Derecho Natural, Iusnaturalismo

Derecho Natural - Iusnaturalismo

La ley natural, derecho natural o iusnaturalismo está escrita en el corazón de todos los hombres, de manera que todos los hombres saben que ciertas cosas están en contra de la ley de Dios y que ciertas cosas están de acuerdo a la ley natural de la caridad, etc.
La ley natural, derecho natural o iusnaturalismo está escrita en el corazón de todos los hombres, de manera que todos los hombres saben que ciertas cosas están en contra de la ley de Dios y que ciertas cosas están de acuerdo a la ley natural de la caridad, etc.

Tal como lo explican correctamente la Biblia y el Comentario de Haydock sobre los romanos 2:14-16,

estos hombres son una ley en sí mismos, y la han escrito en sus corazones, en cuanto a la existencia de Dios, y su razón les dice que muchos pecados son ilegales: también pueden hacer algunas acciones que son moralmente buenas, como dar caridad para aliviar a los pobres, honrar a sus padres, etc. , no que estas acciones, moralmente buenas, sean suficiente para su justificación de sí mismos, o que los hagan merecedores de una recompensa sobrenatural en el reino del cielo; pero Dios, en Su infinita misericordia, les dará algunas gracias sobrenaturales” las cuales, si continúan cooperando con ellas, obtendrán más gracias y eventualmente quedarán expuestos a la Fe Católica, la cual deben de tener para ser salvados.”

Todos los infantes bautizados son católicos, aunque hayan sido bautizados en una iglesia metodista – edificio, etcétera. Esto es de fide. Estos católicos bautizados, cuando alcanzan la edad de la razón en un edificio protestante, si creen en, y sostienen, la Trinidad y la Encarnación (los cuales son dos misterios esenciales de la Fe Católica) sostienen los misterios absolutamente esenciales de la Fe Católica.

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, Credo de Atanasio, Sesión 8, 22 de noviembre, 1439, ex cátedra: “Quien quiera que desee ser salvado, necesita sobre todo sostener la fe católica; a menos que cada uno preserve esto completo e inviolable, sin duda alguna precederá por toda la eternidad. – Pero la fe católica es esto: que adoremos a un solo Dios en la Trinidad, y la Trinidad en la unidad... Pero es necesario para la salvación eterna que los fieles crean también en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo... que el Hijo de Dios es Dios y hombre... Esta es la fe católica; a menos que cada uno crea esto fiel y firmemente, no puede ser salvado.”

Si no conocen otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) entonces no son herejes sino católicos [cristianos], a menos que mantengan una posición que sea incompatible con la Fe en la Trinidad y la Encarnación, o nieguen una verdad que todos sepan sobre Dios y la ley natural, o nieguen algo que sepan que ha sido enseñado claramente en las Escrituras. Por ejemplo, si la persona bautizada, descrita anteriormente, declara que cree en la Trinidad y en la Encarnación pero sostiene que todas las religiones son más o menos buenas, entonces es un hereje y no tiene la Fe Católica (aún antes de saber que dicha posición está condenada por la Iglesia) porque su creencia es incompatible con la verdadera Fe en la Trinidad como el único Dios verdadero, cuya creencia debe de tener para decirse que tiene la Fe Católica en sus componentes más simples.

Papa Pío XI, Mortalium Animos (#2), 6 de enero, 1928: “... esa opinión falsa que considera a todas las religiones más o menos buenas y dignas de alabanza... Aquellos que sostienen esta opinión no sólo están en error y son engañados, sino también al distorsionar la idea de la verdadera religión, la rechazan ...”

Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (los cuales son los componentes más simples de la Fe Católica) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, sostiene que el hombre no tiene un libre albedrío (lo cual enseñan algunos protestantes). Esta persona también se volvería hereje aún antes que hubiese visto su posición condenada por la Iglesia y antes que hubiese escuchado de otros dogmas católicos (distintos a la Trinidad y a la Encarnación) porque está rechazando una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, que el hombre tiene un libre albedrío. Por lo tanto, está negando una verdad que todos saben sobre el hombre a partir de la ley natural y, entonces él es un hereje.

Otro ejemplo sería si la persona bautizada que cree en la Trinidad y en la Encarnación (la Fe Católica en sus componentes más simples) y nunca ha oído de otros dogmas católicos, rehusa creer que Dios es alguien que recompensa y que castiga. Esta persona es un hereje, a pesar que nunca ha visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca ha escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es verdadera a partir de la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga nuestras acciones (ver Hebreos 11:6).

