Cristianismo y Cristianos: Mensajes Cristianos, Pensamientos, Libros, Himnos, Sermones

Mensajes Cristianos

Jesucristo nos enseñó que debemos amar a nuestros prójimos como nos amamos a nosotros mismos y es por ese motivo por el cual debemos cuidar y alentar a aquellas personas que nos rodean y que están pasando por dificultades como lo puede ser una enfermedad.

Si una persona cercana a ti como lo es un familiar o un amigo se encuentra enferma, lo mejor que puedes hacer es visitarle y si no te es posible, comparte con ella un mensaje de fe con el cual le estarás enviando muchos ánimos y le estarás mostrando la importancia que tiene el orar a Dios para recuperar la salud.

Puedes enviar cualquiera de las frases que te traemos a continuación y ten por seguro que la persona que los reciba te agradecerá y se sentirá con más ánimos y fe para orar y recuperar su salud.

- “Mi linda amiga, no te sientas desamparada por motivo de tu salud, recuerda que tienes a muchas personas que te queremos y que nos preocupamos por ti, pero sobre todo que hay un Dios en los cielos que te ama y que desea lo mejor para ti.”

- “Así como hay alegrías y tristezas en este mundo, también hay salud y enfermedad pero no olvides que tenemos un Padre en los cielos que desea que le pidamos en oración lo que necesitamos porque nos lo concederá. Recupérate pronto.”

- “Cuídate mucho, sigue las recomendaciones de tu médico y pídele a Dios que te permita recuperarte rápidamente. Te aprecio mucho y te espero de vuelta.”

- “Los verdaderos amigos están con nosotros en los momentos de dificultad, por eso Dios siempre está con nosotros dándonos ánimo. Recupérate pronto, estaré orando por ti.”

- “En un momento de dificultad como éste es cuando realmente apreciamos los bendecidos que somos porque Dios nos ha dado una hermosa familia y amigos que nos quieren mucho. Mejórate pronto.”

- “Amiga mía, yo sé que tú eres de esas personas que no se da por vencida tan rápidamente, por eso se que sanarás muy rápido con ayuda de Dios.”

- “Nuestro Padre Celestial siempre cuida de nosotros por eso si tienes fe y le pides que te sane, estarás bien más rápido de lo que esperas.”

- “A veces la enfermedad viene para recordarnos que tenemos buenos amigos y familiares que se preocupan por nosotros. Te queremos mucho y oramos por tu pronta recuperación.”

- “En las escrituras encontramos relatos de muchísimas personas que fueron sanadas por su gran fe. Por eso pide a Dios y él te concederá la salud.”

- “Enfermarse forma parte de nuestra vida en este mundo, aproveché ese tiempo para leer las escrituras y pasar tiempo con tu familia. De todo corazón te deseo una pronta recuperación.”

MENSAJE INSPIRADOR Y BELLO DE LA VIDA Y ESPIRITUAL PARA TI Y FAMILIA

Este es un mensaje especialmente inspirador y bello.

Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu Alma con ganchos de acero.

La felicidad es interior, no exterior; por lo tanto, no depende de lo que tenemos, sino de lo que somos.

Eres algo más que tu cerebro o tu cuerpo, tu verdadera esencia es tu alma, que es eterna.

El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.

No pidas a Dios una carga ligera para tus hombros; pídele unos hombros fuertes para soportar la carga.

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre volvera a brillar entre las nubes.

El Dios en Quién yo creo, no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo.

Frases Cristianas que te darán Sabiduría

No deje que sus preocupaciones obtengan lo mejor de tu vida. Recuerde, Moisés comenzó como un caso perdido.

Muchas personas quieren servir a Dios, pero sólo en calidad de consejeros.

Es más fácil predicar diez sermones que vivir uno solo.

La gente es divertida. Ellos quieren la parte delantera del autobús, la mitad del camino, y la parte de atrás de la iglesia.

La oportunidad puede golpear una vez, pero la tentación golpea a tu puerta siempre.

Si la iglesia quiere un mejor pastor, sólo tiene que orar por el que ya tiene.

La paz comienza con una sonrisa.

No sé por qué algunas personas quieren cambiar sus iglesias. ¿Qué diferencia hacen cuando se quedan en casa?

Fuimos llamados a ser testigos, no abogados o jueces.

Dios promete un aterrizaje seguro, no un viaje tranquilo.

El que te enoja te controla.

Si Dios es su copiloto, cambia los asientos.

Oración: no le dé instrucciones de Dios, sólo presentase para el servicio!

La voluntad de Dios nunca te llevará a donde la gracia de Dios no te protegerá.

No cambiamos el mensaje. El mensaje nos cambia.

Se puede decir lo grande que una persona es por lo que se necesita para desalentarlo.

La mejor ecuación matemática que he visto: 1 cruz + 3 clavos = Perdonados.

“Padre, bendice a mis amigos que están leyendo este escrito por que tu sabes lo que ellos ciertamente necesitan.”

Pensamientos cristianos

— La verdad no depende del número de los que la reconocen, ni del número de los que la rechazan. La Palabra de Dios es la verdad (Juan 17:17) y Jesús es la verdad (Juan 14:6).

— Ni el poder de Satanás ni la insensatez de los hombres podrán impedir que Dios cumpla sus promesas.

— Los evangelios no nos cuentan la historia de Jesús solamente para transmitirnos hechos interesantes, sino como una buena noticia capaz de transformar nuestra vida.

— “La ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). La gracia empieza por abrir el camino a la verdad que saca a la luz el triste estado del hombre. Sin la gracia éste huiría de la presencia de Dios.

— Las necesidades del hombre jamás agotarán los recursos de la gracia de Dios.

— “El entendimiento es el premio de la obediencia. La obediencia es la llave de toda puerta.”

Mi gozo eres Tú que eres primavera en mi vida, esperanza en mis noches de invierno.

Conocerte a ti ha sido mi gozo diario, las veinticuatro horas más plenas, los momentos más intensos.

Mi gozo eres Tú que te acercas a mi vida y la llenas de esperanza.

“Ya no soy yo, eres Tú en mí, Tú y yo en una sola cosa, en el amor.”

“Sé consciente de tu pobreza y de tu debilidad, pero reconoce que si abres tu vida al Amor, todo en ti se transformará.”

“Con Él, ¡todo es posible!”

HERMANO RAFAEL

“… cuando un alma es llamada por Dios, la quiere tan desprendida de todo, que hasta del consuelo material de las criaturas la despoja, y cuando el alma se ve sola, desamparada y al parecer privada de todo…, entonces es, cuando a mi entender, Dios está más cerca de ella y, entonces, se oye con más claridad la voz de su divina voluntad.”

“La caridad, ¡qué hermosa virtud!, pues en ella va comprendida la paciencia, la abnegación, la mansedumbre, la dulzura; bueno, en una palabra, la santidad. Por tanto, aprovéchate de las ocasiones que Dios pone a tu alcance, y no las desperdicies, que dentro de poco tendremos que dar todos mucha cuenta a Dios de nuestras acciones.”

“El Señor lo mismo está en el Tabor que en el Calvario, aunque en el Calvario es donde se le encuentra más fácilmente.”

“Las miserias y flaquezas ofrecidas a Jesús por un corazón de veras enamorado, son aceptadas por Él, como si fueran virtudes… Grande…, inmensa, es la misericordia de Dios.”

“La verdad es que no tengo motivos en mi vida más que para procurar ser mejor… ¿Cuándo lo seré?”

“Con qué delicadeza toca los corazones… Con qué suavidad nos hace ver su voluntad, nos enseña sus caminos… Cuánta dulzura tiene la voz del dulce Nazareno, cuando dice: «Sígueme».”

“Señor, condúceme por el camino de la humildad… y nada más…”

GOTITAS DE LUZ

Cuando ores, no te permitas vacilar en tu fe. Aférrate a lo que has aprendido y a la confianza que has recibido en tu relación con Dios, aun en las cosas que crees que están muertas y sepultadas, que son irreversibles o imposibles. Dios puede resucitar una vida que pensabas que había terminado. El puede sanar a los enfermos, salvar al peor de los pecadores y derrocar gobiernos abusivos. Tú reconoces Su capacidad para hacer vivir las cosas muertas cuando eres fiel en la oración. Cuando mantienes tu posición en fe, y sigues creyendo en Dios, El se complace.

