San Valentín, Día de San Valentín, Imágenes, Tarjetas, Frases, Manualidades, Fotos

Se refiere a uno de los tres santos mártires romanos del Siglo III, que vivieron en la antigua Roma. Donde gobernaba Marco Aurelio Flavio Claudio (conocido como El Gótico), déspota emperador romano que desarrolló una de las más duras persecuciones contra los cristianos, muchos de los cuales murieron por negarse a renegar de sus creencias. Claudio sostenía que los cristianos no debían casarse entre sí y dispuso, por decreto, la pena de muerte a quienes le contradijeran.

Fiel a su creencia de que los decretos que prohibían el casamiento eran indignos y que el pueblo debía amar a Dios y contraer matrimonio libremente, el entonces ya obispo Valentín casaba a las parejas en forma secreta, obsequiándoles una flor blanca que significaba pureza y fidelidad.

San Valentín

San Valentín, presbítero, se hallaba en Roma en el reinado del Emperador Claudio II hacía el año de 270. El universal elevado crédito de su virtud y de su sabiduría le había granjeado la veneración no solo de los cristianos, sino aún de los mismos gentiles. Mereció el renombre de padre de pobres por su grande caridad; y su celo por la religión era tanto más eficaz, cuanto se mostraba más puro y más desinteresado. La humildad, la dulzura, la solidez de su conversación y cierto aire de santidad que se derramaba en todos sus modales, [fascinaba] a cuántos le trataban; ganaba primero los corazones para sí, y después los ganaba para Jesucristo.

No podía ser desconocido en la corte un hombre como Valentín, tan venerado del pueblo y tan estimado de los grandes. Hablaron de él al Emperador, informándole ser un hombre de un mérito superior, y de una sabiduría extraordinaria. Quiso verle, y el distinguido modo con que le recibió, acreditó bien la grande estimación que hacía de su persona. Le preguntó desde luego, “por qué no quería ser su amigo, puesto que el mismo Emperador deseaba serlo suyo”. Le dijo, “que por lo mismo que le estimaba tanto no podía llevar en paciencia que profesase una religión enemiga de los dioses del imperio, y consiguientemente de los Emperadores”.

Valentín, que por su compostura, por su grato semblante y por su modestia había ya cautivado al Emperador, le respondió poco más o menos en estos términos: “Si conocierais, Señor, al don de Dios, y quién es aquel a quien yo adoro y a quién sirvo, os tendríais por feliz en reconocer a tan Soberano dueño, y detestando el culto que ciegamente rendís a los demonios, adoraríais como yo al solo Dios verdadero, criador del cielo y de la tierra, y de todo cuanto se contiene en este vasto universo, juntamente con su único hijo Jesucristo. Redentor de todos los mortales, igual en todo a su padre. Gran Señor, a la benignidad de este único supremo Numen debéis el ser que tenéis, y el imperio que gozáis; él solo os puede hacer feliz a vos, y a todos vuestros vasallos”.

Al oír esto cierto doctor idólatra que tenía oficio en palacio, y se hallaba a la sazón en el cuarto del Emperador, le preguntó: “¿Pues y qué juicio haces de nuestros grandes dioses Júpiter y Mercurio? El juicio que yo hago”, respondió el Santo, “es el mismo que tú propio debes hacer; quiero decir, que no hubo en el mundo hombres más malvados que esos a quienes vosotros dais el título de dioses. Hasta vuestros mismos poetas tuvieron gran cuidado de instruiros de sus infamias y de sus disoluciones. A mano tenéis sus historias; mostradme únicamente su genealogía, con una breve noticia de su vida, y os haré confesar que acaso no ha habido jamás hombres más perversos”.

Aturdió a todos una respuesta tan animosa como verdadera; y mirándose atónitos los unos a los otros, quedaron por algún tiempo como embargados y mudos; pero volviendo en sí, se dejó oír una confusa gritería de los que clamaban en tono descompuesto: “Blasfemia, blasfemia”; mas el Emperador, o porque estuviese interiormente convencido de lo que acaba de escuchar, o porque a lo menos le hubiese hecho alguna fuerza, sin hacer aprecio del desentono de los cortesanos, quiso oír a Valentín más en particular. Le hizo varias preguntas con mucha bondad acerca de diferentes artículos de nuestra religión. “Si Jesucristo es Dios, le preguntó, ¿por qué no se deja ver? ¿y por qué tú mismo no me haces evidencia de una verdad en que voy a interesar tanto?”.

