios en la Escritura y la tradición, y que la Iglesia nos presenta de forma breve en sus credos.

Diccionario Biblico: Fe

La Fe desde el punto de vista religioso se refiere a la totalidad de creencias, dogmas, principios y pensamientos que hacen parte del fiel o creyente de dicha religión. Por esta razón es posible hablar de Fe budista, Fe cristiana, Fe hinduista, Fe judía, Fe musulmana y sus respectivas subdivisiones como la Fe zen (Budismo), Fe católica (Cristianismo), Fe sunnita o Fe chiita (Islam), Fe ortodoxa o Fe del judaísmo reformado (Judaísmo), entre muchos otros grupos religiosos. Una persona que sigue una religión determinada es llamada "fiel" de esa religión (es decir, que tiene Fe en los dogmas de esa religión). En oposición, muchas religiones suelen referirse con el término de "infiel" a quienes no comparten los dogmas propios (es decir, que no tiene fe).

Definición de Fe

Palabra que proviene del latín fides y remite a un concepto fundamental de la religión; asentimiento intelectual y principio sobrenatural de conocimiento que, sin penetrar las verdades reveladas por razones internas no lógicas, las considera por encima de la razón y las afirma con certeza, basándose en la autoridad de un Dios revelante.

Según la doctrina cristiana, es una virtud sobrenatural, teologal e infusa por la que se opera en el hombre la justificación. La fe no nace del testimonio de las criaturas, sino del testimonio del mismo Dios; es un conocimiento esencialmente oscuro, pues gira en torno a misterios absolutos como la Trinidad, la encarnación del Verbo, etc.

Desde el punto de vista filosófico, la fe es considerada por Kant como “el modo moral de pensar de la razón cuando muestra su aquiescencia a aquello que es inaccesible al conocimiento teórico”.

Es el conjunto de creencias religiosas de una persona o un grupo de ellas. Remite también a la confianza y el buen concepto que se tiene de una persona o cosa; creencia que se da a las cosas por autoridad del que las dice o por la fama pública.

Para la fe cristiana es el conjunto de verdades reveladas directamente por Dios en la persona de Cristo y por expreso mandato suyo y enseñadas por la Iglesia; por esta fe se comienza a formar parte de la comunidad de los fieles, que forman el cuerpo místico del que Cristo es la cabeza.

El Significado de la Palabra

(Pistis, fides). En el Antiguo Testamento la palabra hebrea significa esencialmente firmeza, inmutabilidad, cf. Éxodo 17,12, donde se usa para describir la fuerza de las manos de Moisés; por lo tanto viene a significar fidelidad, lealtad, ya sea de Dios hacia el hombre (Deut. 32,4) o del hombre hacia Dios (Sal. 119(118),30). En la medida que denota la actitud del hombre hacia Dios significa confianza o “fiducia”. Sin embargo, sería ilógico concluir que en el Antiguo Testamento la palabra no puede y no significa creencia o fe, pues está claro que uno no puede confiar en las promesas de una persona sin previamente afirmar o creer en la pretensión de esa persona a tal confianza.

En el Nuevo Testamento surgen a la vista los significados de “creer” y “creencia” para “pisteon” y “pistis”; en el lenguaje de Cristo, “pistis” frecuentemente significa “confiar”, pero también “creencia” (cf. Mt. 8,10). En los Hechos se refiere objetivamente a los principios de los cristianos, pero a menudo se interpreta como “creencia” (cf. 17,31; 20,21; 26,8). En Romanos 14,23, tiene el significado de “conciencia”---“porque todo lo que no procede de la buena fe es pecado”---pero el apóstol lo usa repetidamente en el sentido de “creencia” (cf. Rom. 4 y Gál. 3).

¿Qué es la Fe, Fe Católica y Fe en Dios?

¿Cómo podemos definir la fe? ¿Es un sentimiento? ¿es un salto al vacío? ¿es un tranquilizante ante mis problemas? La reflexión de este mes se centrará en comprender un poco mejor qué es la fe para que sea una fe más madura, más solida, y así podamos avanzar más seguros hacia la meta última de nuestra vida.

LA CONFIANZA: UNA ACTITUD NATURAL

El mundo de hoy muchas veces cuestiona a las personas que tienen fe. Se les considera ingenuas, ilógicas, supersticiosas. Parecería que para tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo resulta difícil creer en algo o alguien sin poder verlo con los propios ojos y tocarlo con las propias manos.

Creer y confiar en la palabra de otra persona es, sin embargo, algo natural y cotidiano; ni siquiera el más convencido ateo podría considerarse un incrédulo absoluto, pues cada vez que adquiere un producto o un alimento confía en las personas que lo han elaborado. Tal vez no creerá en Dios, pero en lo cotidiano "creerá" en muchísimas cosas y personas sin estar constantemente analizando las razones para hacerlo. Por ejemplo, cuantas veces creemos, sin cuestionar, lo que dicen los noticieros, las películas o los diarios. Más aún, le creemos a las personas que amamos, o a quienes les reconocemos cierta autoridad, sin tener que estar verificando constantemente lo que nos dicen. Sería realmente imposible vivir si dudásemos de todo lo que se nos dice hasta que sea demostrado. El mundo, es un sentido, se paralizaría.

