Caballeros Templarios | Historia de la Orden de los Templarios

Los Caballeros Templarios defendieron Tierra Santa. Sus instrumentos fueron el derramamiento de sangre y la oración. Fundada en el siglo XII esta orden de guerreros fue una fuerza imbatible casi durante 200 años.

Caballeros Templarios

Inmediatamente después del rescate de Jerusalén, los Cruzados regresaron en masa a sus hogares, considerando que sus votos habían quedado cumplidos. Restaba aún la defensa de esta conquista precaria, que estaba rodeada por vecinos Mahometanos. En el año 1118, durante el reinado de Balduino II, el caballero de Champagne, Hugo de Payens y ocho compañeros, se obligaron a defender el reino Cristiano, mediante votos perpetuos formulados en presencia del Patriarca de Jerusalén. Balduino aceptó sus servicios y les asignó en su palacio un sector contiguo al templo de la ciudad; de allí su título de "pauvres chevaliers du temple". Eran pobres en verdad, habiéndose reducido a vivir de limosnas y, por ser ellos sólo nueve, no estaban preparados para brindar servicios de importancia, salvo como escoltas a los peregrinos en su camino desde Jerusalén a la ribera del Jordán, frecuentado en esa época como sitio de devoción.

Los Templarios aún no tenían hábito o regla distintivos. Hugo de Payens viajó a Occidente para procurar la aprobación de la Iglesia y lograr reclutas. En el Concilio de Troyes (1128), al cual asistió y en el que San Bernardo fue la figura gravitante, los Caballeros Templarios adoptaron la Regla de San Benito, de acuerdo a su reciente reforma por los Cistercienses. Además del voto de los cruzados, aceptaron no sólo los tres votos perpetuos, sino también las reglas austeras concernientes a la capilla, al refectorio y al dormitorio. Asimismo, adoptaron el hábito blanco de los Cistercienses, agregándole una cruz roja.

No obstante lo austero de la regla monástica, los reclutas acudían en tropel a la nueva orden, que en adelante abarcó cuatro categorías de hermandad: los caballeros, equipados como la caballería de la Edad Media; los escuderos, que constituían una caballería ligera; y dos clases de hombres no combatientes: los grajeros, encargados de administrar lo temporal; y los capellanes, que eran los únicos investidos de las órdenes sacerdotales, para ejercer su ministerio ante las necesidades espirituales de la orden.

SU MARAVILLOSO CRECIMIENTO

La orden debió su rápido crecimiento en popularidad al hecho de combinar el fervor religioso y la hazaña bélica, las dos grandes pasiones del Medioevo. Aún antes de haber demostrado los Templarios su valía, las autoridades eclesiásticas y laicas los colmaron de favores espirituales y temporales de todo tipo. Los papas los colocaron bajo su inmediata protección, eximiéndolos de toda otra jurisdicción, tanto episcopal como secular. Sus propiedades fueron asimiladas a los bienes eclesiásticos y exentos de toda imposición, aún de los diezmos eclesiásticos, mientras que sus templos y cementerios no podían ser sometidos a interdicto.

Esto pronto provocó conflicto con el clero de Tierra Santa, en la medida que el aumento de los bienes raíces de la orden condujo, en virtud de su exención del diezmo, a la disminución del ingreso de las iglesias, y los interdictos, a la sazón objeto del uso y del abuso por el episcopado, devinieron hasta cierto punto inoperantes dondequiera que la orden poseía iglesias y capillas en la que se celebrase en forma regular el culto Divino.

Ya en el año 1156, el clero de Tierra Santa procuró la restricción de los privilegios exorbitantes de las ordenes de caballería, pero cada una de las objeciones fue descartada en Roma, con el resultado de una creciente antipatía del clero secular hacia estas órdenes. No fueron menos importantes los beneficios temporales recibidos por la orden de parte de todos los soberanos de Europa. Los Templarios tenían comandancias en todos los estados. En Francia formaron nada menos que once alguacilazgos, subdivididos en más de cuarenta y dos comandancias ; en la Palestina, los Templarios extendieron sus posesiones mayormente espada en mano a expensas de los Mahometanos.

Son aún célebres sus castillos, merced a las notables ruinas que quedan de ellos: Safèd, construida en el año 1140; Karak del desierto (1143); y el más importante de todos, Castillo Peregrino, erigido en el 1217 para dominar un estratégico desfiladero sobre la costa del mar.