Para Dios nada es demasiado difícil, así como Ezequiel habló al valle de los huesos secos, háblales a las esperanzas muertas, a los sueños muertos y a las situaciones imposibles. Nada está terminado hasta que así Dios lo decide. Niégate hoy a perder el ánimo. Declara que tu fe no fallará y pide audazmente, creyendo, sin pensarlo dos veces, sin dudarlo y esperando en que Dios se moverá a tu favor.

Libros Cristianos

Tomas de Kempis

  • Imitación de Cristo

San Agustín

  • Las Confesiones

  • Soliloquios

  • La inmortalidad del alma

Santa Teresa de Ávila

  • Libro de la vida

  • Camino de perfección

  • Libro de las fundaciones

San Juan de la Cruz

  • En una noche oscura

  • Cántico espiritual

  • Llama de amor viva

En una noche oscura

En el centro de la obra de San Juan de la Cruz hay una fuerte teoría o teología escrita en prosa (Subida, Noche), dedicada a precisar los rasgos principales del ascenso contemplativo. Las dos obras empiezan ofreciendo comentarios paralelos de las ocho estrofas del poema En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada... Pero en un caso y en otro, SJC escribe de hecho un tratado (en dos partes o libros) sobre el proceso de purificación de aquellos que quieren encontrar a Dios, esto es, ascender (ser elevados) hasta su presencia, destacando en ambos casos la “ruptura” que exige el Dios cristiano, en contra de la mística normal del platonismo.

La fe del evangelio (ya evocada en el Romance) abre aquí un camino de búsqueda (experiencia) que se expresa en forma negativa, pues está determinada por la trascendencia de Dios (que se expresa en la encarnación y en la muerte de Dios en Cristo). Hay que dejar todo, uno tiene que morir a sí mismo y pasar por la noche para hallar al Dios de Jesucristo, en un nivel de “fe” (de encuentro personal con el Dios que se revela).

En esta obra aparece el SJC más conocido y manejado por moralistas y ascetas, quizá más preocupados por negar al hombre que por abrir en su propia vida un vacio, que nos permite acoger y recorrer el camino de libertad y trascendencia de amor en Jesucristo. Su análisis de los sentidos y operaciones del espíritu (memoria, entendimiento y voluntad) ofrece una de las reflexiones.

Por eso, estas obras (Subida, Noche) no pueden entenderse como expresión de un moralismo ascético, o como simple análisis antropológico del conocimiento humano, sino que evocan una experiencia más honda de trascendimiento divino.

Cántico espiritual

En la cumbre de su obra hallamos este supremo poema de amor: el Cántico espiritual como nueva y jubilosa redacción del Cantar de los Cantares. Lo que al principio era relato de fe se ha vuelto poema entusiasmado de experiencia transformante, y lo que después ha sido una teoría de la negación se hace afirmación intensa del encuentro enamorado del hombre con Dios. Como indican todas las imágenes que el mismo SJC ha dibujado presentando el camino de ascenso del hombre al Carmelo (monte de Dios), en la meta del camino de las “nadas” (que al fin no pueden entenderse ya como “camino” recto, sino como “salto”), está la plenitud del amor, que puede y debe presentarse como reverso y experiencia luminosa de esas “nadas”, un amor que no es conquista del hombre, sino donde Dios que saca al hombre de sí (y de su mismo camino), para introducirle en su propio misterio.

Ésta es la experiencia clave de SJC y de la contemplación cristiana: Allí donde el hombre ha superado por Jesús todos los deseos egoístas, allí donde se ha vaciado de sí mismo, puede descubrir y descubre el amor gratuito, que es propio de Dios que se da a sí mismo (se pierde y desnuda), haciendo así que surja el otro, el amor entendido como encuentro.

De esa forma, aquello que pudiéramos llamar el gran (nada, nada, nada) se convierte, por don de Dios, en monte-tierra del amor gratuito, enamorado, propio del Dios Trinidad (según el Romance) y propio de la encarnación y muerte del Hijo de Dios, Jesucristo.

Llama de amor viva

Queda para el fin la aplicación y despliegue unitario de todo el camino anterior, que SJC ha condensado en los versos y en el comentario de Llama. Retomando algunos motivos de las estrofas finales del Cántico, SJC expone y comenta en esta obra las cuatro canciones que empiezan Oh llama de amor viva, / que tiernamente hieres...

Ésta es su obra teológicamente más honda de SJC, donde, empalmando con las últimas estrofas del Cántico, él muestra que al fin sólo importa y queda Dios, como fuego interior que consume y consuma la vida de los hombres. Desaparecen las restantes referencias, no hacen falta purificaciones ni caminos largos (como en la Subida y en la Noche), pues todos los caminos han sido recorridos ya y desembocan en el fuego de Dios “extraño”, que lo llena y cumple todo, siendo diferente a todo.

San Ignacio de Loyola

  • Ejercicios espirituales

San Alfonso María de Ligorio

  • Las glorias de María

  • El gran medio de la oración

San Luis María Grignion de Monfort

  • El secreto admirable del Santísimo Rosario

  • Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen

Revelaciones Celestiales de Santa Brígida de Suecia

Libro 1 - Capítulo 10

Palabras de la Virgen María a su hija, ofreciéndole una provechosa enseñanza sobre cómo debe de vivir, y describiendo maravillosos detalles de la pasión de Cristo.

Yo soy la Reina del Cielo, la Madre de Dios. Te dije que debías llevar un broche sobre tu pecho. Ahora te mostraré con más detalle cómo, desde el principio, nada más aprender y llegar a la comprensión de la existencia de Dios, estuve siempre solícita y temerosa de mi salvación y observancia religiosa. Cuando aprendí más plenamente que el mismo Dios era mi Creador y el Juez de todas mis acciones, llegué a amarlo profundamente y estuve constantemente alerta y observadora para no ofenderlo de palabra ni de obra.

Cuando supe que Él había dado su Ley y mandamientos a su pueblo y obró tantos milagros a través de ellos, hice la firme resolución en mi alma de no amar nada más que a Él, y las cosas mundanas se volvieron muy amargas para mí. Entonces, sabiendo que el mismo Dios redimiría al mundo y nacería de una Virgen, yo estaba tan conmovida de amor por Él que no pensaba en nada más que en Dios ni quería nada que no fuera Él. Me aparté, en lo posible, de la conversación y presencia de parientes y amigos, y le di a los necesitados todo lo que había llegado a tener, quedándome sólo con una moderada comida y vestido.

Nada me agradaba sino sólo Dios. Siempre esperé en mi corazón vivir hasta el momento de su nacimiento y, quizá, aspirar a convertirme en una indigna servidora de la Madre de Dios. También hice en mi corazón el voto de preservar mi virginidad, si esto era aceptable para Él, y de no poseer nada en el mundo. Pero si Dios hubiera querido otra cosa, mi deseo era que se cumpliera en mí su deseo y no el mío, porque creí en que Él era capaz de todo y que Él sólo querría lo mejor para mí. Por ello, sometí a Él toda mi voluntad. Cuando llegó el tiempo establecido para la presentación de las vírgenes en el templo del Señor, estuve presente con ellas gracias a la religiosa obediencia de mis padres.

Pensé para mí que nada era imposible para Dios y que, como Él sabía que yo no deseaba ni quería nada más que a Él, Él podría preservar mi virginidad, si esto le agradaba y, si no, que se hiciera su voluntad. Tras haber escuchado todos los mandamientos en el templo, volví a casa aún ardiendo más que nunca en mi amor hacia Dios, siendo inflamada con nuevos fuegos y deseos de amor cada día. Por eso, me aparté aún más de todo lo demás y estuve sola noche y día, con gran temor de que mi boca hablase o mis oídos oyesen algo contra Dios, o de que mis ojos mirasen algo en lo que se deleitaran. En mi silencio sentí también temor y ansiedad por si estuviera callando en algo que debiera de hablar.