Para el ser humano natural creer y confiar y la fe cristiana, que implica un acto similar en cuanto es creencia y confianza, es una postura nartual, que no hace a los cristianos ni ingenuos, ni tontos, ni ilógicos. Sin embargo, resulta comprensible que para temas más trascendentes y misteriosos exijamos mayores razones, y está muy bien que sea así.

FE: DON DE DIOS Y ACTO HUMANO

La disposición natural de las personas para creer y confiar encuentra una seguridad y una certeza muy grande en la virtud teologal de la fe, porque es confiar en Dios, quien nunca nos falla ni nos abandona, que ni se engaña ni nos puede engañar.

La Iglesia Católica nos dice que la fe es la adhesión personal del hombre a Dios que nos ha creado a su Imagen y Semejanza y, además, ha querido revelarse, darse a conocer. Dios habla a los hombres como amigo, movido por su gran amor y mora con ellos para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en su compañía. La respuesta adecuada a esta invitación es la fe. Por la fe nosotros aceptamos a Dios que se revela, aceptamos su invitación a vivir con Él.

La Iglesia nos ilumina, además, dando dos características muy importantes de la fe.

  1. En primer lugar afirma que la fe es una gracia, un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él. Es un regalo que Dios nos da, manifestación inmensa de su amor. Dios no le niega nunca este regalo a quien lo busca sinceramente y lo pide con humildad.

  2. Por otro lado Dios respeta la libertad del hombre. La fe es también un acto humano, que depende de la libertad y la inteligencia del hombre que deposita su confianza en Dios y se adhiere a las verdades por Él reveladas.

Recordemos siempre, entonces, que como todo don divino, la iniciativa es de Dios. Él nos ama primero, y nos ofrece la gracia de la fe que ilumina nuestro entendimiento y voluntad. Como toda invitación, espera una respuesta. Esa respuesta al don de la fe es la aceptación libre, el asentimiento a las verdades y promesas por Él reveladas.

Esto nos lleva a una pregunta que probablemente nos hemos hecho alguna vez: ¿Y cuál es el motivo por el cual creemos? En el fondo, creemos gracias a la autoridad de Dios mismo que se revela y que no puede engañar ni engañarnos.

En el lenguaje familiar decimos que "creemos" en una persona, o le tenemos "fe". Solemos expresarnos de esta manera cuando manifestamos que podemos confiar en esa persona. Por lo general es así porque se ha ganado nuestra confianza, no ha demostrado que es fiable. Algo similar, pero a la vez infinitamente superior, podemos decir de Dios. Por fe creemos en Dios y le creemos a Dios con una certeza que nadie más que Él merece. La fe teologal es más cierta que todo conocimiento humano porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir.

Además existen muchísimas razones para creer. Argumentos que nos ayudan a fortalecer y anunciar nuestra fe, como por ejemplo: Es impresionante como toda la Revelación de Dios a lo largo de la historia tiene un hilo y una coherencia maravillosos: Cada acontecimiento le van dando sentido a lo anterior; por otro lado las verdades de la fe se entrelazan unas con otras con una armonía muy misteriosa; los milagros han ido confirmando muchas de estas verdades de fe y son una ayuda ante nuestra poca fe; Tantos santos que ha tenida la Iglesia también son una garantía de que viviendo la fe se alcanza la felicidad, etc.

LA "PUERTA DE LA FE"

San Pablo, en los Hechos de los Apóstoles, luego de predicar el Evangelio en diversas ciudades, se detiene finalmente en Antioquía. A su llegada «reunieron a la Iglesia y se pusieron a contar con todo cuanto Dios había hechos juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe» (Hech 14,27). La fe, también conocido como el bautismo, es como una puerta que nos introduce en la vida de comunión con Dios y a la vez nos permite la entrada en la Iglesia.

La figura de la puerta nos habla de entrada, de inicio. Nos recuerda el ingreso a un nuevo tipo de vida, que además involucra todo nuestro ser. No cruzamos el umbral de la fe sólo con una comprensión teórica de las verdades, sino cuando escogemos la gracia de Dios y emprendemos un camino de conversión total, que se manifiesta con todas las dimensiones de nuestra vida. Se cruza este umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma, y supone emprender un camino que dura toda la vida. Es, en este sentido, una opción fundamental que alcanza toda nuestra existencia.

La fe es integral, es decir, debe iluminar nuestra mente, ser acogida en el corazón, y manifestada en las acciones de nuestra vida cotidiana. Tener fe en el Señor no es un hecho que interesa sólo a nuestra inteligencia, el área del saber intelectual, sino que es un cambio que involucra la vida, la totalidad de nosotros mismos: sentimiento, corazón, inteligencia, voluntad, corporeidad, emociones, relaciones humanas.

La imagen de la puerta nos remite también a unas palabras del Señor Jesús sumamente iluminadoras: «En verdad, en verdad o digo: yo soy la puerta de las ovejas (...) si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,7.9).

Los cristianos conocemos de Dios lo que nos ha revelado Jesucristo: Que dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios verdadero en tres personas distintas, ese es el contenido esencial de nuestra fe. Por ello, creer en Dios es inseparable de creer en el Señor Jesús, que nos reconcilia y salva. Dios se revela a través de su Hijo y nos invita a la comunión, a vivir como verdaderos amigos suyos.

La puerta de la fe se abre ante nosotros para que podamos encontrarnos con Cristo, y seguirlo. Él es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6).