La vida de los Templarios era plena de contrastes en estos castillos, que eran a la vez monasterios y cuarteles de caballería. Un contemporáneo describe a los Templarios como que eran "a su vez leones de guerra y corderos del hogar; rudos caballeros en el campo de batalla, monjes piadosos en la capilla; temibles para los enemigos de Cristo, la suavidad misma para con Sus amigos" (Jacques de Vitry). Por haber renunciado a todos los placeres de la vida, enfrentaban la muerte con indiferencia altiva; eran los primeros en atacar y los últimos en la retirada, siempre dóciles a la voz de su conductor, con la disciplina del monje sumada a la disciplina del soldado. Como ejército, nunca fueron muy numerosos. Un contemporáneo nos cuenta que había 400 caballeros en Jerusalén a la cumbre de su prosperidad; no cita la cantidad de escuderos, que eran más numerosos.

Pero era un cuerpo de hombres escogidos quienes, por su noble ejemplo, alentaron al resto de las fuerzas Cristianas. De tal modo, fueron el terror de los Mahometanos. De ser derrotados, era sobre ellos que el vencedor desahogaba su furia, más aún cuando les estaba prohibido ofrecer pago de rescate. De ser tomados prisioneros, rechazaban con desdén la libertad que les era ofrecida a cambio de la apostasía. En el sitio de Safèd (1264), en el que hallaron la muerte noventa Templarios, otros ochenta fueron tomados prisioneros y, rehusando negar a Cristo, murieron como mártires de la Fe. Esta fidelidad les costó cara. Se ha calculado que, en menos de dos siglos, perecieron en guerra casi 20.000 Templarios, contando caballeros y escuderos.

SU TRÁGICO FINAL

En el juicio a los Templarios deben distinguirse dos fases: la comisión real y la comisión papal.

Primera fase: La comisión real

Felipe el Hermoso efectuó un interrogatorio preliminar y, con la fuerza de las así llamadas revelaciones de unos pocos miembros indignos y degradados, se enviaron órdenes secretas a través de Francia para arrestar a todos los Templarios en el mismo día (13 de octubre de 1307) y de someterlos a la interrogación más rigurosa. Se mostró en apariencia que esto fue hecho por el rey a pedido de los inquisidores eclesiásticos, pero en la realidad era sin su cooperación.

En este interrogatorio se empleó sin piedad la tortura, cuyo uso era autorizado por el cruel procedimiento de la época para el caso de crímenes cometidos sin testigos. A causa de la falta de evidencia los acusados podían ser condenados solamente por su propia confesión y, para obtener su confesión, el empleo de la tortura era considerado necesario y legítimo.

Existía un rasgo en la organización de la orden que daba origen a la sospecha, tratándose del secreto con el que se efectuaban los ritos de iniciación. El secreto de estas iniciaciones tenía, no obstante, dos graves desventajas.

Dado que estas recepciones podían efectuarse dondequiera que existiese una comandancia, se realizaban sin publicidad y estaban libres de toda supervisión o control de autoridades superiores, quedando las pruebas confiadas a la discreción de subalternos que a menudo eran rudos e incultos. Bajo tales condiciones no es de extrañarse que inadvertidamente hayan entrado abusos. Basta sólo recordar lo que ocurría a diario en las hermandades de artesanos, donde la iniciación de un nuevo miembro era demasiado a menudo tomada como ocasión para una parodia más o menos sacrílega del Bautismo o de la Misa.

La segunda desventaja de este secreto era que brindaba una oportunidad a los enemigos de los Templarios, que eran numerosos, para inferir a partir de este misterio toda suposición maliciosa concebible y basar en ella las monstruosas imputaciones. Los Templarios fueron acusados de escupir sobre la Cruz, de negar a Cristo, de tolerar la sodomía, de adorar a un ídolo, todo en el más impenetrable secreto. Así era la Edad Media, cuando los prejuicios eran tan vehementes que, a fin de destruir al adversario los hombres no rehuían de inventar los cargos más criminales. Bastará con recordar las similares, aunque más ridículas que ignominiosas acusaciones efectuadas contra el papa Bonifacio VIII por el mismo Felipe el Hermoso.

La mayoría de los acusados se declaró culpable de estos crímenes secretos luego de ser sometidos a tan feroz tortura que muchos de ellos sucumbieron. Algunos efectuaron similares confesiones sin el uso de la tortura, es verdad, pero por miedo a ella; la amenaza había sido suficiente. Tal era el caso del mismo gran maestre, Jacques de Molay, quien luego admitió haber mentido para salvar la vida.