Con estas turbaciones en mi corazón, y a solas conmigo misma, encomendé todas mis esperanzas a Dios. En aquel momento vino a mi pensamiento considerar el gran poder de Dios, cómo los ángeles y todas las criaturas le sirven y cómo es su gloria indescriptible y eterna. Mientras me preguntaba todo esto, tuve tres visiones maravillosas. Vi una estrella, pero no como las que brillan en el Cielo. Vi una luz, pero no como las que alumbran el mundo. Percibí un aroma, pero no de hierbas ni de nada de eso, sino indescriptiblemente suave, que me llenó tanto que sentí como si saltara de gozo. En ese momento, oí una voz, pero no de hablar humano.

Tuve mucho miedo cuando la oí y me pregunté si sería una ilusión. Entonces, apareció ante mí un ángel de Dios en una bellísima forma humana, pero no revestido de carne, y me dijo: ‘Ave, llena gracia…’ Al oírlo, me pregunté qué significaba aquello o por qué me había saludado de esa forma, pues sabía y creía que yo era indigna de algo semejante, o de algo tan bueno, pero también sabía que para Dios no era imposible hacer todo lo que quisiese. Acto seguido, el ángel añadió: ‘El hijo que ha de nacer en ti es santo y se llamará Hijo de Dios. Se hará como a Dios le place’. Aún no me creí digna ni le pregunté al ángel ‘¿Por qué?’ o ‘¿Cuándo se hará?’, pero le pregunté: ‘¿Cómo es que yo, tan indigna, he de ser la madre de Dios, si ni siquiera conozco varón?’

El ángel me respondió, como dije, que nada es imposible para Dios, pero ‘Todo lo que él quiera se hará’. Cuando oí las palabras del ángel, sentí el más ferviente deseo de convertirme en la Madre de Dios, y mi alma dijo con amor: ‘¡Aquí estoy, hágase tu voluntad en mí!’ Al decir aquello, en ese momento y lugar, fue concebido mi Hijo en mi vientre con una inefable exultación de mi alma y de los miembros de mi cuerpo. Cuando Él estaba en mi vientre, lo engendré sin dolor alguno, sin pesadez ni cansancio en mi cuerpo. Me humillé en todo, sabiendo que portaba en mí al Todopoderoso. Cuando lo alumbré, lo hice sin dolor ni pecado, igual que cuando lo concebí, con tal exultación de alma y cuerpo que sentí como si caminara sobre el aire, gozando de todo. Él entró en mis miembros, con gozo de toda mi alma, y de esa forma, con gozo de todos mis miembros, salió de mí, dejando mi alma exultante y mi virginidad intacta.

Cuando lo miré y contemplé su belleza, la alegría desbordó mi alma, sabiéndome indigna de un Hijo así. Cuando consideré los lugares en los que, como sabía a través de los profetas, sus manos y pies serían perforados en la crucifixión, mis ojos se llenaron de lágrimas y se me partió el corazón de tristeza. Mi hijo miró a mis ojos llorosos y se entristeció casi hasta morir. Pero al contemplar su divino poder, me consolé de nuevo, dándome cuenta de que esto era lo que él quería y, por ello, como era lo correcto, conformé toda mi voluntad a la suya. Así, mi alegría siempre se mezclaba con el dolor.

Cuando llegó el momento de la pasión de mi Hijo, sus enemigos lo arrestaron. Lo golpearon en la mejilla y en el cuello, y lo escupieron mofándose de él. Cuando fue llevado a la columna, él mismo se desnudó y colocó sus manos sobre el pilar, y sus enemigos se las ataron sin misericordia. Atado a la columna, sin ningún tipo de ropa, como cuando vino al mundo, se mantuvo allí sufriendo la vergüenza de su desnudez. Sus enemigos lo cercaron y, estando huidos todos sus amigos, flagelaron su purísimo cuerpo, limpio de toda mancha y pecado. Al primer latigazo yo, que estaba en las cercanías, caí casi muerta y, al volver en mí, vi en mi espíritu su cuerpo azotado y llagado hasta las costillas.

Lo más horrible fue que, cuando le retiraron el látigo, las correas engrosadas habían surcado su carne. Estando ahí mi Hijo, tan ensangrentado y lacerado que no le quedó ni una sola zona sana en la que azotar, alguien apareció en espíritu y preguntó: ‘¿Lo vais a matar sin estar sentenciado?’ Y directamente le cortó las amarras. Entonces, mi Hijo se puso sus ropas y vi cómo quedó lleno de sangre el lugar donde había estado y, por sus huellas, pude ver por dónde anduvo, pues el suelo quedaba empapado de sangre allá donde Él iba. No tuvieron paciencia cuando se vestía, lo empujaron y lo arrastraron a empellones y con prisa. Siendo tratado como un ladrón, mi Hijo se secó la sangre de sus ojos. Nada más ser sentenciado, le impusieron la cruz para que la cargara. La llevó un rato, pero después vino uno que la cogió y la cargó por Él. Mientras mi Hijo iba hacia el lugar de su pasión, algunos le golpearon el cuello y otros le abofetearon la cara. Le daban con tanta fuerza que, aunque yo no veía quién le pegaba, oía claramente el sonido de la bofetada.

Cuando llegué con Él al lugar de la pasión, vi todos los instrumentos de su muerte allí preparados. Al llegar allí, Él solo se desnudó mientras que los verdugos se decían entre sí: ‘Estas ropas son nuestras y Él no las recuperará porque está condenado a muerte’. Mi Hijo estaba allí, desnudo como cuando nació y, en esto, alguien vino corriendo y le ofreció un velo con el cuál el, contento, pudo cubrir su intimidad. Después, sus crueles ejecutores lo agarraron y lo extendieron en la cruz, clavando primero su mano derecha en el extremo de la cruz que tenía hecho el agujero para el clavo. Perforaron su mano en el punto en el que el hueso era más sólido. Con una cuerda, le estiraron la otra mano y se la clavaron en el otro extremo de la cruz de igual manera.

A continuación, cruzaron su pie derecho con el izquierdo por encima usando dos clavos de forma que sus nervios y venas se le extendieron y desgarraron. Después le pusieron la corona de espinas[1] y se la apretaron tanto que la sangre que salía de su reverenda cabeza le tapaba los ojos, le obstruía los oídos y le empapaba la barba al caer. Estando así en la cruz, herido y sangriento, sintió compasión de mí, que estaba allí sollozando, y, mirando con sus ojos ensangrentados en dirección a Juan, mi sobrino, me encomendó a él. Al tiempo, pude oír a algunos diciendo que mi Hijo era un ladrón, otros que era un mentiroso, y aún otros diciendo que nadie merecía la muerte más que Él.

Al oír todo esto se renovaba mi dolor. Como dije antes, cuando le hincaron el primer clavo, esa primera sangre me impresionó tanto que caí como muerta, mis ojos cegados en la oscuridad, mis manos temblando, mis pies inestables. En el impacto de tanto dolor no pude mirarlo hasta que lo terminaron de clavar. Cuando pude levantarme, vi a mi Hijo colgando allí miserablemente y, consternada de dolor, yo Madre suya y triste, apenas me podía mantener en pie.

Viéndome a mí y a sus amigos llorando desconsoladamente, mi Hijo gritó en voz alta y desgarrada diciendo: ‘¿Padre por qué me has abandonado?’ Era como decir: ‘Nadie se compadece de mí sino tú, Padre’. Entonces sus ojos parecían medio muertos, sus mejillas estaban hundidas, su rostro lúgubre, su boca abierta y su lengua ensangrentada. Su vientre se había absorbido hacia la espalda, todos sus fluidos quedaron consumidos como si no tuviera órganos. Todo su cuerpo estaba pálido y lánguido debido a la pérdida de sangre. Sus manos y pies estaban muy rígidos y estirados al haber sido forzados para adaptarlos a la cruz. Su barba y su cabello estaban completamente empapados en sangre.

