San Martín, Biografía de San Martín, Caballero, Imágenes, Frases

San Martin de Tours se educó en Pavia –Europa-, a los 15 años de edad ingresó a la guardia imperial romana en la que perteneció hasta el año 356 primero en Francia y luego en Galia. Una leyenda famosa sobre su vida y que forma parte de la iconografía tradicional del santo sucedió en el invierno del año 337, cuando estando Martín en Amiens encuentra cerca de la puerta de la ciudad un mendigo tiritando de frío, a quien con la espada corta su capa en dos y le entrega una mitad, pues la otra mitad pertenece al ejército romano en que sirve. En la noche siguiente, Cristo se le aparece vestido con la media capa para agradecerle su gesto diciéndole que había obrado bien.

San Martín

En el año 317, en un puesto fronterizo, todavía reinando Constantino, en la entonces llamada Panonia, en Sabaria, hoy Hungría, hijo de un tribuno llegado a tal desde el llano -de soldado raso, a lo mejor bárbaro de nacimiento- nace un tal Martín. Se ve que este tribuno húngaro, su padre, desempeñó un papel militar notable en estas luchas fronterizas interminables, ya que, acabada su carrera, le permitirán retirarse, cargado de honores, jugosa pensión y tierras, a Pavía.

Es allí donde Martín se educa como un romano y, a pesar del paganismo de sus padres, se pone en contacto con cristianos. A los dieciséis años, como era de rigor entre los ciudadanos, después de haber recibido educación, ingresó en el arma de caballería. Seguramente bien provisto por su padre de casco, escudo, corta espada romana, loriga de cuero o malla metálica, corcel y aperos; y, por su madre, de ropa de lino para el verano y de lana para el invierno, con su clámide, capa o sobretodo con capucha, indispensable para enfrentar la crudeza de las nieves invernales del norte de Francia donde fue enviado durante sus primeros destinos.

Martín sirvió en el ejército durante 25 años, destacándose no solo como jefe sino como combatiente. Mucho más tarde, ya obispo, mostraba las múltiples cicatrices que había recibido en las batallas. Sulpicio Severo, su primer biógrafo, que lo conoció personalmente, nos habla de su apostura marcial, su talla fuera de lo común, su predicación más parecida a arengas militares que a melifluas homilías de curas. Parece ser, en los comienzos de su carrera, siendo jefe de patrulla en la ciudad de Amiens, al norte de París -donde hoy se levanta la catedral gótica más grande de Europa-, es cuando sucede el famoso pasaje de su encuentro, a las puertas de la ciudad, con un mendigo casi muerto de frío a quien -cortándola de un solo tajo de su filosa espada-, cubre con la mitad de la clámide regalada por su madre. Esa noche sueña, según Sulpicio Severo, con Jesús, cubiertos sus divinos hombros con su capa.

Se bautizará meses después continuando su carrera de soldado. Primero en la caballería de la guardia imperial, bajo Constanzo, que había logrado unificar nuevamente el imperio y combatía exitosamente a los bárbaros logrando otra vez rechazarlos más allá del Rin y del Danubio. En el año 355 pasaba a los órdenes de Juliano, nombrado césar por su tío Constanzo. Lo sigue en sus exitosas campañas renanas. Finalmente después de 25 años de cuarteles, campamentos y batallas, deja el servicio, quizá asqueado cuando, en el 360, las tropas aclaman a Juliano emperador, en rebeldía contra Constanzo. Ya eran muchos años de trinchera y de cargas de caballería. En realidad, normalmente, para un romano, hora de comenzar la carrera de los honores civiles.

Pero Martín elige, más bien, ingresar en la milicia de otro emperador: Cristo. (‘Christianus es’). Su vida desde entonces estará dedicada a la Iglesia. Se pone al servicio de San Hilario de Poitiers a quien acompaña en su destierro a Frigia. No es sencillo luego seguir sus pasos: los Balcanes, un tiempo en Milán, finalmente otra vez en Poitiers, donde, cerca de la ciudad, en Ligugé, funda lo que será el primer monasterio de Europa. Allí prontamente acuden multitud de discípulos a los que organiza monásticamente. Hilario, que ha vuelto del destierro, lo nombra primero diácono y luego sacerdote. Martín, con los suyos, se dedica a predicar en los campos, en los llamados ‘pagos’, a donde aún no había llegado el cristianismo -de allí el término ‘pagano’-. También con Hilario ha de combatir vigorosamente la herejía arriana.

Biografía de San Martín

El gran san Martín, gloria de las Galias y lumbrera de la Iglesia de Occidente en el siglo IV, nació en Sabaria de Panonia, en la actual Hungría. Sus padres, que eran paganos, fueron más tarde a establecerse a Pavía. Su padre era un oficial del ejército, que había empezado como soldado raso. Es curioso notar que san Martín ha pasado a la historia como «santo militar». Como era hijo de un veterano, a los quince años, tuvo que alistarse en el ejército contra su voluntad.