Llevada a cabo sin la autorización del Papa, quien tenía a las órdenes militares bajo su jurisdicción inmediata, esta investigación era radicalmente corrupta en cuanto a su finalidad y a sus procedimientos. No sólo introdujo Clemente V una enérgica protesta, sino que anuló el juicio íntegramente y suspendió los poderes de los obispos y sus inquisidores. No obstante, la ofensa había sido admitida y permanecía como la base irrevocable de todos los procesos subsiguientes. Felipe el Hermoso sacó ventaja del descubrimiento, al hacerse otorgar por la Universidad de París el título de Campeón y Defensor de la Fe, así como alzando a la opinión pública en contra de lo horrendos crímenes de los Templarios en los Estados Generales de Tours. Más aún, logró que se confirmaran delante del papa las confesiones de setenta y dos Templarios acusados, quienes habían sido expresamente elegidos y entrenados de antemano. En vista de esta investigación realizada en Poitiers (junio de 1308), el papa que hasta entonces había permanecido escéptico, finalmente se mostró interesado y abrió una nueva comisión, cuyo proceso él mismo dirigió. Reservó la causa de la orden a la comisión papal, dejando el juzgamiento de los individuos a las comisiones diocesanas a las que devolvió sus poderes.

Segunda fase: la comisión papal

La segunda fase del proceso fue un interrogatorio papal, que no era restringido a Francia, sino que se extendió a todos los países Cristianos de Europa y hasta al Oriente. In la mayoría de los demás países - Portugal, España, Alemania, Chipre - los Templarios fueron hallados inocentes; en Italia, salvo por unos pocos distritos, la decisión fue la misma. Pero en Francia, al reasumir sus actividades las inquisiciones episcopales, aceptaron los hechos como se habían establecido en el juicio y se limitaron a reconciliar a los arrepentidos miembros culpables, imponiendo diversas penalidades canónicas que se extendían hasta la prisión perpetua. Sólo aquéllos que persistían en la herejía debían ser entregados al brazo secular, pero debido a una interpretación rígida de esta medida, aquéllos que negaban sus confesiones anteriores eran considerados herejes reincidentes; de tal suerte, cincuenta y cuatro Templarios que se habían retractado luego de haber confesado, fueron condenados como reincidentes y quemados públicamente el 12 de mayo de 1310. Subsecuentemente, los demás Templarios que habían sido juzgados, con muy pocas excepciones, se declararon culpables.

Al mismo tiempo la comisión papal asignada al examen de la causa de la orden, había asumido sus deberes y reunió la documentación que habría de ser sometida al papa y al concilio general convocado para decidir sobre el destino final de la orden. La culpabilidad de las personas aisladas, que se evaluaba según lo establecido, no entrañaba la culpabilidad de la orden. Aunque la defensa de la orden fue efectuada deficientemente, no se pudo probar que la orden, como cuerpo, profesara doctrina herética alguna o que una regla secreta, distinta de la regla oficial, fuese practicada. En consecuencia, en el Concilio General de Viena, en Dauphiné el 16 de octubre de 1311, la mayoría fue favorable al mantenimiento de la orden.

El Papa, indeciso y hostigado, finalmente adoptó un curso medio: decretó la disolución, no la condenación de la orden, y no por sentencia penal sino por un Decreto Apostólico (Bula del 22 de marzo de 1312). Suprimida la orden, el papa mismo debía decidir acerca del destino de sus miembros y cómo disponer de sus bienes. Las propiedades fueron entregadas a la rival Orden de Los Hospitalarios para ser usadas en su propósito originario, cual era la defensa de los Santos Lugares. Sin embargo en Portugal y en Aragón, el dominio fue entregado a dos ordenes nuevas, la Orden de Cristo en Portugal y la Orden de Montesa en Aragón. En cuanto a los miembros, a los Templarios reconocidos sin culpa se les permitió ya sea unirse a otra orden militar o bien regresar al estado secular. En este último caso, se les otorgó una pensión vitalicia, con cargo a los bienes de la orden. Por otra parte, los Templarios que se habían declarado culpables delante de sus obispos habrían de ser tratados "conforme a los rigores de la justicia, atemperados por una misericordia generosa".

Historia de la Orden de los Templarios

Los Templarios son sin duda uno de los enigmas históricos por excelencia, se sabe mucho acerca de ellos.

Una época donde la peregrinación a los lugares santos como Jerusalén, se respira un sentimiento religioso muy profundo, pero en los alrededores del 1095 Jerusalén está en manos turcas. Las rutas de peregrinación son altamente transitadas y debido a esto se incrementa el número de asaltantes y de otros peligros que acechan a los creyentes en su camino hacia los lugares santos.