CAMINAR Y CRECER EN LA FE

Cruzar el umbral de la puerta de la fe, sin embargo, no basta. Como hemos visto, el don de la fe implica una respuesta continua para cultivar ese don, ya que sin la fe no crece, se va enfriando y va desapareciendo. La fe, como señala San Agustín, «se fortalece creyendo». La vida de oración, recurrir a los sacramentos como son la Confesión y la Eucaristía, estudiar los contenidos de la fe con el Catecismo, acudir a sacerdotes y personas con experiencia, visitar iglesias y santuarios, son medios a nuestro alcance para caminar y crecer en vida de fe. Pero por encima de todo ello necesitamos pedir al Señor el don de la fe, que nos ayude a fortalecerla y acrecentarla.

Una de las grandes riquezas y ayudas de la fe cristiana es que caminamos juntos como una sola familia. Ningún crisitano avanza solo por el sendero de la fe. Como miembros de la Iglesia, nos apoyamos unos a otros y recibimos de Ella las gracias y auxilios que necesitamos "hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo (Ef 4,13). Juntos nos vamos perfeccionando. Por eso cuando decimos "creo" estamos diciendo al mismo tiempo "creemos".

Esa dimensión comunitaria de nuestra fe nos llena de alegría y esperanza. Estamos siendo sostenido por la fe de Dios y los otros, y por nuestra fe nosotros contribuyo a sostener la fe de los otros.

Por otro lado el cristiano «no puede pensar nunca que creer es un hecho privado». Lo más natural es compartir lo que creemos. Cuando tenemos algo valioso, algo que vale la pena, se lo decimos a todos nuestros familiares, amigos y conocidos. Así como el sol no puede dejar de iluminar, el que lleva la llama de Cristo no puede esconderla. Y no se trata de enseñar teoría, sino de presentarlo como quien presenta a un amigo: "Te presento a Jesús", para que otro pueda decir: "mucho gusto en conocerte".

La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo.

CITAS PARA LA ORACIÓN
  • Qué es la fe: Jn 9,36-38; Heb 11,1.

  • Pedir el don de la fe: Mc 9,23-24; Lc 17,5.

  • Fe y salvación: Mt 9,22; Mt 8,5-12.

  • Fortalecer nuestra fe: Mt 17,19-20; 1Pe 1,6-9, 2Pe, 1,1-11.

  • La fe se manifiesta en obras: Stgo 2,14-24

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
  1. ¿Qué es la fe?

  2. ¿Qué características tiene la fe?

  3. ¿Cómo es mi fe?

  4. ¿Qué puedo hacer para fortalecer mi fe?

¿Vivimos Nuestra Fe?

La fe no es una simple teoría. Es un compromiso que llega al corazón y a las acciones, a los principios y a las decisiones, al pensamiento y a la vida.

Vivimos nuestra fe cuando dejamos a Dios el primer lugar en nuestras almas. Cuando el domingo es un día para la misa, para la oración, para el servicio, para la esperanza y el amor. Cuando entre semana buscamos momentos para rezar, para leer el Evangelio, para dejar que Dios ilumine nuestras ideas y decisiones.

Vivimos nuestra fe cuando no permitimos que el dinero sea el centro de gravedad del propio corazón. Cuando lo usamos como medio para las necesidades de la familia y de quienes sufren por la pobreza, el hambre, la injusticia. Cuando sabemos ayudar a la parroquia y a tantas iniciativas que sirven para enseñar la doctrina católica.

Vivimos nuestra fe cuando controlamos los apetitos de la carne, cuando no comemos más de lo necesario, cuando no nos preocupamos del vestido, cuando huimos de cualquier vanidad, cuando cultivamos la verdadera modestia, cuando huimos de todo exceso: “nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias” (Rm 13,13).

Vivimos nuestra fe cuando el Dios y prójimo ocupa el primer lugar en nuestros proyectos. Cuando visitamos a los ancianos y a los enfermos. Cuando nos preocupamos de los presos y de sus familias. Cuando atendemos a las víctimas de las mil injusticias que afligen nuestro mundo.

Vivimos nuestra fe cuando tenemos más tiempo para buenas lecturas que para pasatiempos vanos. Cuando leemos antes la Biblia que una novela de última hora. Cuando conocer cómo va el fútbol es mucho menos importante que saber qué enseñan las verdadera Papas y los obispos.

Vivimos nuestra fe cuando no despreciamos a ningún hermano débil, pecador, caído. Cuando tendemos la mano al que más lo necesita. Cuando defendemos la fama de quien es calumniado o difamado injustamente. Cuando cerramos la boca antes de decir una palabra vana o una crítica que parece ingeniosa pero puede hacer mucho daño. Cuando promovemos esa alabanza sana y contagiosa que nace de los corazones buenos.

Vivimos nuestra fe cuando los pensamientos más sencillos, los pensamientos más íntimos, los pensamientos más normales, están siempre iluminados por la luz del Espíritu Santo. Porque nos hemos dejado empapar de Evangelio, porque habitamos en el mundo de la gracia, porque queremos vivir a fondo cada enseñanza del Maestro.

Vivimos nuestra fe cuando sabemos levantarnos del pecado. Cuando pedimos perdón a Dios y a la Iglesia en el Sacramento de la confesión. Cuando pedimos perdón y perdonamos al hermano, aunque tengamos que hacerlo setenta veces siete.