“Señor”, le respondió el Santo, “por lo que toca a mí, no dejareis de lograr esta dicha”; y después de haberle explicado con la mayor viveza y claridad los puntos más esenciales de nuestra santa fe, concluyó diciendo: “¿Queréis, Señor ser feliz? ¿Queréis que vuestro imperio florezca, que vuestros enemigos sean destruidos? ¿Queréis hacer felices a vuestros pueblos, y aseguraros a vos mismo una eterna felicidad? Pues creed en Jesucristo, y sujetad vuestro imperio a sus leyes, y recibid el bautismo. Así como no hay otro Dios que el Dios de los cristianos, así tampoco hay que esperar salvación fuera de la religión que los cristianos profesan. No, Señor, fuera de la religión cristiana no hay salvación”.

Habló el Santo con tanta energía y con tanto peso, que el Emperador pareció verdaderamente movido; y aun es fama, que vuelto a sus cortesanos, les dijo: “Es preciso confesar que este hombre nos dice muy bellas cosas, y que la doctrina que enseña tiene un aire de verdad que no es fácil resistirse a ella”. Al oír estas palabras el prefecto de la ciudad, llamado Calpurnio, comenzó a gritar: “¿No veis como este encantador ha engañado a nuestro Príncipe? Y qué, ¿abandonaremos la religión de nuestros padres, y la que mamamos con la leche, y en la que nos criamos desde la cuna, por abrazar una secta oscura, incomprensible y desconocida?”.

Al oír esta sediciosa exclamación del prefecto temió el Emperador algún tumulto; pudo más este desdichado miedo, que la gracia interior que le solicitaba fuertemente a convertirse; y sacrificando su eterna salvación a un vil humano respeto, ahogó las saludables movimientos de su corazón, y remitió la cusa del santo Presbítero al prefecto Calpurnio, para que la sustanciase y sentenciase según las leyes.

Mandó Calpurnio que le metiesen en la cárcel, y encargó al juez Asterio que le hiciese la causa como a cristiano, y como uno de los mayores enemigos de los dioses del imperio.

Asterio había sido testigo de la grande impresión que habían hecho en el Emperador las palabras de Valentín, y celebró mucho que se le ofreciese esta ocasión de hablarle despacio, resuelto a emplear cuantos artificios pudiese para derribarle de la fe, no dudando que haría bien la corte al prefecto, si lograba persuadir a Valentín que renunciase el cristianismo.

Con esta idea le llevó a su casa. Apenas entró en ella nuestro Santo, cuando levantando las manos y los ojos al cielo, rogó fervorosamente al Señor, que pues había dado su sangre y su vida por la salvación de todos los hombres, se dignase alumbrar con las luces de la fe a todos los habitadores de aquella casa, que estaban sepultados en las tinieblas de la idolatría, haciéndoles la gracia de conocer a Jesucristo, verdadera luz del mundo.

Oyó Asterio esta oración, y le dijo: “Me admira que un hombre de tan noble, de tan claro entendimiento tenga a Jesucristo por verdadera luz; gran lástima me da verte encaprichado en esos errores”. “Sábete, Asterio”, respondió el Santo, “que no es error el que me supones; no hay verdad más innegable que el que Jesucristo mi Salvador y mi Dios, que se dignó hacerse hombre por nosotros, es verdadera luz que alumbra a todos los que vienen al mundo”. “Si eso es cierto”, replicó Asterio en tono de burla, “quiero hacer la prueba: Ahí tengo una hija, a quien amo tiernamente, que está ciega muchos años ya; si Jesucristo la restituye la vista, te empeño mi palabra de hacerme cristiano con toda mi familia”.

Animado Valentín de una viva fe, hizo traer a la doncella; y haciendo sobre sus ojos la señal de la cruz, dirigió al cielo esta oración fervorosa: “Señor mío Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, que disteis vista a un ciego desde su nacimiento, y que queréis la salvación de todos los hombres, dignaos oír la oración de este pobre pecador, y de curar a esta pobre doncellita”. A estas palabras recobró su vista la niña. Asterio y su mujer se arrojaron a los pies de Valentín, pidiéndole el bautismo; los catequizó el Santo por algunos días, y los bautizó con toda su familia en número de cuarenta y cuatro personas, cuya mayor parte tuvo la dicha de recibir pocos días después la corona del martirio.

Habiendo llegado a noticia del Emperador todo lo que había pasado, admiró la virtud divina tan visiblemente ostentada en todas estas maravillas. Gran deseo tenía este Príncipe de librar a San Valentín; pero temiendo alguna sedición del pueblo, que ya le sospechaba cristiano, no se atrevió a embarazar que los jueces le juzgasen, y le condenasen según las leyes. Estuvo algunos días en la cárcel cargado de cadenas, y apaleado muchas veces, hasta que al fin fue degollado fuera de la ciudad en la vía Flaminia, que va a Umbria, el año del Señor de 270. Los cristianos tomaron su sagrado cuerpo y le enterraron cerca de la misma puerta Flaminia, que después se llamó la puerta de San Valentín, hoy se llama la de Pópulo, hacia Ponte-Mole. Se dice que el Papa Julio mandó edificar una iglesia sobre la sepultura de nuestro Santo, la que reparó el año de 645 el Papa Teodoro, y fue después muy célebre por la mucha devoción que siempre ha tenido el pueblo a este gran siervo de Dios. La mayor parte de sus reliquias están en Roma.