Se crea la orden de los Templarios, monjes y caballeros guerreros a su vez, se comenta que en su principio 9 caballeros formarían la orden de los Templarios, pero en realidad esto no se sabe a ciencia cierta, ya que no son pocos los investigadores e historiadores que apuntan a que este número sería algo mayor, posiblemente 12.

Siendo monjes, un ejercito de Dios, debían llevar una vida espiritual, pero a la vez entrenados para la más cruenta batalla,, tal orden contaba con el privilegio de la autonomía, es decir dependían directamente del sumo pontífice, tenían independencia económica y poder sobre las conquistas.

Afincados en Jerusalén, su principal propósito era escoltar y defender a los peregrinos, en su principio el pequeño número de integrantes de la orden no permitía acciones mayores e incluso un número de 9 podía en ocasiones ser insuficiente, medio siglo más tarde su número se vería acrecentado de forma notable, expandiéndose por otros países como Reino Unido o Alemania, tal expansión conllevó un gran aumento de las posesiones.

La llegada de los templarios a los reinos peninsulares se produjo en fechas muy tempranas. De hecho, ya en marzo de 1128 –apenas ocho años después de la fundación de la orden en Jerusalén y varios meses antes del Concilio de Troyes, en el que se confirmará su regla– la reina de Portugal, doña Teresa, hace una importante donación al templario Raimundo Bernardo: el castillo de Soure, en Braga.

La siguiente noticia que se posee sobre la orden se remonta a julio de 1131, cuando el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, ingresa en el Temple poco antes de fallecer, tras haber donado también a los caballeros un castillo, el de Granyena (Lleida). Un año más tarde otro conde, Armengol IV de Urgel, hace lo propio al entregar en manos templarias la fortaleza tarraconense de Barberá. La entrega de las tres fortalezas en los territorios de Portugal y Cataluña posee un elemento común: todas ellas se encuentran en primera línea del frente contra los musulmanes, y en todos los casos los donantes las ceden con la intención de que la joven orden se implique de forma activa en la defensa de los territorios cristianos de la Península. Esta será, precisamente, la principal diferencia entre la presencia del Temple en los reinos hispánicos y el resto de las posesiones de la orden en otros lugares de Europa: pese a las reticencias iniciales, los templarios de la Península participarán en los esfuerzos de la Reconquista, como si aquellas tierras amenazadas por los musulmanes fueran un reflejo de Tierra Santa en Occidente.

Coincidiendo con aquellas primeras donaciones iba a tener lugar uno de los principales hitos dentro de la historia del Temple en la Península. En 1131 el rey Alfonso I el Batallador dictaba su testamento en el que, inesperadamente, dejaba todas sus posesiones en manos de las tres órdenes militares de Tierra Santa: Santo Sepulcro, Temple y Hospital. Con la muerte del monarca en 1134, sin embargo, el testamento no llegará a hacerse efectivo. Los nobles navarros y aragoneses se niegan tajantemente a su cumplimiento, nombrando los primeros a García Ramírez como monarca, y los segundos a Ramiro, hermano del Batallador y en esas fechas obispo de Roda-Barbastro. Por su parte, y vista la delicada situación, las tres órdenes prefieren mostrar un prudente silencio, aunque sin renunciar a sus derechos. Ramiro II llamado el Monje asciende al trono y no tarda en contraer matrimonio con Inés de Poitou. El nacimiento de la hija de ambos, Petronila, permitirá a su padre entregarla en esponsales a Ramón Berenguer IV, que a partir de ese momento añadirá el título de príncipe de Aragón al de conde de Barcelona. Con Ramiro apartado de la política y entregado por completo a su vida espiritual –aunque conservando título y corona–, será el conde de Barcelona quien tenga que solucionar el problema del testamento del Batallador. Primero alcanzó un pacto con el Hospital y el Santo Sepulcro en 1140 y, ya tres años después, logrará un acuerdo con el Temple, sin duda mucho más sustancioso para la orden.

BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

La derrota cosechada en Alarcos, sirvió para que los reyes cristianos se unieran y contaran con el apoyo estratégico y logístico de la Orden del Temple. La unión de los reyes, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón, Sancho VI de Navarra, la Orden del Temple, hospitalarios de Aragón, Orden de Calatrava y la Orden de Santiago, constituyó un ejercito organizado y consolidado, con grandes posibilidades de derrotar al ejercito almohade superior en fuerza numérica.