Vivimos nuestra fe cuando estamos en comunión alegre y profunda con la Virgen María y con los santos. Cuando nos preocupa lo que ocurre en cada corazón cristiano. Cuando sabemos imitar mil ejemplos magníficos de hermanos que toman su fe en serio y brillan como luces en la marcha misteriosa de la historia humana.

Vivimos nuestra fe cuando nos dejamos, simplemente, alegremente, plenamente, amar por un Dios que nos ha hablado por el Hijo y desea que le llamemos con un nombre magnífico, sublime, familiar, íntimo: nuestro Padre de los cielos.

Frases de Fe

El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz.”

La fe hace posible lo que por razón natural no lo es.”

Fe es creer en lo que no se ve; y la recompensa es ver lo que uno cree.”

La fe de los hombres queda sellada en sus acciones, les modela sus facciones y les resplandece la mirada.”

No se vive sin la fe. La fe es el conocimiento del significado de la vida humana. La fe es la fuerza de la vida. Si el hombre vive es porque cree en algo.”

Todo el que cree, piensa. Porque la fe, si lo que cree no se piensa, es nula.”

La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano.”

Aquel que tiene fe no está nunca solo.”

La fe no es una abstracción, tiene corazón, sangre y nervios.”

La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano.”

La fe es un don sin el que no se puede venir a la Iglesia; sin el que no se puede seguir en la Iglesia.”

Todas las cosas creadas están en la mano de Dios; los sentidos ven tan sólo la acción de las criaturas, pero la fe ve en todo la acción de Dios.”

La fe nos guía, inclusive a nosotros, y seguimos su luz segura en el camino que nos conduce a Dios y a su Patria Celestial.”

Oración de Fe y Luz

Jesús, tú has venido a nuestra tierra
para revelarnos a tu Padre, nuestro Padre,
Y para enseñar a que nos amemos los unos a los otros.
Envíanos el Espíritu Santo que nos has prometido.
Que Él haga de nosotros,
en este mundo de guerra y de división,
instrumentos de paz y de unidad.

Jesús, tú nos has llamado a seguirte
en una comunidad de Fe y Luz.
Queremos decirte "sí".
Queremos vivir una alianza de amor
en esta gran familia que nos has dado,
para compartir nuestros sufrimientos y dificultades,
Nuestras alegrías y nuestra esperanza.
Enséñanos a aceptar nuestras heridas y nuestra debilidad,
para que en ellas se despliegue tu poder.
Enséñanos a descubrir tu rostro y tu presencia
en todos nuestros hermanos y hermanas,
especialmente en los más débiles.
Enséñanos a seguirte por el camino del Evangelio.

Jesús, ven a vivir en nosotros y en nuestras comunidades
como viviste en María.
Ella fue la primera en acogerte dentro de sí
Ayúdanos a permanecer siempre de pie, con ella, al pie de la cruz.
junto a los crucificados del mundo.
Ayúdanos a vivir de tu Resurrección.

Amén.

LA IGLESIA CATÓLICA ES LA ÚNICA DEPOSITARIA DE LA RELIGIÓN CRISTIANA Y LA FE VERDADERA

La Iglesia es el medio establecido por Jesucristo para conservar, propagar y hacer practicar la religión cristiana. —Fuera de la Iglesia católica no hay verdadero cristianismo.

   Creemos útil recordar aquí las verdades ya demostradas:

  • 1º. Existe un Dios Creador de todas las cosas.

  • 2º. El hombre creado por Dios posee un alma espiritual, libre e inmortal.

  • 3º. Es necesaria una religión, porque el hombre, criatura de Dios, debe rendir sus homenajes a su Creador.
       La religión natural no basta al hombre, puesto que Dios, Soberano Señor, se ha dignado revelarle una religión sobrenatural.

  • 4º. Dios ha hecho al hombre tres revelaciones, que se llaman: primitivamosaicacristiana. Las dos primeras, no eran más que la preparación de la revelación cristiana, la cual es su complemento definitivo, y permanece siendo la única verdadera, la única obligatoria.
       Hemos expuesto ya las pruebas de la divinidad de la religión cristiana, que tiene por fundador a nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre: estas pruebas son numerosas e irrefutables.5º. No queriendo Jesucristo quedarse de una manera visible en la tierra, debió elegir un medio para transmitir su religión a todos los hombres hasta la consumación de los siglos. Es evidente que al manifestarse Dios al mundo en forma de hombre, su venida debía tener por objeto la salvación de todo el linaje humano. Este medio establecido por nuestro Señor Jesucristo es la Iglesia. Tal es la última verdad que nos queda por demostrar.

   Podemos concluir inmediatamente:

  • 1º. Que todo hombre razonable debe creer en Dios;

  • 2º. Que todo hombre que cree en Dios debe ser cristiano;

  • 3º. Que todo cristiano debe ser católico.

   En este tratado, nuestros raciocinios se apoyarán en principios ya demostrados:

  • 1º. En el hecho de la divinidad del cristianismo;

  • 2º. En la verdad de las palabras divinas de nuestro Señor Jesucristo;

  • 3º. En la autenticidad de los Evangelios que citan esas palabras.

   La Iglesia es, en realidad, una institución que depende enteramente de la voluntad de Jesucristo, su fundador. Esta voluntad se nos ha manifestado: 1.º, por los Evangelios, cuyo valor histórico ya hemos probado; 2.º, por la Tradición o enseñanza oral de los apóstoles.