Estando así, lacerado y lívido, tan sólo su corazón se mantenía vigoroso, pues tenía una buena y fuerte constitución. De mi carne, Él recibió un cuerpo purísimo y bien proporcionado. Su cutis era tan fino y tierno que al menor arañazo inmediatamente le salía sangre, que resaltaba sobre su piel tan pura. Precisamente por su buena constitución, la vida luchó contra la muerte en su llagado cuerpo. En ciertos momentos, el dolor en las extremidades y fibras de su lacerado cuerpo le subía hasta el corazón, aún vigoroso y entero, y esto le suponía un sufrimiento increíble. En otros momentos, el dolor bajaba desde su corazón hasta sus miembros heridos y, al suceder esto, se prolongaba la amargura de su muerte.

Sumergido en la agonía, mi Hijo miró en derredor y vio a sus amigos que lloraban, y que hubieran preferido soportar ellos mismos el dolor con su auxilio, o haber ardido para siempre en el infierno, antes que verlo tan torturado. Su dolor por el dolor de sus amigos excedía toda la amargura y tribulaciones que había soportado en su cuerpo y en su corazón, por el amor que les tenía. Entonces, en la excesiva angustia corporal de su naturaleza humana, clamó a su Padre: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu’.

Cuando yo, Madre suya y triste, oí esas palabras, todo mi cuerpo se conmovió con el dolor amargo de mi corazón, y todas las veces que las recuerdo lloro desde entonces, pues han permanecido presentes y recientes en mis oídos. Cuando se le acercaba la muerte, y su corazón se reventó con la violencia de los dolores, todo su cuerpo se convulsionó y su cabeza se levantó un poco para después caérsele otra vez. Su boca quedó abierta y su lengua podía ser vista toda sangrante. Sus manos se retrajeron un poco del lugar de la perforación y sus pies cargaron más con el peso de su cuerpo. Sus dedos y brazos parecieron extenderse y su espalda quedó rígida contra la cruz.

Entonces, algunos me decían: ‘María, tu Hijo ha muerto’. Otros decían: ‘Ha muerto pero resucitará’. A medida que todos se iban marchando, vino un hombre, y le clavó una lanza en el costado con tanta fuerza que casi se le salió por el otro lado. Cuando le sacaron la espada, su punta estaba teñida de sangre roja y me pareció como si me hubieran perforado mi propio corazón cuando vi a mi querido hijo traspasado. Después lo descolgaron de la cruz y yo tomé su cuerpo sobre mi regazo. Parecía un leproso, completamente lívido. Sus ojos estaban muertos y llenos de sangre, su boca tan fría como el hielo, su barba erizada y su cara contraída.

Sus manos estaban tan descoyuntadas que no se sostenían siquiera encima de su vientre. Le tuve sobre mis rodillas como había estado en la cruz, como un hombre contraído en todos sus miembros. Tras esto le tendieron sobre una sábana limpia y, con mi pañuelo, le sequé las heridas y sus miembros y cerré sus ojos y su boca, que había estado abierta cuando murió. Así lo colocaron en el sepulcro. ¡De buena gana me hubiera colocado allí, viva con mi Hijo, si esa hubiera sido su voluntad! Terminado todo esto, vino el bondadoso Juan y me llevó a su casa. ¡Mira, hija mía, cuánto ha soportado mi Hijo por ti!

[1] Explicación del Libro 7 - Capítulo 15 (from the english translation): "Entonces la corona de espinas, que habían removido de Su cabeza cuando estaba siendo crucificado, ahora la ponen de vuelta, colocándola sobre su santísima cabeza. Punzó y agujereó su imponente cabeza con tal fuerza que allí mismo sus ojos se llenaron de sangre que brotaba y se obstruyeron sus oídos."

Himnos Cristianos

Señor ¿Donde estas?


Señor ¿Dónde estás?

En la tierra no te vi

Hoy las flores no son lo que eran

Ya no me hablan de ti


Señor ¿Dónde estás?

Hoy tu espíritu no sentí

Aquí los hombres cazan palomas

Solo hay sombras sobre mí.


Padre, padre nuestro

Padre de todo llévame a ti

Perdóname, Perdónanos

Que tú palabra sea en mí


Padre, padre nuestro

Venga hoy tu reino aquí

Que en mi hermano vea tu luz

Que tu cuerpo entre en mí


Y al fin comprendí

Que caminar contigo es así

Hay veces que no te veo

Más tú siempre estás ahí.


No, no es mi Dios de papel

Ni de preciado metal

Es un Dios que abre caminos

Qué con él te invita a andar

Padre, padre nuestro

Padre de todo llévame a ti

Perdóname, Perdónanos

Que tú palabra sea en mí


Padre, padre nuestro

Venga hoy tu reino aquí

Que en mi hermano vea tu luz

Que tu cuerpo este en mí


Que en mi hermano vea tu luz

Que tu cuerpo entre en mí….


Admirable, Consejero

D              C
 Admirable, Consejero,
G
  Dios fuerte,
D
Príncipe de paz.
               C
Poderoso  en batalla,
G                                D
  Al enemigo nos ha enviado A aplastar.
D                     A
No tiene autoridad en mí,
                                 D
El mal no tiene autoridad;
         G
Pues esta habitación
      D 
Ha sido preparada para
A                         D
  La presencia del Señor. //

Bendecid al Señor


D        G         D  G
Bendecid al Señor
D              G                  A
Todos los siervos del Señor,
     D                G
Alzad vuestras manos
D           G
En el santuario
D           A          D    G
Y bendecid al Señor.
D        G         D    G
Bendecid al Señor
D              G                  A
Todos los siervos del Señor,
       D       G
Cantad alabanzas
D           G
En el santuario
D           A          D
Y bendecid al Señor.


Canta Aleluya


Bm         A            Bm
Canta aleluya al Señor.
Bm         A            F#sus F#
Canta aleluya al Señor.
Bm         A      G          D
Canta aleluya, canta aleluya,
Bm         A            Bm
Canta aleluya al Señor.


ESPÍRITU SANTO VEN


RE                                     Sim

Espíritu Santo, ven, ven,

        RE                             LA7

Espíritu Santo, ven, ven,

                                           Mim

Espíritu Santo, ven, ven

                  LA7                           RE

en el nombre del Señor.

 

             SOL  LA7       RE  Sim

Acompáñame, ilumíname,

Mim       LA7  RE

toma mi vida.

             SOL  LA7       RE  Sim

Acompáñame, ilumíname,

Mim               LA7           RE

¡Espíritu Santo ven!

 

Santifícame, transfórmame,

Tú cada día.

Santifícame, transfórmame,

¡Espíritu Santo, ven!

 

Resucítame, conviérteme,

todos los días.

Glorifícame, renuévame,

¡Espíritu Santo, ven!

 

Acompáñame, transfórmame,

toma mi vida.

Ilumíname, condúceme,

¡Espíritu Santo ven!


ENVÍANOS PADRE


 DO  SOL         Lam7  DO       FA                           SOL

Envíanos, Padre, tu Espíritu Santo

DO  SOL                 Lam7  DO                    Rem         SOL                        DO

que nos prometiera tu Hijo el Señor.

 

  FA        SOL             DO  Mim

Que venga a tu Iglesia

Rem               SOL    MI  LA

con sus siete dones

Rem       MI              Lam    FA     DO   RE7   SOL

y nos dé el coraje de vivir tu amor.

 

Que nos dé su Ciencia,

su Sabiduría,

el Entendimiento y el don de oración.

 

Nos traiga el Consejo,

la Piedad de hijos,

nos dé Fortaleza y el Temor de Dios.

 

Sus lenguas de fuego,

repártelas, Padre,

y danos a todos la paz y el amor.

 

Tu Espíritu Santo

nos llene de gozo

y sea en nosotros Palabra de Dios.


MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR MI DIOS


         MI                                             DO#m              SI7

Mi alma glorifica al Señor, mi Dios,

 DO#m                                                                Sol#m

gózase mi espíritu en mi Salvador.

LA                         SI7           MI                 DO#m

El es mi alegría, es mi plenitud,

FA#7                      SI7        MI

El es todo para mí.

 

            SOL#7                                             DO#m

Ha mirado la bajeza de su esclava,

                    SI7                                                       MI

muy dichosa me dirán todos los pueblos

                         DO#7                                                  Fa#m

porque en mí ha hecho grandes maravillas

                         DO#m                                   SI7           SOL#7                    DO#m,  SI7

El que todo puede, cuyo Nombre es Santo.

