Santo Tomás de Aquino Biografía, Filosofía, Frases, Pensamiento

Hijo de familia de nobles estudió en el monasterio de Montecasino y después en la Universidad de Nápoles. En el año 1244 toma el hábito como dominico y conoce a Alberto Magno, con quien estudiará en Colonia. Posteriormente en 1252 ejerce como maestro de teología en la Universidad de París, y en otras ciudades europeas como Roma, Bolonia y Nápoles. Murió en Fossanova, camino del segundo concílio de Lyon de 1274.

Santo Tomás de Aquino Biografía

Santo Tomás de Aquino fue sacerdote, filósofo y uno de los teólogos más importantes que ha tenido la Iglesia católica. Miembro de la orden de los dominicos, se dedicó a estudiar.

El italiano Tomás de Aquino nació en el castillo de Roccasecca, en la localidad de Aquino, cerca de la ciudad de Nápoles, el año 1225. Fue el séptimo y último hijo varón de una familia de doce hijos. Descendía de los condes de Aquino, que estaban emparentados con los reyes de Francia, Castilla y Aragón.

A los cinco años fue enviado a estudiar al monasterio benedictino, orden fundada por San Benito en el siglo VI, de Montecassino.

El año 1239 ingresó a la Universidad de Nápoles, para estudiar artes y teología, donde Pedro el Irlandés le enseñó la filosofía aristotélica y también tuvo contacto con la orden de los dominicos fundada en 1216, por Santo Domingo de Guzmán.

En 1243, pese a lo que esperaba su familia (que deseaba que fuera benedictino), decidió ingresar a la orden dominicana. Pero su madre, después de dos intentos fallidos de sacarlo del monasterio, logró que se autorizara su arresto. Sus hermanos, que eran oficiales del ejército imperial, lo capturaron cuando viajaba a París y lo encerraron por casi dos años. Pero no cambió de opinión y en 1245 se reintegró a la orden de Santo Domingo.

Se instaló en París, donde retomó sus estudios de arte y teología, esta vez bajo la dirección de Alberto Magno. El año 1248, ambos se fueron a Colonia (Alemania). En esa ciudad estudió, tradujo y corrigió la obra de Aristóteles (filósofo griego 384-322 a.C., su obra es de las más influyentes de la antigüedad).

En 1252, volvió a París, donde se desempeñó como maestro de teología, cargo que también ejerció en numerosas ciudades italianas.

En 1256, obtuvo su doctorado en teología y comenzó a dar clases en la universidad.

En 1259, se trasladó a Roma, desempeñándose como profesor y asesor de la Curia (ocupada del gobierno de la Iglesia católica). El papa Urbano IV le encargó la reorganización de las enseñanzas de los dominicos. Siguió corrigiendo los textos de Aristóteles y escribiendo.

En 1269, volvió a Francia a hacer clases en la universidad de París y a enfrentar a los “averroístas”. Estos seguían la interpretación que hizo el pensador árabe Averroes de Aristóteles. Ponían en duda algunas tesis esenciales del pensamiento cristiano, como la divina providencia, la inmortalidad del alma y el concepto de verdad.

En 1272 volvió a Nápoles. Un año después, cuando se dirigía al II Concilio de Lyon, sufrió un accidente, que le provocó una enfermedad de la que murió en el monasterio cisterciense de Fossanova, cerca de Terracina, Lacio, Estados Pontificios, el 7 de marzo del año 1274.

Su canonización fue aprobada por el papa Juan XXII en 1323, a petición de los dominicos, convirtiéndose en Santo Tomás de Aquino.

Dos siglos más tarde, fue nombrado doctor Angelicus de la Iglesia católica por el papa Pío V (1567). En 1880 fue declarado patrono de las universidades y centros de estudios católicos.