Fuente: Las historias de las vidas de los santos fueron transcritas del libro “Año cristiano o Ejercicios devotos para todos los días del año” del padre Juan Croisset (1656-1738) de la Compañía de Jesús; traducido al castellano por el padre José Francisco de Isla (1703-1781) de la Compañía de Jesús. Publicado en el siglo XIX.

Día de San Valentín

El 14 de febrero es el onomástico de San Valentín, pero ¿quién fue este popular santo? La historia de San Valentín se remonta muchos siglos.

Los orígenes de la tradición hay que buscarlos allá por el siglo III, cuando el cristianismo se expandía con rapidez por el Imperio romano, pese a los intentos de los dirigentes romanos de acabar con esta nueva fe, que amenazaba la "estabilidad" del Imperio.

La historia de San Valentín de Roma

Según la tradición, San Valentín de Roma fue un sacerdote romano que acompañaba espiritualmente a los cristianos que habían caído presos en las persecuciones contra los practicantes de esta fe y les ayudaba a prepararse para el martirio y la muerte.

La historia del día de San Valentín comienza en el siglo tercero con un tirano emperador romano y un humilde mártir cristiano. El emperador era Claudio III. El cristiano era Valentino. Claudio había ordenado a todos los cristianos adorar a doce dioses, y había declarado que asociarse con cristianos era un crimen castigado con la pena de muerte. Valentino se había dedicado a los ideales de Cristo y ni siquiera las amenazas de muerte le detenían de practicar sus creencias. Valentino fué arrestado y enviado a prisión.

Durante las últimas semanas de su vida, algo impresionante sucedió. El carcelero, habiendo visto que Valentino era un hombre de letras, pidió permiso para traer a su hija, Julia, a recibir lecciones de Valentino. Julia, quien había sido ciega desde su nacimiento, era una joven preciosa y de mente ágil. Valentino le leyó cuentos de la historia romana, le enseñó aritmética y le habló de Dios. Ella vió el mundo a través de los ojos de Valentino, confió en su sabiduría y encontró apoyo en su tranquila fortaleza.

"¿Valentino, es verdad que Dios escucha nuestras oraciones?" Julia le preguntó un día.

"Sí, mi niña. Él escucha todas y cada una de nuestra oraciones," le respondió Valentino.

"¿Sabes lo que le pido a Dios cada noche y cada mañana? Yo rezo para que pueda ver. ¡Tengo grandes deseos de ver todo lo que me has contado!"

Valentino le contestó, "Dios siempre hace lo mejor para nosotros, si creemos en Él."

"Oh, Valentino, yo si creo en Dios", dijo Julia con mucha intensidad. "Yo creo."

Ella se arrodilló y apretó la mano de Valentino. Se sentaron juntos, cada uno en oración. De pronto, una luz brillante iluminó la celda de la prisión. Radiante, Julia exclamó, -"Valentino, puedo ver, puedo ver!" -"Gloria a Dios!" exclamó Valentino.

En la víspera de su muerte, Valentino le escribió una última carta a Julia pidiéndole que se mantuviera cerca de Dios y la firmó "De Tu Valentino". Valentino fué ejecutado el día siguiente, el 14 de febrero del año 270, cerca de una puerta que más tarde fuera nombrada Puerta de Valentino para honrar su memoria. Fué enterrado en la que es hoy la Iglesia de Praxedes en Roma.

Cuenta la leyenda que Julia plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. Hoy, el árbol de almendras es un símbolo de amor y amistad duraderos. En cada 14 de febrero, el día de San Valentín, mensajes de afecto, amor y devoción son intercambiados alrededor del mundo.

Imágenes de San Valentin





Frases de San Valentín

Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor

» Santa Teresa De Jesús

Te amo con todo el corazón, porque eres la personita especial que ha llenado mis días, amor mío, nunca me dejes, que te necesito cada día de mi vida

Las montañas son altas, los mares profundos, pero nuestro amor es lo más grande que existe en este mundo

A veces me pregunto porque la vida es tan bella; ahora ya lo sé: es porque tú estás en ella

Pensando en ti recargo mi energía. Pensando en ti afronto las dificultades y supero los obstáculos. Tu presencia me sirve para renovar los motivos de mi lucha. ¿Cómo vivir sin sentir tu apoyo? Cada momento es especial a tu lado. ¡Feliz día de San Valentín!