Aunque no era todavía cristiano bautizado, vivió algunos años más como monje que como soldado. Cuando se hallaba acuartelado en Amiens, tuvo lugar el incidente que ha hecho tan famoso al santo en la historia y en el arte. Un día de un invierno muy crudo, se encontró en la puerta de la ciudad con un pobre hombre casi desnudo, que temblaba de frío y pedía limosna a los transeúntes. Viendo Martín que las gentes ignoraban al infeliz mendigo, pensó que Dios le ofrecía la oportunidad de socorrerle; pero, como lo único que llevaba eran sus armas y su uniforme, sacó su espada, partió su manto en dos y regaló una de las mitades al mendigo, guardando la otra para sí. Algunos de los presentes se burlaron al verle vestido en forma tan ridícula, pero otros quedaron avergonzados de no haber socorrido al mendigo. Esa noche, Martín vio en sueños a Jesucristo vestido con el trozo del manto que había regalado al mendigo y oyó que le decía: «Martín, aunque sólo eres catecúmeno, me cubriste con tu manto».

Sulpicio Severo, discípulo y biógrafo del santo, afirma que Martín se había hecho catecúmeno a los diez años por iniciativa propia, y que, en cuanto tuvo la visión que acabamos de describir, «voló a recibir el bautismo». Sin embargo, no abandonó inmediatamente el ejército. Pero después de la invasión de los bárbaros, cuando se presentó ante su general Julián César con sus compañeros para recibir su parte del botín, se negó a aceptarla y le dijo: «Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame en adelante servir a Jesucristo. Reparte el botín entre los que van a seguir luchando; yo soy soldado de Jesucristo y no me es lícito combatir». El general se enfureció y le acusó de cobardía. Martín replicó que estaba dispuesto a marchar al día siguiente a la batalla en primera fila y sin armas en el nombre de Jesucristo. Julián César le mandó encarcelar, pero pronto se llegó a un armisticio con el enemigo, y Martín fue dado de baja en el ejército. Inmediatamente se dirigió a Poitiers, donde san Hilario era obispo, y el santo doctor le acogió gozosamente entre sus discípulos.

Una noche, mientras dormía, recibió Martín la orden de partir a su patria. Cruzó los Alpes, donde logró escapar de unos bandoleros en forma extraordinaria, llegó a Panonia y allí convirtió a su madre y a algunos otros parientes y amigos, pero su padre persistió en la infidelidad.

En la Iliria se opuso con tal celo a los arrianos, que fue flagelado públicamente y expulsado de la región. En Italia se enteró de que los arrianos triunfaban también en la Galias y habían desterrado a san Hilario, de suerte que se quedó en Milán. Pero el obispo arriano, Auxencio, le expulsó de la ciudad. Entonces, el santo se retiró, con un sacerdote, a la isla de Gallinaria, en el Golfo de Génova, y ahí permaneció hasta que san Hilario pudo volver a Poitiers, el año 360. Como Martín se sintiese llamado a la soledad, san Hilario le cedió unas tierras en el actual Ligugé. Pronto fueron a reunirse con él otros ermitaños.

La comunidad (según la tradición, fue la primera comunidad monástica de las Galias) se convirtió, con el tiempo, en un gran monasterio que existió hasta 1607; en 1852, lo ocuparon los benedictinos de Solesmes. San Martín pasó allí diez años, dirigiendo a sus discípulos y predicando en la región, donde se le atribuyeron muchos milagros. Hacía el año 371, los habitantes de Tours decidieron elegirle obispo. Como él se negase a aceptar el cargo, los habitantes de Tours le llamaron con el pretexto de que fuese a asistir a un enfermo y aprovecharon la ocasión para llevarle por la fuerza a la iglesia.

San Martín tuvo una revelación acerca de su muerte y la predijo a sus discípulos, los cuales le rogaron con lágrimas en los ojos que no los abandonase. Entonces el santo oró así: «Señor, si tu pueblo me necesita todavía, estoy dispuesto a seguir trabajando. Que se haga tu voluntad». Cuando le sobrecogió la última enfermedad, san Martín se hallaba en un rincón remoto de su diócesis. Murió el 8 de noviembre del año 397. El 11 de noviembre es el día en que fue sepultado en Tours. Su sucesor, san Bricio, construyó una capilla sobre su sepulcro; más tarde, fue sustituida por una magnífica basílica. La Revolución Francesa destruyó la siguiente basílica que se construyó allí. La actual iglesia se levanta en el sitio en que se hallaba el santuario saqueado por los hugonotes en 1562. Hasta esa fecha, la peregrinación a la tumba de san Martín era una de las más populares de Europa.