El día 13 de julio de 1.212, los ejércitos se encuentran en las llanuras de las Navas de Tolosa, en la provincia de Jaén. Las Ordenes del Temple, Calatrava y hospitalarios aragoneses, bajo el mando de Alfonso VIII de Castilla, forman el núcleo central del ejército. La Orden de Santiago, se desplegó por la izquierda bajo las órdenes de Pedro II de Aragón y por la derecha, actuaba el ejército de Sancho VI de Navarra, que a la sazón fue decisiva para el éxito de la batalla. Los almohades encadenados en círculo presentaban un ejército sin fisuras, en cuyo centro se resguardaba el Califa. Tras una desastrosa primera carga del ejército cristiano, los reyes retoman la decisión de un nuevo ataque, Sancho VI es el primero en romper el circulo almohade, y lo que al principio parecía una barrera inexpugnable se convirtió para los almohades en un inconveniente para continuar la batalla, Sancho VI llegó hasta la tienda del Califa, provocando el pánico entre los almohades e inclinando la victoria a favor de los cristianos. Desde entonces vemos en el escudo de Navarra las cadenas rotas, que Sancho VI adaptó como símbolo de la libertad de su reino.

Cronología Templaria

1095.-  El Papa Urbano II predica la I Cruzada.

1099.-  Los cruzados toman la ciudad de Jerusalén y fundan el reino homónimo.

1119.-  Un grupo de caballeros que mantenían contacto con la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, fundan una Hermandad religiosa para luchar contra los musulmanes en el Reino de Jerusalén.

1120.- El Concilio de Nablus reconoce a la nueva Hermandad como Orden religiosa. El rey Balduino II de Jerusalén dona a los hermanos su palacio, emplazado en la antigua mezquita de Al-Aqsa, el llamado “Templo de Salomón”, por lo que reciben el nombre de “Templarios”.

1128.- La condesa Teresa de Portugal propone a la Orden del Temple el castillo de Soure, en la frotnera con los estados musulmanes de Portugal.

1129.- La Orden del Temple recibe la aprobación papal en el Concilio de Troyes, ciudad situada en la Champagne francesa, y establece la regla religiosa latina de la Orden.

Principios de la década de 1130.- San Bernardo, abad de Claraval, escribe “El elogio de la nueva milicia” para Hugo de Payens, Gran Maestre de los Templarios, para animar la nueva Orden.

1131.- El conde de Barcelona, Ramón Berenguer III otorga la fortaleza de Grañena a los templarios.

1134.- Muere el Rey Alfonso I de Aragón, en su testamento lega su reino a los templarios, a los hospitalarios y a los monjes del Santo Sepulcro.


1136-1137.- Los templarios se establecen en la marca de Amanos, en la zona frotneriza al norte de Antioquia, en Siria (la actual Antakya, Turquía).

1137.- Matilde de Bouillon, reina de Inglaterra y tía de Godofredo de Bouillon y de Balduino de Edasa, entrega a los templarios grandes extensiones de tierras en Essex (Inglaterra).

1139.- El Papa Inocencio II proclama la bula “Omne datum optimum”, en la que se recogen los privilegios otorgados a los templarios para que pudieran operar con mayor eficiencia.

1143.- El conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, Señor de Aragón, llega a un acuerdo con los templarios por el que éstos se comprometen a luchar contra los musulmanes en Aragón a cambio de algunos castillos y tierras.

1144.- El Papa Celestino II publica la bula “Milites Templi”, en la que se recogen los privilegios otorgados a los templarios; un año más tarde, el Papa Eugenio III concedió nuevos privilegios al Temple con la bula “Milites Dei”.

1147-1149.- Segunda Cruzada.

1149 – 1150.- Los templarios reciben el estratégico castillo de Gaza, en el sur de Palestina.

1153.- La ciudad de Ascalón (actual Tell-Ashqelon, Israel) es capturada por los francos del reino del Reino de Jerusalén.

1163 – 1169.- El Rey Alarico de Jerusalén invade Egipto.

1177.- Batalla de Montgisard, en la que el rey Balduino IV de Jerusalén derrota a Saladino, Señor de Egipto y Damasco.

1179.- Batalla de Marj Ayyun, con victoria de Saladino, quien destruye el castillo templario del Vado de jacob, en el norte de Galilea.