La filosofía de Santo Tomás de Aquino

Primacía de la teología: razón y fe en Tomás de Aquino

Uno de los temas más debatidos a lo largo de la edad media es el de las relaciones entre razón y fe. Para abordar este tema, hemos de tener en cuenta que la teología es una ciencia superior a todas las demás: está basada en la revelación, y esa es precisamente su ventaja, pues accede a un tipo de conocimiento vetado para la razón o la experiencia. Por eso, gracias a la revelación y con la ayuda de la razón, la teología se convierte en la ciencia suprema, a la que el resto de ciencias debe servir. La filosofía es, desde esta perspectiva, la sierva de la teología, y puede ayudarla a lograr desarrollos racionales de cuestiones que en un principio parecerían reservadas para la teología o la fe. Esta idea es clave en todo el sistema tomista: la razón y la fe no deben confundirse ni mezclarse de un modo arbitrario, pero tampoco están completamente separadas. De esta forma, media Sto Tomás entre dos posturas opuestas que venían dándose en el panorama filosófico: los dialécticos (partidarios de la primacía de la razón) frente a los antidialécticos (defensores de los límites de la razón, y de la supremacía de la fe). La postura intermedia de Tomás de Aquino presenta una teología racionalizada, matizada por la filosofía, en la que la razón es capaz de dar solidez a los principios revelados por la fe. Esta propuesta se concreta en los siguientes puntos:

Fe y razón son distintas: la razón conoce sólo a partir de la experiencia, de abajo a arriba. Puede ser válida para enfrentarse a los problemas que nos plantea la realidad, pero no puede ir más allá de la misma sin la ayuda de la fe. Ésta, conoce de arriba abajo, partiendo de la revelación. Eso no significa que no necesite de la razón; al contrario, puede ser un instrumento muy valioso en la tarea de defensa de la fe.

Existen verdades comunes: una muestra más de la posible colaboración de razón y fe es la existencia de 3 verdades comunes, que podemos conocer por la razón o por la fe. Estas 3 verdades son para Sto. Tomás la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la ley ética natural. Estas verdades son lo que el filósofo italiano llama “preámbulos de la fe”: vendrían a ser verdades accesibles a la razón y que nos sitúan ya en una posición abierta a las verdades de la fe. Lograr este tipo de verdades implica un esfuerzo que no todo el mundo puede realizar, y por ello son también conocidas por la fe.

El conflicto entre ambas es imposible: en caso de que surja un conflicto entre una verdad de fe y una verdad de razón, tal enfrentamiento será sólo aparente. Para disolver esta oposición cabe considerar dos posibilidades: o bien la razón se ha excedido en sus funciones (tratando de explicar algo que escapa a sus capacidades) o bien la fe ha sido mal interpretada.

Los principios tomistas

Tomás de Aquino acepta los siguientes principios aristotélicos:

  • la teoría de la substancia (primera y segunda) y los accidentes;

  • la teoría de la materia y la forma (hilemorfismo).

  • la teoría de la potencia y el acto, y el movimiento;

  • la teoría de las cuatro causas;

  • la teoría de la analogía;

  • la teoría de que todo conocimiento comienza por los sentidos.

  • la distinción en el hombre de dos intelectos

Además, añade los siguientes principios o temas no aristotélicos, sino platónicos o neoplatónicos:

  1. La distinción Esencia/Existencia. Procede de Alfarabi y Avicena y Maimónides.

  2. El principio platónico de la participación. Las criaturas participan de la existencia de Dios y de su perfección.

  3. El principio platónico de la causalidad ejemplar. Dios es el supremo "ejemplar" o modelo que imitan imperfectamente las criaturas. Esto es agustinismo. En relación con estos conceptos de participación y semejanza reinterpreta Tomás de Aquino el tema aristotélico de la analogía: cualquier perfección -y la existencia es la suprema perfección- se predica de Dios y las criaturas no de modo unívoco o equívoco, sino de modo análogo: Dios es la existencia, las criaturas tienen existencia; Dios es la perfección misma, las criaturas participan e imitan esa perfección.

  4. El principio neoplatónico de los grados del ser y perfección. Según su cercanía a la Causa primera de la existencia y por la mayor o menor participación de su perfección. Hay una jerarquía de esencias.