   Después de su resurrección, Nuestro Señor permaneció cuarenta días en la tierra; se apareció con frecuencia a sus apóstoles para darles sus instrucciones acerca de la fundación de la Iglesia: «Loquens de regno Dei» (Hechos, r. 3) —Los apóstoles no escribieron estas enseñanzas de su divino Maestro, pero las transmitieron oralmente a sus sucesores. En eso consiste la Tradición, cuyas principales instrucciones fueron más tarde escritas por los primeros Padres de la Iglesia. Nos quedan por tratar las cuestiones siguientes:

  • I. Naturaleza, fundación, fin y constitución de la Iglesia de Jesucristo;

  • II. Identidad de la Iglesia católica con la Iglesia de Cristo;

  • III. Organización de la Iglesia católica;

  • IV. Relaciones de la Iglesia con las sociedades civiles;

  • V. Beneficios que la Iglesia Proporciona al mundo;

  • VI. Nuestros deberes para con la Iglesia, verdadera regla de la fe y de la moral.

I. La Iglesia tal como fue establecida por Jesucristo

   135. P. ¿Qué medio estableció nuestro Señor Jesucristo para conservar y propagar la religión cristiana?

   R. El medio establecido por Jesucristo es la Iglesia.

   Jesucristo quiso unir a los hombres y a los pueblos entre sí, quiso unirlos a Él, y, por su intermedio, unirlos a su Padre. Con este fin, fundó una sociedad religiosa destinada a recoger a los que creyeran en Él, y, para gobernarla, instituyó un sacerdocio o cuerpo de pastores encargados de predicar su palabra y de administrar sus sacramentos.

   Eligió doce apóstoles, los instruyó durante tres años, les comunicó sus poderes y los envió por todo el mundo a predicar el Evangelio.

El pueblo hebreo fue elegido para conservar la verdadera religión hasta la llegada del Mesías. La Iglesia fue establecida para propagarla hasta el fin de los siglos.

   Jesucristo vino a traer al hombre los únicos bienes necesarios: la verdad y la gracia. Al salir de la tierra para volver al cielo, dejó: 1.º, las verdades reveladas y las leyes morales que debían ser transmitidas a los hombres de todos los tiempos y de todas las naciones; 2.º, los tesoros de gracia que habían de ser distribuidos a las generaciones futuras. Para continuar en el mundo la obra de la Redención, Jesucristo fundó la Iglesia, sociedad religiosa, depositaria de su doctrina y de sus gracias.

   Nada más grande que la Iglesia, ese reino del Mesías anunciado con tanta frecuencia en el Antiguo Testamento. David, Isaías, Ezequiel, cantaron sus glorias y sus triunfos. Daniel predijo su duración inmortal al explicar el sueño del rey Nabucodonosor. El plan de Dios es realmente espléndido: quiere divinizar a todos los hombres, unirlos a su Cristo y por mediación de su Cristo, a la Santísima Trinidad, a fin de hacerlos partícipes de la bienaventuranza infinita de las tres personas divinas.

§ 1.º Naturaleza de la Iglesia de Jesucristo

   136. P. ¿Qué es la Iglesia?

   R. La palabra Iglesia, derivada del griego, significa la asamblea de los llamados. Unas veces designa el lugar donde se reúnen los fieles para orar, y otras la sociedad de los fieles adoradores del verdadero Dios.

   La Iglesia, corno sociedad, en su sentido más amplio, comprende el conjunto de los fieles de la tierra, de los justos del Purgatorio y de los santos del cielo: de ahí la división bien conocida de la Iglesia en militantepurgante y triunfante.

   La Iglesia militante, considerada históricamente, comprende a todos los verdaderos adoradores de Dios, desde el origen del mundo hasta el fin de los tiempos; todos, en hecho de verdad, han creído o creerán en la religión revelada, esencialmente la misma en sus diversas fases; en este sentido se subdivide la Iglesia en patriarcalmosaica y cristiana o católica.

   La Iglesia católica es la sociedad de todos los discípulos de Jesucristo unidos entre sí por la profesión de la fe cristiana, la participación de los mismos sacramentos, la sumisión a los legítimos pastores, principalmente a la misma cabeza visible, el Vicario de Jesucristo.

   Divídese en dos partes: la Iglesia docente, los pastores, y la Iglesia discente, los fieles. El nombre de Iglesia designa frecuentemente la Iglesia docente. En este sentido se dice: la Iglesia enseñala Iglesia ordenala Iglesia (El Papa habla ex cathedra) es infalible, etc.

Este tratado de la Iglesia está destinado a establecer la legitimidad de dicha definición. —Para pertenecer a esta sociedad exterior y visible, se requieren tres condiciones 1.º, ser bautizado; 2.º, creer en la doctrina de Jesucristo 3.º, estar sometido a los pastores que gobiernan la Iglesia en nombre del Hijo de Dios y, sobre todo, al jefe supremo de la Iglesia, que es el Vicario de Jesucristo.

   La Iglesia y la religión. —La palabra religión designa el conjunto de las relaciones entre el hombre y Dios; la palabra Iglesia designa la sociedad de las personas que tienen estas relaciones con Dios. —La religión es el conocimiento, el servicio, el amor, el culto del verdadero Dios; la Iglesia es la sociedad de los hombres fieles que conocen y practican la religión.