1187.- Batalla de Hattin, un desastre para los estados cruzados. Tras la victoria, Saladino ejecuta a todos los prisioneros templarios y hospitalarios. Saladino toma Jerusalén y el Temple pierde su cuartel general.

1189 – 1192.- Tercera Cruzada

1191.- Los templarios instalan su nuevo cuartel en Acre (actual Akko, Israel).

1191 – 1216.- Guerra intermitente entre los templarios y el rey León, soberano del reino armenio de Cilicia, por la Marca del Amanos.

1204.- La Cuarta Cruzada toma Constantinopla (actual Estambul, Turquía). Los templarios reciben tierras en Grecia.

1217 – 1221.- Quinta Cruzada: campañas en Palestina y Egipto.

1218.- Los templarios y algunos cruzados construyen el castillo del Peregrino (actual Atlit, Israél, al sur de Acre.

1228 – 1229.- Cruzada de Federico II: el emperador recupera parte de Jerusalén mediante un tratado, pero no el monte del Temple, donde se hallaban los cuarteles originales del Temple.

1229 – 1230.- El rey Jaime I de Aragón captura las islas Baleares, en manos de los musulmanes. Entre sus fuerzas se hallan los templarios.

1230.- Los templarios reciben sus primeras propiedades en Bohemia (en la actual República Checa).

1233.- Jaime I de Aragón invade el reino musulman de Valencia con la ayuda de un contingente templario.

1237.- Los templarios sufren una severa derrota en su intento de recuperar el castillo de Darbsak, en el principado de Antioquia, a manos de los musulmanes de Alepo (Siria).

1239 – 1240.- Cruzada de Teobaldo de Champagne y Navarra.

1240.- Los templarios comienzan la reconquista del castillo de Safed, en el norte de Galilea.

1241.- Los mongoles invaden Hungría y Polonia, derrotando a los defensores cristianos, entre los que se cuentan templarios locales.

1244.- Jerusalén cae en manos de los turcos jawarismanos. Batalla de La Forbie; los francos de Palestina sufren una severa derrota a manos de las fuerzas egipcias, aliadas con los turcos jawarismanos.

1248 – 1254.- Primera Cruzada de Luis IX de Francia. en Egipto y Palestina.

1250.- Batalla de Al-Mansura, en Egipto; los cruzados son derrotados y muere un gran número de templarios.

1260.- Batalla de Ain-Jalut: los mamelucos de Egipto derrotan a los mongoles.

1266.- El sultán Baibars de Egipto captura el castillo templario de Safed.

1268.- Baibars captura antioquía.

1270.- Segunda Cruzada de Luis IX de Francia.

1271 – 1272.- Cruzada del príncipe Eduardo de Inglaterra.

1274.- Se discute la organización de una nueva cruzada en el Segundo Concilio de Lyon, pero no se lleva a cabo.

1289.- El sultán Qalawun de Egipto captura Tripoli (actual Tarabulus, en Siria)

1291.- Al-Ashrat Khalil, hijo de Qalawun, toma Acre y pone fin al reuno latino de Jerusalén. Los templarios evacuan el castillo Peregrino , Sidón y Tortosa (actual Tartus en Siria) y trasladan sus cuarteles a Chipre.

1302.- El sultán al-Malik al-Nasir Muhamed de Egipto toma la Isla templaria de Ruad (actual Arwed), en la costa de Tortosa.

1306.- El rey Enrique II de Chipre es depuesto por su hermano, Amalrico de Lusignan, señor de Tiro. Los templarios apoyan a Amalrico.

1307.- Los templarios de Francia son detenidos por orden del rey Felipe IV.

1310.- Enrique II de Chipre recupera el poder y arresta a los templarios.

1311 – 1312.- Concilio de Vienne (Francia)

1312.- El Papa Clemente V, suspende la Orden del Temple con la bula “Vox in excelso”. Con la bula “Ad providam”, se transfieren las propiedades de la Orden a la del Hospital de San Juan de Jerusalén.

1314.- Dos de los principales líderes templarios, Jacobo de Molay, Gran Maestre de la Orden, y Godofredo de Charney, comendador de Normandía, son llevados a la hoguera en París.

1316 1317.- Aymé d´Oselier, mariscal del Temple, y otros templarios chipriotas mueren en prisión junto a otros importantes miembros de la oposición al rey Enrique II de Chipre.

1319.- La Orden de Montesa se establece en el Reino de Valencia. La nueva Orden recibe las propiedades del Temple y las de la Orden del Hospital en Valencia. En Portugal se funda la Orden de Cristo con las antiguas propiedades templarias.

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