Frases de Santo Tomás de Aquino

El alma se conoce por sus actos.

La ley es la prescripción de la razón, ordenada al bien común, dada por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad.

La justicia es la firme y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo.

La fe se refiere a cosas que no se ven, y la esperanza, a cosas que no están al alcance de la mano.

Es evidente que existe la verdad. Porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Si, pues, no existe la verdad, es verdad que la verdad no existe.

Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre las demás cosas.

Los ángeles necesitan un cuerpo supuesto, no por ellos mismos sino por beneficio de nosotros.

“Justicia sin misericordia es crueldad.”

“El pecado ofende a Dios lo que perjudica al hombre.”

“Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia.”

“Tratad a los demás como deseáis que los demás os traten a vosotros.”

Pensamiento de Santo Tomás de Aquino

Sto. Tomás (1225-1274) es la principal figura del pensamiento escolástico del s. XIII y del pensamiento cristiano en general. Obras a destacar: Los Comentarios, la Suma Teológica y la Suma contra Gentiles. El punto de partida, en el que se enclava el pensamiento de Sto. Tomás, es en establecer con precisión los límites entre razón y fe, Filosofía y Teología. Niega así la tesis de la Doble Verdad defendida por los averroístas latinos, y que se expone en la respuesta a la pregunta 3 del presente examen. Las respuestas a la doctrina de la Doble Verdad con respecto a la Creación del Universo y a la naturaleza del alma humana, y a los irracionalistas y sus tesis fideístas radicales, son las tres siguientes que, para mayor claridad, se exponen a continuación en tres apartados:

  1. Con respecto a la Creación del Universo, según Santo Tomás Dios es causa de todo lo demás ex nihilo (doctrina hebrea desconocida para el pensamiento griego) No es que Dios cree el Universo en el tiempo, sino que cuando crea el Universo crea el tiempo. En Dios están las perfecciones de todas las criaturas como modelos o Ideas (siguiendo el platonismo de Agustín). Santo Tomás introduce, pues la noción de existencia. La esencia es lo que hace a un ente ser tal ente, y no otro, y la existencia es el acto por el cual ése ente es. En este sentido, los seres finitos (seres creados por Dios) deben recibir la existencia de otro. En cambio, en el Ser Creador, la esencia y la existencia coinciden (Dios existe necesariamente).

  2. Para resolver la cuestión del alma, aplica al hombre la teoría hylemórfica aristotélica pero adoptando matices extraídos del neoplatonismo de San Agustín. El hombre, pues, sería un compuesto de materia (cuerpo) y forma (alma). Tal unión no es accidental, como en el agustinismo platónico, sino substancial, por lo tanto el alma es individual por definición. Sin embargo, no necesita del cuerpo para existir previamente al nacimiento en la Mente Divina y ha sido creada directamente por Dios.

  3. Frente a los irracionalistas y su desconfianza ante los sentidos y la inteligencia humanos, Tomás afirma, como Aristóteles, que el conocimiento parte de las observaciones de la experiencia sensible acerca de las cosas que nos rodean. Por eso no es válido ningún argumento que intente demostrar la existencia de Dios al margen de la experiencia. Los seres se nos manifiestan mediante los sentidos y quedan en la memoria como imágenes sobre las que opera el entendimiento agente (o inteligencia activa); se elabora así una abstracción que queda impresa en el entendimiento paciente (o capacidad de comprender) pasando a ser un concepto carente ya de ninguna imagen con el cual pueden construirse enunciados relacionados unos con otros mediante razonamientos, siguiendo reglas lógicas y gramaticales.

La Ética, cerrando el sistema tomista, representa la ordenación de las criaturas hacia Dios (ética teleológica). Los actos humanos son libres y se dirigen hacia un Bien supremo trascendente: Dios, cuyo conocimiento y participación conduce a la Felicidad humana. Por ello, es Dios mismo quien orienta y gobierna el mundo mediante la Ley divina. Pero esta ley se encuentra participada en las criaturas mediante la Ley natural.

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