Una gran mayoría de protestantes hoy en día creen en las doctrinas de “solo la fe” y “seguridad eterna”. Estas doctrinas contradicen tanto la ley natural como la razón, que dicen que todo hombre será recompensado o castigado por sus obras. También contradicen, palabra por palabra, las enseñanzas de Santiago 2 en las escrituras, que enseñan que la fe sin obras está muerta y que el hombre no se salva únicamente por la fe. Esta persona que cree únicamente en la fe o en la seguridad eterna es un hereje, aunque nunca haya visto que su posición sea condenada por la Iglesia y nunca haya escuchado de otros dogmas católicos, porque él rechaza una verdad que él sabe es cierta por la ley natural, que Dios es alguien que recompensa y que castiga las acciones, y que solo la fe no justifica al hombre sino también nuestras obras.

Otras herejías comunes en contra de la ley natural son: sostener que es aceptable el control de la natalidad o la planificación familiar natural, también llamada PFN, que muchos “Católicos” practican para evitar la concepción, (que los hace culpables del pecado mortal de la contracepción), o si una persona ha de sostener que es aceptable el aborto, o si una persona ha de sostener que es aceptable consumir drogas que alteran la mente hasta el punto en el cual se impide la conciencia.

Estos ejemplos caerían todos bajo la categoría de pecado mortal, porque él rechaza una verdad que todos saben es verdad a partir de la ley natural, es decir, 1) que el aborto es asesinato, 2) que la contracepción o la PFN frustra el poder natural para generar vida, 3) que las drogas que alteran la mente como el fumar marijuana, es un pecado mortal, igual que lo es emborracharse.

Papa Pío XII, Mystici Corporis Christi (#23), 29 de junio, 1943: “Porque no todo pecado, sin importar cuán grave puede ser, es tal que de su propia naturaleza separe al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hace el cisma o la herejía o la apostasía.”

Podemos ver que son las enseñanzas de la Iglesia Católica que dicen que el hombre es separado de la Iglesia y de la Salvación por la herejía, el cisma o la apostasía.

Los niños bautizados que alcanzan la edad de la razón en edificios de iglesias protestantes, cismáticas orientales, etc., y creen en la Trinidad y en la Encarnación (los componentes esenciales de la Fe Católica) y que no rechazan ningún dogma católico porque no conocen otro aparte de la Trinidad y la Encarnación, y no abrazan ninguna de las posiciones como las descritas anteriormente, las cuales son directamente incompatibles con la Fe en Dios, Jesucristo, la Trinidad, la Ley Natural o lo que ellos saben que es enseñado claramente en las Escrituras, serían católicos en un edificio de iglesia hereje.

Un hereje, por definición infalible, es de mala fe y pone sobre su cabeza un castigo eterno.

Papa San Celestino I, Concilio de Efeso, 431: “... todos los herejes corrompen las verdaderas expresiones del Espíritu Santo con sus propias mentes malvadas y ellos ponen sobre sus propias cabezas una llama inextinguible.”

Papa Eugenio IV, Concilio de Florencia, “Cantate Domino”, 1441, ex cátedra: “La Santa Iglesia Romana firmemente cree, profesa y predica que todos aquellos que están fuera de la Iglesia Católica, no solamente los paganos sino también los judíos o los herejes y cismáticos, no pueden compartir en la vida eterna y e irán al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, a menos que se unan a la Iglesia antes del fin de sus vidas...”

Papa Gregorio XVI, Summo Iugiter Studio (#2), 27 de mayo, 1832: “Finalmente algunas de estas personas mal guiadas intentan persuadirse a sí mismas y a otras que los hombres no se salvan únicamente en la religión Católica, sino que hasta los herejes puede alcanzar la vida eterna.

Una persona en buena fe, quien está errando inocentemente sobre un dogma (floja e inapropiadamente llamada un hereje material en las discusiones teológicas) no es un hereje, sino un Católico que yerra en buena fe. De manera que la declaración en el Código de 1917 sobre los herejes y cismáticos en buena fe está definitivamente errada teológicamente y demuestra que no estaba protegida por la infalibilidad.

Objeción: “Un hereje puede estar en buena fe sobre ciertos asuntos teológicos. Un hereje también puede estar en buena fe en algunas maneras ya que, ¡de qué otra manera puede un hereje regresar de sus errores y volverse un Católico!”

Respuesta a la objeción: No, un hereje no puede ser de buena Fe en tanto permanezca siendo un hereje y en tanto rechace obstinadamente la gracia de Dios para la conversión a la verdadera Fe Católica. El momento en que un hereje cesa de ser un hereje, él es de buena fe. Es importante comprender (porque de lo contrario esto puede cuasar confusión) que un hereje o un cismático es una persona bautizada, mayor de la edad de la razón, que tiene conocimiento y afirma una creencia en la Trinidad y en la Encarnación (los misterios esenciales), pero quien rechaza las enseñanzas completas de Cristo y de Su Iglesia. Por lo tanto, un hereje no es un hereje material (un término usado para describir a un Católico que yerra en buena Fe), porque un hereje es por definición una persona que a sabiendas y obstinadamente rechaza partes de la verdadera Fe. Una persona solo puede rechazar lo que ha leído o lo que ha escuchado y comprendido (a menos que estemos hablando de la Trinidad y de la Encarnación y de la ley natural, las cuales son obligatorias conocer explícitamente sin excepción). Así, el hereje es por definición siempre de mala fe y continuará siendo así en tanto permanezca en herejía. Es cierto que un hereje puede desear la verdadera fe, pero eso no significa que él sostenga la verdadera fe (hasta que realmente sea convertido).