Para que sepamos interpretar los malos momentos, las tensiones y las confusiones como pruebas de la fortaleza de nuestro amor. Para que los conflictos absurdos no superen nuestra capacidad de querer. Porque no encontraría a nadie que me haga tan feliz como tu. Porque te amo y te respeto, porque te quiero y te deseo... ¡feliz día de San Valentín!

La amistad es como un violín. Tal vez la música se para de vez en cuando, pero las cuerdas siguen intactas.

Cuando todo me parece imposible, horrible e inalcanzable, pienso en tu sonrisa y la fuerza que me da, y de repente todo es posible.

Comparado con la amistad, el oro no vale nada.

Cuando pierdes el camino, andaré a tu lado. Cuando ves todo oscuro, iluminaré tu paso. Cuando te sientes completamente solo, te abrazaré. Soy tu amigo. No te fallaré.

Los amigos son ángeles que te ayudan volar.

Los amigos son como las joyas. No tienen precio.

Los amigos son como una inversión en el banco. Cuanto más tiempo los tengas, más vale su amistad.

La mejor manera de valorar una amistad es saber que mañana la podrás perder.

Amigo no es solo quien esta a tu diestra en los buenos momentos, es tambien aquel que logra que florezca un sonrisa de tus labios en momentos de afliccion.

Manualidades San Valentín

Tal vez seas nuevo en vender manualidades o puedes ser un profesional. De cualquier manera, algunos días festivos pueden dejarte perplejo en cuanto a lo que se puede hacer para vender. Debes tener siempre tus herramientas básicas disponibles. Los clientes vuelven esperando encontrar algo similar a lo que han comprado en el pasado. Sin embargo, también les gusta ver manualidades de temporada o de días festivos que son nuevas y diferentes.

Comida

Existe una característica sobre las cosas que se venden que muchos pueden no ser conscientes, la comida siempre se vende. Lo mejor es pensar en las mejores recetas y las que se pueden cargar con facilidad como galletas o magdalenas. Por supuesto, necesitas una cocina certificada, para producir y vender delicias comestibles. Si tienes un amigo que tiene una cocina, la puedes pedir para usarla en las horas de descanso.

Hornea las galletas en forma de corazón con azúcar glaseado. El glaseado se endurece después de que consigues la forma que deseas. Coloca varias galletas en una bolsa de celofán y ata la parte superior con una cinta de colores típicos de San Valentín. Asegúrate de añadir la etiqueta de tu negocio o marca. Haz galletas de chocolate, pero cambia el chocolate por caramelos rojos en forma de corazón. Las galletas de avena puede tener trozos de arándanos secos y chips de chocolate blanco, en lugar de pasas.

Haz deliciosas galletas de chocolate y coloca un corazón al rojo en medio con una manga para glasear. Si tienes un enchufe eléctrico en el sitio de venta, pon una cafetera grande con agua caliente y paquetes de chocolate caliente, té y café como especialidad. Haz cestas de regalo, colocando un cartel que diga: "Cena para dos". Crear una cesta de italiano, utilizando un colador para la cesta. Decora con dos servilletas de tela de color rojo. Incluye un frasco de salsa marinara gourmet, caja de espagueti, frasco de aceitunas, corazones de alcachofa y queso parmesano. Escribe en media cartulina de color las instrucciones para los espaguetis, pan de ajo y los vinos sugeridos para acompañar la cena. Envuelve en papel celofán, atado con un lazo rojo en la parte superior.

Regalos

Piensa en las cosas que harás para la venta del día de San Valentín como regalos. Lo más probable es que los clientes estarán buscando algo especial para sus seres queridos o para su madre, que siempre merece un regalo de San Valentín. Haz que las cosas parezcan regalos. Por ejemplo, si sueles hacer jabones caseros, colócalos en una pequeña cesta sobre papel rallado y envuélvelo con papel celofán y una cinta. Los arreglos de flores secas o frescas son los regalos perfectos para San Valentín, pero también un arreglo más económico son pocas rosas de tallo largo atadas con una cinta de color rojo o rosa.

Coronas de flores en forma de corazón sirven perfecto para la ocasión; también si queda algún sobrante puede ser vendido después. Elabora bolsas de tela simples para San Valentín y motiva a los consumidores para comprar cosas para regalar en ella . Puedes hacer bolsas simples; consigue cualquier bolsa y adórnala. Utiliza una plantilla de corazón con pintura para tela. Cualquier cosa que vendas para el día de San Valentín, asegúrate de que siempre incluya tu nombre comercial, dirección y número de teléfono en una etiqueta o calcomanía. La repetición de la marca o nombre es muy buena y tus clientes y amigos tienen que saber cómo encontrarte.

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