 

Su clemencia se derrama por los siglos

sobre aquellos que le temen y le aman,

desplegó el gran poder de su derecha,

dispersó a los que piensan que son algo.

 

Derribó a los potentados de sus tronos,

elevó a los humildes y a los pobres,

los hambrientos se saciaron con sus bienes

y alejó de sí, vacíos a los ricos.

 

Acogió a Israel, su humilde siervo

acordándose de su misericordia,

como había prometido a nuestros padres,

a Abraham y descendencia para siempre.



EL ÁNGELUS 


RE                  Sim                       LA7

El Angel vino de los cielos

  Mim       LA7                  RE

y a María le anunció

RE                   Sim                              LA7

el gran misterio de Dios hombre

 Mim              LA7                   RE

que a los cielos admiró.

 

RE7                 SOL                LA7             RE

Virgen Madre, Señora nuestra

  SI7          Mim                   LA7             RE

recordando la encarnación

RE7           SOL                  LA7          RE

te cantamos tus hijos todos

 SI7                  Mim                  LA7        RE

como Estrella de Salvación.

 

Yo soy la esclava del Señor, mi Dios,

la Virgen dijo al contestar

que se haga en mí según has dicho,

se cumpla en mí tu voluntad.

 

Y el Verbo para redimimos

tomó su carne virginal

vivió hecho hombre entre nosotros

librándonos de eterno mal.



MADRE DE DIOS


María, Reina de la Paz,

Señora, Madre de Bondad.

Tú tienes la humildad, la paciencia,

Tú tienes la ternura de Dios.

María, llévanos de tu mano,

llévanos a tu Hijo,

muéstranos la Verdad.

 

/Ave, Ave María,

Ave María,

Madre de Dios./ (bis)

[Me entrego a vos. (para finalizar)]

 

Tu manto nos ha protegido,

tu mirada nos ha de guiar,

Tú tienes un saber silencioso,

Tú eres nuestro ejemplo de amor.

Quiero hoy entregarme,

en Ti confío,

Madre de Dios.


Sermones Cristianos

LA VIDA SE MANIFIESTA POR LOS CINCO SENTIDOS DEL ALMA - SAN BERNARDO DE CLARAVAL

1. Os aseguro, queridos hermanos, que nuestra neglicencia es muy grande e inexcusable si nos entregamos a pensamientos inútiles y perdemos el tiempo. No necesitamos penetrar las nubes, ni cruzar el mar para hallar unas ideas sanas y provechosas. Como dice Moisés, tenemos la palabra a nuestro alcance, en nuestra boca y en nuestro corazón. Podemos encontrar en nosotros mismos motivos y semillas infinitas de pensamiento muy útiles.

Si nuestra alma es tan ignorante y negligente que le resulta imposible penetrar en su interior, atienda al menos a lo que hace fuera de sí misma y de manera visible: si busca con atención, también ahí encontrará la sabiduría. Como dice la Escritura: Da una ocasión al sabio y será más sabio.

Fíjate, ¡oh alma, qué das a tu cuerpo: le suministras vida y capacidad de sentir. La vida, como puedes ver, es la misma en todo el cuerpo: es idéntica en el ojo que en los dedos. En cambio, la facultad de los sentidos es distinta. Pide, pues, tu lo mismo a Dios, que es tu verdadera alma. Un alma que desconoce la verdad no podemos decir que vive, sino que está muerta; y carece también de sensibilidad si no posee el amor. La vida del alma es, pues, la verdad, y su sensibilidad el amor.

No te sorprendas si a veces los impíos conocen la verdad y están vacíos de amor. Les ocurren como a ciertos elementos que viven y no sienten, por ejemplo, los árboles y otros semejantes: están animados pero no tienen alma. Así sucede a las almas de los malvados: conocen la verdad por la razón natural, y a veces ayudadas también por la gracia; pero no se dejan animar por ella. En cambio, a los que el alma espiritual infunde el conocimiento de la verdad y del amor, no la poseen como algo externo, sino como su propia alma, se unen a ella u forman un solo espíritu. Para ellos el conocimiento de la verdad es algo indivisible, lo mismo que la vida del cuerpo, como antes dijimos. Un mismo conocimiento percibe las realidades más pequeñas y las más grandes.

2. Pero si lo observamos atentamente, el amor es múltiple. Tal vez puedas encontrar cinco formas distintas, que corresponden a los cinco sentidos corporales. Existe el amor entrañable con el que amamos a nuestros padres, el amor gozoso que nos une a los amigos, el amor legítimo que profesamos a todos los hombres, el amor costoso para con los enemigos y el amor santo y ferviente para con Dios.

Advierte cómo cada uno tiene un aspecto específico y completamente diverso de los demás. Y si lo examinas con un poco de curiosidad, tal vez encuentres que el primero -el amor a nuestros padres- equivale al sentido del tacto. De hecho, este sentido sólo percibe lo que está próximo y unido al cuerpo; y ese amor se manifiesta únicamente a los que están más cercanos según la carne. La comparación sigue siendo válida aunque digamos que es el único sentido difundido en todo el cuerpo, porque ese amor es natural a toda carne, y los mismos animales salvajes aman y son amados de sus criaturas.

Podemos también aplicar perfectamente el amor social al gusto, porque es mucho más sabroso, y éste sentido es el más necesario en la vida humana. Yo no comprendo qué vida tiene, al menos en nuestra vida comunitaria, el que no ama a aquellos con quienes convive.

El amor general a todos los hombres se parece al olfato, porque este sentido percibe las cosas lejanas, y aunque no está privado del placer sensible, al ser tan amplio le llega más débil. El oído, en cambio, capta mejor lo que está lejano; y entre los hombres los más distantes son los que no se aman. Además en los demás sentidos siempre existe algo de placer corporal y en cierto modo pertenecen al cuerpo. El oído, empero, sale totalmente de él. Por eso se compara con razón a ese amor cuyo único motivo es la obediencia. Resulta, pues, evidente que tiene relación con el oído, ya que los otros amores se apoyan algo en el cuerpo.

3. Y la vista se apropia la semejanza con al amor divino, porque es más excelente que los demás y tiene una naturaleza en cierto modo especial. Es mucho más perspicaz y percibe realidades muy remotas. Es cierto que el olfato y el oído captan cosas muy lejanas, pero parece que atraen hacia sí el aire y de él sacan las sensaciones. La vista, en cambio, no actúa así: parece salir de sí misma y superar todas las distancias.

Lo mismo sucede en el amor. Atraemos en cierto modo a los próximos al amarlos como a nosotros mismos; atraemos también a los enemigos, pues los amamos para que sean como nosotros, es decir, nuestros amigos. Pero si amamos a Dios cual conviene, esto es, con todo el corazón, con toda el alma y todas las fuerzas, nos lanzamos y corremos con toda presteza hacia él, que nos supera infinitamente.

4. Resulta, pues, evidente que entre los sentidos corporales la vista es el más digno de todos, y el oído más que los otros tres. El olfato supera en dignidad, aunque no en utilidad, al gusto y al tacto. Lo manifiesta también la disposición de los órganos. ¿Quién ignora que los ojos se sitúan en la parte superior del rostro y algo más abajo de los oídos? Lo mismo podemos decir de las narices respecto a los oídos, y de la boca con relación a la nariz. Las manos y las otras partes del cuerpo en que reside el tacto están, como sabemos, más bajas que la boca.

Según este principio también podemos comprobar que unos sentidos espirituales son más dignos que otros. Pero esto es muy fácil advertirlo y lo omito en gracia a la brevedad. También dejo a vuestra reflexión esta otra idea: así como los miembros del cuerpo mueren si no los vivifica el alma, también perecen irremisiblemente esos afectos de que hablamos -los miembros del alma- si quedan privados del alma de su alma que es Dios. Porque no amará íntegramente lo que debe mar, o no lo amará cuanto debe ni como debe amarlo. Por ejemplo, hay quienes aman a sus padres con amor carnal, o dan gracias a Dios cuando les concede favores. Semejante amor no merece el nombre de amor, o es un amor débil y a ras de tierra.