   La Iglesia y la religión son de institución divina y su unión constituye el cristianismo. No hay cristianismo sin Iglesia. Así como la humanidad no actúa o existe en el orden real más que en el hombre, así tampoco el cristianismo se realiza más que en la Iglesia. Entre ésta y aquél podemos establecer distinción, pero en la realidad son idénticos. Jesucristo, con un solo acto, funda la religión cristiana y la Iglesia.

   137. P. La Iglesia ¿es verdadera sociedad?

   R. Sí; la Iglesia es una verdadera sociedad, porque reúne todos los elementos constitutivos de tal.

   Una sociedad es un conjunto de hombres unidos entre sí bajo la misma autoridad para alcanzar un mismo fin por medios comunes.

   Es así que la Iglesia comprende: 1.º, pluralidad de miembros unidos entre sí; —.2.º autoridad que manda; 3.º, un fin común a los asociados; 4.º, medios comunes para alcanzar este fin.

   Luego la Iglesia es una verdadera sociedad.

Los jefes de la Iglesia son los pastores: san Pedro, los apóstoles;
Los súbditos son los fieles que creen en las verdades reveladas;
El fin es la eterna bienaventuranza;
Los medios son la profesión de una misma fe, la participación de los mismos sacramentos, la obediencia a los legítimos pastores.

   Toda sociedad supone cuatro elementos esenciales

   1.º, pluralidad de miembros; 2.º, autoridad que forma el lazo moral de los asociados y los dirige hacia el fin común; 3.º, unidad del fin que hay que alcanzar; 4.º, empleo de los mismos medios.

   Los dos primeros elementos son comunes a todas las sociedades; los otros dos las especifican. Así en toda sociedad civil hay necesariamente dos clases de ciudadanos: los que mandan en virtud de la autoridad de que son depositarios, y los que obedecen: si falta eso, se podrá tener una muchedumbre de hombres, pero no una sociedad.

   El tercer elemento es el fin, el objeto que los asociados se proponen alcanzar; el cuarto, los medios, que deben ser siempre proporcionados al fin. —Este fin, este objeto, determina la naturaleza de toda sociedad, porque por razón del fin y objeto los asociados se unen y el poder dirigente está investido de tales y cuales prerrogativas.

§ 2.º Fundación de la Iglesia

   138. P. Jesucristo ¿fundó directamente la Iglesia?

   R. Sí; el mismo Jesucristo instituyó la Iglesia bajo la forma de una sociedad visible, exterior como las otras sociedades humanas, y gobernada por autoridades legítimas.

   Reunió a todos sus discípulos bajo la autoridad de sus apóstoles para hacerles conseguir un fin común, su salvación eterna, mediante el empleo de los mismos medios, la práctica de la religión cristiana.

   Tenemos como pruebas:

  • 1º. Las palabras de Jesucristo referidas en el Evangelio;

  • 2º. El testimonio diez y nueve veces secular de la historia;

  • 3º. La misma existencia de esta sociedad fundada por Jesucristo.

1.º Las palabras de Jesucristo prueban la fundación de la Iglesia

   a) Jesucristo promete formalmente fundar una Iglesia, distinta de la Sinagoga, cuando le dice a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.» —Las imágenes o los emblemas con que se complacía nuestro Señor Jesucristo en describir su Iglesia futura son los de una sociedad: la Iglesia, en boca de Jesucristo, es un rebaño, una familia, el reino de Dios.

   b) Durante los tres años de su vida pública, Jesucristo preparó los elementos de su Iglesia. De entre la muchedumbre que le seguía, eligió, desde luego, doce discípulos, a los que llamó Apóstoles o Enviados; los instruyó de una manera particular, y los consagró Obispos. —Eligió también discípulos de una categoría inferior, en número de setenta y dos, y los envió de dos en dos a predicar el Evangelio. —Finalmente, a la cabeza de sus apóstoles puso a san Pedro como fundamento de su Iglesia y pastor de los corderos y de las ovejas.

    c) Antes de subir a los cielos dijo a sus apóstoles: «Como mi Padre me ha enviado, así yo os envío… Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; id, pues, enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo aquello que os he ordenado: y yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos».

   Y en otro lugar: «Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a toda criatura: el que creyere y fuere bautizado se salvará; el que no creyere será condenado»

   Con estas palabras, por una parte, Jesucristo da a sus apóstoles un triple poder:

   a) El poder de enseñarId, enseñad a todas las naciones… predicad el Evangelio…

   b) El poder de santificarBautizad a las naciones en el nombre del Padre… el bautismo es la puerta de los otros sacramentos.

   c) El poder de gobernar o de dictar leyes: Enseñad a las naciones a guardar todo aquello que os he ordenado.

   Jesucristo añade: Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin de los siglos; con lo cual imprime a los poderes de los apóstoles el carácter divino de la infalibilidad y de la perpetuidad hasta el fin de los tiempos.

   — Por otra parte, Jesucristo impone a todos los hombres la obligación estricta de someterse a sus apóstoles, cuando dice: «Predicad el Evangelio… el que creyere se salvará; el que no creyere será condenado.» Por consiguiente, todos los hombres que quieran obtener la verdad, la gracia, la salvación eterna, deberán creer en la palabra de los apóstoles, recibir de sus manos los sacramentos y obedecer sus leyes… La Iglesia está allí toda entera con sus poderes y sus prerrogativas.

   Hallamos, de hecho, en las palabras del Salvador los cuatro elementos constitutivos de una verdadera sociedad: la pluralidad de los fieles moralmente unidos entre sí por la autoridad de los apóstoles para un fin común, la salvación eterna, mediante el empleo de los mismos medios, la fe en la doctrina de Jesucristo, la recepción de los sacramentos y la obediencia a sus leyes.