Esto se demuestra adicionalmente con un ejemplo. Porque si usted fuese a decirle a un asesino y violador obstinado: “¡Debería dejar de asesinar y de violar a las personas (recuerde que la herejía asesina a las almas)!” Y el asesino respondiese: “Lo estoy considerando ya que veo que es malo. Deseo cambiar. Sin embargo, continuaré asesinando y violando durante un poco de tiempo más (continuará divulgando las herejías y las mentiras un poco más).” ¿Habría alguien tan loco como para decir que él está en buena fe aunque desee dejar de hacer el mal? Claro que no. Así también, los herejes son como los asesinos ya que asesinan eternamente su propia alma y el alma de las demás personas. De hecho, son peores que los asesinos y los violadores. Y en tanto estén obstinados en su herejía, son de mala fe y continúan asesinando almas.

Los herejes tampoco son capaces de estar en buena fe sobre algunas partes de la fe, ya que la fe debe tomarse como un todo o rechazarse como un todo, tal como lo enseña el Papa León XIII:

Papa León XIII, Satis Cognitum (#9), 29 de junio, 1896: “... puede ser legal que alguien rechace cualesquiera de esas verdades sin, por el mismo hecho, caer en herejía? – sin separarse a sí mismo de la Iglesia? – sin repudiar en un solo acto todas las enseñanzas cristianas? Porque así es la naturaleza de la fe, que nada puede ser más absurdo que aceptar algunas cosas y rechazar otras... Pero aquel que disiente en tan solo un punto de la verdad revelada divinamente rechaza absolutamente toda la fe, ya que con eso rechaza honrar a Dios como la verdad suprema y el motivo formal de la fe.

La Enciclopedia Católica tiene que decir los siguientes puntos sobre la herejía:

La Enciclopedia Católica. Vol 7. “Herejía”, la gravedad del pecado (1910): “La herejía es un pecado, que por su naturaleza es destructiva de la virtud de la fe cristiana. Su malicia ha de medirse, por lo tanto, por la excelencia del buen don del que priva al alma. Ahora la fe es la posesión más preciosa del hombre, la raíz de su vida supernatural, la promesa de su salvación eterna. La privación de la fe, por lo tanto, es el mayor mal y el rechazo deliberado de la fe es el pecado más grande. Santo Tomás (II-II, Preg. X, resp. 3) llega a la misma conclusión así: “Todo pecado es una aversión de Dios. Un pecado, por lo tanto, es mayor entre más separa al hombre de Dios. Pero la infidelidad hace esto más que cualquier otro pecado, porque el infiel (el no creyente) carece del verdadero conocimiento de Dios: su conocimiento falso no le proporciona ayuda, porque lo que él opina no es Dios: manifiestamente, entonces, el pecado de no creer (carencia de fe) es el mayor pecado en todo el rango de la perversidad.” Y él agrega: “A pesar que los gentiles yerran en más cosas que los judíos, y a pesar que los judíos son removidos más lejos de la verdadera fe que los herejes, sin embargo la no creencia de los judíos es un pecado mucho más grave que aquel de los gentiles, porque ellos corrompen el Evangelio en sí después de haber adoptado y profesado el mismo... Es un pecado más serio no realizar lo que uno ha prometido, que no realizar lo que uno no ha prometido.” No puede abogarse en apelación a la culpa de la herejía, que los herejes no niegan la fe que, a ellos, les parece necesario para la salvación, sino únicamente tales artículos que ellos consideran que no pertenecen al depósito original. En respuesta, es suficiente comentar que las dos verdades más evidentes de depositum fidei [depósito de fe] son la unidad de la Iglesia y la institución de una autoridad educadora [los Papas] para mantener esa unidad. Esa unidad existe en la Iglesia Católica y es preservada por la función de su cuerpo educador: estos son dos hechos que cualquiera puede verificar por sí mismo. En la constitución de la Iglesia no hay lugar para un juicio privado que divida a los esenciales de los no esenciales: cualquier dicha selección altera la unidad y reta a la autoridad Divina, de la Iglesia; asesta la mismísima fuente de la fe. La culpa de la herejía se mide no tanto por su asunto-tema como por su principio formal, el cual es el mismo en todas las herejías: revuelta en contra de una autoridad constituida Divinamente.”

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