San Martín Caballero (de Tours)

FIESTA: 11 DE NOVIEMBRE

Nació en Panonia, Hungría, el año 316. Sus padres eran paganos. Estudió en Pavía, donde conoció el Cristianismo.

Su padre -que era tribuno militar-, para desviarle del Cristianismo, le obligó a ingresar en el ejército. Martín concilió sus deberes militares con sus aspiraciones cristianas. Vida ejemplar de monje y soldado: valentía y vida santa y caritativa.

Siendo militar sucedió el hecho tan tratado en la iconografía. Era invierno, y al entrar en Amiens, encuentra un mendigo casi helado, sin ropa. Divide su capa en dos partes y entrega una al pobre. Cristo se le aparece vestido con la media capa, diciéndole: "Martín, catecúmeno, me has cubierto con este vestido".

Pronto recibe el bautismo. Deja la milicia para seguir a Cristo. San Hilario de Poitiers quiere ordenarlo diácono. Vuelve a su patria, convierte a su madre. De nuevo en Poitiers funda Ligugé, auténtico monasterio misional. Allí pasa once años, feliz en su ambiente, pues Martín fue "soldado por fuera, Obispo a la fuerza, monje por gusto".

Martín vivía feliz en el monasterio, pero Tours se había quedado sin Obispo y en el año 371 los cristianos se apoderan de él y le imponen el Obispado a la fuerza. Acusa a emperadores, reprime a los herejes, defiende a los débiles y a los condenados a muerte, realiza innumerables milagros, y entre ellos se le atribuye la resurrección de varios muertos. Su fama es indescriptible. Es llamado el "Apóstol de las Galias" -nadie hizo tanto como él por Francia católica- y San Gregorio de Tours le invoca como "patrón especial del mundo entero".

Tan intensos viajes apostólicos, tanta obra de caridad, hasta vaciarse totalmente, agotaron sus fuerzas físicas. Se veía morir. Sus discípulos le piden que no los deje huérfanos y él, dirigiéndose a Dios le dice: "Señor, si tu pueblo todavía me necesita, no rehúso el trabajo; pero hágase tu voluntad".

San Martín entregó su alma a Dios el 8 de noviembre del año 397. Martín fue ante todo un asceta, un apóstol, un hombre de oración, muy influyente en toda la espiritualidad medieval. Su faceta principal: la caridad. Su gesto en Amiens, de dar la mitad de su capa a un pobre, fue superado, cuando siendo Obispo entregó su túnica entera a un mendigo -gesto menos conocido-. Sus mismos milagros, como los de Cristo, fueron milagros de caridad, pasó haciendo el bien. Está considerado como el patrono de los comerciantes y es conocido también por el nombre de San Martín Caballero.

* Todos, como San Martín, debemos ser soldados de Cristo, y nuestra pelea debe ser contra nosotros mismos: lucha interior, para parecernos cada vez más al Maestro.

Frases de San Martín

"Hasta ahora te he servido como soldado. Déjame de ahora en adelante servir a Jesucristo propagando su santa religión"

"Estos regalos repártelos entre los que van a seguir luchando en tu ejército. Yo me voy a luchar en el ejército de Jesucristo, y mis premios serán espirituales"

"Fui soldado por obligación y por deber, y monje por inclinación y para salvar mi alma"

"Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la Cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales"

"Es que el emperador tiene potestad sobre lo material, pero al sacerdote Dios le concedió la potestad sobre lo espiritual"

"Si Cristo soportó a Judas, ¿por qué no he de soportar yo a éste que me traiciona?"

Supo por revelación cuándo le iba a llegar la muerte y comunicó la noticia a sus numerosos discípulos. Éstos se reunieron junto a su lecho de enfermo y le suplicaban llorando:

"¿Te alejas padre de nosotros, y nos dejas huérfanos y solos y desamparados?"

El santo respondió con una frase que se ha hecho famosa:

"Señor, si en algo puedo ser útil todavía, no rehúso ni rechazo, cualquier trabajo y ocupación que me quieras mandar"

Oración

Oh Dios, que ves nos es imposible subsistir por nuestras propias fuerzas, pedimos te nos concedas defensas contra todo lo adverso, por la intercesión de San Martín, tu Confesor y Obispo. Por nuestro Señor Jesucristo…

Proposito: Oremos a San Martín de Tours en este día a fin de conseguir mediante su protección sus dos virtudes más claras; su caridad bondadosa y su conformidad con el beneplácito del Señor, cualidades claramente manifestadas en su paso por esta tierra para ejemplo nuestro.

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