RESUMEN

Existe una ley natural que permite a los sabios observar el mundo que les rodea, pero no es posible si no va acompañada de la gracia del conocimiento y el sentimiento del amor.

El amor es múltiple. Existen cinco formas distintas, que corresponden a los cinco sentidos corporales. Existe el amor entrañable con el que amamos a nuestros padres y que equivale al tacto, el amor gozoso que nos une a los amigos y que equivale al gusto, el amor legítimo que profesamos a todos los hombres y que equivale al olfato, el amor costoso para con los enemigos y que equivale al oído; finalmente el amor santo y ferviente para con Dios, que es equiparable a la vista. La vista permite captar realidades lejanas como ocurre con el amor a Dios que nos supera infinitamente. Unos sentidos son superiores a otros y asimismo esa superioridad se corresponde con su ubicación diferente en nuestro organismo. Pero en general los sentidos necesitan ser mantenidos y vivificados. Mantener su intensidad y calidad. Eso sólo es posible con el alma profunda común a todos ellos que es el alma de Dios.

Seremos saciados con la visión de la Palabra - San Agustín

(Sermón 194, 3-4: PL 38, 1016-1017)

¿Qué ser humano podría conocer todos los tesoros de sabiduría y de ciencia ocultos en Cristo y escondidos en la pobreza de su carne? Porque, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza. Pues cuando asumió la condición mortal y experimentó la muerte, se mostró pobre: pero prometió riquezas para más adelante, y no perdió las que le habían quitado.

¡Qué inmensidad la de su dulzura, que escondió para los que lo temen, y llevó a cabo para los que esperan en él!

Nuestros conocimientos son ahora parciales, hasta que se cumpla lo que es perfecto. Y para que nos hagamos capaces de alcanzarlo, él, que era igual al Padre en la forma de Dios, se hizo semejante a nosotros en la forma de siervo, para reformarnos a semejanza de Dios: y, convertido en hijo del hombre -él, que era único Hijo de Dios-, convirtió a muchos hijos de los hombres en hijos de Dios; y, habiendo alimentado a aquellos siervos con su forma visible de siervo, los hizo libres para que contemplasen la forma de Dios.

Pues ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Pues ¿para qué son aquellos tesoros de sabiduría y de ciencia, para qué sirven aquellas riquezas divinas sino para colmarnos? ¿Y para qué la inmensidad de aquella dulzura sino para saciarnos? Muéstranos al Padre y nos basta.

Y en algún salmo, uno de nosotros, o en nosotros, o por nosotros, le dice: Me saciaré cuando se manifieste tu gloria. Pues él y el Padre son una misma cosa: y quien lo ve a él ve también al Padre. De modo que el Señor, Dios de los ejércitos, él es el Rey de la gloria. Volviendo a nosotros, nos mostrará su rostro; y nos salvaremos y quedaremos saciados, y eso nos bastará.

Pero mientras eso no suceda, mientras no nos muestre lo que habrá de bastarnos, mientras no le bebamos como fuente de vida y nos saciemos, mientras tengamos que andar en la fe y peregrinemos lejos de él, mientras tenemos hambre y sed de justicia y anhelamos con inefable ardor la belleza de la forma de Dios, celebremos con devota obsequiosidad el nacimiento de la forma de siervo.

Si no podemos contemplar todavía al, que fue engendrado por el Padre antes que' el lucero de la mañana; tratemos de acercarnos al que nació de la Virgen en medio de la noche. No comprendemos aún que su nombre dura como el sol; reconozcamos que su tienda ha sido puesta en el sol.

Todavía no podemos contemplar al único que permanece en su Padre; recordemos al Esposo que sale de su alcoba. Todavía no estamos preparados para el banquete de nuestro Padre; reconozcamos al menos el pesebre de nuestro Señor Jesucristo.

Estudios sobre Halloween

Todos festejan disfrazados de espantos y se busca de casa en casa dulces de regalo, mientras los niños disfrazados que lo hacen gritan “Trick or treat”. Esto sucede el 31 de Octubre y ese día nadie trabaja. Todos, o casi todos, festejan al mal y la muerte entre cuentos de horror, decorando sus casas con las famosas “Jack o’ Lantern” o “Linternas de Jack”, que son calabazas vaciadas con rostros tallados e iluminadas por dentro con una vela encendida.

Los niños de muchas partes del mundo esperan ansiosamente este día, pues se disfrazarán y les regalarán dulces.

¿Qué pensaría si le dijera que ésta fiesta tienen un verdadero origen maléfico, que existen sociedades ocultas que se benefician de que usted la celebre y que no es sino una trampa para su propia alma?

Origen Histórico

Aproximadamente trescientos años antes del nacimiento de Cristo, los Celtas vivieron en las Islas Británicas, Escandinavia, y Europa Occidental. Eran una sociedad como cualquiera de las de hoy, pero sus usos y costumbres fueron controlados por una sociedad de sacerdotes paganos llamada los druidas.

Ellos adoraban y servían a Samhain, dios de la muerte. Cada año, el 31 de octubre, los druidas celebraban la víspera del año nuevo céltico en honor de su dios Samhain.

Las raíces paganas de la celebración se atribuyen a la celebración celta de «Samhain» del culto a los muertos. Se trata de una tradición anterior a la invasión de los romanos (46 a.c.) en las Islas Británicas enmarcada en la religión de los druidas en Inglaterra, Francia, Alemania y en los países Célticos. Si bien se sabe poco de estas celebraciones, parece que las festividades del Samhain se celebraban muy posiblemente entre el 5 y el 7 de noviembre (a la mitad del equinoccio de verano y el solsticio de invierno) con una serie de festividades que duraban una semana, finalizando con la fiesta de «los muertos», que daban inicio al año nuevo celta. En esta fiesta, los druidas, a manera de médiums, se comunicaban con sus antepasados esperando ser guiados en esta vida hacia la inmortalidad. Los Druidas creían que en esa noche en particular los espíritus de los muertos regresaban a sus antiguos hogares para visitar a los vivos. Y si los vivos no proveían comida a estos espíritus malignos, toda clase de cosas terribles podrían ocurrirles. Si los espíritus malignos no recibían un festín (treat), entonces ellos harían travesuras malas a los vivos (trick).

Trick-Or-Treat, Treta o Trato

Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiendo alimentos y en algunos casos niños y vírgenes para ofrenda a su dios Samhain en el festival de la muerte, si se los daban se hacía un trato (treat) y se iban en paz. Si la gente de la aldea no daba a los druidas el alimento o persona que exigían, se lanzaba una maldición sobre la casa entera y según ella, alguien de esa familia moriría ese año. Esa era la trampa o treta (trick).

Jack O Lantern

Los druidas llevaban con ellos un nabo grande, el cual habían ahuecado en el interior, con una cara tallada en el frente, para representar el espíritu demoniaco del que recibían su poder y conocimiento, mismo que se encargaría de ejecutar toda maldición e iluminar su camino. Este espíritu se llama “espíritu familiar”. El nabo, encendido por una vela dentro, era una linterna para los druidas por la noche. Ellos llamaron “Jock” al espíritu de la linterna.

Cuando estas prácticas llegaron a Norteamérica en los siglos 18 y 19, los colonizadores hallaron que los nabos no eran tan grandes, así que los substituyeron por calabazas. Desde entonces a esta figura tan representativa del Halloween se le llamó “Jock, el que vive en la linterna” y después vino a ser “Jack-O-Lantern” o Linterna de Jack.

El significado oculto

La fiesta de Halloween, es decir “el festival de Samhain”, todavía es hoy celebrado oficialmente por los satanistas, ocultistas, y adoradores del diablo como la víspera del año nuevo de la brujería. El mismo Antón Lavey, autor de la “biblia satánica” y sacerdote alto de la iglesia de Satán, dice que hay tres días sumamente importantes para todo satanista y el día más importante de todos es HALLOWEEN. La iglesia satánica asume como suya esta fiesta.

Desde el 5 de septiembre hasta el 9 de noviembre la iglesia satánica cumple las siguientes celebraciones, que se mezclan y aplican a los festejos del halloween y día de muertos:

- Ayunan para buscar la voluntad de Satanás.