   Los apóstoles son los gobernantes, y los fieles los gobernados: la unión de unos y otros constituye una verdadera sociedad, que Jesucristo llama su Iglesia.

2.º El testimonio de la historia

   El día de Pentecostés, los apóstoles predican a Jesucristo: tres mil judíos al principio, cinco mil al siguiente día, creen en su palabra, y todos se someten a su autoridad. El número de fieles se multiplica, los apóstoles eligen ministros inferiores, presbíteros, diáconos, a los que imponen las manos para consagrarlos con el sacramento del orden. 

   Los apóstoles se separan y van a predicar el Evangelio en las diversas partes del mundo: consagran obispos y los establecen como pastores en las iglesias recientemente fundadas. A su muerte, dejan por todas partes sucesores, herederos de su autoridad, y de su ministerio. Éstos, a su vez, consagran otros sucesores, que hacen lo mismo en el transcurso de los siglos.

3.º La existencia de la Iglesia prueba que Jesucristo es su fundador

   La existencia de la Iglesia es un hecho. Nosotros la hallamos viva en todas las épocas de la historia desde hace diez y nueve siglos. Pues bien, siempre, ya por su nombre, ya por sus instituciones, ya por la sucesión no interrumpida de sus pastores, esa Iglesia reconoce a Jesucristo por su fundador. Luego la misma existencia de la Iglesia, aun prescindiendo de los Evangelios, prueba que Jesucristo la ha fundado. Sin embargo, en el final de los tiempos, durante la gran apostasía (la apostasía posterior al Vaticano II), "La Iglesia será eclipsada [oscurecido], el mundo quedará consternado." (Profecía de La Salette).

   139. P. ¿Por qué nuestro Señor Jesucristo eligió la Iglesia para conservar su religión?

   R. Jesucristo eligió la Iglesia porque una sociedad es el medio más apropiado para conservar la religión y el más conforme a la naturaleza del hombre, —esencialmente sociable.

   Una religión revelada debe ser enseñada o por Dios mismo, o por hombres delegados a este fin. Pero no conviene a la majestad divina instruir a cada individuo en particular por una revelación también particular, ya que esto sería multiplicar los milagros sin necesidad. Debía, pues, Jesucristo confiar a hombres elegidos el cuidado de transmitir a los otros la religión cristiana.

   1.º Para conservar la religión primitiva, Dios no fundó una sociedad religiosa distinta de la familia. El padre era, a la vez, rey y sacerdote: como rey, velaba por la felicidad temporal de la familia; como sacerdote, ofrecía sacrificios a Dios y transmitía a sus descendientes las verdades reveladas. Y esto era tanto más fácil cuanto que estas verdades no eran muy numerosas y los patriarcas vivían mucho más de lo que se vive ahora. Así se conservó la religión primitiva.
    2.º La tierra se puebla, las virtudes antiguas desaparecen, los hombres se pervierten, y no teniendo ya por salvaguardia la vida secular de los patriarcas, la familia es incapaz de conservar intacto el depósito de la revelación. Para conservarlo, Dios elige al pueblo judío. Sobre el monte Sinaí, da a ese pueblo la ley escrita, complemento de la revelación primitiva. Establece en esa nación una verdadera Iglesia, creando un sacerdocio distinto del poder paternal y del poder político. Este sacerdocio, encargado de las funciones del culto y de la custodia de los Santos Libros, se perpetúa de generación en generación, y conserva, hasta la venida del Mesías, el depósito de la religión revelada. Es la Sinagoga, la cual, por su constitución, es figura de la Iglesia de Cristo, como lo anuncian las profecías.
   Dios pacta una alianza particular con la nación judía, porque en ella debe nacer el Mesías. Pero no por eso los demás pueblos quedan abandonados. Ellos recibieron también la revelación primitiva; mediante sus relaciones con el pueblo judío y la difusión de los Libros Santos participan, más o menos, de las luces de la revelación mosaica: si se pervierten y corrompen, suya es la culpa. Fuera de eso, Dios se propone llamarlos nuevamente al conocimiento de la verdad completa.
   3.º Los profetas anuncian que el Redentor reunirá en su reino a los judíos y a los gentiles; el reino del Mesías es la Iglesia, la cual sucede a la Iglesia mosaica. El Antiguo Testamento era sombra y figura del Nuevo… Es así que en tiempo de Moisés había una sinagoga encargada de conservar el depósito de la revelación; luego era conveniente que Jesucristo fundara una Iglesia, encargada del depósito de la doctrina cristiana y destinada a comunicar a todos los pueblos los frutos de la redención consumada en el Calvario.
   La Iglesia nueva es más perfecta que la Iglesia antigua. Posee la perfección de la verdad más clara y enriquecida con nuevas revelaciones; la perfección de la ley impulsando a la práctica de virtudes más sublimes; la perfección de los sacramentos, constituidos en señales que causan la gracia; la perfección del sacerdocio, marcado con un carácter más divino, investido de funciones más nobles y de una autoridad más fuerte; la perfección de expansión y de duración: sus límites son los del universo y su duración es la del mundo.