- Elección de sacerdotes confesores para escritos en el libro del “macho cabrío”.

- Ritual para maldecir el cuerpo de Cristo.

- Reunión para preparar el día del Samhain.

- Reflexión, disciplina, ayunos y mantras.

- Ritos tradicionales.

- Confesión de los pecados contra Satanás.

- Bendicen a los integrantes de los grupos musicales y de artistas satánicos.

- Ordenan a los ministros del rock, músicos, “managers”, promotores, etc. involucrados en el satanismo.

- Ritos bautismales, maldicen cualquier contacto que hallan tenido con cualquier cristiano, luego se bautizan con agua de alcantarilla, sangre de niños y de adultos sacrificados.

Octubre 31: Inscripción en el libro del macho cabrío, comienza para ellos el año satánico, se invoca el poder total de Belcebú, Nostradamus y otros demonios.

Noviembre 01: Se sella a los satanistas, a los espíritus de los muertos para sacarlos del "purgatorio". Es decir, que entregan ofrendas, altares y recuerdos a los muertos para que sean altares para la invocación a los demonios.

Noviembre 02 al 09 Semana de las bodas a Satanás.

El 31 de octubre, Halloween, es la víspera del Año Nuevo para la brujería. La enciclopedia del “Libro del mundo de lo oculto” dice que es el principio de todo lo “frío, oscuro y muerto“. Cuando usted envía a sus pequeños niños hacia fuera para ir a hacer el “trick or treat”, a pedir “calaverita” o Halloween, usted realmente les está enviando a festejar todo lo frío, oscuro, y muerto, en el mismo contexto satánico y oculto. Según la enciclopedia de Collier, “el tema de la celebración de las fiestas modernas de Halloween, viene de las viejas festividades druidas y los festivales romanos en el honor de Pomona, diosa de la fruta, que fueron llevados de la Gran Bretaña durante la ocupación romana”.

Bueno, esto es lo que la biblia dice:

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero (quien predice el futuro), ni sortílego (que hace pactos o juramentos pecaminosos), ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago (magia blanca o negra), ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación (blasfemia) para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti.” Deuteronomio 18:10-12

¿Por qué Dios no permite consultar a los muertos, ni a los adivinos, hechiceros e incluso los horóscopos? El apóstol San Pablo escribió:

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:19-21

Dios es contundente en ello, nadie que practique este tipo de cosas podrá entrar a su presencia, asi, pues ahora que tu y yo tenemos el conocimiento sobre la verdad de esta practica y fiesta llamada halloween lo unico que me queda agregar es:

1. analiza tu vida

2. analiza lo que tus ojos ven y lo que haces

3. busquemos a Dios.

Dios es dios de vivos no de muertos, recuerda que Dios nos ama y las cosas que la biblia dice tienen un porque y para que, no estan solamente para fastidiar tu vida o la mia, sino para que vivamos una vida entera y completa cerca de Dios.

SERMÓN DEL SANTO CURA DE ARS SOBRE LA PUREZA

Beati mundo corde, quoniam ipsi Deum videbunt.

Bienaventurados los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios.

(S. Mateo, V, 8.)

Leemos en el Evangelio que, queriendo Jesucristo instruir al pueblo que acudía en masa a fin de conocer lo que hay que practicar para alcanzar la vida eterna, sentóse, y tomando la palabra, dijo: «Bienaventurados los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios». Si tuviésemos un gran deseo de ver a Dios, estas solas palabras deberían darnos a entender cuan agradables nos hace a Él la virtud de la pureza, y cuan necesaria sea esta virtud; puesto que, según nos dice el mismo Jesucristo, sin ella nunca conseguiríamos verle. «Bienaventurados, nos dice Jesucristo, los que tienen un corazón puro, pues ellos verán a Dios». ¿Puede esperarse mayor recompensa que la que Jesucristo vincula en esa hermosa y amable virtud, a saber, la eterna compañía de las tres personas de la Santísima trinidad?... San Pablo, que conocía todo su valor, escribiendo a los de Corinto, les dijo: «Glorificad a Dios, pues le lleváis en vuestros cuerpos; y permaneced fieles conservándolos en una gran pureza.

Acordaos siempre, hijos míos, de que vuestros miembros son los miembros de Jesucristo, de que vuestros corazones son templos del Espíritu Santo. Andad con gran cuidado en no ensuciarlos con el pecado, que es el adulterio, la fornicación y todo cuanto puede deshonrar vuestro corazón y vuestro cuerpo a los ojos de un Dios que es la misma pureza» (I Cor., VI, 15-20.). Cuán preciosa y bella es esta virtud, no sólo a los ojos de los ángeles y de los hombres, sino también a los del mismo Dios. La tiene Él en tanta estima, que no cesa de hacer su elogio en cuantos tienen la dicha de conservarla.

Esa hermosa virtud es el adorno más preclaro de la Iglesia, y, por consiguiente, debiera ser la más apreciada de los cristianos. Nosotros, que en el santo Bautismo fuimos rociados con la sangre adorable de Jesucristo, la pureza misma; con esa Sangre adorable que tantas vírgenes ha engendrado de uno y otro sexo (Zac., IX. 17.); nosotros a quienes Jesucristo ha hecho participantes de su pureza convirtiéndonos en miembros y templos suyos... Mas, ¡ay!, en el desgraciado siglo de corrupción en que vivimos, ¡esta virtud celeste, que tanto nos asemeja a los ángeles, no es conocida!... Sí, la pureza es una virtud que nos es necesaria a todos, ya que sin ella nadie verá a Dios. Quisiera yo ahora haceros concebir de ella una idea digna de Dios, mostrándoos: 1.° Cuán agradables nos hace a sus ojos comunicando un nuevo grado de santidad a nuestras acciones, y 2.°, lo que debemos hacer para conservarla.

I. Para hacernos comprender la estima en que hemos de tener esa incomparable virtud, para daros ahora la descripción de su hermosura, hacer que apreciaseis su valor ante el mismo Dios, seria necesario que os hablase, no un hombre mortal, sino un ángel del cielo. Al oírle, diríais admirados: ¿Cómo es posible que no estén todos los hombres prestos a sacrificarlo todo antes que perder una virtud que de una manera tan íntima nos une con Dios?. Probemos, sin embargo, de formarnos algún concepto de ella considerando que dicha virtud viene de lo alto, que hace bajar a Jesucristo sobre la tierra, y eleva al hombre hasta el cielo por la semejanza que le comunica con los ángeles y con el mismo Jesucristo. Decidme, según esto, ¿no merece tal virtud el título de preciosa? ¿No es ella digna de toda estima y de que hagamos todos los sacrificios para conservarla?.

Decimos que la pureza viene del cielo, pues sólo Jesucristo era capaz de dárnosla a conocer y hacernos apreciar todo su valor. Nos dejó prodigiosos ejemplos de la estima en que tuvo a esa virtud. Al determinar, en su inmensa misericordia, redimir al mundo, tomó un cuerpo mortal como el nuestro; pero quiso escoger a una virgen por madre. ¿Quién fue esa incomparable criatura?.

Fue María, la más pura entre todas las criaturas, la cual, por una gracia singular no concedida a otra alguna, estuvo exenta del pecado original. Desde la edad de tres años, consagró su virginidad a Dios, ofreciéndole su cuerpo y su alma, presentándole el sacrificio más santo, más puro y el más agradable que jamás haya recibido Dios de una criatura terrena. Mantúvose en una fidelidad inviolable, guardando su pureza y evitando todo cuanto pudiese tan sólo empañar su brillo. Mas en cuanto el ángel le anunció que, al ser Madre de Dios, lejos de perder o empañar su pureza, de la cual tanta estima hacía, sería aún más agradable a Dios, consintió gustosa, a fin de dar nuevo esplendor a aquella angelical virtud (Luc., 1.).