1.º ¿Por qué Jesucristo eligió hombres para la enseñanza de su religión? 

  a) Una religión revelada debe ser enseñada, porque comprende verdades que creer, leyes que observar y un culto que rendir a Dios. Pero para que el hombre crea verdades, observe leyes o rinda un culto, es menester, previamente, que los conozca.

   ¿Cómo los conocerá? El hombre puede ser instruido por Dios o por sus semejantes. No es conveniente que Dios renueve la revelación para cada hombre en particular; luego es necesario que el hombre sea instruido por sus semejantes.

   El hombre puede ser instruido de viva voz o por escrito. La enseñanza oral es la más conforme a su naturaleza: conviene a todo el mundo. —Es la única posible para los niños, para los hombres que no saben leer y para todos aquellos, y son muchísimos, que no tienen ni gusto ni tiempo para estudiar en los libros.

   — Aun los hombres instruidos necesitan de una autoridad segura que les enseñe el verdadero sentido de las enseñanzas escritas. Un libro es letra muerta: es menester que alguien lo explique. «El libro es mudo, dice Platón, es un niño al que se le hace decir todo lo que se quiere, porque su padre no está allí para defenderlo.»

   La razón exige para el conocimiento de la religión, como para todas las otras ciencias, un sistema de enseñanza accesible a todos, proporcionado a la edad y a la inteligencia de todos. Sólo la enseñanza oral, dada con autoridad, llena estas condiciones.

   Además, la revelación consta de una doble ley: ley para la inteligencia, las verdades que es preciso cree; ley para la voluntad, los deberes que deben ser practicados. Pues bien, estas leyes necesitan interpretación. Todas las sociedades han instituido cuerpos de magistrados encargados de interpretar los códigos. Una ley que dejara de ser explicada, una ley cuya observancia no fuera mantenida por una autoridad visible, dejaría de ser ley. Y como Dios no puede ser inferior en sabiduría a los hombres, debe tomar las mismas precauciones.

   b) Aparte de esto, de hecho, Dios ha obrado así durante todo el transcurso de los siglos.

   1.º La revelación primitiva, hecha a Adán en el paraíso terrestre, es transmitida por hombres, de generación en generación, hasta Moisés (2.500 años).

   2.º En el monte Sinaí, Dios promulga la ley escrita. ¿Quién será el encargado de guardarla, de interpretarla hasta la venida del Mesías? Serán hombres. Aarón y sus descendientes conservan este precioso depósito durante quince siglos.

   3.º Jesucristo viene a explicar, desenvolver y perfeccionar la religión. ¿A quién confiará la guarda de ese tesoro? A sus apóstoles, dándoles autoridad infalible para que enseñen su doctrina, promulguen sus leyes y confieran su gracia.

   Antes de volver al cielo, reúne a sus apóstoles y les dice: «Como mi Padre me ha enviado, yo os envío. Id, pues, y enseñad a todo el mundo; predicad el Evangelio a toda criatura… Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo.» Con estas palabras, Jesucristo da a sus apóstoles el poder de enseñar su religión de una manera infalible y perpetua.

2.º ¿Por qué Jesucristo reunió a sus apóstoles y discípulos en una sociedad religiosa? 

   Para conformarse a la naturaleza humana. El hombre es un ser esencialmente sociable. No puede nacer sin la sociedad de la familia, no puede ser criado sino en el seno de la sociedad, y no puede vivir sin la sociedad de sus semejantes. —Al hombre, compuesto de cuerpo y alma, le convienen dos sociedades distintas: una que cuide de los intereses del cuerpo, y es la sociedad temporal, el Estado, la Nación, y otra para que vele por los intereses del alma, y es la sociedad espiritual y religiosa.

   Además, esta necesidad natural del hombre la vemos traducida en la práctica en el transcurso de todos los siglos y en todos los pueblos. En todas partes el hombre ha creído en Dios, y en todas partes se ha asociado con sus semejantes para rendirle un culto público y social. Por consiguiente, si Dios no hubiera organizado su religión en forma de sociedad, esa religión no habría estado de acuerdo con las tendencias de la naturaleza humana.

   El Redentor obra en el orden de la gracia, como el Creador en el orden de la naturaleza. Al principio Dios mismo crió al primer hombre y a la primera mujer, los unió en una sociedad íntima, la familia, y les dijo: «Creced y multiplicaos, y poblad la tierra.» Con estas palabras, Dios proveyó a la conservación de la especie humana hasta el fin del mundo.
   De la misma manera, cuando Jesucristo quiso engendrar a sus elegidos, dijo a sus apóstoles: «Id Por todo el universo, Predicad el Evangelio a todas las criaturas… Yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos.» Con estas palabras, el Salvador crea la Iglesia y asegura a los hombres, hasta el fin del mundo, la transmisión de la vida sobrenatural.
   De esta suerte, Dios Creador con una sola ordenación de su voluntad funda la familia, y el niño recibe en esta sociedad la vida natural. Dios Redentor también con una sola disposición crea la Iglesia, y en esta sociedad religiosa y divina el mismo niño recibe la vida sobrenatural.
   En virtud de estas dos sentencias creadoras, la orden de Dios se cumple sin cesar: hay hombres que se unen para poblar el mundo, y otros que se asocian para evangelizarlo. Dios, principio de vida, ha hecho brotar dos fuentes de ella: la familia, que da la vida natural y puebla la tierra, y la Iglesia, que comunica su vida sobrenatural y puebla el cielo. Hay perfecta analogía entre el orden de la naturaleza y el de la gracia.
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