Dice San Ambrosio que la pureza nos eleva hasta el cielo y nos hace dejar la tierra en cuanto le es posible hacerlo a una criatura. Nos levanta por encima de la criatura corrompida, y, por los sentimientos y deseos que inspira, nos hace vivir la vida de los ángeles. Según San Juan Crisóstomo, la castidad de un alma es de mayor precio a los ojos de Dios que la de los ángeles, ya que los cristianos sólo pueden adquirir esta virtud luchando, mientras que los ángeles la tienen por naturaleza; los ángeles no deben luchar para conservarla, al paso que el cristiano se ve obligado a mantener consigo mismo una guerra constante. Y San Cipriano añade que, no solamente la castidad nos hace semejantes a los Ángeles, sino que además nos da un rasgo de semejanza con el mismo Jesucristo. Si, nos dice aquel gran Santo, el alma casta es una viva imagen de Dios en la tierra.

Cuanto más un alma se desprende de sí misma por la resistencia a las pasiones, más también se acerca a Dios y, por un venturoso retorno, más íntimamente se une Dios a ella: contémplala, y la considera como su amantísima esposa; la hace objeto de sus más dulces complacencias, y establece en su corazón su perpetua morada. «Felices, nos dice el Salvador, los que tienen el corazón puro, pues ellos verán a Dios» (Matt., V,8.). Según San Basilio, cuando en un alma hallamos la castidad, descubrimos también todas las demás virtudes cristianas; las cuales practicará entonces muy fácilmente, «pues, nos dice, para ser casto, debe imponerse grandes sacrificios y hacerse mucha violencia. Pero, una vez ha logrado tales victorias del demonio, la carne y la sangre, poca dificultad le ofrece lo demás ya que el alma que doma con energía este cuerpo sensual, vence con facilidad cuantos obstáculos encuentra en el camino de la virtud». Por lo cual, vemos que los cristianos castos son los más perfectos: Véamoslos reservados en sus palabras, modestos en el andar, sobrios en la comida, respetuosos en los lugares sagrados y edificantes en todo su comportamiento. San Agustín compara los que tienen la gran dicha de conservar puro su corazón con los lirios, que crecen derechos hacia el cielo y embalsaman el ambiente que los rodea con un aroma exquisito y agradable; con solo verlos, nos evocan ya esa preciosa virtud. Así la Santísima Virgen inspiraba la pureza a cuantos la veían... ¡Dichosa virtud, que nos pone al nivel de los Ángeles, y parece elevarnos hasta por encima de ellos!. Todos los santos la tuvieron en mucho, prefiriendo perder sus bienes, su fama y su misma vida antes que empañarla.

Tenemos de ello un admirable ejemplo en la persona de Santa Inés. Su belleza y sus riquezas fueron causa de que, a la edad de poco más de doce años, fuese pretendida por el hijo del prefecto de la ciudad de Roma. Ella le dio a entender que estaba consagrada a Dios. Entonces la prendieron, bajo el pretexto de que era cristiana, más, en realidad, para que consintiese a los deseos de aquel joven... Pero ella estaba tan firmemente unida a Dios que ni las promesas, ni las amenazas, ni la vista de los verdugos y de los instrumentos expuestos en su presencia para amedrentarla consiguieron hacerla cambiar de sentimientos. Viendo sus perseguidores que nada podían obtener de la Santa, la cargaron de cadenas, y quisieron ponerle una argolla y varios anillos en la cabeza y en las manos; pero tan débiles eran aquellas pequeñas e inocentes manos, que sus verdugos no pudieron lograr su propósito. Permaneció firme en su resolución y, en medio de aquellos lobos rabiosos, ofreció su cuerpecito a los tormentos con una decisión que admiró a los mismos atormentadores. La llevaron arrastrándola a los pies de los ídolos, más ella declaró públicamente que solo reconocía a Jesucristo, y que aquellos ídolos eran demonios. El juez, bárbaro y cruel, viendo que nada podía conseguir, pensó que seria más sensible ante la pérdida de aquella pureza de la cual hacia tanta estima. La amenazó con hacerla exponer en un infame lupanar; más ella le respondió con firmeza: «Podréis muy bien darme muerte; pero jamás podréis hacerme perder este tesoro; pues Jesucristo mismo es su más celoso guardián», El juez, lleno de rabia, hízola conducir a aquel lugar de infernales inmundicias. Más Jesucristo, que la protegía de una manera muy particular, inspiró tan grande respeto a los guardias, que sólo se atrevían a mirarla, con una especie de espanto, y al mismo tiempo confió su custodia a uno de sus Ángeles.

Los jóvenes, que entraban en aquel recinto abrasados en impuro fuego, al ver, al lado de la doncella, a un Ángel más hermoso que el sol, salían abrasados en amor divino. Pero el hijo del prefecto, más corrompido y malvado que los otros, se atrevió a penetrar en el cuarto donde se hallaba Santa Inés. Sin hacer caso de aquellas maravillas, acercóse a ella con la esperanza de satisfacer sus impuros deseos; más el Ángel que custodiaba a la joven mártir hirió al libertino, el cual cayó muerto a sus pies. Al momento divulgóse por toda la ciudad de Roma la noticia de que el hijo del prefecto, había recibido la muerte de manos de Inés. El padre, lleno de furor, fuese al encuentro de la Santa, y se entregó a todo cuanto la desesperación podía inspirarle. Llamóla furia del infierno, monstruo nacido para llevar la desolación a su vida, pues había dado muerte a su hijo. Entonces Santa Inés contestó tranquilamente: «Es que quería hacerme violencia, y entonces mi Ángel le dio muerte». El prefecto, algo mas calmado, le dijo: «Pues ruega a tu Dios que le resucite, para que no se diga que tu le has dado muerte». -«Es innegable que no merecéis esta gracia, dijo la Santa; más, para que sepáis que los cristianos no se vengan nunca, antes al contrario vuelven bien por mal, salid de aquí, y voy a rogar a Dios por él». Entonces prosternóse Ines, la faz en tierra. Mientras estaba orando, se le apareció el Ángel y le dijo: «Ten valor». Al momento aquel cuerpo inanimado recobró la vida.

Aquel joven, resucitado por las oraciones de la Santa, sale de aquella casa y recorre las calles de Roma clamando: «No, no, amigos míos, no hay otro Dios que el de los cristianos; todos los dioses que nosotros adoramos no son más que demonios engañadores que nos arrastran al infierno». Sin embargo, a pesar de aquel gran milagro, no dejaron de condenarla a muerte. El lugarteniente del prefecto ordenó encender una gran hoguera, en la cual hizo arrojar a la Santa. Más las llamas se abrieron sin dañar a Inés, y en cambio, quemaron a los idólatras que habían acudido a aquel lugar para presenciar tales tormentos. Viendo el lugarteniente que el fuego la respetaba y no le causaba daño alguno, ordenó degollarla con la espada, a fin de quitarle de una vez la vida; más el verdugo pusose a temblar, como si él fuese el condenado a muerte... Como, después de su muerte, sus padres llorasen su perdida, aparecióseles y les dijo: «No lloréis mi muerte; al contrario, alegraos de que haya yo alcanzado un tal grado de gloria en el cielo» (Ribadeneyra, 21 enero).

Ya veis cuanto sufrió aquella Santa para no perder su virginidad. Ahora os podéis formar cargo de lo estimable que es la pureza, y de lo que agrada a Dios cuando así se complace en obrar grandes milagros a fin de mostrarse su guardián y protector. Este ejemplo confundirá un día a aquellos jóvenes que tan poca estima hicieron de esa virtud. Nunca conocieron su valor. Razón tiene el Espíritu Santo para exclamar: «¡Cuan bella es esa generación casta; su memoria es eterna, y su gloria brilla ante los hombres y ante los Ángeles! » (Sap., IV,1.). Es innegable que todo ser ama a sus semejantes; por lo cual, los Ángeles, que son espíritus puros, aman y protegen de una manera especial a las almas que imitan su pureza. Leemos en la Escritura Santa (Tob., V-VIII.) que el Ángel Rafael, acompañando al joven Tobías, le protegió con mil favores. Preservóle de ser devorado por un pez, de ser estrangulado por el demonio. Si el joven aquel no hubiese sido casto, ciertamente que el Ángel no le hubiera acompañado y, por lo tanto, no le habría protegido en aquellos trances. ¡Cuanto es el gozo que experimenta el Ángel custodio de un alma pura!. ...

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